FERNANDO

Ya había pasado más de un año desde que nos conocimos, pero a Úrsula le gustaba ir muy despacio, sopesando los pros y los contras de cada decisión. Por mi parte quería pasar las 24 horas del día junto a ella, pero notaba su reparo en dar el paso. Sé que no había nada raro ni segundas historias con nadie pero tomar esa decisión le costaba un mundo y no quería equivocarse. Sé, porque me lo contó, que hablo con su hija y de lo que hicimos una vez y sé que Tania la mintió porque le dijo con fingida sinceridad que ella no pretendía meterse en nuestras vidas y menos en mi cama aun así dudaba y ya iba a tirar la toalla y dar por sentado que mantendríamos una relación de “novios” durante el resto de nuestros días, pero una noche a las cuatro de la mañana sonó mi móvil y en la pantalla aparecía el nombre de mi amada, el susto que me di me despejo de golpe.

—¡¡¡¿URSULA?!!! Casi grite asustado.

—Shhhh…tranquilo mi amor no pasa nada grave, solo que necesito tenerte a mi lado para siempre. Sé que soy una caprichosa pero recoge lo más necesario y vente a mi casa ahora, no quiero estar sin ti.

Así era ella, impulsiva e impredecible y desde esa llamada empezamos nuestra vida en común y quizás sería bueno ir terminando la historia por que el resto es fácil de imaginar, no me resultó difícil acostumbrarme a esa casa y al ritmo de vida de Úrsula aunque sus empresas la obligasen a viajar continuamente. Ahora entendía a Tania cuando me decía que su madre se pasaba más tiempo viajando que en casa, pero había que acostumbrarse. Tania, aunque se comportó en todo momento correctamente y cumplió su palabra de no interferir en la relación que tenía con su madre, no dejaba de provocarme cuando Úrsula no estaba en casa. Yo la evitaba continuamente para no caer en la tentación ya que era una preciosa joven de 20 años con un cuerpo de infarto, además, recordaba sus palabras que cuando los astros se alineasen ella y yo follaríamos nuevamente.

Una mañana en el que estaba en la cama solo ya que Úrsula estaba de viaje, noté como Tania se metía en mi cama y se abrazaba a mí, besando mi espalda y notando su cuerpo desnudo pegado al mío.

—¿Qué haces Tania? Prometiste que nos respetarías.

—Y eso hago Fredo, no me pienso inmiscuir en vuestra relación, no estoy enamorada de ti, pero si quiero tener sexo contigo, me está volviendo loca saber que te tengo a mi alcance y no puedo follar con el hombre que me hizo tocar el cielo.

Mi polla ya estaba como el acero, Tania olía de maravilla y ese perfume me estaba haciendo olvidar que Úrsula y yo estábamos comprometidos el uno con el otro. Una mano de esa diablesa se metió por dentro de mi ropa interior a agarro mi polla con cariño, eso fue como una descarga eléctrica, cerré mis ojos y tense mi cuerpo.

—Ummm mi amor, susurró Tania mientras besaba mi oreja, noto tu polla ardiendo, deseando ser mimada por mí.

Me dio la vuelta y nos quedamos mirando fijamente, era increíblemente bella y era difícil decirla que no a nada. Agarró una de mis manos y la besó con cariño, mientras la bajaba hacia su coñito, abrió sus piernas y dejando mi mano sobre su sexo puso la suya encima mientras me guiaba para darla placer, estaba empapada, notaba mi mano mojada de sus flujos, la agarró nuevamente y subiéndola la puso frente a mi cara.

—Mira como me tienes cielo, huele tu mano y estarás descubriendo el olor del deseo. Chupa tus dedos y estarás descubriendo la necesidad que tiene mi cuerpo de ti.

Estaba perdido ante esa hembra que me reclamaba, susurraba cada palabra muy cerca de mi boca, como intentando besarme pero manteniendo la tensión en todo momento, su olor había inundado mi cerebro y empezaba a sentir como la bestia que llevaba dentro se apoderaba de mí. Chupé mis dedos con lujuria saboreándola notando como su esencia me hacía perder la poca cordura que tenía y exploté, me volví loco, me puse encima de ella y desate mi locura encima de su cuerpo, no tenía manos suficientes para acariciarla y mi boca devoraba la suya, mientras nuestras lenguas se enroscaban para no separarse.

—Follame mi amor, por lo que más quieras follame, te necesito dentro de mí. Gemía Tania desesperada.

Sus caderas se movían buscando mi polla, como pude me quite mi ropa y ya desnudo me puse entre sus piernas, ella me miro expectante y de un solo movimiento de caderas metí toda mi polla en su interior hasta que mis huevos chocaron con su culo, estaba tan lubricada, tan mojada que no notó dolor solo placer. Empecé un bombeo brutal mientras Tania se aferraba a mí con fuerza.

—Así mi amor…asiiiiiiii…sigueee…maaas…no pareeees…diooooos…siiiiiiiiiiiiii.

Metí mis manos por debajo de su culo y eleve algo sus caderas para que la penetración fuese más profunda y así poder atacar su punto “G”, eso volvió loca a Tania que empezó a correrse con mi polla taladrando su coño sin parar.

—Me corrooooooo…no pares…no…dioooosssss…ahhhhhhhh

Notar como se convulsionaba bajo mi cuerpo era excitante, notaba mi orgasmo en puertas pero todavía aguantaba, veía a Tania disfrutar de la follada, mientras su boca sus piernas y sus brazos me hacían suyo. Me salí de su interior y la puse en cuatro, esa visión era más excitante aun y Tania me dejó expuestos su culo y su coño de manera exagerada, la volví a follar con ganas mientras mis manos se aferraban a las carnes prietas de su culo y la manejaba a mi antojo. A los pocos minutos Tania volvió a explotar en un nuevo orgasmo arrollador que la dejo rota por el placer, cayó rendida en la cama con su respiración acelerada, pero fue consciente de que yo todavía no me había corrido. Me tumbó e hizo un 69, me quedé mirando deslumbrado su coñito dilatado, brillante y enrojecido por la follada que la había dado, su anito rosado, perfecto que se abría y se cerraba imagino que por latigazos de placer, y ese par de glúteos perfectos, simétricos que eran una clara invitación a besarlos y morderlos. Esta visión perfecta unida a la sensación de notar como la boca de Tania devoraba mi polla hizo que mi orgasmo explotase con fuerza en su boca.

—Tania me corrooooo…Taniaaaaaa…jodeeeer…

Bufé como un animal mientras mi simiente de derramaba en su garganta y Tania la tragaba como buenamente podía, pero fue tal cantidad que empezó a escaparse por la comisura de su boca, derramándose por mi pelvis y mis huevos, cuando termine de correrme su lengua lamió los restos que se le habían escapado como una niña golosa que no desperdiciaba nada. Se puso de rodillas encima de mi cara, Tania era una obra de arte en todos los sentidos, la visión desde esa perspectiva era excitante y sin querer evitarlo mi lengua se paseó por toda su rajita, desde el clítoris hasta su anito.

—Para Fredo, paraaa…ufffff…me has dejado rota y muy sensible, casi duele notar el roce de tu lengua.

Tania se tumbó encima de mí y me besó con cariño, mientras mis manos la abrazaban y se agarraban a ese culo espectacular que tenía.

—Te quiero Fredo, no te haces una idea de lo que te quiero. Ronroneo Tania mimosa.

—Tania nada de enamoramientos, lo dijiste.

—Mi amor, yo sé perfectamente la posición que tengo en esta relación y en esta familia que mamá y tu estáis formando. No pienso interponerme entre vosotros, pero te quiero y te amo como una hija amaría a su padre o una hermana a su hermano. Solo te pido que tú me quieras igual, no quiero vivir sin ti.

—Claro que te quiero cariño, te quiero con locura, pero me asusta esto que estamos haciendo, siento que he fallado a tu madre en todos los sentidos y ahora tengo remordimientos, cargo de conciencia, si se entera de todo esto se rompería nuestra relación.

—Yo nunca renunciaría a ti mi amor…nunca. Susurró Tania seria.

En ese momento se levantó y salió de la habitación, no quise detenerla, pensé que se había molestado por mi comentario. Creo que me enfadé conmigo mismo por haberme complicado la vida de esta manera. Joder, era millonario, vivía muy bien y encima tenía un “DON” que haría que cualquier mujer que desease viniera a mi cama sin rechistar…entonces ¿Qué cojones estaba haciendo?

Tania entró de nuevo en mi habitación, era imposible dejar de mirar ese cuerpo perfecto, terso, juvenil, hipnótico…y supe porque estaba allí, estaba por que quería hasta la locura a esas dos mujeres. Tania con su forma de ser, dulce y cautivadora, me había enamorado sin casi darme cuenta y aunque me costaba reconocerlo yo tampoco podía vivir sin ella. Cuando llegó a mi lado me enseñó algo que llevaba en sus manos, era un recipiente de gel lubricante, lo balanceaba entre sus dedos mientras me miraba pícaramente.

—¿Qué traes Tania? Pregunte con maldad.

—Gel lubricante mi amor, quiero que me folles el culito.

Mire a Tania con cariño, amor, deseo, lascivia, obscenidad. Sus ojos brillaban llenos de vicio, me dio el botecito y poniéndose ella misma en cuatro y abriéndose el culito con sus manos, me mostró sus agujeritos, preciosos, esperando mis atenciones.

—Prepáralo muy bien mi amor, porque necesito sentir como me lo follas.

Oírla hablar así me ponía cachondo a mas no poder, fueron más de dos horas preparando, abriendo su anito con amor con cariño, sabia de sobra que aun así la dolería, pero quería que lo disfrutase, cuando vi oportuno penetrarla con mi polla ella estaba más que preparada y mentalizada que una polla la iba a romper su culito. Me puse tras ella y apoye mi glande sobre su anito que se abrió para recibirme, hice algo de presión y mi polla empezó a profanar el culito de Tania.

—Jodeeeer Fredo despacioooo…espera…ufffff…que dolor paraaa.

Con su mano me empujó para que saliese, eche más lubricante y esta vez la metí más de la mitad de mi polla en su culito, sabía que le dolería pero pronto empezaría el placer. Tania me rogaba que me saliese pero de un golpe de caderas le enterré el resto de mi verga en sus intestinos, el grito que dio se tuvo que escuchar en toda la casa, veía sus lágrimas caer por sus mejillas y me quede muy quieto para que se acostumbrase. Empecé a besar su espalda, a acariciarla, mimarla, metí mi mano entre sus piernas y me apoderé de su clítoris empezando a acariciarlo con mimo, noté como su esfínter se relajaba y empezaba a mover sus caderas poco a poco.

—Ummmm cariño que gustooo…asiii…despacioooo. Gimió Tania.

Empecé a follarla suavemente, fue ella quien me quito los dedos de su clítoris y utilizar los suyos, aproveche para poner algo más de lubricante y al poco rato Tania berreaba de placer cuando follaba su culito con saña. La visión de mi polla perforando su anito era de lo más morbosa y excitante, notaba mi orgasmo que iba creciendo en mi interior, Tania levantó su cabeza y aulló como una loba su orgasmo mientras yo enterraba mi polla en lo más hondo de sus intestinos y empezaba a llenarla de leche.

—Dioooosssss…siiiiiiii…Fredooo…me corrooooooo.

—Ahhhhhhhh…Taniaaaaaa…que gustooo…jodeeeer.

Tiré de ella y apoyé su espalda en mi pecho, mis manos se fueron a sus tetas que amasé con amor mientras pellizcaba sus pezones. Tania pasó sus brazos por detrás de mi cabeza mientras todavía tenía enterrada mi polla en su culo. Sus caderas se mecían suavemente y mi mano bajo a su coñito para acariciarlo.

—Me ha encantado mi amor, ha dolido pero me ha encantado, te quiero.

Su boca buscó la mía y nos besamos, mi polla empezó a menguar y se salió del cuerpo de Tania, los dos de rodillas en la cama nos abrazamos y nos besamos hasta dejarnos sin aire, esta niña como siguiese así iba a acabar conmigo.

—Necesito ir al baño. Dijo con una risita traviesa.

No pude dejar de admirar nuevamente ese cuerpo perfecto que dando pasitos cortos iba directo al baño. Pasamos toda la mañana en la cama y follamos una vez más; a la hora de la comida Tania preparo unos tallarines carbonara riquísimos y pasamos la tarde como dos enamorados, aunque de mi cabeza no se iba la imagen de Úrsula y eso hacía que de vez en cuando me quedara serio mirando a la nada.

—¿Piensas en mamá?

—Pues claro que pienso en ella, en ti, en nosotros y en todo esto.

—¿Te arrepientes de lo que hemos hecho?

—No Tania, no me arrepiento en absoluto, mentiría si te dijese que no lo deseaba, me encanta como eres y la manera que tienes de seducir.

A Tania se le ilumino la carita, se abrazó a mí y me besó con cariño.

—Me encanta que me digas eso, pero sigues pensando que has traicionado a mamá, que ella está trabajando y tu estas aquí en casa follándote a su hijita.

—Pues si Tania, eso es lo que pienso, hay algo que se llama conciencia y que me está martirizando. Dije algo molesto.

Tania se quedó callada, agachó su cabeza, mientras miraba a la nada, estaba seria y creo que algo molesta.

—Fredo, esta noche me gustaría dormir contigo.

—Tania no puedes ocupar el lugar de tu madre.

—Como te he dicho sé el lugar que debo de ocupar en esta relación y en esta familia, pero yo te vi primero y no puedo olvidar como me hiciste el amor, dijo enfadada. Además no pienses que mamá es una santa ella también te engaña.

—¡¡¿Cómo?!! Pregunte asombrado.

Vi la cara de susto de Tania, se levantó y se fue, imagino, a su cuarto. Yo me quedé sentado en el sillón intentando asimilar lo que acababa de decirme esa chiquilla, sin duda sabía algo que yo ignoraba por completo. Al poco rato vino de nuevo con su portátil y se sentó a mi lado, me miro como pidiéndome disculpas.

—Fredo déjame tu tarjeta de crédito, mañana tú y yo nos vamos a St.Tropez. Dicen que el movimiento se demuestra andando y quiero que lo veas con tus ojos.

—¿Ver el que Tania? Pregunte confundido.

—Mañana lo veras, si te lo explico ahora creo que no me creerías. Confía en mí.

Casi sin pensar en lo que hacía le di mi tarjeta y compró dos billetes de avión. La soltura con lo que lo hacía me decía que no era la primera vez que realizaba esa operación. Aunque un poco aturdido por lo que me había dicho Tania, pasamos la tarde como dos enamorados, reconozco que era un amor de niña y estaba pendiente de mí, dándome cariño. En la noche no me lo pregunto nuevamente, me dio la mano y me llevó a su habitación donde nos desnudamos y nos metimos en la cama, sería necio por mi parte el no confesar que follamos como dementes hasta que cansados nos quedamos dormidos.

A la mañana siguiente sobre las doce del mediodía tomábamos tierra en el aeropuerto de St.Tropez, nos montamos en el primer taxi libre y Tania en un perfecto francés le dijo al conductor a donde nos debía de llevar.

—¿A dónde vamos Tania?

—Ahora lo veras cielo, ten paciencia.

Estaba asustado por lo que posiblemente vería, pero llegados a este punto sería mejor aclarar todo antes de seguir adelante. Nos paramos cerca del puerto deportivo, Tania sacó su teléfono móvil y lo miró con atención, me dio la mano y tirando de mi me llevó varios cientos de metros por el paseo marítimo, nos paramos en un punto y Tania se puso a mirar en dirección a las terrazas que había al otro lado de la transitada carretera, hasta que fijo su vista en un punto, sacó unos prismáticos y lo dijo esbozando una sonrisa malévola.

—¡¡Hay están!! Justo donde debían de estar.

Tania me pasó los prismáticos y me dijo dónde mirar, enseguida localice a Úrsula, guapísima como siempre con una gafas de sol y a su lado un hombre…un momento…¡¡¡¿EUGENIO?!!! ¿PERO QUE COJONES ESTABA PASANDO? Tragué saliba y volví a mirar nuevamente y no cabía duda alguna Eugenio y Úrsula estaban sentados en la terraza de un restaurante en una de las ciudades costeras con más glamour de Francia. Su actitud lo decía todo, sus manos juntas con sus dedos entrelazados, besándose sin pudor, mientras se decían cosas al oído.

—Siento que lo hayas tenido que ver, pero me molestaba que pensases que estabas haciendo algo malo conmigo, cuando mamá no se porta como debiera.

Volví a mirar y vi como venía el camarero, pagaban y levantándose se iban muy acaramelados paseando. Se metieron en un hotel y ya no vi nada más.

—Creo que sobra decir que es lo que van a hacer, dijo Tania, nuestro avión no sale hasta las siete de la tarde, si quieres nos quedamos aquí a ver qué es lo que pasa.

—No cielo, ya he visto suficiente, anda vamos a tomar algo, lo necesito.

Nos sentamos en la primera terraza que vimos entre la muchas que había, me sorprendí a mí mismo pidiendo a esas horas un J&B con hielo, pero que narices, me apetecía algo fuerte. Tania parecía disgustada, triste, afligida. Daba pequeños sorbos de su refresco.

—Me siento fatal por esto Fredo, creo que por mi egoísmo he abierto la caja de pandora. Me prometí a mí misma él no interferir en vuestra relación, pero no quiero que te sientas culpable de lo que haces conmigo. Sé que no es excusa y que os he puesto en una situación muy difícil a mamá y a ti, pero mejor saberlo ahora que no más adelante ¿no crees?

—¿Cómo sabias donde encontrar a tu madre? Pregunté intrigado.

—Bueno es sencillo, mamá compró una aplicación para el móvil para tenerme controlada que te detecta a través de satélite. Cuando llevas el teléfono encima te dice en todo momento donde te encuentras, y aunque mamá pensó que ella era indetectable hurgando en el programa vi que era reciproco. Así me enteré a donde venía muy a menudo a pasar unos días.

—Y ese programa…¿Puede decirte en que piso se encuentran?

—No es tan preciso Fredo, solo te dice la ubicación actual, pero no la altura a la que se encuentran del suelo. Además, acepta todo esto, como lo que es, mamá está loca por ti, pero también quiere a mi padre, de hecho…

—Espera, espera… ¿Sabías que Eugenio es tu padre? Pregunte asombrado.

—Por supuesto que sí, no soy tan tonta.

—No quería decir eso cielo, pero tu madre me aseguro que tú no sabías que Eugenio era tu padre.

—Bueno, mamá se piensa que vivo en la inopia, pero lo se hace mucho, aunque yo le siga llamando abuelito.

Nos quedamos callados por un momento, no me esperaba que Úrsula me fuese infiel, pero quien soy yo para reprochar nada. Lejos de estar molesto o furibundo, me encontraba intrigado, ¿Qué tipo de persona finge su propia muerte? Y lo tenía claro, en esta relación algo complicada tanto Úrsula como yo queríamos a dos personas.

—¿Estas enfadado Alfredo? Pregunto Tania preocupada.

La mire con cariño y la sonreí, me acerqué a ella y la besé con amor, haciendo que nuestras lenguas jugasen entre ellas. Cuando me separé de ella la cara de Tania reflejaba felicidad.

—No mi amor, no estoy enfadado, la dije con cariño, si acaso sorprendido. Por cierto, ¿Si a tu madre le da por saber dónde estás…?

—Pues sabrá que me encuentro a menos de un kilómetro de ella y me llamará enseguida.

—Te estas arriesgando mucho Tania.

—Por ti merece la pena Fredo.

Como no la iba a querer, era un cielo de niña y la deseaba con locura. Aunque se mantuvo al margen durante toda la relación que tuve con su madre, no pude dejar de observar cómo me devoraba con la mirada y como se insinuaba tímidamente delante de mí. Estaba preocupado por Tania y por si su madre le daba por mirar su teléfono, así que comimos, nos fuimos al aeropuerto y sobre las nueve de la noche estábamos entrando por la puerta de casa. Al poco sonaba mi teléfono y en la pantalla aparecía el nombre de Úrsula. Me asusté por si había comprometido a Tania, pero la conversación fue banal e intrascendente y solo llamaba para saber cómo iba todo, donde estábamos y comunicarme que debido a complicaciones no llegaría hasta el miércoles…bien, por mí no había problema aunque fingí algo de disgusto.

—Cariño lo siento de verdad, se disculpó Úrsula, te prometo que cuando llegue te haré olvidar esta espera.

—Tranquila cielo, se lo ocupada que estas.

Estuvimos unos minutos amándonos por teléfono y hablando de lo que nos deseábamos, pero realmente lo que quería es ir en busca de Tania. Cuando termine de hablar con Úrsula, me desnudé y me fui directo a su habitación, necesitaba sentirla de nuevo. Cuando entré en su cuarto solo se oía la ducha, pasé dentro del baño y me metí con ella, ya llevaba la polla dura como el acero y buscando el coñito de Tania, según me vio se abrazó a mí y duchándonos me la follé con desesperación alcanzando los dos un devastador orgasmo. Sobra decir que hasta que llegó Úrsula, compartimos cama todas las noches y follamos como benditos.

La llegada de Úrsula no supuso ningún cambio por mi parte, lejos de pensar que la recibiría fríamente, cuando llegó nos fundimos en un beso pasional que nos dejó sin aire a los dos. Aun así una pequeña punzada de celos me atrapó pensando en lo visto en St.Tropez.

—¿Me has echado de menos mi amor? Preguntó Úrsula mimosa.

—Como no te haces una idea cariño, mi cama estaba vacía y fría sin ti. Dije cínicamente.

—Ummm, mi amor, estos días se me han hecho eternos sin ti, susurraba Úrsula abrazada a mí, esta noche te voy a dejar sequito.

En ese momento entró Tania alegre y se abrazó a su madre como si nada hubiese pasado entre nosotros dos, se la llevó hacia la cocina para charlar con ella y mirándome me guiño un ojo en señal de complicidad. Al rato me reuní con ellas y estuvimos charlando todos animadamente. Los siguientes días me confirmaron que nada había cambiado, como dijo Tania ella sabía exactamente qué posición ocupaba en esta familia y no hubo malas caras o enojos cuando su madre demostraba su cariño hacia mi delante de ella. Sería necio por mi parte el negar que echaba de menos el follar con Tania, era como la versión pasional de Úrsula, cierto es que con Tania follaba de manera salvaje y con Úrsula hacia el amor.

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