ALBERTO ROMERO

Las Aclaraciones de Miguel

Miguel no sabía donde meterse cuando vio a Adela con la cámara en la mano,
pero decidió coger al toro por los cuernos.
—¿Me estás engañando? —dijo Adela con cara de susto.
—No, para nada. Pero es una historia un poco larga. Siéntate y te cuento.
Adela dejó la cámara sobre la mesa y se sentó tratando de creer a su marido,
que estaba claro que algo le ocultaba.
Miguel cogió un vaso de agua del grifo y se sentó junto a Adela. Le explicó
que llevaba un tiempo diciéndole que iba a la huerta, pero que en realidad estaba
preparando una sorpresa para Marta, con Deyan.
Adela, que trataba de mostrarse razonable, a pesar de la rabia interior que
sentía por sentirse engañada, respiró profundamente cuando escuchó el nombre
de Marta, y la palabra sorpresa.
Miguel le dijo, intentando hacerla sonreír, que era una agua fiestas, y que siempre
tenía que enterarse de todo.
—No estoy para bromas Miguel, me has dado un susto de muerte —dijo Adela
nerviosa.
Miguel le explicó que Deyan, preocupado por Marta, estaba montando una
pastelería para su hija. Marta siempre había soñado con ser su propia jefa y tener
una tienda donde dar rienda suelta a su pasión por la repostería. La última temporada,
en la que Marta estaba muy deprimida por la falta de trabajo, le había animado
a buscar un local donde montar el negocio. Necesitaba un cómplice para todos
los trámites y demás, y le eligió a él, seguro de que Miguel no contaría nada hasta
llegado el momento de anunciar la sorpresa.
Adela se cabreó un poco porque le hubiera ocultado todo ese tiempo aquella
sorpresa tan estupenda. Le encantaba estar en todas las “salsas”, pero entendió las
buenas intenciones de Deyan.
—Que feliz me hace que Marta tenga a un hombre tan bueno a su lado.
—Sí, lo está montando con una ilusión admirable, y yo le ayudo en todo lo que
puedo.
—Que pareja de calamidades sois —dijo Adela sonriendo aliviada—. Ya pensaba
que me estabas poniendo los cuernos con alguna veinteañera.
—Con la que está cayendo por las amenazas de Josefa se nos ha complicado el
tema que no veas —confesó Miguel.
—Claro, y cuando se marchó Marta…
—Pues cuando se marchó Marta casi le da un infarto a Deyan. Lo pasó fatal esos
días. Hasta que le dijo que había salido corriendo tras Josefa y que había pensado
mejor lo de la carta y marchar por un tiempo.
Terminó de explicarle que Deyan estaba tratando de avanzar las obras lo máximo
posible para acabar en un par de meses, justo para el cumpleaños de Marta.
Le enseñó las fotos del local y el plano de la cantera donde habían conseguido
una fabulosa pieza de granito que funcionaría como mostrador en la pastelería.
Adela se quedó muy satisfecha con todos los detalles y se llenó de ilusión por
la gran alegría que iba a tener Marta.
—Lo más importante ahora es que mantengas el secreto.
—Lo prometo —dijo Adela con rapidez.
—No tan deprisa, Adela —rió Miguel divertido—. Sé que tienes mucha complicidad
con Marta, y temo que se te escape sin remedio.
—No te preocupes. Entiendo que es una sorpresa de gran envergadura y no la
voy a estropear. Va a ser un mes duro, pero no voy a decir ni pio.
—Piensa que cuando Marta descubra su regalo de cumpleaños va a quedar impresionada.
Adela y Miguel se fundieron en un gran abrazo. Ambos se sintieron aliviados
por haber aclarado las dudas y misterios que acababan de vivir.

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