FERNANDO

No todo acabó ahí, a la semana más o menos vi como en mi glande había pequeñas llagas que picaban y escocían, lo puse en conocimiento de los médicos que me trataban y me hicieron análisis, por desgracia lo que me temía ocurrió, esa mujer me transmitió una ETS, tenía en mi organismo la bacteria de la sífilis. Un año, tarde casi un año en recuperarme y volver a ser yo, en que desapareciese de mi organismo la bacteria de la sífilis y en recuperar la confianza en mí mismo, ya sabía a lo que atenerme, recordé lo que me dijo Eugenio en su carta, que no me tomase este don como un juego por que podría sufrir y eso mismo me había ocurrido, empecé a ser muy selectivo y a no hacer experimentos, necesitaba desahogarme y no quería problemas.

Cambie mi aspecto y mi imagen, me compre mucha ropa, un Audi R10 y empecé a frecuentar sitios más exclusivos donde el dinero y la hipocresía campaban a sus anchas, no quería problemas como bien dije, pero me atraía ese mundillo de poder y de depredación, una sola muestra de debilidad y eras literalmente “devorado” por las alimañas que por allí pululaban, aun así ese entorno me era familiar y sabia desenvolverme en él aunque los resultados en mi trabajo, del cual me despidieron no fueron los más aceptables.

El primer sitio fue un club de golf muy exclusivo donde muy poca gente conseguía entrar, pero el dinero abre muchas puertas y no me resulto complicado obtener mi carnet de socio, que una amable empleada se encargó de dispensarme previo paso por una sala muy aislada y un polvo de antología que nos dejó con una gran sonrisa en la cara. El resto fue coser y cantar a los pocos días todos se preguntaban quién era ese joven apuesto que llegaba por la tarde a darse un baño en la piscina y a tomarse un combinado, solo, sentado en una mesa y con un libro entre sus manos.

Tarde muy poco en hacer la selección de mujeres que me iba a follar sin compasión, la puesta en escena de ese club era toda una oda a la hipocresía, las puñaladas se veían a diario y la gente que allí se juntaba estaba podrida de dinero, el sitio ideal. Un sábado me fui por la mañana al club y me senté al borde de la piscina, sin yo decir ni hacer nada una preciosa jovencita se sentó a mi lado, no tendría más de 16 o 17 años, luego más tarde me confesaría que cumplía la mayoría de edad en un par de días, me fijé poco en ella ya que no quería ser descarado pero lo poco que vi me gustó.

—Hola ¿Cómo te llamas? Pregunto la chica.

—Me llamo Alfredo, ¿Y tú?

—Encantada Alfredo, me llamo Tania.

Diciendo esto la di la mano delicadamente y dos besos en su mejilla, la chica en cuestión estaba de muerte y mi deseo no se hizo de rogar, cuando estreche su mano una sensación de bienestar recorrió mi cuerpo, ella abrió mucho los ojos y solo susurro un “joder” vi cómo me miraba y se ponía ligeramente colorada.

—Sabes Alfredo, eres la comidilla del club desde hace unos días, todos comentan que quien eres y si alguien te conoce y si te fijas todos ahora mismo están mirándonos y preguntándose qué es lo que estaremos hablando.

—Ya me he dado cuenta de eso, ¿pero tú has sido la valiente que se ha acercado a preguntarme?, ¿o te han mandado como avanzadilla?

Me miro a los ojos, sabía lo que pasaba por su cabeza en esos momentos, si hubiésemos estado solos, se habría quitado el bañador y me habría follado ahí mismo, pero había muchos ojos mirándonos y ella estaba incomoda.

—No soy la avanzadilla de nadie bobo, solo que desde hace unos días me he fijado en ti y quería conocerte algo me impulsaba a ello.

Diciendo esto se puso en pie dejándome ver su cuerpo perfecto y un culo de infarto, llevaba bañador no bikini y le hacía un cuerpo muy estilizado, sus piernas eran perfectas al levantarse el bañador se había metido entre los cachetes de su culo haciéndola una grupa perfecta y muy deseable. De forma elegante se tiró de cabeza al agua y salió unos metros más allá, me miro desafiante.

—¿No vienes conmigo? Dijo Tania, el agua esta buenísima.

Me metí en el agua tirándome de cabeza y emergiendo a pocos centímetros de ella, nada más hacerlo se lanzó a hacerme aguadillas, pero lo que realmente sucedió fue que empezó a frotarse contra mi  nuestras manos no se quedaron quietas, en uno de los lances de aguadillas, nos sumergimos los dos y Tania me beso bajo el agua, en un beso tierno cargado de deseo, cuando emergimos me miro viciosa.

—Vámonos de aquí Alfredo.

—Sí, vámonos.

Salimos del agua y le ofrecí mi toalla para que se secase, mientras me hablaba en un susurro.

—Yo me voy ahora al vestuario a cambiarme, tu hazlo dentro de media hora, no quiero estar en boca de todos mañana, te espero a la salida del club, más o menos a cien metros hay una cafetería, búscame allí.

Me dio dos besos muy cerca de la comisura de mi boca, me devolvió la toalla y se fue hacia donde estaban sus cosas, vi como hablaba con alguien que miraba hacia donde me encontraba, recogía todo y se iba; me quede un rato tumbado en mi toalla mientras hacía como si leyese un libro, me fui hacia el bar y pedí un café y poco antes de esa media hora de rigor me fui a los vestuarios y salí hacia donde me había dicho Tania, no vi a nadie, me metí en la cafetería y tampoco la vi, me decepcioné y salí nuevamente hacia mi coche y allí la vi apoyada en el mirándome divertida.

—Has pasado a mi lado en la carretera y ni te has dado cuenta, ya te vale, dijo Tania divertida, Alfredo vaya pedazo de coche que preciosidad.

Llegue a su altura, me echo los brazos al cuello y nos besamos como adolescentes, me encantaba el cuerpo menudito que tenía y sus grandes tetas clavándose en mi pecho.

—¿Dónde quieres ir?

Tania abrió la puerta del acompañante y se metió dentro del coche, me miro traviesa.

—Arranca yo te indico.

Durante todo el camino, su mano estuvo acariciando mi muslo, rozando mi polla, mientras miraba alucinada el interior del coche. Entramos en una urbanización de la Moraleja muy exclusiva con unos chalets impresionantes, después de callejear un poco entramos en una calle sin salida con una especie de palacete impresionante al fondo.

—Mira, dijo Tania, esa es mi casa.

Me pare frente a ese casoplon y Tania se bajó del coche, a los pocos segundos las puertas se abrieron y metí el coche dentro, me bajé y mire todo atónito.

—¡¡Madre mía!! Dije asombrado, es impresionante, Tania no se molestaran tus padres, soy un extraño y estoy en su casa.

—Tranquilo Alfredo, aquí vivimos mi madre y yo solamente, a mi padre nunca le he conocido, mi madre está en viaje de negocios y hasta dentro de una semana no viene. Ven que te enseño todo esto.

Tania me agarro de la mano y no me la soltó, me enseño en interior de la casa, decorada con gusto y los dos pisos en la parte superior, habitaciones enormes y baños con hidromasaje, el lujo estaba en cada rincón de esa casa.

—Ven, te voy a enseñar la piscina

Una piscina impresionante decorada con cascadas, piedras, vegetación, era un lugar para estar muy relajado, tumbonas, sombrillas enormes con hamacas, el sitio era espectacular y todo decorado con mucho gusto.

—¿Tania y teniendo esto vas al club?

—Es para no sentirme tan sola, casi todos mis amigos están de vacaciones y yo no me marcho hasta el mes que viene, ir al club siempre hace que alguna familia que nos conoce me invite a cenar o a pasar un par de días con ellos si mi madre no está.

Tania hablaba conmigo, pero la notaba nerviosa, acariciaba mi brazo y mi pecho mirándome tímidamente, estaba preciosa, me fije en sus ojos de un color azul profundo, sus pupilas dilatadas mirándome  fijamente.

—Voy a cambiarme, ahora vengo, si quieres en la nevera de la cocina hay cervezas y coca colas, sírvete estás en tu casa.

La vi desaparecer al interior de su casa, yo fui a la cocina y me puse algo de beber, no se el tiempo que había pasado en ese lugar se estaba muy a gusto, sentí su presencia detrás de mí, me fui a dar la vuelta pero ella me lo impidió.

—No por favor, no te des la vuelta, dijo nerviosa, Alfredo no sé qué me ha pasado en la piscina del club, pero cuando te di la mano, no sé, fue como una descarga de adrenalina, estoy…estoy muy excitada y solo deseo que me abraces y me hagas el amor

Estaba confundido, se supone que este don era capaz de desinhibir a la mujer deseada, en cambio esta tenía una lucha que no entendía.

—¿Qué temes Tania?

—Que me hagas daño como en mis dos últimas veces, fue horrible.

—¿Te violaron? Pregunté.

—No, pero me hicieron cosas que no quería hacer aparte de que sufrí bastante dolor.

En ese momento me di la vuelta y Tania se abrazó contra mí, estaba desnuda, acaricie su cuerpo carente de ropa, tenía la piel de seda y era cálido.

—Tania, no sé con quién habrás estado, pero yo no quiero hacerte daño, quiero que disfrutes.

Dejé que Tania me desnudase, su carita estaba roja, y me miraba muy indecisa, no sabía muy bien cómo actuar con ella para no asustarla así que la di la mano y la llevé a una de las grandes tumbonas que había en la piscina. La tumbé mientras acariciaba su cuerpo y llenaba de besos su cara y sus labios.

—Si hay algo que no quieres hacer o te desagrada dímelo. La dije con cariño.

Tania se reveló como una amante espectacular, lo único que no me dejó hacer es follarme ese culito que me volvía loco y que cuando la follaba a cuatro no podía dejar de mirar. Pero el resto fue increíble, sabia mantenerme excitado, me corrí unas cuantas veces en su coño y una de las veces tragó mi corrida en una mamada espectacular. Estuvimos hasta la noche follando sin parar.

—No se tu Fredo, pero yo me caigo de hambre, no hemos comido nada.

—Bueno yo me he empachado de conejo, dije en un chiste fácil.

Tania se echó a reír pero me miro como dándome por imposible mientras me golpeaba en el brazo, estaba preciosa.

—¡¡Bobo!! Me dijo con cariño. En serio, ¿no tienes hambre?

—Claro que sí, anda vamos a ducharnos y a vestirnos y vámonos a cenar.

Nos duchamos juntos y fue inevitable el volver a follar con ella, tenía un cuerpo precioso que era imposible no acariciar y llenar de besos. Un orgasmo para cada uno puso fin a esa ducha, nos vestimos y nos fuimos a un centro comercial a cenar, extrañamente me encontraba muy a gusto con Tania, era un cielo de niña, tenía conversación y me contaba todos los cotilleos de su grupo de amigas como si fuese su confesor, aparte de que estaba muy puesta en noticias y cotilleos de la “creme” de esa urbanización. Si, realmente me lo pasaba muy bien con ella.

Cuando salimos de cenar me llevó a un par de sitios a tomar una copa a la que me invitó ella. Llegando el final, a punto de irnos se abrazó a mí.

—Fredo no quiero que esto termine aquí, me lo he pasado muy bien contigo.

—¿Quieres venirte a mi casa a dormir? La pregunté.

Los ojos de Tania se abrieron como platos, mientras me miraba incrédula y esbozaba una gran sonrisa.

—Diooooos, siiiii, me encantaría.

Pasamos el fin de semana juntos, reconozco que me gustó mucho Tania y su manera de ser, el lunes era su cumpleaños y su mayoría de edad. Me pareció injusto que lo pasase sola y no se me ocurrió otra idea que invitarla a un par de días a Paris, parecía mentira que nadie en su 18 cumpleaños no se interesase por ella.

—Así se fortalece mi personalidad, es lo que me dice mi madre. Decía con tristeza.

—Pues cariño mío, vamos a pasarlo muuuuy bien tu y yo ya lo veras.

No sé si Tania había estado en Paris, me imagino que sí, aunque no lo hablamos, pasamos dos días de película, nos divertimos, disfrutamos y follamos, me empezaba a encariñar mucho de Tania, nunca había estado tanto tiempo con una persona a la que había “tocado” y ella al contrario de perder la pasión, iba en aumento.

El miércoles nos costó mucho separarnos, pero era necesario, su madre llegaría el viernes y Tania se tenía que dejar ver por el club y lógicamente sin mí aunque yo también me pasé. Nos vimos en la distancia y aunque vino a saludarme su gesto fue muy frio pero lo entendí.

Pasó la semana sin pena ni gloria,  el viernes a las ocho de la mañana mi móvil sonó insistente, estaba despierto y en la pantalla aparecía el nombre de Tania. Me escamó que me llamase a esas horas, habíamos hablado muchas veces en esa semana, pero nunca tan pronto. Algo me dijo en mi interior que fuese cauto.

—¿Si, dígame?

—Hola buenos días, ¿con quién hablo?

Era una voz seca y autoritaria, la voz de una mujer que no le gusta que le digan que NO y mucho menos que la lleven la contraria. Es de ese tipo de voces que acojonan cuando las escuchas y te relegan a segundo plano haciéndote pequeño.

—Con Alfredo, conteste seguro, pero su voz no es la de Tania, y me pregunta es la misma que la suya ¿con quién hablo?

—Veo que el teléfono de mi hija tiene multitud de llamadas tuyas y hacia ti, ¿estáis juntos mi hija y tú?

Bueno, a ver que la decía yo a esta señora ahora, debería ir con pies de plomo y no meter la pata, por lo menos por Tania, la quería mucho y no deseaba que tuviese problemas.

—No, no estamos juntos, solo somos buenos amigos que hemos pasado algo de tiempo divirtiéndonos y sobre todo no hacerla sentir sola y abandonada el día de su cumpleaños.

Note un silencio incómodo y una respiración furiosa, iba a decirme algo, pero la interrumpí.

—Mire señora, con todos mis respetos hacia usted, estas conversaciones no son para mantenerlas por teléfono. Si usted cree que le debo de explicar algo lo haré con gusto invitándola a comer y le podré explicar lo que desee, pero creo que ha invadido la intimidad de su hija revisando su móvil

Hubo unos segundos de silencio en los que solo se oía su respiración, parecía muy cabreada, no me había dado su contestación cuando oí de fondo la voz de Tania.

—Mama ¿has visto mi móvil?

—Estoy segura que sabes dónde vivo, dijo la madre de Tania en voz baja, te quiero a la una en la puerta de mi casa.

Me quedé mirando el teléfono preocupado, no quería problemas de ningún tipo, y mucho menos de esta índole. Recordé que cuando di la mano a Tania no noté ninguna sensación rara, debería estar tranquilo, ese “DON” prácticamente me aseguraba mi éxito. Anduve toda la mañana preocupado y a la una en punto estaba en la puerta del palacete de la madre de Tania, aparecieron madre e hija por una puerta lateral y Tania vino enseguida y se abrazó a mí con alegría mientras me besaba sin vergüenza delante de su madre. La abracé con cariño mientras le sonreía, la veía feliz, pero estaba muy sorprendido.

Esperaba encontrar en la madre de Tania a una mujer elegante pero de unos cincuentaymuchos años y bastante amargada, podrida de millones, pero sin disfrutar de la vida y solo enfrascada en sus empresas. Pero me encontré a una mujer joven y muy muy guapa, con unas curvas de infarto y una elegancia que me dejo sin palabras.

—Mamá te presento a Alfredo, Alfredo esta es mi madre Úrsula.

Podría haberla dado dos besos como es lo habitual, pero creo que esa mujer no estaba acostumbrada a ese trato, me acerqué a ella agarré su mano derecha y la llevé a mis labios con una ligera reverencia de mi cabeza. Solo fue eso no quise hacer nada más, no quise pasarle las yemas de mis dedos por el dorso de su mano, no lo vi conveniente ni necesario en ese momento.

—Úrsula un placer conocerla. Le dije con una gran sonrisa.

—El gusto es mío Alfredo, pero por favor tutéame, reconozco que esperaba encontrarme a un jovenzuelo, no a un hombre como tú.

Vi la cara de confusión de Úrsula, pero no era de disgusto o desagrado, me miraba escaneándome con una gran sonrisa de aceptación y luego miró mi coche.

—Alfredo, creo que los tres no cabemos en tu coche. Bonito, muy bonito pero poco práctico, si no te importa vamos en uno de los míos.

Diciendo esto saco unas llaves con un mando y abrió la puerta principal.

—Mete tu coche dentro Alfredo. Dijo Úrsula.

Cuando metí el coche dentro con el mismo mando apretó otro botón y se abrió una gran puerta donde había cinco coches. Me quede con la boca abierta, Rolls Royce, Ferrari, Lamborghini, Volvo, Mercedes. Había de todo un poco, creo que un coche para cada ocasión.

—Nos vamos en el Mercedes, si me haces el favor conduce tu Alfredo, me dijo Úrsula, conducir con estos taconazos es incómodo.

El coche me encantó según me monté, era un Mercedes GLE coupé un SUV moderno y muy bonito. Dejando el tema del coche lo siguiente que me impacto es la estampa que mostrábamos, parecíamos una familia de clase alta dirigiéndonos a algún evento, esa idea me hizo gracia, pero lejos de molestarme me atrajo.

—Donde nos llevas a comer. Preguntó Úrsula intrigada.

—Pues mira Úrsula, creo que estas acostumbrada a sitios con glamour y muy refinados, pero te aseguro que te voy a sorprender… ¿os gusta el cordero asado?

—¡¡A mí me encanta!! Dijo Tania alegre.

—Si, a mí también me gusta, dijo Úrsula risueña.

—Os voy a llevar a un mesón muy humilde y acogedor donde creo que ponen el mejor cordero asado del mundo.

Creo que Úrsula esperaba algo más refinado, pero cuando entramos a ese sitio tan querido por mí, pero sin nada de exclusividad, se sintió un poco desilusionada. Notaba como miraba todo con curiosidad y algo de reticencia, pero todo quedó en el olvido cuando vino el dueño, me dio un abrazo y se presentó. Una jarra del mejor “clarete” acompañado de un aperitivo delicioso hizo que la conversación fuese distendida. Sabía que nadie se puede resistir ante tan delicioso cordero asado y así fue, al final de la comida esas dos mujeres increíbles mostraban su satisfacción por las viandas consumidas.

—Alfredo me encanta el sitio y la comida es increíble, decía Úrsula sorprendida, no entiendo como este sitio no es más conocido, este hombre se podía hacer de oro.

—Úrsula créeme que este hombre quiere que su mesón sea lo que ha sido siempre, un mesón de barrio donde ponen una comida increíble.

A raíz de esto iniciamos los tres un debate animado opinando si era mejor o peor el cambio. Eso hizo que la sobremesa fuese muy entretenida, pero sobre todo me gustó la manera de pensar de Tania y la agresividad de su madre frente a un posible negocio en potencia. Casi a punto de irnos el teléfono de Tania sonó, su cara expresó alegría y cuando colgó se lo dijo a su madre.

—Mama, Bárbara y Sandra me esperan en Arguelles, ¿me dejas dinero?

Su madre sacó la cartera y le dio 200€, me pareció algo exagerado para una chica de 18 años, pero no sería yo quien dijese a una madre como educar a una hija. Antes de irse Tania me dio un beso en mi mejilla y me susurró:

—Si te pregunta mi madre no la mientas.

Se despidió de nosotros y la vimos desparecer por la puerta. Úrsula en ese momento cambió su cara, creo que se acercaba el momento de las preguntas y quería respuestas.

—¿Qué te ha dicho mi hija cuando se ha despedido de ti?

—Qué no te mintiese si me preguntabas.

—Bien Alfredo, reconozco que me has sorprendido gratamente, mi hija me ha hablado mucho de ti, incluso creo que se ha enamorado… ¿te has acostado con ella?

Joder, directa y sin dudar, ahora mismo me encontraba en la encrucijada de si decirle la verdad o mentirla y que se lo creyese. Tendría que ser muy convincente y que Úrsula no dudase de mi cosa alto improbable ya que las muestras de afecto de Tania casi decían lo que había pasado.

—Sí, Úrsula sí, me he acostado con ella.

—¿Te has enamorado de mi hija?

—No, la quiero porque es una joven increíble pero la diferencia de edad pesa mucho.

—¿Pensaste eso cuando te la estabas follando?

—Mira Úrsula, ni tu hija se ha enamorado de mí, ni yo de ella, solo lo hemos pasado bien los dos juntos, solo eso, lo demás son conjeturas.

—¿Te puedo preguntar algo?

—Claro, pregúntame lo que quieras.

—¿Cómo te ganas la vida? ¿De qué vives?

—De inversiones y de los benéficos que generan. También juego en bolsa y bueno en menor medida de las rentas que tengo.

—¿Eres millonario?

—¿En comparación con quién? ¿Contigo? Entonces soy un pobre de pedir.

He de reconocer que me sentía a gusto con esta mujer, era divertida, directa y no tenía pelos en la lengua, decía lo que sentía y lo que quería preguntar. A la hora de haberse ido Tania nos fuimos nosotros, pensaba que la tarde se había acabado  y me dirigí hacia su casa.

—¿Dónde vamos Fredo?

Por primera vez me llamaba por mi apelativo y me gustó, pensaba que ya habíamos hablado de casi todo pero estaba equivocado.

—No me quiero meter en casa ahora, me lo estoy pasando muy bien contigo y quiero tomar algo en algún sitio tranquilo. Sorpréndeme. Dijo Úrsula divertida.

Solo la sonreí y no sé por qué tome camino del bar donde empezó todo, era algo así como un talismán un sitio que me traía suerte. Cuando llegamos estaba casi vacío, una cuantas personas que se nos quedaron mirando al no pegar mucho en el sitio donde estábamos, pasamos al fondo y nos sentamos en unos cómodos sillones, enseguida vino el camarero y nos atendió.

―Curioso sitio Alfredo ¿Cómo se te ha ocurrido venir aquí? ¿Lo conocías? Preguntó Úrsula.

―Si lo conocía y guardo un buen recuerdo de él, digamos que aquí empezó a cambiar mi suerte.

Úrsula se interesó por ese último comentario mío, y a groso modo y omitiendo el detalle más relevante le conté un poco mi amistad con una persona muy importante en mi vida. Esa tarde fue de confidencias entre nosotros dos, hablamos de muchas cosas, de lo que buscábamos y lo que deseábamos, Úrsula me confesó detalles de su vida que creo nadie o muy poca gente conocía y eso me dejo ver el tipo de mujer que era y lo que buscaba.

―Debido a la posición que tengo, me decía Úrsula, tengo a cientos de moscones ávidos de poder y dinero pululando a mi alrededor, gente que por un porcentaje es capaz de venderte y pisotearte sin miramientos.

―Conozco ese mundo Úrsula, me he criado en él y se de lo que hablas. Es muy difícil encontrar a gente leal, que sepas que no te va a fallar.

―Exacto Alfredo, creo que sabes de lo que te hablo, soy muy desconfiada por naturaleza.

Seguimos hablando por mucho tiempo, la tarde se nos pasó volando y empezaba a encontrarme muy a gusto con esa mujer, demasiado a gusto. Ella se mostraba amable y cariñosa en todo momento y aunque algo reticente al contacto físico, me explico, en alguna ocasión de modo amistoso, acariciaba su mano pero sin utilizar mi don, o la cogía y la besaba delicadamente, notaba su azoramiento y ella retiraba rauda su mano, no quise forzar ninguna situación así que me abstuve de hacerlo.

Cerca de las once de la noche las puertas de su gran mansión se abrían y metíamos su coche dentro y sacábamos el mío, me había encantado ese día con esa mujer era fascinante estar con ella. Cuando mi coche estaba en la calle me bajé a despedirme, note algo de tristeza en la mirada de Úrsula.

—Me ha encantado conocerte Úrsula, eres una mujer fascinante.

—No me gusta callarme las cosas que pienso y reconozco qué contigo me he equivocado. Pensé que eras un fresco, un vividor y te estabas aprovechando de mi hija, pero he notado que detrás hay algo más…y me gustaría seguir conociéndote.

Esto último lo dijo mirando al suelo, como sintiéndose desprotegida al mostrar algo de debilidad. Me acerqué a ella e hice algo que no pensé, besé su mejilla con cariño y la mire con afecto, lejos de desagradarle me miro sonriente y acarició mi brazo. Me fui hacia mi coche y me iba a meter dentro cuando carraspeo ligeramente:

—Ejem…esto…Alfredo ¿sueles hacer deporte?

—Sí, suelo salir a correr a menudo. Dije sorprendido.

—Mañana te espero aquí a las 8.00 y vamos a correr juntos ¿Te apetece? Dijo Úrsula.

—A las 8.00 me tendrás aquí, será un placer.

Al día siguiente, me tenía como un clavo diez minutos antes de la hora fijada, tardo poco en aparecer y me quede más impresionado aun, mallas ajustadas top deportivo marcando unas curvas impresionantes y un culito pequeño y respingón me pusieron cachondo nada más verla. El hacer deporte con Úrsula fue más un martirio que una diversión, con intención me quedaba ligeramente retrasado para ver cómo se movía ese culo que me estaba volviendo loco. Lo que si era cierto que esa mujer aparte de ser inmensamente rica y poder cuidarse, era muy joven aun y creo que todavía me quedaba mucho por descubrir de ella. Al final no es que me quedase a propósito tras ella, es que tenía un aguante fuera de lo normal, me llevaba con la lengua fuera, llevábamos casi dos horas corriendo y la verdad no estaba acostumbrado a este esfuerzo.

—¿Cómo vas Fredo? Preguntaba Úrsula. No sé si te quedas atrás porque no puedes más o por qué quieres verme bien el culo.

—Pues mira Úrsula, dije muy fatigado, me gustaría decirte por lo segundo, pero mi fatiga me impide ver bien empiezo a tener la visión borrosa. Dije parándome y apoyando mis manos en mis rodillas.

—Perdona Fredo, tenía que haberte preguntado. Pero si te sirve de algo eres el primer hombre que me aguanta tanto sin dejarme tirada.

Nos miramos divertidos y Úrsula rompió a reír.

—Jajajajaja…dios que mal ha sonado eso, reía imparable, lo que quise decir…

—Tranquila dije recuperando el resuello, se lo que has querido decir, pero tu ritmo es infernal.

—¿Sabes? Dijo Úrsula, estamos a menos de un kilómetro de casa, vayamos dando un paseo.

La verdad es que estaba casi deshidratado, el calor empezaba a apretar y sudaba profusamente, tenía la boca pastosa y no estaba a gusto. Aun así Úrsula, paso mi brazo por encima de sus hombros y me agarro de la cintura para ayudarme, me extraño ya que no estaba precisamente en mi mejor momento y pensé que esto le desagradaría, pero me arrimo contra su cuerpo y me sonrió con cariño.

―Estas empapado en sudor, no me extraña que te encuentres algo mal, he sido un poco burra, perdóname.

―Tranquila, la próxima vez sabré a qué atenerme y me traeré unas botellitas de agua.

La verdad es que me encontraba muy a gusto con esa mujer, hasta me atraía su olor corporal después de correr durante dos horas. Cuando llegamos a su casa lo primero que hizo fue darme una botella de Aquarius que casi me bebí entera.

―Creo que te debo algo, dijo Úrsula algo asustada, estabas muy deshidratado, anda vamos a ducharnos y preparo algo de desayunar.

Me cogió de la mano y me llevo tras ella, os lo juro por un momento pensé que nos ducharíamos juntos y eso me hizo tener una erección de caballo. Ese culito se movía provocador delante de mí, pero enseguida entendí que Úrsula no era una mujer de aquí te pillo… Abrió una puerta de uno de los muchos baños que tenía esa casa y me mostró el interior.

―Cuando salgas búscame en la piscina. Dijo Úrsula.

La ducha fue muy relajante, empezaba a sentirme muy bien nuevamente, entonces recordé algo muy importante, no tenía muda de repuesto, y no me apetecía ponerme la ropa interior mojada de mi propio sudor, joder no pensé que esto pudiese suceder, creí que iríamos a correr, algo ligero un desayuno y ya veríamos pero ahora estaba algo confundido, cuando saliese de la ducha ya veríamos.

Bajé a la piscina con solo una toalla enrollada a mi cintura, cuando vi a mi anfitriona se me cortó la respiración, un bikini minúsculo tapando lo más deseable de su cuerpo se interponía entre mi vista y ella. Sus curvas se mostraban descaradas ante mí y mi polla empezó a tomar las riendas de mi excitación. Úrsula me miró con ojitos de deseo, pero fue políticamente correcta.

―Como no sé qué es lo que te gustaba, te he preparado fruta, tostadas y café con leche. Si hay algo más que te guste, pídemelo.

Esto último me lo dijo mirándome a los ojos y con cara de deseo. Empecé a recordar, a ver sin querer la he “tocado” de manera accidental y está deseando follar conmigo, pero en ningún momento desde que nos conocimos ocurrió el que yo agarrase su mano y pasase las yemas de los dedos por su dorso… ¿entonces? ¿Se sentía atraída por mí?

—Dime Fredo, ¿qué planes tienes para hoy?

—No tenía pensado hacer nada especial, aunque si me propones algo me gustaría mucho seguir conociéndote. Dije mirándola fijamente a los ojos.

En ese momento entro Tania en la cocina con una cara de sueño increíble, según vio a su madre abrió mucho los ojos y cuando me vio a mi abrió su boca a modo de sorpresa.

—¡¡MAMA!! Estas preciosa con ese bikini y tu Fredo ¿Qué haces vestido solo con una toalla? ¿Has pasado la noche aquí?

—¡¡TANIAAA!! Grito su madre escandalizada.

—¿Qué mamá? Perfectamente lo podríais haber hecho, hacéis muy buena pareja.

Me eche a reír de su ocurrencia, aunque mirando a su madre en ese momento no me hubiese importado en absoluto.

—No Tania, la dije risueño, tu madre me invito a correr con ella hoy y he sido un “nenaza” no he soportado su ritmo de carrera, estoy con la toalla porque no tengo una muda limpia.

Tania desayunó con su madre y conmigo, la verdad es que era una niña encantadora y se hacía querer, fue un desayuno divertido.

—Bueno tortolitos, dijo Tania divertida, yo me voy con mis amigas hemos quedado con unos chicos en ir a la piscina y hoy no vendré a comer, nos vemos a la noche.

Úrsula acribilló a preguntas a su hija sobre esos chicos, hasta que dándola un beso en la frente la dejo marchar, Tania vino a mí y me abrazo y me dio un beso en la mejilla, al poco rato salía por la puerta despidiéndose alegre. Ese día lo pasamos juntos Úrsula y yo en su casa, aunque no follamos, si estuvo más cercana a mí con constantes muestras de cariño. Me entere más de su vida y sus empresas y ella supo lo que había pasado desde mi juventud hasta que estando en esa empresa fui humillado por la gerente. El domingo por la noche nos despedimos, aunque no me apetecía dejarla, iba a decirla si quedábamos cuando ella se adelantó.

—¿Mañana podemos comer juntos? Preguntó Úrsula con cierta timidez.

—Me encantaría.

—Te espero mañana a las dos en mi despacho, dijo ella esbozando una sonrisa.

Un comentario sobre “El Don, una herencia increíble (3)

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