ECONOMISTA

Cuando regresé con las peques Claudia ya estaba en casa, me llamó desde la planta de arriba y subí, se encontraba en la habitación donde Cristina me había humillado unas horas antes.

– Te has dejado la ventana abierta, me dijo.
– Si, es que he abierto todas las de casa, para ventilar un poco, mentí yo.
– ¿Y no será porque alguien ha fumado aquí?, dijo Claudia mas seria.

No sé como lo hacía pero ya me había vuelto a pillar, entonces lo recordé, la colilla del cigarro que se había fumado Cristina, la había dejado en la ventana y a mi se me olvidó tirarla. ¿La habría visto Claudia?.

– He entrado en la habitación, me olía raro, como a tabaco, me ha extrañado que estuviera la ventana abierta y al ir a cerrarla me he encontrado eso, mira ven, dijo haciéndome un gesto para que me acercara a la ventana.

Yo fui hacia allí y efectivamente, allí estaban los restos del cigarro de Cristina.

– ¿Has estado fumando?, me preguntó mi mujer.
– No, sabes que hace mucho que no fumo, ha sido la chica de la tienda de muebles, dije yo confesando antes de que pareciera de que intentaba ocultar algo.
– O sea que ¿has dejado que fume aquí la tía esa de la tienda de muebles, la alta?.
– Si, esa, me preguntó que si no me importaba y mientras iba midiendo se ha echado un cigarrillo.
– Y tu la has dejado, nada, lo mas normal del mundo, viene aquí a casa 5 minutos y se echa un cigarro, menuda educación tiene y tu pareces tonto, aquí no fumamos ninguno y tu dejas a una de fuera que venga aquí a fumar, pienso llamar luego a la tienda para quejarme, porque no me parece ni medio normal.
– ¿Para que vas a llamar?, voy a quedar yo mal, me ha pedido permiso y yo la he dejado, ya está, porque llames no vamos a solucionar nada.
– Pues claro que pienso llamar, ¿quien se cree esa que puede venir a mi casa y echarse un cigarro?.
– No le des tanta importancia Claudia, no es para tanto, me dijo que había tenido un día duro y que ni para echar un cigarro había tenido tiempo y empezamos a hablar y al final pues la dejé…
– Venga vamos a comer, que pareces tonto y recoge eso, dijo señalando la colilla, – tengo un poco de prisa, luego por la tarde he vuelto a quedar con Don Pedro y después tengo partido de pádel con Mariola.

Así quedó la cosa, no sabía realmente si Claudia iba a llamar a la tienda de muebles a quejarse o si no lo iba a hacer, tampoco me extrañaría que lo hiciera, lo que no sé es que la contestaría Cristina, tampoco veía a mi ex pidiéndola disculpas, por un momento pensé que hasta se podía chivar de lo de la mañana. ¿Sería capaz Cristina de contarle a Claudia lo que había pasado?.

Durante la comida estuve dándole vueltas a este tema, estuve ausente y distraído, no entendía que es lo que había pasado un par de horas antes, como Cristina había vuelto a jugar conmigo. Lo peor es que me sentía muy culpable, no por la sumisión sino por haber puesto los cuernos a Claudia, era una infidelidad clara hacia mi mujer, sin embargo estaba excitado, no se me había pasado el calentón, volver a acordarme todo lo relacionado con Cristina me sacaba de mis casillas y ahora se había cruzado otra vez en mi vida.

La puta de Cristina había estado en mi casa recordándome el pasado, los cuernazos que me ponía y yo no solo me había puesto cachondo, había caído sumiso a sus pies dejando que me restregara el coño por la cara.

Después de comer estuve recogiendo un poco y luego me fui al sofá con las niñas y Claudia a ver una película. A media tarde mi mujer cogió una carpetilla y me dijo que se iba a pasar unos minutos por el instituto para hablar con Don Pedro y que luego tenía partido de pádel con Mariola.

– Volveré sobre las 21:00 o así…

Se preparó el paletero y se puso un conjunto para jugar, camiseta de tirantes, una sudadera blanca encima y abajo unas mallas negras.

– ¿Vas a ir así al instituto?, pregunté yo extrañado.
– Si, va a ser un momento, es dejar estos papeles a Don Pedro y luego ya me voy a jugar.

Me extrañó que Claudia fuera así a hablar con su director, esas mallas deportivas no me parecían muy apropiadas, era un giro de 180 grados, una cosa es que fuera con ropa holgada y otra que ya se presentara vestida de esa manera, a mi no me importaba en absoluto, pero tampoco lo veía normal con la personalidad de Claudia. Ella siempre se había preocupado mucho por ese tipo de detalles.

Nos dimos un beso para despedirnos y me quedé con las niñas haciendo las tareas del cole. No habían pasado 20 minutos desde que Claudia se había ido cuando recibí un mensaje de whatsapp al móvil.

– Ha llamado tu mujer muy enfadada a la tienda de muebles, quería poner una queja contra mi.

Era mi ex, no pensé que fuera a ponerse en contacto conmigo, pero ahora tenía mi número de móvil y podía mandarme mensajes o llamarme cuando quisiera.

– Si, lo siento, vió la colilla en la ventana, la dije que yo te había dejado fumar.
– No me puedo creer que no la recogieras, eres estúpido…y tu mujer quiere poner una queja contra mi, ¿no sabe que soy la dueña de la tienda?.
– Supongo que no.
– No te voy a decir por donde me paso yo la queja, aunque te lo puedes imaginar, donde has tenido la boca esta mañana.
– No quiero hablar estas cosas por whatsapp, no vuelvas a escribirme, te voy a bloquear.
– Ni se te ocurra bloquearme o le diré a la zorra de tu mujercita lo que ha pasad…

No me quedó mas remedio que cumplir mi promesa y efectivamente bloqueé el whatsapp a Cristina, no podía arriesgarme a que me escribiera un día que estuviera mi mujer delante y me pillara la conversación, pero el haber chateado con ella hizo que volviera a ponerme muy nervioso y excitado.

No sabía que es lo que me pasaba con esa mujer. Me dominaba a su antojo.

Por un momento pensé en subir a la planta de arriba para llamarla y decirla que no quería volver a saber nada de ella, que dejara de molestarme al teléfono, pero finalmente no lo hice. Tan solo tenía que esperar a que trajeran los muebles y una vez montada la habitación hacerla desaparecer de mi vida, esta vez para siempre.

Entró Claudia deprisa en el instituto, como era por la tarde esperaba que no hubiera alumnos que pudieran verla vestida así de deporte. Efectivamente no había casi nadie y se dirigió al despacho de Don Pedro con una carpeta de la mano. Tocó con la mano en la puerta.

– Pasa Claudia te estaba esperando, dijo Don Pedro poniéndose de pies.
– Va a ser un minuto.
– No, tranquila, no tengas prisa, puedes colgar aquí el abrigo, dijo dirigiéndose hacia ella.

No le quedó mas remedio a Claudia que quitarse la cazadora que amablemente cogió el director para ponerla en un perchero. Le pareció raro que saliera a la puerta a recibirla pues nunca lo hacía, ese día le pareció que Don Pedro había ganado en estatura, al ir en zapatillas deportivas y no llevar tacones era un poquito mas alto que ella, aunque también era bajito.

El director del instituto echó una buena ojeada al cuerpo de Claudia, nunca la había visto en ropa deportiva y le pareció raro que fuera así vestida, para ella no pasó desapercibida las miradas libidinosas de el viejo (solo le faltó relamerse los labios) y se sentaron uno a cada lado de la mesa.

– Luego tengo partido de pádel, dijo a modo de excusa Claudia como adivinando el pensamiento de Don Pedro.
– No, no pasa nada, por supuesto que puedes venir como quieras, yo no me meto en esas cosas, si me permites decírtelo además te queda muy bien esa ropa de hacer deporte.

Claudia se ruborizó un poco por el piropo que le lanzó el viejo, estaba claro que iba ganando confianza a medida que se iban reuniendo en su despacho a solas, ya lo habían hecho 5 o 6 veces en las últimas semanas.

– Ya está solucionado lo del tema de la subvención de la Consejería, en unos días nos llegará el dinero.
– Estupendo, dijo Claudia, – Solo nos queda confirmar un par de direcciones para que puedan acoger a este par de chicos.

Se inclinó sobre la mesa para pasarle una hoja a el director y éste casi sin querer se quedó mirando el escote de la sudadera que llevaba la cremallera bajada un poco.

“¿Así que quieres mirar viejo pervertido?” pensó Claudia.

– ¿Hace un poco de calor, no?, dijo desabrochándose la sudadera, – Mejor me la voy a quitar.
– Como estés mas cómoda.

Debajo llevaba una camiseta de tirantes para jugar al pádel, aquello ya era demasiado, luego sin venir a cuento se inclinó de nuevo sobre la mesa y ahora sí que el peso de las dos tetas hicieron su trabajo mostrándose en casi todo su esplendor delante del director del instituto.

– Estos dos chicos de aquí son los que nos faltan confirmar las direcciones, yo sigo en contacto con ellos, esta semana ya les he llamado un par de veces.

Don Pedro intentaba no fijarse, pero le era casi imposible no mirar los pechos de su jefa de estudios que tenía delante de la cara.

– Si, si, entiendo…

Le parecieron los 10 segundos mas maravillosos de su vida hasta que Claudia volvió a su silla. Se quedó con ganas de estirar el brazo y agarrar aquello que tenía delante. Si hubiera tenido unos años menos ya estaría con el pito tieso, aun así algo sentía entre sus piernas, como si se le estuviera hinchando, hacía tiempo que no tenía esa sensación.

Pero ella no se iba a conformar con eso, cogió la silla y se puso a su lado, muy muy cerca de él, tanto que incluso le rozó varias veces con la pierna, ella iba hablando y señalando nombres y otras cosas del programa de intercambio, aunque Don Pedro ya hacía tiempo que ni la escuchaba y solo asentía como un robot y aspiraba el olor que emanaba la rubia.

También le rozó las manos, todo muy fortuito y sin querer, o queriendo, e incluso alguna vez con los pies, parece que estaba jugando a hacer piececitos, y él no lo pudo soportar más, de nuevo Don Pedro rompió a sudar, pero esta vez no fueron unas gotas por la frente, fue casi a chorro por la cara, el pelo y hasta por las axilas y manos.

– ¿Se encuentra bien?, está sudando, dijo Claudia sacando un pañuelo para ofrecérselo a el viejo. Luego se levantó y fue a su lado lo suficientemente despacio para que Don Pedro pudiera mirarla el culo en mallas deportivas.

Era el fin de fiesta.

– Tengo que irme ya, tengo partido ahora, dijo Claudia poniéndose la sudadera y luego la cazadora.

Salió del despacho de Don Pedro con una sonrisa traviesa, cada vez se divertía mas con todo aquello y solo tenía que pensar en alguna forma de ir un poco mas allá en su juego. Y no solo se divertía, también se ponía muy cachonda y porque tenía prisa por el partido de pádel, sino se hubiera metido otra vez en su despacho para masturbarse.

“Esta noche me toca follarme a mi marido, estoy demasiado caliente”, pensó Claudia mientras se dirigía al coche.

Volvió Claudia de jugar sobre las 21:00, las niñas ya habían cenado y estaban esperando a su madre para acostarse, cuando lo hicieron nos preparamos una cena ligera y estuvimos viendo un rato la tele. Mi mujer subió al piso de arriba y tardó unos minutos en bajar, yo seguía sentado en el sofá y de repente la escuché por la escalera y al llegar se puso delante de mi.

Se había puesto unas braguitas y sujetador negro casi transparentes. De la mano llevaba el último arnés que le había regalado. Pegué un bote nada mas verla.

– Las niñas ya están dormidas, dijo levantando una pierna para irse poniendo lentamente la polla de goma.

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