FERNANDO

Cuando me desperté el Lunes, lo primero que hice fue guardar el reloj de Eugenio a buen recaudo y entre algodones, no me lo llevaría al trabajo, si mi jefe lo veía en mi muñeca era capaz de quitarme el sueldo. Miré en internet el valor de ese reloj antes de irme a trabajar y ascendía a más de tres millones y medio de euros, estaba acojonado, era una responsabilidad muy grande.

El martes cuando volví de trabajar me encontré en el buzón mi cartera y una nota de Eugenio, “Siento haberte quitado tu cartera pero la necesitaba, ya sabrás porque dentro de poco, mira el saldo de tu cuenta corriente” me conecte a internet y consulte el saldo de mi banco había una transferencia de Eugenio por 2800€, no entendí nada pero ese dinero me venía de perlas para pagar muchas facturas atrasadas, ya ajustaría cuentas con Eugenio cuando nos viésemos de nuevo.

Pasó más de un mes desde todo lo acontecido, a Isabel y Carmen no las volví a ver aunque a Carmen la llame por teléfono pero no contestó a mi llamada, mi vida volvió a su cauce, y aunque salí un par de veces más y fui al mismo bar donde ocurrió todo no pasó nada fuera de lo normal, me fui a casa solo y aburrido. Un miércoles recibí una llamada que cambiaría toda mi vida.

—¿D. Alfredo Hidalgo Garrido?

—Si soy yo dígame.

—Le llamo desde la notaria de D. Isidoro Montalvo, el motivo de mi llamada es para que se presente en nuestro despacho mañana a las once, es para la lectura de un testamento y usted es el único heredero.

—¡¡¿COMOOO?!! Pero eso es imposible yo no conozco a nadie que se haya muerto.

—Lo siento no le puedo decir nada más preséntese mañana a las once y D. Isidoro Montalvo le aclarara todas las dudas.

Me dieron la dirección de la notaria, estaba hecho un mar de nervios, ¿único heredero?, ¿pero de quién? El día se pasó muy lentamente y por la noche no pude dormir bien, me despertaba a cada rato dándole vueltas al asunto hasta que por fin llegó la hora y me encontré en la notaria. El notario me hizo pasar a su despacho antes de la lectura del testamento y me puso en antecedentes de quien me había nombrado heredero universal y ese no era otro que Eugenio Salazar, el hombre que conocí en el bar y dueño de ese reloj que estaba en mi poder y llevaba en esos momentos en mi muñeca.

—El señor Salazar nos dejó instrucciones precisas sobre su testamento, dijo el notario, de momento le entrego este sobre que solo será leído por usted cuando salga de esta notaria y se encuentre solo, ahora pasemos a la lectura del testamento.

Cuando salí de la notaria, me temblaban las piernas, era millonario, Eugenio me había dejado un gran ático en pleno barrio de Salamanca, en la calle Lagasca, un palacete en Montecarlo y un gran chalet en la costa de Cádiz, además de cuentas corrientes en diferentes bancos y acciones que ascendían a un total de casi 30 millones de euros, el reloj solo fue un adelanto de lo que se me venía encima sin saberlo. También me dejó un número de teléfono y el nombre de su abogado que fue el que le llevó siempre todos sus asuntos.

Cuando llegue a casa deje la carta sobre la mesa y llame de inmediato al abogado, concertamos una cita para conocernos y empezar todos los trámites de la herencia. Su abogado, y ahora el mío, me conto que Eugenio tenía un cáncer terminal y no quiso alargarlo más, tardo poco en morir desde que le conocí. Al cabo de la semana más o menos, me despedí de ese trabajo de mierda que tenía, no me hacía falta, era rico. Me trasladé a vivir a ese inmenso ático, la decoración me gustó enseguida era minimalista y atemporal, pero con mucho lujo, mi vida cambió me sentía poderoso, pero seguía sin comerme un colín, era desesperante, mucho tonteo, mucho llámame pero todas eran falsas como el beso de judas.

Un día entre las cajas que traje de mi casa apareció la carta que me dejo Eugenio y que todavía no había leído, la abrí y me dispuse a leer su contenido.

“Espero que cuando leas esta carta te hayas repuesto de la sorpresa que te he regalado, el día que te conocí me pareciste el sujeto idóneo para pasarte mis posesiones y mi modo de vida, como te dije me recordaste a mi cuando era joven, inseguro, educado y solo en la vida. Espero que sepas gestionar bien tu fortuna, mi abogado es un buen hombre además de honesto, él te ayudara a solucionar todos tus problemas con la herencia y con hacienda.

Y ahora mi querido amigo mi regalo final, cuando nos conocimos, recordaras que te besé en la boca, no fue un beso de capricho ni por qué me gustases, en ese beso te transmití un poder del que seguro no te has percatado todavía. Solo con el mero hecho de agarrar la mano derecha de una mujer que desees y acariciar con las yemas de tus dedos de tu otra mano el dorso de su mano, esta caerá rendida a tus pies y follará contigo sin preguntar.

Sé que no me crees, pero acuérdate que cuando terminé de besarte te dije que te dirigieses a las dos chicas que se estaban riendo de nosotros y besases la mano de la que más deseases, acuérdate que tenías su mano agarrada y con la otra pasaste las yemas de tus dedos. Te la follaste en el baño, oímos todos perfectamente sus gemidos, ¿has vuelto a follar desde entonces? Seguro que no. Este poder funciona solo con mujeres, ¿Por qué? No lo sé, la persona que me lo paso a mí tampoco me lo supo explicar, solo te pido que si ves tu vida acabar, le pases el poder y tus pertenecías a otra persona que tu elijas.

Amigo mío me despido de ti, no sé en qué película lo escuche pero me gusto: todo gran poder conlleva una gran responsabilidad. No te tomes esto como un juego porque puedes salir muy dañado, ahora hazte un favor y quema esta carta que nadie sepa su contenido, solo tú.”

A estas alturas ya me creía todo de todo, me arreglé y salí a la calle buscando alguien con quien poner en práctica lo que Eugenio me había contado, estaba muy nervioso, porque no sabía que es lo que iba a ocurrir, ninguna mujer me parecía lo suficientemente atractiva para llevar a cabo mi “experimento” hasta que vi a una chica de unos 20 años preciosa y con un cuerpazo de escándalo, lo malo que llevaba sus manos enfundadas en unos guantes, sería difícil llevar a cabo mi experimento.

—¿A ver cómo me las ingenio yo para tocar su piel con las yemas de mis dedos?, pensé mascullando entre dientes.

La suerte quiso ponerse a mi favor, nos paramos en un semáforo, esperando que se pusiese verde para los peatones, mire a mi izquierda y vi bajar un autobús rápidamente, muy pegado a la acera y delante de nosotros un charco de agua muy negra, casi lo vi a cámara lenta, agarre a la chica abrazándola contra mi mientras me daba la vuelta y la protegía con mi cuerpo, al segundo una lluvia de agua ponzoñosa me cubría la espalda.

—¡¡ANIMAAAL!!

Oí a un hombre gritar mientras el autobús ni frenaba, la tenía abrazada, su espalda contra mí notando su culo pegado a mi entrepierna, olía de maravilla, cerré los ojos y aspire su aroma.

—Gra…gracias supongo, dijo la chica mirándome a los ojos, joder, te han puesto perdido.

—La madre que lo parió, atiné a decir mientras esa agua se metía por mi ropa y me llegaba hasta los huevos.

La chica deshizo mi abrazo sobre ella y mirándome se quitó los guantes mientras alargaba su mano para saludarme.

—Me llamo Ana, ¿vives aquí cerca?

—Hola Ana, me llamo Alfredo y si vivo cerca de aquí, la dije agarrando su mano y pasando las yemas de mis dedos por su dorso con mi otra mano, enseguida note su estremecimiento.

—Vamos a tu casa, necesitas ducharte y cambiarte de ropa, dijo Ana con una mirada extraña en su cara.

Cuando entramos en mi casa me fui directo a la ducha quitándome esa ropa manchada.

—Ana estás en tu casa, en la nevera hay algo de beber, ahora salgo.

Joder era una preciosidad de niña, llevaba una camiseta que se ceñía a su cuerpo y marcaba un pecho muy bonito, y unos leggins que dibujaban su figura y sus piernas largas y bien formadas.

Cuando me metí en la ducha ya estaba empalmado, pero aún no había ocurrido nada, aunque el mero hecho de tenerla en mi casa era motivo más que suficiente para saber que ese “poder” sí que causaba algún cambio. Oí como se abría la puerta del baño y seguidamente la de la ducha, Ana entraba desnuda y juntaba su cuerpo con el mío, era perfecta.

—Mi amor, necesito que me folles.

Se abrazó a mí con desesperación buscando mi boca, estaba sorprendido no me hice de rogar y la cubrí de besos, su cuerpo se frotaba contra mí, mi polla estaba en su máxima expresión, vi cómo se iba agachando hasta quedar frente a mi verga, dura, descarada, Ana empezó a hacerme una de las mejores mamadas que recuerdo que habían sido muy pocas, pero desde luego era de las mejores.

—Joder Ana despacio que me corro, que boquita tienes…Anaaaaa.

Quise sacar mi polla de su boca pero no me dejo, me corrí abundantemente en su garganta mientras la oía tragar mi corrida, salimos de la ducha y la lleve a mi dormitorio, la tumbe en mi cama y ella se abrió de piernas para mí, su coñito era una preciosidad, metí mi cabeza entre sus piernas y logre que alcanzase dos orgasmos que la dejaron preparada para poder follarla.

—Follameeeee, por dios Alfredo no aguanto más.

Me arrastro al centro de la cama y me puso encima de ella, metí mi polla en su coñito, era muy estrecho y me apretaba mucho, note como si algo me frenaba y no me dejaba avanzar.

—Diooos, que gustooo gimió Ana.

—¿Eres virgen? Pregunté excitado

—Siiiiiiii, pero no te preocupes, no pareees.

Un quejido por parte suya, y una mueca de dolor, pero seguidamente la empecé a follar con fuerza, Ana me pedía más y vaya que se lo di, me iba a correr, no iba a aguantar mucho.

—No te corras dentroooo…no tomo precauciones.

Fue lo que salió por su boca mientras un orgasmo arrollador recorría su cuerpo. Me salí de su interior justo a tiempo, el primer trallazo de semen llegó a su boca, el segundo a sus tetas y el tercero a su tripita, caí sobre ella y me abrace a su cuerpo, ella me correspondió mientras me susurraba al oído lo que deseaba hacer conmigo, nos quedamos recuperándonos de nuestro orgasmo dándonos cariño, pasamos el día juntos y follé tres veces más con ella, pero no quiso llegar más lejos, la vi algo asustada y no quise forzarla, me dejó su número de teléfono y me dijo que nos veríamos.

El primer año no paré, follé lo que no había follado en toda mi vida cientos de mujeres pasaron por mi cama y empecé a entender cómo funcionaba ese “DON” mujer que desease, mujer que iba a mi cama sin rechistar, hubo de todo, pero debía de tener cuidado, alguna vez cuando tocaba a alguna mujer notaba una alteración que no conocía, era desagradable pero no sabía atribuirlo a nada, ella venía a mi sumisa, quería follar pero la sensación era incómoda y la rechazaba con el consiguiente disgusto por parte de ella.

Quería llegar más allá, saber que se escondía detrás de esa sensación “rara”, no tuve que esperar mucho. Una noche en un restaurante cenando con un amigo, una mujer atrajo mi mirada, poseía una belleza increíble, cuerpo espectacular, figura envidiable, se notaba que no estaba a gusto con su acompañante, miraba a todos los lados como buscando una salida, de vez en cuando le miraba y sonreía por compromiso, vi como su acompañante se levantaba para ir al servicio. Me levanté de mi mesa y me fui a su lado.

—Buenas noches, la dije mirándola a los ojos, sé que te lo habrán dicho multitud de veces, eres una preciosidad de mujer. Agarre su mano derecha y la besé suavemente para seguidamente terminar el ritual.

Noté esa sensación rara y vi su mirada de incertidumbre, volví a mi silla con la persona que estaba cenado, un amigo que no veía hacía tiempo uno de esos que follaba hasta que no podía más, el típico que se creía el amo del cotarro el macho alfa perfecto según él.

—Como te iba contando Fredo, no he parado de follar, las mujeres me buscan, me desean, vivo como quiero. Por cierto esa mujer a la que has saludado ¿Quién es? Esta buenísima.

—Ya, le dije con pena, creo que lo que te pasa es que follas y según te prueban y te conocen salen espantadas, las tratas como a un cacho de carne donde meter tu polla, eres tan vanidoso que crees que todo gira en torno a ti, a este paso no sentaras cabeza en tu vida. Y esa mujer, esa mujer está fuera de tu alcance.

—No te equivoques Fredito, las mujeres son putas, todas lo son, hasta mi madre lo es pero no lo sabe y las trato como tal, como fulanas que solo desean follar. Tu problema es que las respetas y eso es lo que te pierde, te calan desde que te acercas a ellas y se aprovechan de ti, para ellas solo eres un osito de peluche, no un macho, alguien que las domine.

No le faltaba razón, pero odiaba que me lo dijese el, fue el quien me levantó muchas de las chicas que me gustaban cuando era joven y no me gustaba su manera de ser, pero éramos amigos desde el instituto y pasamos mucho juntos eso nos unió bastante. Me fije que la mujer a la que había acariciado no hacía nada más que mirar a nuestra mesa, yo tenía claro que era a mí a quien miraba, pero mi amigo no tardó en darse cuenta de sus miradas, puso cara de depredador y adoptó pose de interesante.

—Fredo ¿te has dado cuenta de la mujer de esa mesa a la que has saludado?, no hace nada más que mirarme, ves lo que te decía, las mujeres me desean.

Casi me eche a reír, ahora mirándolo desde otra perspectiva me daba cuenta de la estupidez de esta persona, lo que en un principio me pareció admirable ahora me parecía patético.

—¿Seguro que te está mirando a ti? Le dije divertido.

—¿Y a quien si no? ¿a ti?, venga hombre no me jodas, dijo riéndose.

Más o menos a los quince minutos, la mujer y su acompañante se levantaron y salieron del restaurante, pasaron muy cerca de mí y ella dejó un papel en la mesa muy cerca de mi mano que enseguida lo cubrió, para que su acompañante no intuyese nada, cuando salieron lo leí, “llámame al número que te dejo cuando salga del restaurante”

—A ver, que escondes ahí, dijo mi amigo.

—La mujer que miraba tanto me ha dejado un papel para que la llame.

—¿Quién, tu? Jajajajaja no me jodas, se habrá equivocado, venga, dame ese papel, decía mi amigo con chulería.

—De acuerdo le dije, ya que estas tan seguro de ti mismo haremos una cosa, llámala, si es a ti a quien espera pagaré yo la cena en este restaurante tan exclusivo, pero si a quien busca es a mí, pagaras tú y te disculparas por tu absurda prepotencia.

Le di el papel y lo leyó, saco su móvil y marco el teléfono que venía apuntado, puso él manos libres en el teléfono y me miro desafiante.

—Ahora escucha y aprende pardillo, dijo mi amigo con seguridad.

El teléfono daba la señal de llamada y a los pocos segundos se escuchó la dulce voz de una mujer.

—Dígame.

—Hola preciosa, soy la persona que mirabas en el restaurante y a quien has dejado el papel.

—Hola querido, antes de seguir, ¿eres el de pelo castaño de mirada dulce o el moreno de aspecto varonil?

—Por supuesto el moreno de aspecto varonil, dijo mi amigo muy seguro de sí mismo.

—Pues pásale el teléfono a tu amigo que es con quien deseo estar, tú tienes pinta de putero y chulo inaguantable.

Yo levante una ceja mientras sonreía divertido, cogí el teléfono de mi amigo, quite el manos libres y estuve hablando con la mujer durante unos minutos, me cito a media noche en un céntrico hotel y me dio su número de habitación, cuando colgué mire a mi amigo, que todavía no se creía lo que había pasado, le dejé su móvil y me levanté de la mesa.

—Bueno querido amigo aquí termina una sencilla lección de humildad y ahora quiero tus disculpas por tu despotismo hacia mi le dije con seriedad.

—Lo…lo siento, dijo mi amigo sin creer lo que había pasado.

—Nos vemos.

Diciendo esto me marche del restaurante y fui caminando hacia el hotel, no estaba lejos de donde cené, además la noche invitaba al paseo, hacia buena temperatura, cinco minutos antes de la hora llamaba a la puerta, cuando se abrió la mujer del restaurante apareció ante mí en ropa interior un conjunto muy sugerente que en su cuerpo invitaba a no apartar la vista de él.

—Eres preciosa, dije con admiración

Ella agarro mi mano, me metió dentro de la habitación y cerró la puerta, me miro con intensidad mientras acariciaba mi cara y mi pelo, la sensación de no estar haciendo lo correcto se acentuaba cada vez más, aun así seguí adelante.

—Me llamo Lucia

—Yo soy Alfredo

—No sé qué me ha pasado en el restaurante, pero no podía dejar de mirarte, te necesitaba dentro de mí y lo sigo deseando, esto no me había pasado nunca, dijo la mujer

Me besó con desesperación mientras como en una coreografía estudiada iba llevándome hacia la cama en un baile seductor mientras mis manos acariciaban su escultural cuerpo. No tardé en despojarme de mi ropa y quedarme totalmente desnudo delante de ella que con movimientos felinos trepo hasta mi mientras besaba mi cuerpo, fue una noche increíble, me dejo disfrutar de ella y estuvimos hasta casi amanecer follando sin parar, me dejó entrar por todos sus agujeritos, y ella perdió la cuenta de sus orgasmos, caímos rendidos muertos de cansancio y nos dormimos abrazados.

Todo fue como una película de suspense o un capítulo de mentes criminales, algo me impedía respirar, me desperté asustado y vi a un tío encima de mí con sus manos en mi cuello, tenía una fuerza sobrenatural, me arrastro fuera de la cama, mientras veía como mi vida se escurría entre sus manos aferradas a mi cuello.

—Hijo de puta, ¿te has follado a mi novia? Susurraba en mi oído mientras apretaba más sus manos en mi cuello.

Mi vista se hizo borrosa hasta que perdí el sentido, mi último pensamiento fue para ese “DON” al final no iba a poder cumplir con mi cometido de pasarlo a otra persona. Me desperté en una ambulancia, el doctor que me atendía vio que abría los ojos y me miró con una sonrisa.

—Tranquilícese, vamos camino del hospital, gracias a dios que la mujer con la que estaba se despertó y dejo KO a su agresor con una lámpara.

La cabeza me dolía horrores, me costaba tragar, y tenía un dolor lacerante en mi cuello, estuve una semana en el hospital, el individuo en cuestión era un ex novio de la chica, un psicópata maltratador, tenía una orden de alejamiento que no sirvió de nada y todavía no se sabe muy bien como logro entrar en la habitación. Llamé a mi abogado e interpusimos una denuncia por intento de homicidio, en el tiempo que estuve en el hospital pensé y mucho en todo lo ocurrido y mis “poderes”, interprete que ese estremecimiento era debido a que la persona elegida me traería muchos problemas, ese “DON” era también como un sexto sentido que me advertía de posibles dificultades.

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