ECONOMISTA

Se puso de pie y se dió la vuelta. Yo seguía inmóvil pensando en lo que me acababa de decir.

– Bueno pues ya he terminado de medir, ¿que pasa que no contestas?.
– Ehhh, si, perdona, si, creo que han pasado unos 15 años, dije yo saliendo del trance en el que estaba.
– Tienes una familia estupenda y por lo que veo con el chalet en el trabajo no te ha ido nada mal tampoco.
– Si, no me quejo ¿y tu que tal en la tienda y eso?.
– Pues yo como siempre, en la tienda, mis padres ya se jubilaron hace un par de años y ahora la llevo yo y estoy casada desde hace 5 años…
– Pues me alegro que te vaya bien a ti también.
– ¿Sabes que conozco a tu cuñada Marina?, va a mi gimnasio, somos amigas, vamos juntas a pilates y spinning.
– Ah Marina, ¿y como sabes que es mi cuñada?.
– Hombre, tampoco es tan grande la ciudad y los Álvarez todos sabes quienes son, me llevo muy bien con ella y también conozco a su marido Pablo, el hermano de tu mujer, les tengo en el Facebook a los dos y en alguna foto familiar te he visto junto con tu mujer.

Esto se empezaba a poner interesante, o sea que me había estado siguiendo la pista y eso que pensaba que ya no se acordaría de mi, pero vaya si lo hacía. Yo por supuesto que también había fisgoneado en su perfil en las redes sociales y había visto alguna foto de ella y de su marido, un señor unos 10 años mayor que yo no conocía.

– Tranquilo, no le he dicho a Marina que te conozco, me dijo Cristina.
– Tampoco pasaría nada.
– Ya, o sea que cuando me viste el otro día en la tienda le dijiste a tu mujer quien era yo.
– No, no la dije nada a Claudia.
– Como dices que no pasa nada, no sé porqué no lo has hecho, tampoco sería tan raro que se lo hubieras dicho, al fin y al cabo fuimos novios unos 6 años.
– Lo que yo le diga o deje de decir a mi mujer es cosa mía, dije yo un poco enfadado por el tono de chulería que mostraba Cristina.

Casi sin quererlo ya me había llevado a su terreno y habíamos empezado a discutir. Por un momento me pareció como si no hubiera pasado el tiempo y recordé los tiempos en los que éramos novios.

– Tranquilo, no te enfades…solo quería saber si le habías hablado a tu mujercita de mi…
– En esta casa no te voy a permitir que llames a Claudia mi mujercita, así que agradecería que te fueras…
– ¡Vaya carácter que has echado!, antes no eras así.
– Antes era un crio, ahora ya tengo casi 40 años, para que vengas a manipularme otra vez.
– ¿A manipularte?, pero si no te he dicho nada, solo te he preguntado si le habías hablado a tu mujer de mi…
– No, no la he dicho nada, hay ciertas cosas que prefiero no contar…ya sabes, además tu no quedarías precisamente en muy buen lugar.
– ¿Ah no?, ¿porque?.
– Ya sabes lo que me hiciste, como te portaste…
– ¿Y como me porté?
– Prefiero no decirlo y que te vayas de mi casa, por favor.
– No, dime como me porté, quiero escucharlo…
– ¡¡Como una zorra, joder!!, ¡te portaste como una zorra!, dije yo empezando a ponerme bastante alterado.

Entonces Cristina me miró y me dedicó una sonrisa maléfica, morbosa y lasciva, al momento supe que había caído en su trampa, es lo que ella estaba esperando. No me contestó a mis insultos, con calma abrió el bolso y lentamente sacó un cigarrillo.

– Aquí no puedes fumar, dije yo.

Ella ni me contestó, abrió la ventana un poco y mientras se encendía el cigarrillo volvió a mirarme a los ojos.

– Así mejor, ¿no?, dijo ella dando una calada.
– Te he dicho que te vayas por favor y que no fumes…
– ¿Así que como una zorra, eh? me porté contigo como una zorra, ¿y porqué exactamente?.
– No creo que tenga que decirlo, ¿o es que no te acuerdas?.
– Lo que me acuerdo es que era algo consentido entre los dos, era un juego y tú lo aceptabas…creo que te gustaba.
– No sé con cuantos tíos me pusiste los cuernos, yo no lo aceptaba, pero tu me gustabas, era joven y pensé que cambiarías, estaba encoñado contigo.

Cristina volvió a reírse, estaba de pies frente a mi con las piernas cruzadas y un brazo sobre su vientre mientras con la otra mano iba dando caladas al cigarrillo. La imagen eran muy excitante con esa minifalda y las botas tan altas.

– Claro que te gustaba, ¿no te acuerdas lo cachondo que te ponías cuando te contaba lo de mis ligues?, dijo expulsando el humo del tabaco por la boca.
– No quiero hablar de esto Cristina, es agua pasada, por favor vete, dije tímidamente bajando la cabeza.

Ella se acercó hacia mi, los tacones retumbaron por toda la habitación hasta que se puso delante. Me conocía perfectamente y sabía que llevaba empalmado desde hacía un rato.

– No sé con cuantos tíos te puse los cuernos, ¿te acuerdas tu?.
– No, no me acuerdo.
– Fueron muchos la verdad, muchos de ellos ni te enteraste, no te quise decir nada, pero lo hubieras aceptado igual, ¿verdad?, yo creo que te enteraste de unos 15 tíos o así a los que me follé…
– 12, dije yo.
– Ah 12, jajajaja, ¿ves como si que te acuerdas bien?, llevabas la cuenta y todo, pues 12 te diría a ti, pero fueron mas, muchos mas, calculo que serían unos 30, joder te puse los cuernos con unos 30 tíos y tú seguías detrás mío.

Levanté la vista sorprendido y me encontré frente a frente con Cristina, dió otra calada y después me echó el humo por la cara.

– ¿Ya estás cachondo verdad?, al final va a ser que no has cambiado tanto, dijo pasándome un dedo por la mejilla.

Ese solo contacto casi hizo que me explotara la polla, no sabía que es lo que me pasaba, pero temblaba de excitación como un corderillo. 15 años después Cristina seguía siendo la misma puta y yo el mismo gilipollas. Luego volvió a la mesa donde estaba apoyada antes y siguió hablando.

– La verdad es que perdí la cuenta de que con cuantos te puse los cuernos y sé que te lo podría haber contado, pero algunos preferí guardármelos para mi, recuerdo un domingo que fuimos a comer a casa de tus padres, te dije que llegué un poco tarde porque había estado con las amigas tomando el vermut, aunque ese día había quedado con un chico que conocí la noche anterior y estuvimos follando en su coche en un polígono en las afueras, hicimos de todo durante dos horas aquella mañana de domingo…
– Prefiero que no sigas hablando Cristina, te pediría que te fueras.
– ¿Sabes?, cuando te dejé no tardé mucho en echarme otro novio,un tío de verdad, no como tu, estuve casi un año con él, no veas como follaba y que polvazos echábamos…
– No me interesa lo que hayas est…
– Déjame seguir, ya te digo que estaba con este chico y éramos la hostia en la cama, pero a mi me faltaba algo, físicamente eran unos encuentros increíbles, pero a mi me faltaba el morbo y ya sabes a lo que me refiero, me daba mucho mas morbo lo que hacía contigo que los polvazos con él, así que no tardé en ponerle los cuernos, me lo hice con un colega suyo que sin follar la mitad de bien que mi novio hizo que me corriera 5 veces, el morbazo de la infidelidad.

Cristina seguía hablando mientras no dejaba de fumar y a cada palabra mi polla palpitaba debajo de los pantalones, yo escuchaba sumiso con la cabeza agachada que levantaba alguna vez para mirarla.

– Por supuesto que en cuento se enteró me dejó, pero me dió igual, desde ese día ya sabía lo que tenía que buscar, un cornudo que aceptara todo como tú y me puse a ello, no te creas que me fue fácil, tuve que echarme varios novios y ponerle los cuernos a todos, algunos me perdonaban pero no eran tan sumisos como yo quería y no era lo que yo tenía en mente, así hasta que conocí a mi marido en la tienda, estaba casado y vino con su mujer a comprar una mesa de salón, pero bueno esa es otra historia, el caso es que dejó su mujer, a sus hijos y se puso a salir conmigo, no tardé en ponerle los cuernos y él me perdonó, cuando ya se los había puesto varias veces ya era como tú, le encantaba que le contara como me habían follado, luego fuimos a clubs de intercambio y allí me veía follar con otros, así hasta que nos casamos y ahora ¡¡menudo cornudo tengo en casa!!, ¿sabes lo que es esto?, dijo enseñándome el tatuaje de la dama de picas que llevaba en su muñeca.
– Si, es como una marca.
– Exacto, una marca, muy bien dicho, esto es para que todos sepan que mi marido es un cornudo y que yo follo con el que me de la gana, me lo hice un poco antes de nuestra boda hace 5 años, fue mi regalo de bodas, jajajaja. ¿Tu también me hubieras dejado hacerme el tatuaje verdad?.
– Cristina para ya por favor, vete de mi casa…

Pero ella no tenía ninguna intención de detenerse, ya se había terminado el cigarrillo, lo apagó en la cornisa de la ventana y dejó allí la colilla. La habitación se había convertido en una mezcla de humo, morbo, erotismo y dominación. Se acercó de nuevo hacia donde yo estaba y me puso la dama de picas delante de la cara.

– Mira esto, ¿me hubieras dejado cornudo?
– Cristina, por favor.
– ¡Contéstame!.
– Si, dije yo en bajito para luego bajar la cabeza avergonzado.
– El día de la boda le puse a mi marido los cuernos con un primo suyo, era mayor, unos 50 o así y estuvo tonteando conmigo todo el día, el típico primo mayor y gracioso, antes del baile le dije que me ayudara a llevar los regalos de boda, subimos a la habitación del hotel y en dos minutos ya se la estaba chupando, el tío no se lo podía creer, dejé que me follara con el vestido de novia puesto, luego bajé a el baile y como que no hubiera pasado nada… por la noche se lo conté a mi reciente esposo mientras le hacía una paja, esa fue nuestra noche de bodas…¿que te parece?.
– Cristina no sigas por favor, por favor, te lo pido por favor.
– Shhhhhh, dijo poniéndome el dedo en la boca, – todo lo que he hecho con él lo podría haber hecho contigo, tu podrías haber sido él, ¿sabes? desde que nos casamos hace 5 años no hemos vuelto a follar y él lo consiente, solo le gusta mirar como lo hago con otros, a parte de que me deja acostarme con quien quiera y además él nunca me ha follado el culo, como tu, pero a otros si que les dejo, eso le da muchísimo morbo…

Cristina dió un paso para atrás para que la viera bien y comenzó a subirse lentamente la falda mirándome a los ojos. Llevaba unas medias tipo panty y unas braguitas negras debajo.

– ¿Tengo mejor culo que antes, no?, dijo dándose una vuelta para que se lo viera bien.
– Cristina, ¿que haces joder?, para, para, estate quieta…
– ¿Te gustaría comerme como en los viejos tiempos?.

Yo comencé a temblar de los nervios, no sabía ni lo que estaba haciendo, me tenía totalmente sumiso y dominado, no era capaz de pensar, era como si hubiera anulado mi voluntad. Aquella mujer era el mismísimo demonio.

– No, no, dije moviendo la cabeza, – ¡vete de mi casa!

Ella se acercó de nuevo y me pasó uno de sus dedos por los labios.

– Abre la boca.

Obedecí y ella me metió un dedo dentro, me lo movió por toda la boca, sacándolo y metiéndolo, levanté la mirada y volvimos a mirarnos a los ojos

– Chupa, ¡como si fuera una polla cornudo!.

Sacó el dedo y me puso la muñeca pegada a los labios.

– ¡¡Besa el tatuaje, bésalo, córnudo!!

Yo comencé a dar besitos por su muñeca, besos rápidos y tiernos, estaba enloquecido de placer mientras decía todo el rato “no, no, no”, sujeté su brazo para seguir besuqueando la dama de picas. Cristina me puso la mano en el hombro y tiró hacia abajo haciendo que me pusiera de rodillas, ya me tenía totalmente a su merced. Su cuerpo estaba a escasos centímetros de la cara, luego me sujetó por la cabeza y apretó contra su entrepierna, me pegó el coño a la boca y pude volver a aspirar su olor a través de los pantys, ella gimió.

– Mmmmmmmm, ahora vas a ser bueno y me vas a comer hasta que me corra, túmbate joder…

La sujeté por el culo, pero ella me retiró las manos, levantó la pierna y me clavó uno de los tacones en el hombro haciendo que cayera tumbado boca arriba, pasó una pierna sobre mi y se quedó de pies delante mostrándome desafiante su entrepierna, luego comenzó a bajarse las medias hasta que pude verla el coño totalmente depilado, aquella visión fue demasiado para mi, mi polla explotó bajo los pantalones mientras yo me tapaba mis partes.

– No, noooo, que hemos hecho, nooooo, noooo, dije yo a la vez que mi corría me calaba por completo dentro del calzón.

– No puedo creerlo, te has corrido en los pantalones, jajajaja, sigues como siempre, ¿solo con verme el coño ya te corres?, jajajaja, eres mas patético que mi marido, dijo Cristina.

Yo temblaba como un perrillo mientras ella se subía las medias y se colocaba la falda, dando por terminado el encuentro. Luego se puso el abrigo y fue recogiendo sus cosas.

– ¿Te corres así de rápido también con tu mujercita?…
– Vete y no vuelvas nunca, dije yo sentado en el suelo.

Vino andando hacia mi posición y me rozó el hombro cuando pasó por delante de mi.

– Cuando quieras repetimos, me ha encantado, ya sabes donde encontrarme, dijo saliendo de la habitación para ir escaleras abajo.

No podía creer lo que había pasado, me quedé varios minutos sentado en la futura habitación de mi hija pequeña tratando de asimilar lo sucedido. Estaba claro que Cristina venía con la idea en mente de hacerme esto y yo había caído en su juego, ella no tenía nada que perder, no podía denunciarla en el trabajo para que la despidieran, al fin y al cabo la tienda era suya, tampoco tenía miedo de que se enterara su marido puesto que era un puto cornudo y yo ahora tenía que tener la boca cerrada porque de decir algo el único perjudicado iba a ser yo, ella no arriesgaba nada, para Cristina solo había sido otra historia más con la que posiblemente complacer a su marido por la noche mientras se la narraba…

Todavía temblando me pegué ducha y después fui a buscar a nuestras hijas a la salida del cole…

Un comentario sobre “Cornudo (24)

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