ECONOMISTA

Me levanté especialmente nervioso. Por la tarde íbamos a ir a la tienda de muebles de la familia de Cristina, mi ex-novia, no me la pude sacar de la cabeza en toda la mañana, Claudia quería poner una habitación infantil para nuestra hija pequeña Blanca y allí es donde amueblamos el chalet cuando nos casamos.

Sobre las 18,00 llegamos a la tienda, era una nave bastante grande y tenía todo tipo de muebles, íbamos Claudia y yo junto con nuestras dos hijas. Nada mas entrar ya pude ver a Cristina y enseguida fue ella la que vino a preguntarnos que si necesitábamos ayuda. Al momento cruzamos las miradas y me reconoció, claro que lo hizo, pero no dijo nada, como si no nos hubiéramos visto en la vida, pero solo con tenerla delante ya me puse muy nervioso.

– ¿Puedo ayudaros en algo?.
– Si, queríamos mirar una habitación infantil para esta niña de 3 años, dijo Claudia.

Cristina se acercó hasta donde estaba nuestra hija y se agachó de cuclillas.

– ¿Y tú como te llamas?.

Nuestra hija se metió detrás de las piernas de su madre sin soltarla en ningún momento.

– Se llama Blanca y como ves es muy tímida.
– Bueno, seguirme, vamos a ver que tenemos, dijo Cristina.

Fue andando delante de nosotros y me quedé mirando a mi ex. La última vez que la había visto con detenimiento fue cuando fuimos a comprar muebles hacía unos 9-10 años y por aquel entonces ya había mejorado fisicamente de cuando éramos pareja, pero ahora todavía estaba mejor, era todo un mujerón de casi 1,80 y había ganado mucho, pero que mucho con los años. Seguía teniendo sus fantásticas caderas y las seguía moviendo igual de provocativa al andar, llevaba una mini falda a medio muslo con medias negras y en los pies unos botines por los tobillos, tenía mas músculo y grosor en las piernas, incluso había ganado culo, no cabía duda de que también invertía sus horas en el gimnasio, como mi mujer. Hasta el pelo lo llevaba distinto, se había teñido un poco su larga melena y ahora era de un color castaño mas claro y aunque tenía el pelo igual de largo se lo peinaba con mas clase. Hasta la cara se la veía distinta, mas fina y afilada, no se si sería el maquillaje o que, pero estaba mucho mas guapa.

Llegamos hasta los muebles infantiles y se puso a hablar con mi mujer mientras yo estaba con las niñas, a pesar de los taconazos que llevaba Claudia era casi 25 cms mas baja que Cristina, estuvimos viendo todos los dormitorios y al final mi mujer dudó entre dos, luego me pidió a mi que opinara.

– ¿Cual te gusta mas David de estos dos?, me preguntó mi mujer.
– Este de aquí está muy bien, me gustan estos colores y la distribución.
– Bueno, luego ya la distribución depende un poquito de como sea la habitación, ¿me habéis traído las medidas?, dijo Cristina.
– Si, las tengo aquí apuntadas, dije yo sacando un papel.
– Pues nada, si os decidís por este, acompañarme a la mesa y ya os preparo un boceto de como quedaría mas o menos la habitación.
– A mi es que casi me gusta mas el otro dormitorio, dijo mi mujer dejándome en total evidencia.

No sé para que coño me preguntaba si ya tenía ella decidido el que la gustaba.

Yo seguía nervioso como un flan, no podía dejar de acordarme de cuando éramos novios, aunque habían pasado unos 15 años desde que me dejó me seguía acordando perfectamente de todos los cuernos que me había puesto la zorra esa. Se me venía a la cabeza como me había tratado, como había jugado conmigo, lo que hizo de mi y sin embargo la veías en la tienda y parecía toda una profesional centrada en su trabajo.

Pero a mi no me engañaba, yo sabía que seguía siendo una PUTA con mayúsculas, esas cosas por mucho que las quieras ocultar se siguen notando.

Llegamos a la mesa y nos sentamos frente a Cristina, cogió un lápiz y comenzó a dibujar la habitación de Blanca con las medidas que yo le había pasado, si ya estaba nervioso en cuanto vi el tatuaje que llevaba en la muñeca derecha me puse todavía mas.

Era una dama de picas de aproximadamente un centímetro, la Q estaba dentro de la pica, para la mayoría sería un detalle sin importancia, un tatuaje incluso elegante, pero yo conocía el significado que eso tenía. Este dibujo dejaba ver que en una pareja la mujer está libre para tener otras relaciones y que el hombre que la acompaña solo es el cornudo consentidor que la quiere ver disfrutar con otros, incluso que la ayuda o anima a buscar otros amantes. El tatuaje también sirve para darle mas morbo al corneador sabiendo que está practicando sexo con una mujer casada que le pone los cuernos a su marido.

Es decir en el mundo cuckold (infidelidad consentida) la letra Q y el símbolo ♠ (que representan la carta de la baraja francesa “Reina de picas”) son el símbolo del cornudo, de una mujer que está casada con un marido cornudo. Es el indicativo, porque su significado es que la mujer que lo luce es una mujer libre de follar, que hace cornudo a su marido. Que el hombre que la acompaña, su querido esposo, es un cornudo consentido.

Durante unos segundos me quedé como hipnotizado mirando el tatuaje de su muñeca, no podía apartar la vista de él. En realidad no podía apartar la vista de Cristina en general, su cara, su pelo, las tetas a través del jersey, sus brazos. No me podía creer que fuera tan zorra y se hubiera tatuado eso. Pero lo que mas me inquietaba es que si yo hubiera sido su marido posiblemente también lo llevaría y me habría marcado como un cornudo para todos.

Me empalmé al momento con tan solo imaginarme eso. Pero no una erección de estas que se te pone gorda, no, no, una erección de estas dolorosas que no sabes ni como colocártela dentro de los pantalones. Mientras, Cristina seguía garabateando en un papel dibujando como iba a quedar la habitación de nuestra hija pequeña.

– De todas formas, tendría que pasarme por vuestra casa para tomar yo las medidas exactas, ¿que días os puede venir bien?, por ejemplo yo por las mañanas a última hora no tengo problema, dijo mi ex.
– Nosotros por las mañanas trabajamos, dijo Claudia.
– Bueno, si es a última hora, puedo salir yo un poco antes de la fábrica, dije yo.
– Pues entonces perfecto, ¿el viernes mismo?, dijo Cristina.
– Si, el viernes me viene bien.

No me lo podía creer, estaba quedando con Cristina delante de Claudia para que viniera a mi casa, aunque ya sé que era solo para tomar medidas me inquietaba mucho la manera de mirarme y yo cada vez estaba mas nervioso y empalmado ante la posibilidad de volver a estar a solas con ella, no sabía ni porqué había dicho lo de que podía salir un poco antes del trabajo. Luego me pidió el teléfono y un rato mas tarde nos fuimos de la tienda.

Esa noche me costó conciliar el sueño, se me vinieron a la cabeza muchos recuerdos de cuando salía con Cristina. Estaba excitadísimo, al final tuve que masturbarme para quedarme un poco mas tranquilo y poderme dormir.

No fue mucho mejor la noche del jueves, al día siguiente iba a volver a ver a Cristina, estuve toda la mañana en la fábrica totalmente distraído, con la cabeza en otra parte, a media mañana le dije a Sebas que me marchaba para casa. Casi fue peor el remedio que la enfermedad, al estar en casa me puse mucho mas nervioso, aunque al fin y al cabo era una tontería, Cristina solo era una empleada de la tienda de muebles que iba a venir a casa a medir una habitación y sin embargo yo cada vez estaba mas y mas atacado.

Sobre la 13:00 habíamos quedado, me subí a la planta alta del chalet y me asomé por la ventana, un minuto mas tarde aparcaron un Golf delante de la puerta y Cristina se bajó del coche. Fue verla y el corazón ya se me disparó, me imponía mucho su presencia, pero no solo era eso, era también como se había presentado vestida. Llevaba una falda a cuadros bastante corta que le favorecía por sus largas piernas y se había puesto unas botas altas por encima de las rodillas que además tenían bastante tacón.

De cuando éramos pareja ella sabía que ese tipo de botas me volvían loco y me daban mucho morbo, no podía ser casualidad que se las hubiera puesto ese día, además se las calzaba cuando venía a contarme como se había estado follando a otros o cuando yo se lo pedía porque quería que se pusiera muy sexy. En la parte de arriba llevaba un abrigo marrón desabrochado y un jersey negro, tocó el timbre y bajé rápido a abrir.

– Hola, pasa.

Cristina entró y echó una ojeada rápida a la planta baja.

– Tenéis una casa muy bonita, bueno ¿donde está la habitación de Blanca?.
– Por aquí arriba, por las escaleras.

Ella fue subiendo delante de mi, iba contoneando las caderas descaradamente un poco mas de lo habitual y mientras yo iba detrás mirando como hipnotizado su culo y sus piernas, es una pena que llevara abrigo porque sino podía haberla visto las braguitas de lo corta que era la falda.

Cuando llegamos arriba ya le tenía dura. Aquella mujer era capaz de excitarme en unos pocos segundos con tan solo mirarla.

– Aquí es, dije yo.

Entramos en la habitación donde de momento solo teníamos una mesa grande con un ordenador y un par de librerías.

– Esta va a ser la habitación de Blanca.

Cristina se quitó el abrigo y lo puso sobre la mesa, estaba tremenda con el jersey negro metido por dentro de la falda que la marcaba un culo que yo no conocía y unos pechos casi perfectos. La falda era mas corta incluso de lo que me había parecido la primera vez y las botas le sentaban como un guante, se colocó su precioso pelo largo dejándolo caer por un lado de los hombros y luego sacó una libreta y un metro.

Se puso a medir una pared.

– ¿Te ayudo?, dije yo.
– No te preocupes, ya estoy acostumbrada, no hace falta.

Ella siguió con su trabajo en un tenso silencio que ninguno de los dos nos atrevíamos a interrumpir, medía la pared y luego apuntaba en el papel. Cuando ya terminó el último lado se inclinó sobre la mesa, para escribir, sacando el culo hacia fuera en una pose muy erótica.

– Me alegra que te vaya tan bien David, dijo sin mirarme.
– ¿Como dices?.
– No hace falta que sigamos fingiendo que no nos conocemos, ¿no?, ¿cuanto tiempo ha pasado?, por lo menos 15 años, dijo Cristina mirando hacia atrás.

Se me heló la sangre al momento…

Un comentario sobre “Cornudo (23)

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