FERNANDO

No me podía quejar de mi vida no es que fuese un triunfador una persona que dejase huella pero no me iba mal, digamos que mi vida no había sido como yo deseaba, hubiese querido ser como algunos de mis amigos, triunfadores natos que conseguían todo lo que se proponían, mujeres, trabajos, dinero… Me crié en un entorno muy competitivo en el que ser un macho alfa lo era todo, pero mi carácter, mi manera de ser y mi cuerpo me dejaron en un mero proyecto, era el gracioso del grupo, el que todo el mundo quería en sus fiestas pero el que ninguna chica quería a su lado.

Era desesperante el estar con unas niñas increíbles y que no te tomasen en serio mientras veías como se iban con tus amigos, gilipollas de manual, malotes de postureo. La frase que más escuchaba por aquella época era la de todos los tíos que no se comen ni el aire “Jo que mal Fredo, eres un tío genial pero solo te quiero como amigo, lo siento” y veías como se iba con tu amigo, que además sabía que estabas por esa tía y se la llevaba a una habitación. Cuando se cerraba la puerta el sonido que hacía era como un martillo clavándote un trozo de hierro al rojo en el corazón, te quedabas en una esquina viendo el ambiente y no deseando estar ahí, al cabo de la hora veías salir de la habitación al amor de tu vida totalmente hecha polvo pero mirando a tu amigo como una deidad y oías como ese amigo que se supone que te debe de apoyar y tratar a la chica que te gusta como a una princesa la trataba como a una vulgar puta, como un recipiente donde depositar su esperma.

Así fue mi juventud y mi paso por la universidad, tarde años en poder acostarme con una mujer y me avergüenza reconocer que fue pagando, aunque también confieso, que la chica fue un amor conmigo, cariñosa y un cielo…me enamore de ella.

Ya me habéis conocido, ahora mismo tengo treinta años, me llamo Alfredo y mi complexión es normal, soy bastante alto, no voy al gimnasio aunque me gusta hacer deporte, me gusta la cerveza y no destaco por nada en particular, mi cabello es castaño, mis ojos indeterminados y mi cara pues eso, del montón, no me avergüenzo de mi polla es juguetona y muy hermosa o por lo menos es lo que me dijo la chica con la que me acosté, le gustó, espero que no me mintiese.

Al poco de terminar la carrera encontré trabajo en una multinacional de renombre, gracias al sueldo y a que mis padres me regalaron la primera casa donde vivieron, me pude independizar. En esa empresa me encontraba muy a gusto, además mi jefa Cristina me hacía ojitos y alguna vez nos habíamos magreado, me sentía como el amo del cotarro, además Cris era una hembra de 35 años con un cuerpazo de infarto y una carita traviesa que me tenía enamorado, pero como os estaréis imaginando, algo cambió.

Fue antes del verano, nuestros jefes estaban muy contentos con nuestras gestiones, habíamos alcanzado los objetivos y los habíamos superado sin problemas, nos obsequiaron con un fin de semana en un hotel de la costa para nuestra diversión por el trabajo bien hecho. Yo era uno de los directivos que había conseguido mejor puntuación, me sentía único, todos me felicitaban pero la alegría me duro poco, más bien poquísimo.

Estábamos en el salón de actos del hotel, todo el mundo en sus asientos comentando lo bien que lo íbamos a pasar, de repente ese sonido de acople en los micrófonos cuando se conectan y una voz que no conocía.

—Entonces lo tuyo con Fredo ¿no es nada serio? Se oyó por los altavoces con claridad.

—No jodas, como va a ser serio algo con ese idiota, dijo Cris, de hecho me quiero deshacer de él, ya tengo el papel de su despido encima de mi mesa, según termine esto le llamo al despacho y que se largue, no le aguanto.

Mi mundo se vino encima de mí, mire a mi alrededor y solo vi miradas de desprecio, lo que más me dolió fue que más tarde me enteré que mis dos colaboradores son los que me prepararon la encerrona, ellos fueron los culpables, me miraban riéndose junto a sus mujeres a las que yo creía amigas mías y que me miraban con burla.

—Joder cortaros un poco, se os ha oído todo por los altavoces, dijo alguien a mi jefa y su confidente.

No sabía dónde meterme notaba todas las miradas clavadas en mí, murmullos, risas, chanzas,  salió mi jefa me miro riéndose y empezó a hablar.

—Bueno, creo que ha habido un ligero fallo técnico, y se ha escuchado algo que no debería de haberse oído.

Todos rieron como arrastrados sin identidad el comentario de mi jefa, el único que la miraba seriamente era yo, mis compañeros me miraban y reían, pero lo que realmente me enfureció fue esa mirada de prepotencia de sus mujeres.

—Alfredo estaba cantado, siento que hayas sido el último en enterarte, eres un gran profesional, pero…

Me levante y me fui, la deje con la palabra en la boca, se hizo un silencio según abandone el salón de actos, y cuando se cerró la puerta a mis espaldas un murmullo y algunas risas, enseguida se oyó la voz de mi jefa dando los agradecimientos y la enhorabuena a los presentes, ya no escuché más, subí a mi habitación, hice mi maleta y me fui de allí derrotado.

El lunes me presente en mi empresa a recoger el finiquito y firmar mi despido, mi jefa entro con cara compungida al despacho donde estábamos.

—Alfredo de verdad que lo siento, siento el mal trago que te hice pasar, no quiero que terminemos así, te he hecho una carta de recomendación que…

Por segunda vez la deje con la palabra en la boca, me di media vuelta y me fui, aunque pensé ¿Por qué no?, me tire un farol, quería que se sintiese incomoda.

—Sabes Cristina, deberías de cuidar mejor a tus amistades y saber con quién te juntas, quizás estés más cerca de lo que piensas el verte como yo ahora mismo y tu carta te la metes por el coño.

Dando media vuelta me fui con algo de autoestima, por los suelos últimamente debido a los acontecimientos. Nada fue bien desde ese día, me costó lo que no está escrito encontrar un trabajo, al final un usurero me dio un puesto para llevar su contabilidad por un sueldo de mierda, de vivir holgadamente a tener que privarme de un montón de cosas porque el sueldo no llegaba a fin de mes.

Con 32 años creo que había tocado fondo, sin dinero, sin amigos de verdad, sin una mujer que me quisiera, me asqueaba la vida que llevaba, vivía al borde de la pobreza, y malvivía con lo poco que ganaba. Un sábado harto de estar metido entre esas cuatro paredes, me fui a dar una vuelta cerca de media noche, era fin de semana y aunque yo trabajaba los sábados todo el día me apeteció irme a tomar algo aunque no me lo podía permitir. Estuve vagabundeando por las calles hasta que vi un bar que me llamó la atención por su iluminación, para mi relajante, me metí dentro, había muy poco ambiente, el camarero, una pareja algo mayor sentada al fondo y una chica joven sentada al otro extremo de la barra, imagino conocida de la persona que atendía en esos momentos.

—Buenas noches señor, ¿Qué le pongo?

—Una Heineken sin vaso por favor.

Al momento una cerveza bien fría deleitaba mi paladar y mi garganta, ni me acordaba de cuándo fue la última vez que me fui a tomar algo. Quien dijo una cerveza dijo dos y tres, estaba a gusto sentado en la barra pensando en mis cosas sin molestar a nadie y sin que nadie me molestase cuando entraron dos chicas; fue inevitable el mirarlas, una rubia teñida, alta, con una cara muy linda, unas tetas espectaculares y con una minifalda que dejaba ver sus largas piernas bien formadas, su amiga era un poco más pequeña y más menudita, también muy guapa pero lo que me llamo la atención es la preciosidad de culo que llevaba enfundado en unos vaqueros blancos.

Se pusieron cerca de donde estaba yo, iban haciendo el tonto estaban ya muy tocadas y por todo se reían, cuchicheaban mucho, hubo un momento en el que me miraron descaradamente se dijeron algo y se echaron a reír sin vergüenza, se alejaron de mi hasta el otro extremo, en tierra de nadie, eso me deprimió aún más, joder, ¿tanto se notaba que era un mindundi? pues debía ser que sí, no pasaba desapercibido a ojos de nadie.

Como a los cinco minutos se abrió la puerta de la calle y algo me hizo poner los pelos de punta, entro un señor de unos 60 años, impecablemente vestido, sus canas hacían clarear sus sienes su corte de pelo perfecto y su barba elegantemente recortada, era muy alto, se puso cerca de mí, su perfume me llego, es de esos tíos que imponen, pero que no pegan nada en ese sitio.

—¿Qué va a tomar el señor? Pregunto el camarero.

—Un J&B con hielo, gracias.

Cuando fue a beber me fije en su muñeca, lucia uno de los relojes más caros del mundo, un Vacheron, o por lo menos es lo que me parecía, en su momento fui un gran amante de los relojes, me fije también en el gran sello de oro que lucía en su meñique izquierdo, definitivamente no pegaba en ese ambiente.

—¿Le gusta?

Su pregunta me sorprendió, pensé que no estaba mirando tan descaradamente, su voz grave imponía respeto.

—Perdóneme, le dije, no quería molestarle.

—No tranquilo, no me molesta, me dijo amablemente, ¿le gustan los relojes?

—Pues mucho la verdad, siempre han sido mi debilidad.

Diciendo esto, se quitó su reloj y me lo dejó, cuando vi lo que tenía entre las manos mis ojos se abrieron desmesuradamente, un Vacheron Constantine Tour de I’lle, uno de los relojes más caros y exclusivos del mundo.

—Este es un regalo de una mujer a la que amé hasta la locura, nos amábamos y no podíamos vivir el uno sin el otro, hasta que la muerte se interpuso en nuestro camino, dijo el desconocido con tristeza.

—Lo siento, dije con amabilidad.

—Muchas gracias, mi nombre es Eugenio, ¿te puedo tutear?

—Si por favor, me llamo Alfredo.

A raíz de esto iniciamos una conversación muy interesante, me contó muchas cosas de su vida, era un triunfador, ese tipo de personas que siempre me habían perseguido y me habían eclipsado, joder, es que parecía que los atraía. Aun así la conversación fue muy animada, hubo más cerveza y más J&B con hielo hasta que llegamos a un punto el que me empezó a, como decirlo, psicoanalizar, no es que me incomodase pero empecé a no encontrarme a gusto, había muchas preguntas comprometidas que aunque le contesté, dejaban mi personalidad muy al descubierto…aunque era un extraño que no volvería a ver, qué más da, me podía desahogar con él.

—Sabes Alfredo, me recuerdas mucho a mi cuando era más joven, aunque no lo creas era un perdedor no tenía ni oficio ni beneficio, pero alguien cambió mi vida, alguien que no olvidaré nunca.

Se quedó mirando a la nada, con la vista perdida en algún punto de la barra del bar, se quitó de nuevo el reloj y me lo dio.

—Quiero que te quedes con él, dijo Eugenio, solo tú eres capaz de admirar su belleza y sé que está en buenas manos.

—¡¡NOOO!! Dije asustado, no lo puedo aceptar, es mucha responsabilidad, además yo…

No me dejo terminar, me besó en los labios, en un beso suave, dulce, cariñoso, paso su lengua por mis labios sin introducirla en mi boca, se separó y me miro a los ojos, oía las risas de las dos chicas al fondo de la barra mirándonos y riéndose.

—Ahora quiero que hagas solo una cosa, dijo Eugenio, ve dónde están esas dos chicas, dirígete a la que más desees, coge su mano delicadamente bésala y acaricia su dorso, mírala a los ojos y ve al baño, solo eso.

—Pero…

—Por favor solo hazlo, dijo Eugenio con autoridad.

Empecé a temblar, me aterraba hacer el ridículo, ya había pasado por una experiencia que me marcaria para toda mi vida y no deseaba hacerlo de nuevo pero algo me movía a seguir adelante, según me acercaba oía sus risas hasta que llegue a su altura y la mire fijamente, se echó a reír sin importarle quien estuviese delante de ella, era la rubia de tetas grandes y minifalda, iban muy tocadas, el alcohol hacia estragos en su manera de comportarse.

—¿Y ahora que marica?, ¿me vas a preguntar cuál es la mejor postura en la cama para que te follen?, Dijo la rubia riéndose a carcajadas mientras su amiga solo esbozaba una sonrisa de compromiso.

Estaba tranquilo, solo hice lo que me dijo Eugenio, cogí su mano derecha con delicadeza aunque hizo amago de retirarla y la llevé a mis labios, solo la rocé mínimamente y acaricié su dorso, cuando me fui al servicio la risa de la rubia se había borrado de su cara y me miraba intrigada; cuando la puerta del baño se cerró tras de mi respire hondo y me fui a vaciar mi vejiga, no acababa de empezar cuando se abrió la puerta del servicio y vi entrar a la rubia, cerró y apoyó su espalda en la puerta, el baño no era muy grande, estaba a pocos centímetros de mí, aguante el momento como pude, pero me incomodó su descaro, no decía nada hasta que vio como terminaba.

—Por favor dime que no eres gay porque me matarías si me dices que si lo eres.

—Tranquila, no soy gay lo que has visto an….

No me dejo terminar, se lanzó contra mí y me comió la boca, sus manos no paraban quietas y las mías tampoco, notaba su excitación su calentura, me aferre a su culo, espectacular, durito, redondo, note que no llevaba bragas, sentí su humedad en mis dedos.

—Follame, follame por lo que más quieras, me dijo la rubia excitada.

Desabrochó mi pantalón y metió la mano en mis calzoncillos, se encontró con mi ya crecida polla que reclamaba atenciones, mi amiga me bajo los pantalones y los calzoncillos hasta las rodillas, se apoderó de mi verga y la pajeó con cariño.

—Joder cariño, métemela que estoy ardiendo.

No me podía creer que semejante hembra suspirase por mi polla y la desease de esa manera, no me hice de rogar, la di la vuelta y ella apoyo sus manos en la pared, saco su culo y abrió ligeramente las piernas, agarre mi polla y busque su entrada, se la metí hasta los huevos y ella emitió un gemido largo de satisfacción.

—Ummmm…siiiiiii, que rico por dios.

Empecé a follarla con desesperación no fuese a ser que se arrepintiese, pero nada más lejos, me pedía más, gemía, gritaba, llego a berrear antes de correrse notando como su humedad me invadía y no aguante, yo también me corría, era inevitable.

—Me co…corrooo, no aguanto más.

No me dejo salirme de su interior y regué su útero con mi semen que no paraba de salir después de meses de abstinencia, imaginé que después de tanto placer, me miraría complicemente y se iría, de nuevo fallé, se dio la vuelta y me volvió a comer la boca, llevo mi mano hasta su coño notando su humedad, su calentura y mi corrida bajando por sus muslos.

—Esto no ha acabado cielo, me dijo mimosa, ¿tienes algún sitio a donde ir y estar más tranquilos?

—Por supuesto que sí, vamos a mi casa allí estaremos más tranquilos.

Antes de salir, me volvió a besar y a frotarse contra mi cuerpo de manera libidinosa, no entendía su comportamiento pero tampoco me iba a poner a preguntar, salimos de los servicios me agarró de la mano y se fue directo hacia su amiga, hicimos las presentaciones de rigor, la rubia se llamaba Isabel y su amiga Carmen.

Me fijé que Eugenio ya no estaba en el bar, se había ido, le pregunté al camarero cuanto debía, solo me dijo que estaba todo pagado, y me dio un papel que le había dejado al camarero para que me lo diese, lo leí “Espero que disfrutes. Tengo tu cartera no te preocupes, dentro de poco tendrás noticias mías” En mi muñeca estaba ese reloj y dos preciosas jóvenes me miraban expectantes.

—Carmen se viene con nosotros, dijo Isabel, ¿nos vamos?

Esa noche me desquité, follé hasta caer rendido, Carmen me gustó mucho más que su amiga la rubia y ese culo era mi perdición, me dejó follárselo casi amaneciendo, al final nos quedamos dormidos muy abrazados, Carmen era un cielo de niña. Al día siguiente me desperté muy tarde, vi a mis dos chicas todavía dormidas, no, no lo había soñado, se supone que tenía que estar trabajando, pero realmente no me apetecía ver al perro de mi jefe, llamé al trabajo y le di una excusa barata, me dijo en un tono amenazante que hablaríamos el lunes, en esos momentos Carmen se abrazaba a mi desnuda sintiendo su cuerpecito pegado a mi espalda.

—Buenos días Alfredo, ¿hay algún problema?

—No Carmen, ninguno, solo que debía de estar trabajando y a mi jefe no le ha gustado que no haya ido.

Carmen me cogió de la mano y me llevo a la ducha, nos metimos los dos y follamos de nuevo, era imposible no desear a esa mujer, al poco se nos unió Isabel y fue el delirio, me las volví a follar a las dos, ni yo mismo me lo creía. Prepare un desayuno para los tres, Isabel ahora era más comedida, mas tímida, pero igual de provocativa, Carmen en ese momento era la dueña del cotarro.

—Dime Fredo, ¿tienes planes para hoy?, pregunto Carmen.

—Pues no, no tengo ningún compromiso.

—Estupendo dijo Carmen, te vienes con nosotras te invito a comer.

—Ufff, chicos conmigo no contéis, dijo Isabel, he quedado con mi novio a comer, pero me podéis dejar en mi casa.

Me quede a cuadros, joder la rubia tetona, Isabel tenia novio y no había dudado en follar conmigo y llenarla de leche, vaya parecía no importarle en absoluto, Carmen se dio cuenta de mi expresión y me sonrió. Nos acercamos a por el coche de Carmen un Lexus todoterreno precioso, al poco rato dejamos a Isabel en su casa, se despidió de nosotros con un beso cariñoso.

—Alfredo esto hay que repetirlo, me dijo Isabel sonriente, ha sido una noche estupenda.

—Claro cuando quieras, no hay problema dije por compromiso.

Vimos como entraba en su portal e iniciamos la marcha, Carmen me miraba divertida, mientras conducía.

—No te asustes por lo de Isabel, es una cabeza loca, de vez en cuando necesita echar una cana al aire y probar otros rabos que no sea el de su novio.

Estuvimos hablando de la situación y me dijo que cuando entraron en ese bar se estuvieron riendo de mi un buen rato, me pidió perdón y me dijo algo que me alagó, no se debe juzgar a un libro por su portada, lo mejor está en su interior. Me llevó a su casa, un impresionante chalet en las afueras de Alcalá de Henares, se cambió de ropa y nos fuimos a comer, pasamos el día juntos y por la noche de nuevo acabamos follando en mi casa, era una mujer increíble. El domingo por la tarde se despidió de mí con cariño.

—Alfredo te dejo mi número de teléfono, no me interpretes mal, pero no quiero compromisos, este fin de semana ha sido fantástico y me ha encantado conocerte y seguro que nos veremos nuevamente, pero…pero sin compromiso, ¿de acuerdo?

Me molestó, porque la manera de ser de Carmen me cautivaba, pero tenía su número de teléfono, de seguro que en breve nos veríamos de nuevo, fallé estrepitosamente, la vería nuevamente, pero sería dentro de unos años.

2 comentarios sobre “El Don, una herencia increíble (1)

  1. Me a encanto su Blog, una sugerencia, seria bueno que al finalizar cada publicación que tenga una continuación, sea compartido el link de continuación al final, ya que cuando uno ingresa como nuevo lector, quiere recorrer casa relato cronológicamente y seria de gran ayuda el link de continúa porque en el sitio son muchas las histotias, se que están las etiquetas, pero uno como lector quiere ser consentido. Humilde sugerencia. Gracias.

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