JESÚS FUENTES

Tomados de la mano vamos de prisa, corremos, nuestros pies parecen no tocar el piso, atravesamos el libramiento. Detrás se escucha el golpear de las olas que desborda incontenible, rebelde, sin control…, el agua salta e inunda el malecón y arrasa con lo que encuentra a su paso: autos, palmeras, puestos de artesanías, carretas de mariscos, muebles…

Incontenible el agua avanza, un tsunami, pensamos, el fin del mundo, dijiste. No sé, te contesté, al momento que nuestras manos se entrelazan con vigor.

Nos detenemos con la respiración sofocada. Personas que corren, gritan, asustadas todas. Unas mujeres oran de rodillas, otras elevan los brazos al cielo: imploran perdón.

¿Hacia dónde avanzar?, no sabíamos con exactitud adonde chingados ir. El instinto y el corazón nos impulsa a seguir hacia arriba, sobre la calle Diamante.

Piensa bien Luis Armando, ¡a mi casa! casi gritas, está en la parte más alta.

Te abrazo súbitamente, cuidado con mi espalda, exclamas. Recuerdo el problema de tu columna y con suavidad te aprisiono a mi pecho. ¿Y esto?, susurras, al instante que tus brazos me aprisionan con ímpetu.

No nos dijimos ya nada, el agua con su violencia nos atrapó y abrazados con fuerza, volamos…

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