JUANA APARICIO
Me sorprende el broche de coral rojo y blanco prendido en la solapa de un abrigo. Vuela por un pasillo que se abre en el tiempo.
Los ojos de Irati son así, son camafeos; brotan despacio desde una época antigua. Como en  arrecife lejano, en su mirada se enredan las hadas.
En sus ojos guarda el más delicado misterio; lleva engarzados en ellos lágrimas y suspiros. Cuando sonríe parecen  jugar con  luz, y descansar luego sobre terciopelo.

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