ECONOMISTA

Como hizo su padre muchos años, Pablo pasó por la fabrica de zapatos a ver que tal iba todo, solo que estaba vez no iba con Manuel sino con nuestro cuñado Gonzalo, si, era su nueva mano derecha y le llevaba pegado al culo todo el día. Yo ahora era el encargado de la fábrica y una vez que me había quitado el yugo de Gonzalo tenía ideas nuevas para que todo fuera mejor.

– Pablo me gustaría hablar contigo de lo de comprar esas máquinas, lo hemos estado mirando y aunque son un poco caras estarían amortizadas en pocos años, dije yo.
– No empieces con lo mismo, ya hemos hablado muchas veces de eso y sabes que a parte de que son caras, comprar esas máquinas supondría tener que despedir a gente, dijo Gonzalo.
– No pasaría nada, tampoco habría que despedir a tantos y Pablo podría colocarles en otra fábrica o empresa de la familia.

Pablo asistía callado a nuestra conversación mientras paseaba por las instalaciones y a la vez Gonzalo seguía dando ordenes a los empleados como si todavía fuera el jefe.

– ¿Y porqué tienen ahí esos palés? Si ya sabes que…
– Hemos cambiado varias cosas Gonzalo desde que ya no estás, había que modernizar un poco la fábrica, dije yo, – en estos dos últimos meses hemos aumentado la producción un 5 % sin tener que aumentar costes, solo con unos pequeños cambios, pero si compráramos esas máquinas, sería un aumento muy importante.
– Mañana me paso y lo hablamos detenidamente, quiero que me presentes un proyecto de lo que supondría esa inversión, dijo Pablo, – estás haciendo un gran trabajo, esta siempre ha sido una industria muy familiar, pero estoy de acuerdo contigo, tenemos que empezar a modernizarnos en muchos aspectos.

Gonzalo rabiaba por dentro, la cara que puso me recompensó por todos los años que le tenía que haber estado aguantando como jefe. Él seguía por la fábrica como si lo siguiera siendo y dando órdenes que no tenían ningún sentido, luego los empleados me miraban a mi y yo les hacía un gesto con la mano como que no le hicieran caso.

A la hora de la comida esperé a que llegara Claudia del colegio y le estuve contando lo que había pasado por la mañana.

– Lo estás haciendo muy bien cariño, me hubiera encantado ver la cara que ponía el necio de Gonzalo, jajaja.

Después por la tarde se encerró en la habitación que tenemos para que ella pueda trabajar, a última hora de la tarde me pasé a ver que tal estaba.

– Tengo mucho trabajo con esto del programa de intercambio de alumnos, la verdad es que lo estoy llevando yo sola, no tenía que haberme metido en este jaleo y encima Don Pedro no se entera de nada, ya se podía jubilar, ni sé los años que lleva de director del instituto.
– Le gustará estar rodeado de profesoras tan guapas como tu o de alumnas jovencitas, jajajaja.
– Anda déjate de bromas, que no es para reírse.

Ya por la noche Claudia se sentó en la cama mientras se ponía un poco de crema por las manos y por la cara, yo me senté detrás de ella y la rodeé con mis brazos.

– Hace casi dos semanas que no hacemos nada, dije yo.
– Lo siento mucho, es que llevo unos días de mucho trabajo.

Metí las manos por dentro de su camiseta y agarré sus pechos desde atrás, luego le dí unos pequeños besos por el cuello.

– ¿No te apetece un poquito?
– De verdad que no cariño, dijo apartando mis manos de su cuerpo, – pero si te apetece a ti, si quieres puedes tocarte ahora, no me importa.
– ¿Quieres que me haga una paja así como estoy ahora, detrás de ti?
– Si tu quieres, si.

Me metí la mano en el pantalón y me saqué la polla, apoyando la cabeza en un hombro de Claudia comencé a masturbarme mientras ella cogió el móvil y se puso a mirar los whatsapp pendientes como si yo no estuviera allí. Otra vez pasé la mano libre por dentro de su camiseta y volví a acariciarla un pecho.

– Tienes unas tetas perfectas, dije jadeando en su oído, – seguro que a Don Pedro le encanta mirártelas.
– Si, seguro, dijo ella sin hacer el menor caso del comentario que acababa de hacer.
– ¿Me terminas tu la paja?
– No cariño, termínala tu.
– Está bien, ya me la hago yo solo…se las habrá imaginado muchas veces
– ¿Que se ha imaginado el que?, de que hablas…
– Tus tetas, el director se habrá imaginado tus tetas muchas veces, las tetas de su Jefa de estudios y el culo, también te mirará el culo. A ese viejo le tienes que poner muy cachondo…
– Venga termina, deja de decir esas bobadas que no me gustan nada…
– Joder, podías seguirme un poco el rollo, dije yo enfadado.

Mi polla había caído en picado y en ese momento ya no me apeteció terminarme la paja, Claudia se giró y me miró con cara de pocos amigos.

– ¿El rollo de que?, ¿quieres fantasear con Don Pedro?, ¡¡eso es asqueroso, no me pone nada hablar de ese viejo!!
– No te tiene que poner a ti, solo a mi, con que me dijeras alguna cosa ya me valdría para poderme correr, pero ya da igual, se me han pasado las ganas.
– No te enfades David.
– Si, si me enfado, llevamos dos semanas sin hacer nada, no me dejas tocarte, tu lo de tocarme a mi ya hace años que tampoco nada y muchas mas cosas…
– Mira David, no quiero tener que volver a discutir ni hablar de esto, ya lo hemos tratado muchas veces, esto es lo que tu has ido eligiendo, lo que te gustaba, ahora no…
– ¡¡Que da igual!!, no vamos a discutir mas por esto.

Me levanté con mi portátil personal y dejé a Claudia sola en la habitación.

– Voy a terminar de preparar el informe para la reunión de mañana con tu hermano, dije yo.
– Pensé que ya lo tenías acabado.
– Si, pero voy a revisarlo y a modificar alguna cosilla.

Antes de salir de la habitación le di un beso a Claudia de buenas noches y luego me fui al salón como hacía muchas veces cuando ella estaba dormida. Cuando llevaba 20 minutos trabajando con el ordenador sentí que mi mujer bajaba por la escalera del chalet y se acercó hasta donde estaba yo. Venía tremendamente sexy con solo una camiseta que apenas tapaba su culo, de cintura para abajo estaba desnuda. Hacía años que no veía a Claudia así.

– Ya sabes que no me puedo dormir si estamos enfadados, me dijo
– No pasa nada Claudia, ya se me ha pasado, de verdad.

Ella se sentó a mi lado acurrucándose y me puso una de sus piernas sobre mi muslo, apartó el portátil y me acarició el paquete por encima del pantalón.

– ¡Claudia!
– ¿Estás bien?, dijo ella.
– Si, tranquila.
– Si crees que estás preparado no me importa, dijo empezando a darme besitos por el cuello y la oreja a la vez que seguía frotando con la mano sobre mi ya hinchado bulto.

Tiró del pantalón para bajarlo un poco a la vez que yo ayudaba levantando mi cuerpo, mi polla salió disparada como un resorte contra mi estómago. Claudia la agarró y comenzó a meneármela muy lentamente, mientras no dejaba de darme besos.

– ¡Está muy dura!, dijo ella en casi un gemido, ¿quieres tocarme?.

Levantó un poco la pierna que tenía sobre mi como para enseñarme su precioso coño, no me podía creer lo que estaba pasando.

– ¿Puedo?, dije yo.
– Ya sabes que no, no puedes tocarme cariño, no puedes, lo deseas pero no te dejo, ¿ves?, se te está poniendo mas y mas dura.
– Dios Claudia…madre mía, hacía años…
– Hacía años que no te hacía una buena paja, pero es que tampoco te la habías merecido, estás todo el día pensando en que te folle el culo y en chupar pollas de goma, ¿verdad maricón?, jajajaja , si, como te gusta que te llame maricón, ya se no te puede poner mas dura.
– Joder Claudia, me estás derritiendo…puffff…

Era fantástico recibir las caricias de mi mujer después de tantos años sin que me tocara, ella además no dejaba de decirme las cosas que se sabe que me ponían a mil. No iba a poder aguantar mucho mas tiempo, estaba a punto de correrme en la mano de mi mujer que no dejaba de decirme cerdadas.

– ¿Tu crees que Don Pedro me mira aquí?, dijo sobándose un pecho por encima de la camiseta.
– Claudia, por favor, no puedo mas.
– O me mirará mas el culo…

De repente dejó de masturbarme y con tan solo un dedo recorrió varias veces de arriba a abajo todo el tronco de mi rabo.

– Parece que va a explotar de un momento a otro, dijo Claudia.

Pero no fue la última sorpresa que me tenía guardada, se recogió un poco la camiseta mostrándome mas si cabe el coño, luego pasó una pierna al otro lado y quedó sentada sobre mi, metió la mano entre las piernas y me agarró la polla de nuevo, luego inclinándose hacia adelante se la puso a la altura del coño.

Iba a follarme a Claudia después de tantos años. Bueno mas bien era ella la que iba a follarme a mi.

Se dejó caer con suavidad y mi erecto miembro fue entrando con toda facilidad en su empapado coño. Ella no dijo nada, tan solo se le escapó un largo y profundo gemido.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhh…

Por fin volvía a estar dentro de ella, ya no recordaba el calor y la humedad de su intimidad y lo excitante que era aquello. Puse las manos sobre sus firmes glúteos y me abandoné al placer de volverme a follar a Claudia. Con mi polla incrustada por completo en su interior ella se movió suavemente en un vaivén delante y atrás. No tuvo que hacer mucho mas.

De repente las pelotas se me pusieron duras y de ellas nació un orgasmo que se precipitó sin remedio en un suspiro, empecé a escupir semen a lo bestia en su interior en el polvo mas breve de la historia.

– ¡¡Me corro Claudia, me corro!!, dije cuando ya no había remedio.

La cara de mi mujer era un poema, no sé muy bien como describirla, era una mezcla de excitación y decepción.

– Tranquilo no pasa nada, por lo menos hemos podido volver a hacerlo, dijo ella acariciándome el pelo.
– Siento haberte dejado así Claudia.
– Que de verdad que no pasa nada…
– Si que pasa, yo también quiero que te corras, vamos a hacerlo como siempre, siéntate en mi cara, dije yo.
– No creo que sea muy buena idea, dijo ella pasando un dedo entre los genitales y mostrándome la humedad que desbordaba de su interior.
– Me da igual eso, tu no te preocupes.
– ¿Estás seguro?
– Si, estoy seguro, venga vamos, ¡¡hazlo!!

Aparté a Claudia y me tumbé completamente en el sofá boca arriba, ella se puso la mano en la entrepierna como para que no escurriera nada a la tela del sofá. En un rápido movimiento se sentó en mi cara, todavía tapándose.

– ¿Quito la mano?
– Ven aquí, dije yo apartando los dedos que cubrían su vagina.

Se sentó en mi cara y al momento todo el semen que tenía dentro comenzó a caer directamente por mi rostro y por la boca. Miré hacia arriba y me crucé con la mirada de mi mujer que observaba perpleja como me caía mi propia corrida encima. Eso pareció volverla loca y empezó a frotarse contra mi con fuerza. Unos segundos mas tarde mi cara era una mezcla de semen y los jugos de mi mujer.

– ¡¡Saca la lengua y bébetelo todo!!, ¡¡¡hazlo maricón!!!, dijo Claudia fuera de si a un paso de correrse también.

Volví a poner las manos sobre su culo pero ella me las retiró de un manotazo.

– No me toques joder que estoy a puntito…tu saca la lengua y ponla dura…ahhhhhhhhhhhh…

Restregándose con violencia unos segundos mas Claudia y apretándome del pelo contra ella se pegó uno de los mejores orgasmos de su vida. Estuvo casi un par de minutos moviéndose suavemente sobre mi mientras se recuperaba.

– No, con la lengua ya no que está muy sensible, dame besitos…así muy bien…

Se puso de pies a mi lado y me dejó tumbado en el sofá. Me miró la cara y observó que había restos de semen en ella, a mi una vez pasado el calentón de la corrida no es que me gustara mucho saborear mi propia lefa, pero el morbo de verme así humillado delante de mi mujer lo compensaba con creces.

– Uffff, que bueno, dijo ella.

Recogió un poco de semen que se me escapaba de la comisura de los labios y luego me introdujo el dedo en la boca para que lo chupara.

– ¿Está bueno?, dijo riéndose y manteniendo unos segundos su dedo dentro de mi para que yo lo degustara, me voy a la cama, no tardes…

Y en ese estado me dejó en el sofá. Aunque me había corrido apenas 10 minutos atrás ya volvía a estar excitado, que tu mujer te restriegue el coño por la cara después de que te has corrido en él no es algo que pase todos los días, además habíamos vuelto a follar después de tantos años y yo intuía que aquella noche era un punto y aparte en nuestra relación, en el que tendríamos que volver a replantearnos muchas cosas.

Cuando me limpié la cara encendí el portátil y me conecté al Skype, por suerte como la mayoría de las noches estaba conectado Toni24.

– ¿Que tal Antonio?, ni te imaginas lo que me acaba de pasar con mi mujer después de 4 años…

A la mañana siguiente me desperté y Claudia ya me había dejado solo en la cama, estaba todo en silencio por lo que las niñas seguían dormidas así que supuse que era pronto, ni me acordaba a que hora me había acostado la noche anterior, se me hizo bastante tarde hablando con Antonio.

De repente se encendió la luz de la habitación y entró Claudia a toda velocidad con el pijama puesto y mi portátil del trabajo de la mano.

– ¿¿¿¡¡¡Se puede saber que coño es esto!!!???, dijo muy enfadada lanzando el ordenador a mi lado.

Mi corazón se puso a palpitar a toda velocidad, no podía creer que hubiera sido tan estúpido de haber dejado el ordenador sin cerrar y además con el Skype abierto. No, por favor, que no fuera eso, aunque en mi fuera interno sabía que estaba jodido.

– ¿¿Quien es Toni24 y que haces tu hablando con ese tío??, gritó Claudia.

En cuanto dijo Toni24 se me congeló la sangre, no sé que es lo que había leído de nuestras conversaciones, pero supe que me iba a tocar dar muchas explicaciones, es más, me puse en lo peor y al instante se me pasó por la cabeza la posibilidad de que Claudia me dejara en la calle y no volviera a saber nada de ella y de las niñas…

Me había metido en un buen lío.

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