ECONOMISTA

Judith se quedó tumbada en la cama boca arriba, estaba cubierta de semen y Víctor todavía respiraba agitado a su lado.

– ¡Como me has puesto cabronazo!, dijo retirándose un pegote de leche de su ojo izquierdo.

Se quedó mirando la mano y luego incorporándose vio que había pocas partes de su cuerpo que no hubieran recibido la eyaculación de su amante. Se levantó y se miró frente al espejo.

Su imagen era un poema, la cara había sido cruzada por tres disparos de la corrida del médico y su joven, voluptuoso y pecoso cuerpo estaba bañado en blanco desde el ombligo hasta arriba, le había llegado hasta el pelo. Viéndose así se sobó las tetas y al momento volvió a ponerse cachonda, le excitaba mucho ponerle los cuernos a su novio con aquel tío. No podía remediarlo.

Y se dejaba hacer de todo.

Al momento se levantó Víctor y se puso detrás de ella frente al espejo.

– Parezco una puta, dijo Judith.
– A mi me encantas así, dijo Víctor pasando las manos por sus costados para agarrarla las pringosas tetas.
– No empieces otra vez cabrón.
– ¿Te pone cachonda verte así, verdad?
– Me conoces muy bien, dijo ella echando la mano hacia atrás para agarrar el flácido pene de Víctor
– Espera un poquito, que no tengo 20 años, dame 10 minutos para recuperarme que sino me vas a matar Judith, además tengo que mear.
– Es que no se que me pasa contigo, acabamos de follar y ya tengo ganas de mas…me dejaría hacer cualquier cosa que me pidieras.
– ¿Cualquier cosa?, dijo Víctor
– Si, lo que me pidieras.
– ¿Dejarías a tu novio por mi?.

Judith miró hacia abajo y pensó la respuesta.

– Llevo muchos años con él y le quiero, además sé que eres un cabronazo y que no puedes estar solo con una tía, ¿a cuantas te estás follando?..pero si, podría planteármelo dejar a mi novio por ti.
– No quiero que dejas a tu chico, me encanta follaros a las tías que tenéis novio, es lo que me da morbo.
– ¡Eres un cabronazo!
– Y eso es lo que te pone de mi, mírate en el espejo con toda mi corrida encima y todavía no te has limpiado, te pone cachonda verte así.

Ella se giró para intentar darle un beso.

– Ni se te ocurra besarme así, límpiate la boca puta…

Judith se retiró el semen de la cara con los dedos y después se los chupó uno a uno mirando a Víctor con cara de guarra.

– Me encanta, no había conocido a una chica con el vicio que tienes tu.

Ella se puso en cuclillas para meterse la polla de Víctor en la boca.

– Espérate que me estoy meando mucho.

Y de repente se le pasó la idea por la cabeza. Ella mismo se lo acababa de decir “me dejaría hacer cualquier cosa que me pidieras”.

– ¡Voy a mearte encima!, dijo Víctor

Judith se quedó sorprendida de las palabras del médico, estaba agachada con la cara a escasos centímetros del flácido pene de él y sabía que hablaba en serio, nunca le habían hecho eso, ni tan siquiera se había planteado que un tío le hiciera una lluvia dorada.

– ¿Te lo han hecho alguna vez?
– No me lo ha hecho nadie.
– ¿Ni tu novio?
– No, nadie.
– Pues ven aquí guarra, ¡voy a mearte encima!, dijo Víctor agarrándola con fuerza por el pelo.

Así la arrastró unos metros hasta meterla en la ducha.

– ¡Vamos entra ahí!

Ella accedió y de repente se encontró de rodillas metida en la mampara de el cuarto de baño. Aquello era humillante y ella sabía que se lo iba a dejar hacer. Víctor iba a mearse encima de ella.

– ¡Agárrate las tetas!

Judith se apretó los pechos hacia arriba juntándolos y se los ofreció a Víctor para que hiciera lo que tenía pensado. No tardó en cumplir su palabra y de repente un chorro amarillo salió de su pene alcanzándola entre los dos pechos, le dió con tanta fuerza que salpicó hacia arriba y en un gesto instintivo apartó la cara. Fue como una descarga eléctrica sentir la meada de él sobre su cuerpo, al instante sintió la necesidad de meterse la mano entre las piernas para masturbarse.

– ¿Te gusta?, dijo Víctor riéndose.

Ni tan siquiera le contestó, ella siguió tocándose mientras recibía el pis sobre sus tetas. Estaba cachonda, rabiosa, fuera de sí.

– ¡¡Méate en mi cara, cabrón!!. ¡méate en mi cara!, le dijo ella.

No tuvo que repetírselo dos veces, apuntó hacia su cara y Judith cerrando los ojos recibió el caliente líquido por su rostro y el pelo. Víctor sabía lo que a ella le gustaba cuidarse su melena rojiza por lo que le dedicó unos buenos segundos también a mearse sobre su pelo

– ¡Abre la boca puta!

Se dejó inundar hasta que sintió que el pis ya le llegaba hasta la garganta. En ese momento ya todo le daba igual. Llevaba 30 segundos recibiendo una ducha de oro líquido y tenía todo el cuerpo mojado. Siguió masturbándose sin retirar la cara hasta que alcanzó el orgasmo.

De la boca le brotaba meado por ambas comisuras y tenía su pelo rojo tan empapado como si hubiera estado horas bajo la lluvia. Después se quedó sentada en el frió suelo de la ducha descansando de la corrida que se acababa de pegar.

La imagen de ella era dantesca, Víctor sintió incluso algo de lástima, aunque está claro que había sido un juego consentido. Cogió el grifo de la ducha y abrió el agua caliente para después comenzar a lavar tiernamete a Judith que se dejó hacer. Cuando terminaron los dos de ducharse ya mojados y abrazados terminaron follando de nuevo allí de pies poniendo a Judith contra la pared y embistiendo su amplio culazo.

– Tengo que irme ya, dijo Judith delante del espejo, se estaba acabando de peinar su precioso pelo rojo y ya estaba vestida. Llevaba unos vaqueros y zapatillas deportivas con una amplia sudadera gris de Nike que a pesar de ello no disimulaba su grandes pechos. Víctor se quedó mirando a la enfermera de generosas curvas, era una chica muy atractiva y así vestida nadie podía adivinar lo que acababa de ocurrir en su casa.

– Me gustas mucho, dijo él.
– Tengo que ir al hospital, dijo Judith como si le acabaran de entrar las prisas, – le he dicho a mi chico que salía ahora a las 15.00. Me vendrá a buscar…ah por cierto, ¿el sábado vas a la cena de despedida por Jaime, el antiguo director del hospital?
– Si, claro, ¿tu también vas?
– Si, voy con mi novio, oyes te pediría discreción…bueno ya sabes…
– Tranquila Judith, no voy a ir a hablar con tu novio ni nada por el estilo, puedes estar tranquila.

Paso a su lado y poniéndose el bolso en el hombro le dió un beso rápido en la mejilla para despedirse de su amante.

El sábado noche estaban cenando casi 100 comensales en un hotel de la ciudad, era una cena de despedida del antiguo director del hospital donde trabajaban Víctor y Judith. Habían juntado a los comensales en mesas redondas, mas o menos como en una boda.

En una de las mesas estaban Víctor y su colega Andrés junto a su mujer, Paloma, los tres eran de la misma promoción en la universidad, aunque Paloma no trabajaba en el mismo hospital que ellos. Desde el principio coincidieron en el mismo grupo de amigos y Andrés se enamoró de ella prácticamente con 18 años. Víctor ya era un ligón desde la universidad y aunque podía tener casi a la chica que se propusiera siempre había respetado a Paloma por lealtad a su amigo, se follaba a dos o tres chicas distintas al mes por aquella época y para una que realmente le gustaba a su amigo nunca hizo la menor intención de acercarse a Paloma.

Sin duda alguna era una mujer de bandera a los 42 años, después de dos hijos incluso había ganado unos kilos típico de la edad y se tiraba un aire a Mónica Belucci, alta, morena, labios carnosos, curvas generosas y caderas de infarto, de padres castellanos Paloma era una chica, educada y mas bien conservadora, aunque era simpática y caía muy bien en general entre sus colegas de profesión que la tenían como una gran otorrina. Todo un partido.

Se estuvieron poniendo al día durante la cena y juntos recordaron sus andanzas durante la época universitaria. Cuando terminaron de cenar dijeron de ir andando a una discoteca que se encontraba cerca del hotel. Durante el camino Víctor fue con Andrés mientras Paloma iba con un grupo de médicos que conocía del hospital.

– He visto en la cena a la pelirroja esa que te estabas tirando, ¿sigues con ella?, dijo Andrés.
– Si, a Judith, además ha venido con el novio.
– ¡No me jodas!, pues venía con un vestido azul espectacular, está muy buena.
– Si, la verdad es que está muy bien.
– ¿Cuanto tiempo lleváis juntos?
– Pues ya unos meses, unos 6 o así.
– Joder que zorra, menudos cuernazos tiene el novio, pobre chaval, ¿le has visto en la cena?.
– No, prefiero no verle, si te digo la verdad me da igual, dijo Víctor

Llegaron al bar y se marcharon a la barra para pedirse una copa, mientras charlaban los dos amigos Judith pasó por delante de ellos agarrado de la mano con su novio, la verdad es que era un chico guapete y no desentonaba para nada con la belleza de la enfermera pelirroja. Se pusieron a unos metros junto con otras enfermeras y enfermeros y sus respectivos, por primera vez Víctor y Judith cruzaron las miradas.

– Como te mira y el cornudo sin enterarse de nada, jajaja, ¡menudas tetas y que culazo tiene!, vaya curvas, dijo Andrés.
– No creo que tengas tu queja, Paloma ha venido muy guapa, dijo Víctor mirando hacia ella.

La mujer de Andrés se había puesto un vestido muy ajustado con la falda hasta las rodillas y un pequeño escote que aunque enseñaba poco insinuaba mucho.

– ¿Te gusta mi mujer?, dijo Andrés
– ¿Como dices?, dijo Víctor extrañado ante la pregunta.
– ¿Que si te gusta Paloma?, ¿te parece una mujer atractiva?
– Claro que si, siempre ha sido muy atractiva, de hecho creo que era la mas guapa de la facultad.
– ¿Y porqué nunca intentaste nada con ella?, podías tener a la chica que quisieras.
– ¿Y eso a que viene ahora?
– No sé, siempre me lo he preguntado.
– Pues muy sencillo, tu eras mi mejor amigo y sé lo encoñado que estabas con ella, me parecía muy mal que para una que te gustaba en serio ir yo a por ella solo por echar un polvo.
– Eras un cabrón con las tías, te las follabas y luego ya no querías nada con ellas, te ibas a por otra.
– Si, por eso no quise nada con Paloma, no quería hacerte eso, además ella también era amiga mía.
– Mira si te soy sincero y porque ya voy con el puntillo por el alcohol, jajaja, yo creo que a Paloma el que le gustaba eras tu y terminó conmigo porque no la hiciste ningún caso.
– ¿Eso te lo ha dicho ella?.
– No, pero se notaba mucho, aunque ahora eso ya da igual, no estoy celoso de ti, al contrario, reconozco que en la facultad me dabas mucha envidia, siempre ligando, rodeado de chicas guapas, pero al final yo me quedé con la mejor, con la madre de mis hijos.
– Y yo me alegro mucho por ti, hacéis muy buena pareja. Te lo digo en serio.
– Al final no vas a ser tan mal tío, jajajaja, dijo Andrés.
– Jajajajaja.
– Aunque creo que el novio de la pelirroja no pensaría lo mismo.

En ese momento se acercó Paloma que vio a su marido riéndose junto con su amigo.

– ¿De que os reís vosotros dos?.
– Nada, de cosas nuestras, dijo Andrés.
– Bueno, menos risas, ¿quien me saca a bailar?, dijo Paloma.
– Si a Andrés no le importa, me encantaría bailar contigo, dijo Víctor tomándola por la mano.
– Por favor, dijo Andrés señalando con su mano extendida hacia la pista.

Justo en ese momento se acercó el novio de Judith a la barra para pedir unas copas y se puso al lado suyo.

– Como está esto de gente, ¿tu también estás por la despedida de Jaime?, le dijo Andrés.
– Si, pero yo no trabajo en el hospital, he venido a acompañar a mi novia.
– Ahhhh, ya me extrañaba a mi, no me sonabas de haberte visto por el hospital.
– No, no, yo no trabajo con vosotros…
– ¿Y por curiosidad, puedo saber quien es tu novia?.
– Si, se llama Judith, es enfermera.
– No, no me suena.
– Es aquella de allí, la pelirroja que está con el vestido verde.
– Ah si, me suena de haberla visto alguna vez, bueno te dejo, que lo paséis bien.
– Venga igualmente.

Andrés no sabía porque había entablado conversación con aquel chico, seguramente por el morbo de saber como era ese al que le estaban poniendo unos buenos cuernos. Le pareció un chico agradable y en el fondo sintió pena por él. Luego se quedó mirando como bailaba Víctor junto a su mujer, un baile casto y puro que no tenía nada de sensual, le pareció que su amigo estaba mas incómodo de lo normal, como si estuviera tenso e incluso menos seguro de si mismo que de costumbre.

Era evidente que el mujerón de Paloma era capaz hasta de imponer hasta al propio Víctor y se sintió orgulloso de ella. No tardaron en volver a su lado cuando terminaron y después fue él el que sacó a bailar a su mujer. Ya no se separó de ella en toda la noche.

Un comentario sobre “Cornudo (15)

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