MOISÉS ESTÉVEZ

Mark fue el primero de los afectados por la explosión que pudo
recomponerse, debido a que sus heridas no revestían especial gravedad.
Acudió en ayuda de Jones y sin apenas dificultad la liberó de lo que era
parte del forjado que le había caído encima. Por fortuna, y aunque se quejaba
de un fuerte dolor en su hombro izquierdo, posiblemente por el golpe de los
cantos desprendidos, sólo presentaba algunas magulladuras. La acompañó al
pasillo que daba a los ascensores de la planta, zona que no se había visto
dañada, y una vez la dejó sentada en el suelo con la espalda apoyada en la
pared, se fue a seguir prestando ayuda a sus compañeros.
El inspector sin planearlo, mecánicamente, tomó el control de la
situación. Se le ocurrió que no sería mala idea montar un primer triaje en el
lugar donde había dejado a la inspectora, por lo que a la vez que iba
atendiendo a los heridos, daba órdenes a los agentes que podían ayudar a los
victimizados, para que los dirigieran allí. Antes le dijo a uno de ellos con
conocimientos paramédicos, gracias a su pasado en el FDNY, que fuera él, el
que se encargara de esa zona.
La planta afectada era una estancia bastante amplia y diáfana. Las
mesas de los inspectores ocupaban la parte central, y salvo la oficina del
Capitán, situada en la parte sur del edificio, y una sala en la norte, donde
tenían la cafetera, una pequeña nevera y algunas máquinas expendedoras, no
existían mamparas ni divisiones físicas, por lo que el artefacto no encontró
apenas obstáculos para que su onda expansiva, destruyera casi todo el
material que, funcionalmente, como no podía ser de otra forma en una
comisaría, decoraba dicha estancia. Mesas, ordenadores, luces, archivos,
pizarras…
Una vez que Mark tuvo la certeza de que todos los agentes heridos
habían sido tratados in situ por el personal sanitario, o evacuados al hospital
los que presentaban mayor gravedad, se paró a recobrar el aliento, un aliento
perdido en más de tres horas de intensa labor. Se inclinó ligeramente con las
manos apoyadas en sus rodillas semi flexionadas, al tiempo que miraba su
reloj. Respiró hondo y ahogó un sentimiento de impotencia. Cansado física y
mentalmente tras haber gestionado aquel caos, cayó en la cuenta de las
consecuencias de la destrucción provocada, datos, pruebas, material policial,
que ya no podrían utilizar para resolver no sólo el caso en el que él estaba
inmerso, si no el resto de investigaciones que había abiertas en el
departamento.

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