ANA MARÍA OTERO

 

Desde el momento de su llegada a la discoteca, Perla fue consciente de las miradas que aquel atractivo desconocido le dirigía, las cuales ella inevitablemente correspondía.

-Esos ojos son enigmáticos-opinó Patri.

-Cautivadores-corrigió Perla que no pudo prevenir que una sonrisa se dibujara en sus labios cuando el desconocido, como si hubiese escuchado lo que ella acababa de decir, le guiñó un ojo.

Aquel juego de miradas se vio interrumpido cuando una mujer a la que ninguno de ellos había visto antes, se acercó a Perla y le dijo:

-Ten cuidado con Maximilian. No te fíes de lo que pueda decirte porque sus palabras siempre esconden algo que… Por tu bien: nunca lo olvides-pidió ella antes de apartarse y perderse entre la multitud.

-No entiendo nada-confesó Perla dándose cuenta de que él había desaparecido del lugar en el que antes estaba.

-A lo mejor le conoce y sabe que ese tío es uno de esos magos que te echan unos polvos y después desaparecen-aventuró Luis.

-Yo creo que ésa, tal vez una ex, no quiere que te acerques a ese semental. Pero, ¿y si fuera él el que lo hiciera?-preguntó Patri antes de apartarse de su lado, tirando del brazo de Luis.

-¡Eh! ¿Adónde vais?

Estaba a punto de salir tras ellos cuando una mano en su hombro se lo impidió.

-Tus amigos saben cuándo es mejor emprender el vuelo-dijo entonces una seductora voz a su lado.

Perla se dio la vuelta y se encontró con él.

-Hola-saludó ella tímidamente.

-Hola, Perla. Yo soy Max.

-Encantada de conocerte-dijo estrechando la mano que él extendía hacia ella y entonces sus miradas volvieron a encontrarse.

-Oye, Perla…

-Dime Max.

-¿Me permites que te sueñe?

Ella escuchó aquella estúpida pregunta en la que creyó encontrar la perversión secreta de un hombre al que hasta ese momento, absurdamente, ella había considerado perfecto.

-Puedes soñar lo que te dé la gana, pero ojo: si alguna vez volvemos a vernos, ni se te ocurra contarme nada al respecto.

-Descuida, no será necesario que lo haga. Y por cierto, lo que tu amigo dijo antes… Me temo que confunde el orden de los hechos-advirtió Maximilian exhibiendo ahora una inquietante sonrisa.

 

La hora del regreso ya había llegado y Perla no se reunía con ellos. Recorrieron la discoteca, pero no encontraron ni rastro de ella ni del hombre con el que estaba antes de que la hubiesen perdido de vista.

-No está tan loca como para marcharse con un desconocido sin decir nada. Además esta noche yo me iba a ir con ella.

-Espera, ahí está su amiga. Tal vez ella sepa algo-dijo Luis acercándose a la susodicha.

-¿Dónde está tu amiguito?-preguntó autoritario.

-¿Maximilian? No sé. La última vez que lo vi estaba con vuestra amiga.

-Pues ahora no hay ni rastro de ellos por aquí.

-¿Qué estás diciendo?-se alarmó la mujer-Yo se lo advertí. ¡Le dije que tuviera cuidado porque las palabras de Maximilian siempre esconden algo!

-¡¿Adónde se la ha llevado?!-vociferó Patri.

-Maldición, yo se lo advertí pero ella… Sí, miserable Maximilian, sí. Has ganado otra vez, ¡pero te recuerdo que la batalla aún no ha terminado!-se desesperó la mujer ante la estupefacción de los amigos de Perla.

 

 

http://anamariaotero.com

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