ECONOMISTA

En una fiesta de secundaria me enrollé por primera vez con Cristina. Había ido a mi clase, pero casi hasta final de curso no empezamos a salir. Era llamativa porque era la mas alta del instituto con diferencia, medía 1,78 y además solía usar buenos tacones, por lo que superaba en altura a la mayoría de los chicos, la otra característica diferenciadora era su pelo, una melena súper larga de color castaño. No es que fuera especialmente guapa, tampoco fea, de pechos normalitos y piernas largas y aunque era muy delgada tenía las caderas un poco anchas lo que hacía que tuviera un culo muy apetecible.

Nos veíamos en casa de sus padres, aprovechábamos que los dos trabajaban en una tienda de muebles que era de la familia y se pasaban allí muchas horas. Al principio empezamos con lo típico tocamientos y demás, aunque enseguida Cristina empezó a hacerme pajas y mamadas. Ella ya había tenido otro novio antes y había estado con mas chicos pese a su edad, era evidente que no era la primera mamada que hacía cuando me la chupó por primera vez, se ponía muy cachonda con mi polla en la boca y también hacía unas pajas de maravilla, nos gustaba desnudarnos y yo me ponía encima de ella para frotarnos como si estuviéramos follando, así nos pegábamos unas corridas tremendas.

Cuando sus padres estaban en casa ya nos buscábamos la vida en cualquier parque, o en mi casa o donde pilláramos. No tardamos en empezar a follar al mes y medio, por supuesto que ella no era virgen aunque yo si lo era, Cristina era un volcán en la cama, se movía de una manera que me hacía correrme en cuanto ella quería. Con respecto al sexo a Cristina todo le parecía bien, practicábamos todas las posturas que imaginábamos, no le importaba chupármela y que me corriera en su boca o en la cara, aunque a mi lo que mas me gustaba era descargar en su imponente melena. Llenarla el pelazo de lefa me parecía súper cerdo y morboso. Aunque sin duda alguna lo que mejor me hacía eran las mamadas. Era una jodida chupadora profesional, cuando me corría en su boca ella se lo tragaba sin decir nada y seguía chupando y chupando hasta que se me volvía a poner dura, era capaz de hacerme dos mamadas seguidas y yo a esa edad lo podía aguantar.

Teníamos una vida sexual fantástica, no solo era Cristina la que me hacía a mi el sexo oral, yo también se lo hacía a ella, la gustaba mucho que comiera su coño, se volvía loca con mi lengua en su clítoris, la muy cabrona se pegaba unas corridas tremendas, auqnue a mi lo que mas me gustaba era follármela a cuatro patas, me encantaba la forma de sus anchas caderas y como ponía el culo hacia fuera cuando se la metía.

El primer año nos fue fenomenal, pero cuando terminamos el instituto yo me puse a estudiar en la universidad de Filosofía y Letras, sin embargo Cristina se puso a trabajar enseguida en la tienda de muebles de sus padres para así poder seguir con el negocio familiar.

A pesar de esto nuestra relación seguía yendo bastante bien, Cristina solía acudir mucho a los cibercafés, por aquel entonces era muy raro tener Internet en casa, no es algo que me preocupara mucho, pues todos íbamos, sin embargo a ella le gustaban el chat y todo ese tipo de cosas y aunque a mi no me hacía gracia lo aceptaba. Además supongo que no iba solo a chatear, ya he dicho que Cristina es muy morbosa y empezó a innovar con cosas nuevas en nuestras relaciones sexuales, que supuse que aprendía por Internet.

De buenas a primeras comenzó a jugar con mi culo, tanto con los dedos como con su lengua, a los que no lo hayáis probado tengo que deciros que es una delicia que te hagan una paja mientras notas una lengua calentita jugando con tu ano, ya he dicho que tenía mucho vicio y no la importaba hacerme el beso negro, también me penetraba analmente con los dedos y luego se ponía detrás y se frotaba contra mi como si me estuviera follando. Yo no cuestionaba mi masculinidad por aquel entonces, pero Cristina hacía de mi lo que quería.

Otra cosa nueva que aprendió fue sentarse en mi cara y guiarme así para que la comiera el coño (face fucking), a partir de ese momento ella disfrutaba mas con esa nueva postura mientras yo se lo hacía. Se agachaba frente a mi cara y se frotaba contra mi lengua hasta que alcanzaba el orgasmo. Nuestro único pero fue el sexo anal, yo intenté varias veces follármela por el culo, pero la dolía muchísimo y por mas veces que lo intentamos no conseguimos hacerlo, eso sí cuando Cristina se ponía muy cachonda siempre me pedía que se la metiera por detrás, aunque en el fondo sabía que no íbamos a poder yo creo que a ella le encantaba ese dolor y el morbo de intentarlo.

Yo en cuanto tuve la edad me saqué el carnet de conducir y heredé un coche viejo de mis padres. Enseguida aquel coche pasó a ser el primer sitio en donde nos gustaba follar, sobre todo a Cristina a la que le resultaba muy excitante hacerlo en cualquier descampado o sitio apartado para estos menesteres.

Todo iba bien, o eso me parecía a mi, sin embargo cuando ya llevábamos saliendo 4 años noté que nuestra relación se empezó a estancar, yo creo que Cristina quería algo mas de mi o de la relación en general, yo solo era un estudiante de 21 años que no tenía un duro y ella ya llevaba tiempo trabajando y supongo que ya necesitaba que lo nuestro fuera en otra dirección.

Poco a poco como sin darnos cuenta empezamos a hacer vidas algo separadas, sobre todo los fines de semana en los que salíamos cada uno con su grupo de amigos cada vez con mas frecuencia. Por aquel entonces ya teníamos nuestro primer móvil y muchas veces nos llamábamos para acabar juntos la noche, pero otras veces ella ni me lo cogía y luego al día siguiente no me quería dar explicaciones de donde había estado.

Así que hasta una noche me la encontré en un bar hablando con otro chico, no es que estuvieran haciendo nada, pero Cristina tonteaba descaradamente con él, mientras que mirando alrededor no había ni rastro de su grupo de amigas. No quise decirla nada y me quedé escondido casi una hora observando a mi novia hablando con aquel tío. Yo en esa época no sabía que era todo eso del mundo cornudo, solo era un crío de 21 años que viendo a su novia hablar con otro empezó a sentir una sensación rara en el estómago. En el fondo quería estar muy enfadado, pero solo sentía excitación, incluso se me llegó a poner dura. No entendía que es lo que pasaba y en una mezcla de sentimientos me marché para casa totalmente confundido.

Al día siguiente le dije a Cristina que la había visto con aquel chico y ella me montó una escena, que si la estaba acosando, que si era un celoso, un inmaduro y no sé cuantas cosas mas y dio por finalizada la discusión.

Pero yo seguía con ese sentimiento de que la relación ya no iba bien, así hasta que un día Cristina me llamó y me dijo que teníamos que hablar. Ni por asomo me suponía que es lo que me iba a decir, pero me dejó helado cuando me soltó que llevaba unos meses chateando con un chico que había conocido por Internet. Yo no supe ni como reaccionar, la pregunté que si estábamos cortando y me estaba dejando y ella se puso a llorar, me dijo que estaba echa un lío, que a mi me quería mucho, pero que creía que se estaba enamorando del chico de Internet. No solo eso, me dijo también que iba a ir a visitarle, quería conocerle en persona, era un chico que vivía bastante lejos de nosotros, en Cadiz y yo por supuesto la dije que si iba a verle daba por terminada la relación.

Eso no la importó a Cristina y unos días mas tarde se bajó al sur a conocer a su ciberamigo. A la vuelta me llamó por teléfono y quedamos de nuevo para hablar. Recuerdo perfectamente que tuvimos una gran bronca dentro de mi coche cuando ella me reconoció que se había acostado con ese tío, la llamé de todo, puta, zorra y dije que no quería volver a verla nunca más, sin embargo ella se empezó a disculpar y no se como, aquella tarde noche terminamos follando dentro del coche.

Fue un polvo, salvaje, animal y hasta violento. Nunca habíamos follado así, tengo que reconocer que mientras lo hacíamos en ningún momento pude sacarme de la cabeza que otro chico se acababa de follar a mi novia un día antes que yo, que unas horas antes otra polla había estado dentro de ella, en el sitio donde ahora estaba la mía. Aquello me volvió como loco de excitación y Cristina se dio cuenta. Por supuesto que se dio cuenta.

A partir de ese día, si antes no lo había sido ya, fui un juguete en sus manos e hizo de mi lo que quiso.

Siguió manteniendo contacto en Internet con su amigo de Cadiz, yo lo sabía, pero actuábamos como si no pasara nada, aunque eso no fue lo peor, otra noche de fiesta, ya he dicho que salíamos muchas veces por separado, volví a encontrármela con otro chico, solo que esta vez no pude espiarlos sino que me los encontré de frente al entrar a un bar., ellos ya salían. Yo iba con mi grupo de amigos y fue humillante ver como salía tonteando con ese chico. Era un tipo alto, de 1,90 que hacía buena pareja con Cristina, yo a su lado me sentí ridículo y comenzamos a discutir a la puerta del bar, me dijo que solo era un amigo que no la montara una escena de celos, en todo el rato que tuvimos la bronca el chico alto esperó pacientemente sin decir una palabra y cuando terminamos de discutir Cristina se fue con él. Aquel día la ví especialmente guapa, iba con una minifalda cortísima y unas botas hasta por encima de las rodillas, ella sabía lo que me excitaban ese tipo de botas y me les quedé mirando mientras se alejaban. Luego entré al bar echo polvo, aunque mis colegas no me dijeron nada ya sabían lo que Cristina estaba haciendo conmigo.

Al día siguiente me llamó a su casa, no estaban sus padres, me recibió en chándal, totalmente descuidada y al momento se puso a llorar, diciendo que la perdonara y todas esas cosas, la noche anterior se había follado al tío alto en su coche, aunque no quiso entrar en detalles, por supuesto que volvimos a terminar teniendo sexo y me la follé a cuatro patas en su cama.

Yo sabía que aquello no podía continuar así, que no era normal, pero Cristina continuó poniéndome los cuernos una y otra vez, además con diferentes tíos, en 3 meses me engañó con otros 4 chicos mas. Ya no me venía llorando como al principio, solo quedábamos, me decía que se había follado a otro chico y después lo hacíamos nosotros, eso sí, yo empecé a ser mas curioso y la iba pidiendo detalles de sus encuentros, por supuesto que Cristina no escatimaba en contarme como se había follado a otros y me había hecho un buen cornudo.

Recuerdo una tarde de domingo en mi coche, en un descampado, ya sabía que la noche anterior me había vuelto a poner los cuernos, la recogí en su casa y fuimos directamente allí a follar. En cuanto aparcamos me sacó la polla y se puso a darme besitos por la oreja mientras me decía.

– ¿Quieres saber lo que hice anoche?
– Si, quiero saberlo…
– Si ya lo sabes, ¿para que quieres que te lo cuente?, dijo Cristina meneándomela lentamente.
– Vamos Cris, cuéntamelo…
– ¿Vas a perdonarme?, he sido mala y te he puesto “otra vez” los cuernos…
– No, no te voy a perdonar, me dijiste que iba a ser la última vez.
– Lo siento, es que no pude aguantarme, conocí a un chico y estaba tan bueno que en cuanto le vi supe que me le iba a follar…
– Joder Cristina…
– Lo hicimos en el baño del bar, me folló contra la pared, me subió la mini y me la metió desde atrás…
– Eres una zorra, seguro que hasta le chupaste la polla.
– Claro que se la chupé, la tenía bastante grande, ven aquí dame un beso…

Me obligó a morrearla en un beso húmedo y guarro donde me pasó la lengua por toda la boca.

– ¿Te pone besarme después de que haya tenido la polla de otro en la boca?.
– Me vuelves loco Cris…joder…p
– ¿Sabes que la tenía mucho mas grande que tu?…y ya de follar ni te digo, te daba mil vueltas follando, me corrí dos veces con él…contigo me cuesta una y gracias y para eso tengo que ponerte el coño en la boca.
– Me voy a correr, deja de decirme eso…
– ¿Te gusta que te ponga los cuernos, verdad?, claro que te gusta, porque eres un cornudo y se te pone muy dura cuando te cuento como otros me follan.
– Para, para…

De repente se detuvo de la paja que me hacía y se subió su cortísima falda hacia arriba, luego pasándose al asiento del conductor se puso encima de mi y apartándose el tanga se dejó caer sobre mi polla. Cristina estaba tan mojada que la penetré como un cuchillo en mantequilla caliente. Pero yo no estaba para follar, estaba para correrme.

– ¡¡Fóllame cornudo, fóllame!!

Y en cuanto hizo el primer movimiento sobre mi comencé a descargar en su interior. Ella supo lo que había pasado y se quedó quieta jadeante. Está claro que estos juegos también la ponían muy cachonda. Como si tal cosa volvió a ponerse en su asiento del coche y me dijo.

– ¿Nos vamos ya para casa?.

Así seguimos unas semanas mas, ella sabía que sus engaños era algo que yo aceptaba y me supongo que seguía conmigo porque le daba mucho morbo el hecho de serme infiel y ponerme unos buenos cuernos. Ella no me necesitaba para nada y nuestra relación llevaba unos meses muerta, pero seguía conmigo.

Hasta que un día me dijo que quería dejarme, que me quería mucho, pero me estaba haciendo daño y era mejor que termináramos la relación. Pero aquello no era mas que otra de sus artimañas para humillarme todavía mas. La muy zorra sabía que iba a ir llorando detrás de ella suplicando que no me dejara y que volviera conmigo.

Y así lo hice, una semana mas tarde de que me dejara me presenté a la puerta de su trabajo y la pedí por favor que volviera conmigo, que no me importaba lo de los otros chicos, que yo se lo perdonaba, pero que quería seguir con ella. Y Cristina volvió conmigo, pero siguió a lo suyo, a follarse a otros y ponerme los cuernos en cuanto le surgía la oportunidad.

En los siguientes meses me dejó 3 o 4 veces mas y en todas ellas la seguí suplicando que no me dejara hasta que ella aceptaba volver conmigo.

Ya era un pelele en sus manos.

Lo peor fue cuando me vino un día y me dijo que se estaba acostando con un compañero de trabajo. En la tienda de muebles que tenían sus padres tenían varios empleados, entre ellos un señor casado de 45 años y había empezado a tener una aventura con él. En esa época que estuvo con él estuvimos separados unos 3 meses y yo me convertí en su amigo confidente. El tío la decía que iba a dejar a su mujer y todas esas cosas y Cristina le creía, pero luego nunca lo hacía y ella me venía llorando para contármelo. Yo por supuesto le decía que ese cabrón no la convenía para nada, pero ella no me hacía ni puto caso.

Ese señor se pasaba mucho con Cristina y la obligaba a hacer todo tipo de cosas, un día me vino a casa y me contó que habían estado discutiendo por teléfono durante casi una hora, el tío le había pedido que se hiciera fotos guarras y luego se las pasara y Cristina se negó, al final la discusión se les fue de las manos y el tío terminó llamándola zorra y varias cosas mas, pero se notaba que a Cristina le iba la marcha. Que el tío la insultara la había puesto cachonda, aunque lo peor no fue eso, lo peor fue cuando me dió su móvil y me dijo que empezara a hacerla fotos, no eran fotos muy eróticas, pero si algo picantes, Cristina llevaba una minifalda cortísima y unas botas altas por encima de las rodillas, de las que sabía que me excitaban mucho y la parte de arriba un jersey de cuello alto de color blanco.

Le hice varias fotos, sentada en el sofá de casa de mis padres con las rodillas cruzadas, luego de pies, luego de espaldas y por último se puso a cuatro patas en el sofá individual y miró lascivamente a la cámara mientras yo seguía fotografiando sabiendo que esas fotos iban a ser para ese tipo. Por supuesto que la polla se me puso dura, pero a Cristina la encantaba jugar conmigo.

Cuando terminamos nos sentamos juntos a ver las fotos, yo pensé que me iba a explotar el rabo del morbo de la situación, Cristina me dijo.

– ¿Estás excitado?

Yo contesté que si, que mucho y ella me dijo con toda la naturalidad del mundo.

– Siento dejarte así, pero no quiero ponerle los cuernos a mi novio, aunque reconozco que yo también estoy excitada, muy excitada.

Y luego se marchó de mi casa dejándome con un empalme de caballo.

No sé cuando le enseñó las fotos a su novio ni que hizo el tío con ellas, solo sé que jugó con Cristina lo que quiso, hasta que un día cortó con ella, le dije que iba a seguir con su mujer y no quería perder el trabajo en la tienda de sus padres. Por supuesto vino Cristina hundida a contármelo y como mal menor volvimos como pareja, me puso al corriente de todo lo que había hecho con ese tío y lo peor fue cuando me contó que ese tío le había llegado a desvirgar el culo. El muy hijo de puta había dado por el culo a mi chica.

A los pocos días de volver a estar juntos fui a recoger a Cristina a la tienda, recuerdo que el señor de 45 años estaba por allí trabajando y se me quedó mirando, seguro que pensó “puto cornudo, me he follado a la guarra de tu novia por el culo” o eso me imaginé, el caso es que me dio mucho morbo como me miró, no hizo falta decirnos nada, nos entendimos perfectamente. Se había estado tirando a mi novia tres meses y luego yo había vuelto con ella. No había mas que decir.

No duramos mucho, creo que un par de meses mas en la que volvió a ponerme los cuernos con otros dos chicos, pero a mi ya me daba igual. Me daba mucho morbo que se follara a otros y luego viniera a contármelo. La muy cerda ya ni se preocupaba de darme placer, me decía que me tumbara en el suelo mientras se sentaba en mi cara obligándome a comerla el coño que horas antes había sido follado por otro chico

Poco después me dejó definitivamente, llevábamos mas de 6 años de relación y aquello ya no iba a ninguna parte, todavía estuve unas semanas mas arrastrándome detrás de Cristina para que volviéramos a salir, aunque ella ya no me daba ninguna opción, siempre me decía que no.

Me costó superarlo, aunque estuve con varias chicas después de ella, solo pasé página cuando empecé a salir con Claudia Álvarez. Joder Claudia eran palabras mayores, era bastante conocida en la pequeña ciudad nuestra, familia de dinero y además estaba buenísima. No podía creer la suerte que había tenido.

Y así me olvidé de Cristina, aunque no del todo, claro, con el paso de los años me he vuelto a acordar de ella, alguna vez incluso me la he cruzado por la calle, aunque ya ni nos saludamos, como si no nos conociéramos. La última vez que la vi fue cuando Claudia y yo nos compramos el chalet y pasamos por la tienda de muebles de los padres de Cristina para poner el dormitorio. Por suerte no nos atendió ella sino otra chica, ya habían pasado unos 6 años desde que terminara nuestra relación y recuerdo perfectamente que estábamos en la mesa con la chica mientras nos enseñaba muebles y Cristina estaba en una mesa a unos tres meses de nosotros. No pude dejar de mirarla casi todo el rato, incluso ella me sorprendió un par de veces, pero actuó como si no nos conociéramos de nada.

Ya no era la adolescente larguirucha del instituto, se había convertido en toda una hembra de 1,78, con el pelazo igual de largo, con un castaño algo mas claro y unos muslazos que no tenía por aquel entonces. A veces entro a fisgonear en su perfil de Facebook, donde por supuesto no somos amigos, aunque tiene varias fotos abiertas. Lo último que ví de ella es que se casó hace unos 4 años con un tío unos 10 años mayor y que a mi no me parecía nada atractivo, no tiene hijos y sigue trabajando en la tienda de muebles de sus padres.

Ahora echando la vista atrás y con los conocimientos que tengo me resulta mucho mas inquietante la personalidad de Cristina y su comportamiento. Yo por aquel entonces no sabía lo que era eso de ser un cornudo consentido o ese tipo de cosas, pero estaba claro que Cristina iba un paso por delante de mi. Aprendió muchas cosas fisgoneando por Internet y aguantó los últimos años conmigo por el morbo de humillarme y ponerme los cuernos.

No sé cuantos tíos se la llegaron a follar mientras estuvo conmigo, seguro que fueron mas de 10, si que sé que por lo menos dos se la metieron por detrás, por el culo, cosa que a mi nunca me permitió, ahora me pregunto si con su actual marido también le pone los cuernos, tiene toda la pinta de ser un pobre cornudo y uno humillado como lo era yo, aunque no lo sé seguro, pero esas cosas se notan. Y Cristina tenía mucho vicio.

Reconozco que alguna vez me masturbo viendo sus fotos de Facebook., fotos normales y alguna del día de su boda, iba realmente guapa y me pongo en el lugar de su marido y fantaseo con ella. Él podía haber sido yo. Me imagino que tras mas de 15 años de relación nos casamos juntos, ella ya me hubiera puesto los cuernos con mas de 50 tíos y me ha dicho que me olvide, que nunca se la voy a volver a meter, que tiene que reservarse para los otros, que yo solo soy un pobre cornudo y que como mucho me deja mirar como otros se la follan. Me pone mucho fantasear todo ese tipo de cosas mientras me la casco y al final termino corriéndome como un cerdo degenerado gimoteando su nombre. Cristina.

Lo que poco me imaginaba es que casi 15 años después de haber dejado nuestra relación iba a volver a tener algún trato con Cristina. Claudia quería poner una habitación infantil a nuestra hija pequeña y fuimos a la tienda de muebles donde ella trabajaba…

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