ECONOMISTA

Como ya he dicho, 8 años atrás en la noche de la boda de Pablo con Marina, fue cuando empezó a cambiar todo. Antes era ya mas que evidente que era Claudia la que llevaba las riendas de lo que pasaba en nuestra relación y la que tomaba todas las decisiones, pero en el ámbito sexual la noche en que me penetró con la funda del puro fue como el pistoletazo de salida.

Durante todo ese año hasta nuestra boda por supuesto que seguimos follando, pero ya se hacía lo que quería Claudia, lo normal es que ella llevara el control poniéndose encima de mi, luego se corría mientras chupaba su coño y terminaba masturbándome mientras me metía un dedo por el culo.

Cada vez con mas frecuencia fuimos incluyendo los juegos donde ella me penetraba analmente, empezamos con la funda del puro, con los dedos, lo típico, yo lo disfrutaba mucho y mi por entonces novia también. Era evidente que le proporcionaba gran satisfacción el hacer y deshacer a su antojo con mi ano, se reafirmaba el dominio que tenía sobre mi y a los dos nos gustaba. También su lenguaje se fue volviendo mas soez y a Claudia cada vez le importaba menos llamarme maricón, cerdo, cornudo, putita o cualquier tipo de insulto mientras me sodomizaba.

Pero yo quería mas y a pesar del miedo que me daba hacerlo decidí regalarle a Claudia, un mes antes de nuestro boda, su primer arnés para que lo utilizara conmigo. Era algo muy básico, un cinturón del que colgaba un cilindro rosa de silicona de unos 14 o 15 cms y un grosor de unos 3 cms.

La noche que se lo dí estaba bastante nervioso, no sabía como podía reaccionar Claudia, no quedaba mucho para nuestra boda e incluso temí que pensara que era algún tipo de degenerado sexual o algo por el estilo e incluso llegara a cancelar el enlace matrimonial. Aunque en un principio quedó algo sorprendida por el regalo lo terminamos estrenando esa misma noche.

Recuerdo a Claudia que a sus 29 años, con un señor cuerpazo y totalmente desnuda poniéndose aquel arnés. Yo temblaba preso de los nervios, el morbo y la excitación de ver a así a mi futura mujer. Aquella noche terminé a cuatro patas mientras Claudia me estuvo follando por el culo mas de media hora. Me corrí cuando ella se apoyó en mi espalda y me agarró la polla para masturbarme unos pocos segundos.

Cuando eyaculé ella se quitó el arnés y me confesó que nunca había estado tan excitada como en ese momento. Puedo dar fe de ello cuando inmediatamente después me mandó tumbar boca arriba y puso el coño sobre mi boca para que se lo comiera. Estaba tan húmeda que fluía como un manantial, tenía mojada hasta la parte interna de los muslos. Se pegó una corrida tremenda con mi lengua.

Después llegó nuestra boda, no fue tan numerosa como la de su hermano y Marina pero tampoco estuvo mal, se casaba la pequeña de los “Álvarez” y tuvimos casi 300 invitados. No os voy a aburrir con detalles de la celebración, solo decir que ese día fue otro punto de inflexión en nuestra vida sexual, ya me di cuenta desde la noche de bodas que Claudia solo buscaba el embarazo, así que misionero, corrida dentro y al momento las piernas de Claudia en alto.

Pero el embarazo no llegaba y para colmo nuestra vida sexual se había vuelto aburrida y monótona, solo follábamos en busca de un fin y parecía que el recibir placer era algo totalmente secundario. Cuando ya llevábamos un año casados sin éxito empezamos a realizarnos pruebas de porqué Claudia no se quedaba en estado. Al parecer mis espermatozoides eran de poca movilidad y lentos y aunque había probabilidad de dejarla preñada, ésta era mas bien baja. Comencé a tomar todo tipo de pastillas y suplementos que me recomendó el médico y así estuvimos otro año mas hasta que Claudia, en contra de mi opinión, pensó que era el momento de hacerse la fecundación in vitro.

Resultado, un año mas tarde nació nuestra hija Paula y cuando ésta ya tenía el añito nos pusimos en busca del segundo hijo. Nuestra vida sexual no varió ni un ápice y seguimos igual con el misionero y corrida dentro, hasta que 4 o 5 meses mas tarde como Claudia no se quedaba embarazada volvió a insistir de nuevo en la fecundación in vitro. Yo la dije que esperara unos meses mas, que lo teníamos que seguir intentando, que me gustaría que se quedara embarazada de forma natural y todas esas cosas. Al fin y al cabo tenía mi orgullo y quería demostrar a mi mujer que podía dejarla preñada. Aquella noche me la follé con ganas y descargué dentro todo mi semen. Ni remotamente podía imaginarme que iba a ser la última vez en años que me iba a follar a Claudia.

La presión pudo conmigo y aquello terminó bastante mal, no hacía mas que darle vueltas a la cabeza por mi incapacidad de poder dar un hijo a Claudia y la siguiente vez que fui a penetrarla tuve mi primer gatillazo. La verdad es que ella fue bastante comprensiva y lo seguimos intentando los siguientes días, pero al quinto o sexto intento yo supe que ya tenía un bloqueo de cojones.

Incluso intenté culpar a Claudia de que no disfrutábamos del sexo y que éste era muy monótono por eso no me excitaba. Ella una noche se puso el arnés y me folló el culo mientras me llamaba maricón chupa-pollas y todas esas cosas. Mi rabo volvió a ponerse duro como hacía tiempo que no recordaba, pero al momento que fui a metérsela a Claudia, después de que ella me follara el culo, mi pene volvió a quedarse flácido y fue imposible penetrarla.

Lo ideal en estos casos hubiera sido buscar ayuda en algún especialista, bien de tipo médico o algún psicólogo, pero yo no estaba de humor para eso, así que al final desistí y dejé a Claudia que volviera a hacerse otra fecundación in vitro, de la que nació nuestra segunda hija Blanca. Durante éste segundo embarazo volvimos a retomar el tema del sexo, aunque sin penetración, ella siguió follándome con el arnés y yo chupándola el coño hasta hacer que se corriera.

Tengo que reconocer que me daba bastante morbo ver a Claudia embarazada con el arnés puesto. Cuando llevaba 7 meses de gestación la regalé el segundo arnés del que colgaba una polla realística de 17 cms y con mas grosor que la primera. La imagen era para foto, ver a la pija de mi mujer con toda el tripón del embarazo y aquella polla de goma colgando.

Me empalmo solo de pensarlo.

Cuando nació Blanca, ya teníamos 34 años y Claudia decidió que ya no quería tener mas hijos. A pesar de que era muy difícil, por el tipo de esperma que yo tenía, dejarla embarazada ella me hizo pasar otro trago ciertamente delicado para todo hombre, me sugirió que estaría bien que me hiciera una vasectomia. Y yo por supuesto lo hice. Aunque dicen que no tiene nada que ver, puede que sea psicológico, pero desde el día de la operación todavía tuve mas problemas para hacer que mi polla se pusiera dura.

Alguna vez quería demostrar a Claudia mi hombría e intentaba penetrarla, pero cada vez que lo hacía perdía por completo la erección y me frustraba cada vez mas y mas. Incluso mi mujer viendo que aquel era un tema que me afectaba dijo que estaría bien pensar en visitar un especialista. Recuerdo aquel día en el que yo estaba tumbado en la cama con mi polla flácida mirando al techo con la mirada perdida y Claudia se mantenía con las piernas abiertas después de que hubiera intentando sin éxito follármela. Ella trataba de levantarme el ánimo.

– Venga que no pasa nada cariño, esto desde luego que tiene solución, si quieres llamamos a un especialista.
– No me apetece hablar de esto ahora Claudia, siento haberte dejado así, dije yo.
– No tienes porque dejarme así, dijo ella juguetona pasando sus dedos por mi estómago.
– Claudia de verdad que no…

Pero ella se levantó y sin dejarme terminar la frase sentó su coño directamente sobre mi cara.

– Ahora vas a ser bueno y vas a hacer que me corra…

Y por arte de magia mi polla se puso dura al instante mientras mi mujer se restregaba sobre mi cara buscando el orgasmo con mi lengua. Yo sumiso hice que se corriera y después cayó exhausta y jadeante a mi lado.

– Mmmmmmm, que bueno, si hasta se te ha puesto dura y todo…

Yo me agarré la polla y comencé a masturbarme frenéticamente sin dejar de mirar a Claudia, que se apoyó sobre el codo y se puso de lado tumbada hacia donde yo estaba.

– ¿Quieres correrte mirándome?, está bien, si es lo que quieres a mi me parece perfecto
– Estás muy buena Claudia, tienes un cuerpazo. Date la vuelta quiero verte el culo.

Ella no dijo nada y se puso como yo la había mandado, seguí masturbándome mirando las curvas de su cuerpo.

– Estoy a punto, por favor, ponte a cuatro patas, me gustaría verte a cuatro patas antes de correrme.

De nuevo Claudia lo hizo y aquello fue el detonante de que yo me corriera. Totalmente desnuda se puso en posición de perrito con el culo en pompa hacia mi, tenía las piernas abiertas y se acarició el coño de forma lasciva mientras me decía.

– ¿Vas a correrte maricón?, ¿vas a correrte viendo así a tu mujercita?.

En los tres años siguientes nuestra relación siguió la evolución lógica y así hasta llegar a la actualidad en la noche en que estrenamos el último arnés que yo había regalado por reyes a Claudia.

Sin embargo de joven yo no era así, había cambiado mucho de cuando iba al instituto hasta el momento actual. Por supuesto que me gustaban las chicas y mucho y me siguen gustando, pero yo no era así, ahora me gustaba que mi mujer fuera dominante y que me tratara como un buen sumiso, hasta me excitaba la humillación, pero tiene que cambiarte algo en la cabeza para empezar a actuar de ese modo. En mi caso está claro porqué empezó a gustarme todo este mundo de imaginarme a mi mujer con otros, de la sumisión y demás.

Mi ex novia Cristina.

Era una compañera del instituto con la que empecé a salir en nuestro último año antes de empezar la universidad. Cristina me cambió por completo. Ni os imagináis lo zorras morbosas que pueden llegar a ser algunas tías y en ese aspecto Cristina no solo era buena. Era la mejor. Menudo vicio que tenía. Se merece un capítulo para ella sola.

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