ECONOMISTA

Pasamos por casa de mis suegros y dejamos a los niñas, Claudia y yo habíamos reservado para cenar en uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Nos habíamos tomado la noche del sábado para nosotros como solíamos hacer una o dos veces al mes, a mis suegros no les importaba quedarse con nuestras hijas y nosotros encantados.

Claudia se había puesto espectacular con un vestido negro de tirantes y buen escote, medias de rejilla y zapatos con tacón alto. Ese vestido realzaba especialmente su culo y se notaba que llevaba un tanguita puesto. Reservamos en un restaurante caro y cenamos muy bien en una velada muy tranquila en la que desconectamos y pudimos hablar de todo. Cuando terminamos mi mujer se quería ir a casa, pero yo la convencí para irnos a tomar una copa antes, pasamos por una zona de marcha que suele tener ambiente universitario y entramos en uno de los garitos.

– David, ya sabes que no me gustan mucho estos sitios, yo creo que ya somos un poco mayores…
– Claudia aquí hay gente de todas las edades, además nos conservamos muy bien, nadie diría que tenemos 37 años.
– Si, pero es que aquí no me extrañaría incluso encontrarme con algún alumno mio y sabes que eso me incomoda bastante.

Cuando entramos dentro mi mujer tenía razón, la mayoría de chicos estarían entre 18-22 años, pero aun así nos terminamos tomando una copa. Me imagino que para la mayoría de esos chicos mi mujer sería una madurita muy atractiva y follable y no me hubiera importado que viniera algún descarado para decirle algo a Claudia e incluso que nos encontráramos a alguno de sus alumnos y vieran a mi mujer vestida tan provocativamente.

Ya terminando la copa me marché al baño y dejé sola a Claudia unos minutos para ver si la entraba algún chico, eso es algo que me pone mucho y que solía suceder con mucha frecuencia cuando salíamos siendo mas jóvenes, pero aquella noche no pasó nada. Al regresar del baño ya nos íbamos a ir a casa, intenté besar a mi mujer pero ella enseguida me apartó de su lado.

– David, estate quieto, aquí no…
– Venga Claudia, desconecta un poco, aquí no eres la profesora de nadie, solo estás con tu marido tomando una copa.
– Vámonos ya a casa, dijo mi mujer enfadada.

De camino a casa mi mujer me montó una buena bronca en el coche.

– Es la última vez que vamos a un sitio de esos a tomar una copa, no tengo ninguna gana de encontrarme con algún alumno, hay que saber estar y tu no piensas que soy su profesora y la jefa de estudios, ¿que crees que pensarían si me vieran así vestida en un bar de universitarios dándome el lote con mi marido?, ¿lo verías normal?, que comentarían luego por el instituto…
– Bueno, visto así…
– Claro es que tu no piensas esas cosas…si quieres tomar una copa, vamos a un bar mas adecuado o mas de nuestra edad, sabes que por eso no pasa nada, pero en la zona universitaria no.
– Lo siento Claudia, es que estás tan tremenda con ese vestido, dije poniéndola una mano en el muslo, me has puesto cachondo.

Ella me retiró la mano sin entrar en el juego.

– Espérate a que lleguemos a casa.

Como siempre mi mujer era toda una experta en cortarme el rollo, pero cumplió su promesa en cuanto entramos en nuestro dormitorio, Claudia se quedó en ropa interior y se puso los zapatos de tacón, luego de pies y con los brazos en jarra se me quedó mirando desafiante.

– ¿Que tal me ves?, dijo.
– Joder Claudia, estás buenísima, dije sentado desde la cama.

Vino andando muy despacio hacia mi mientras los tacones retumbaban en el suelo de la habitación, muy despacio se sentó encima mio como hacía tiempo que no se ponía, me besó y yo le correspondí abriendo la boca para dejar que me metiera la lengua. Puse las dos manos sobre sus pechos amasando sus tetas y luego las bajé para estrujar su culo.

– Buffff Claudia, ya me vuelves a tener empalmado como el otro día.
– Mmmmmmm, ya lo noto, dijo ella moviéndose sobre mi para notar la dureza de mi pene bajo su cuerpo.

Pero no tardó en quitarse de encima, dejándome totalmente excitado a la par que un poco perdido, pues no sabía que es lo que pretendía, pero no tardé en darme cuenta de sus intenciones. Abrió el armario y rebuscó en la caja donde tenemos guardados los “juguetitos”, en cuanto la ví trastear ahí si que se me puso dura de verdad. Cogió el arnés que la había regalado para reyes una semana antes junto con un gel lubricante anal.

Se lo fue poniendo muy despacio, sin decirme nada y unos segundos mas tarde se plantó delante de mi con aquella enorme polla de juguete colgando entre sus piernas. La imagen era la hostia, Claudia con zapatos de tacón, un conjunto de ropa interior negra con su tanguita se sujetaba el pollón de goma de 20 cms acariciándolo como si lo fuera a poner mas duro.

En esos momentos no era Claudia Álvarez, la jefa de estudios en el instituto o madre de dos hijas, aunque ya se los había puesto varias veces los arneses uno no se acostumbra del todo en ver a su mujer así y menos a Claudia, me imaginé que pensarían sus alumnos o su familia si la vieran así vestida dispuesta a encular a su maridito.

– Te has pasado de grande, dijo echando el gel lubricante sobre el juguete, creo que te va a doler…vamos desnúdate que te voy a follar…

Yo comencé a desvestirme y cuando lo hice lucía una erección tremenda como si tuviera 20 años que no pasó desapercibida para Claudia.

– Oyes, siento mucho lo que paso el otro día, dije yo, – no sé que me pasó, por supuesto que tu no tuviste la culpa de nada.
– No te preocupes, que ahora me voy a vengar, jajaja.
– Te lo digo en serio Claudia, quiero pedirte perdón, me hubiera gustado follarte, pero…
– Shhhhhh, ¡¡cállate!!, ponte aquí de pies.

Me coloqué de pies frente al espejo de la habitación apoyando las manos en la cómoda, en esa postura le ofrecí el culo a mi mujer para ser follado. Claudia se puso detrás de mi mientras me restregaba la polla de juguete por el ano. Luego cruzamos la mirada a través del espejo de la habitación.

– Si tu no puedes follarme a mi tendremos que hacerlo al revés, ¿hoy si que se te pone dura, verdad?, dijo pasando la mano hacia delante para agarrarme la polla que estaba como una piedra.
– Lo siento mucho Claudia.
– Deja de pedirme perdón, eres patético maricón, no eres capaz ni de follarte a tu mujer, te mereces que te dé bien por el culo.

En cuanto Claudia comenzaba a usar ese lenguaje ya me sacaba de mis casillas, no le pegaba para nada hablar así y solo lo utilizaba para nuestros juegos. Abrí un poco las piernas cuando noté que ella ejercía presión para penetrarme.

– Ábrete de piernas que sino te va a doler, ¿quieres que te folle el culito, maricón?
– Si Claudia por favor, hazlo, por favor, ¡¡fóllame el culo!!
– Pero un buen maricón tiene que chuparla antes, ¿no?
– Si, lo que tu me digas.
– ¡Agáchate y chúpamela!

Me puse de cuclillas y me humillé todavía mas ante mi mujercita metiéndome la polla de juguete en la boca y simulando que le hacía una mamada, estaba embadurnada del gel lubricante y era bastante grande, apenas me entraba un cuarto en la boca, Claudia movía sus caderas follándome y luego la sacaba y sujetándola con la mano me daba golpecitos con ella por toda la cara.

– Eso es, chupa bien, ¡¡casi no te cabe ni en la boca!!

Yo seguía esforzándome en hacer una buena mamada, me daba mucho morbo ser tan sumiso de Claudia, para humillarme todavía un poco más la miré a los ojos con aquel falo de juguete en la boca, ella puso cara de asco.

– ¡¡Que maricona eres!!, ponte ya de pies y ábreme el culito para que te pueda follar.

Volví a ponerme de pies frente al espejo y cogí el bote de lubricante anal, me unté los dedos y yo mismo me los metí en el culo para abrírmelo todo lo que pude. Estuve unos segundos con tres dedos dentro de mi recto hasta que consideré que ya estaba preparado para que Claudia pudiera metérmela.

Ella, de nuevo puso una buena cantidad de lubricante en la cabeza de la polla y ahora sí, se pegó a mi dispuesto a penetrarme. Comenzó a empujar y yo eché las caderas hacia atrás buscando que me la metiera.

– ¡¡Empuja Claudia, empuja!!
– Ya lo hago, ¡¡es que es muy grande!!, ¡¡no entra joder!!

Pero vaya si entraba, poco a poco el juguete fue desapareciendo dentro de mi recto, mientras un tremendo dolor me desgarraba por dentro. Nunca me había dolido así. Pero era un dolor tan sumamente placentero que casi al momento me dieron ganas de mearme encima.

– ¡Está toda dentro!, dijo Claudia sorprendida.

Yo apenas podía sostenerme de pies, me temblaban las piernas y seguía con la cabeza agachada. Cuando mi mujer se echó hacia atrás para volver a penetrarme sentí un dolor como si me rompieran el culo y ya no pude aguantarme.

– Diossss, que dolor…mmmmmmmmmmmmmmm…..
– ¿Te duele maricón?, dijo Claudia embistiéndome de nuevo.
– Ahhhhhhhhh…
– Ya veo que si, pero no pienso parar…

Y siguió follándome despacio, sin prisa pero sin pausa, una follada lenta y deliciosa sujetándome por la cintura, creo que en ningún momento dejé de sentir dolor, sin embargo mi polla había recuperado la erección de antes de penetrarme. Cuando pude levantar la vista me encontré con la mirada de Claudia en el espejo, se le notaba mucho en la cara que estaba disfrutando con todo aquello y comencé a masturbarme lentamente mientras mi mujer me seguía sodomizando el ano.

– ¿Vas a correrte cerdito?
– Ahhhh, siii, voy a correrme Claudia, voy a correrme…

No pude aguantarme más y eyaculé sobre la cómoda de nuestro dormitorio, sintiendo un tremendo placer intensificado por el dolor que me producía la penetración de Claudia. En cuanto me corrí le pedí por favor que parara y ella sacó la polla de goma de mi recto.

– Se te ha quedado muy abierto, ¿esto es lo que querías, no?, dijo golpeando con el juguete sobre mis nalgas y con una sonrisa en la cara.

Después se quitó el arnés tirándole al suelo y se dirigió a la cama, se sentó en ella y se quedó descalza antes de tumbarse boca arriba abierta de piernas con la espalda apoyada en el cabecero de la cama.

– Me da igual que te hayas corrido y se te haya pasado el calentón, te puedo asegurar que a mi no se me ha pasado, ven aquí y chúpame hasta que me corra, dijo acariciándose el clítoris por encima de la tela de su tanguita.

Tapándome el culo como haciendo el gesto de que me dolía andé hasta la cama y luego me subí sobre ella para satisfacer a mi mujer. Metí la cabeza entre las piernas y al momento noté la humedad que ya traspasaba su ropa interior, estaba literalmente empapada. Estuve un rato chupando sobre la tela y Claudia se puso a gemir apretando mi cabeza contra su cuerpo.

– ¡Apártame el tanguita y cómeme!, ¡¡quiero correrme!!

Así lo hice y ahora puse la lengua directamente contra su coño para comenzar a lamer por la rajita, Claudia cada vez gemía mas alto y sus caderas ya se movían descontroladas, supe que era el momento de meterme el clítoris en la boca, fue como una descarga eléctrica para mi mujer que enloqueció de placer.

– Ahhhhhhhh, méteme los dedos, ¡méteme los dedos!

Me sorprendió que Claudia buscara que la penetrara para sentir mas placer, hacía tiempo que no la veía tan cachonda , pero no tuve que decírmelo dos veces, sin dejar de comérmela metí un par de dedos dentro de su vagina que debido a la humedad que tenía entraron con mucha facilidad. Miré hacia arriba y Claudia se amasaba las tetas mientras mantenía los ojos cerrados concentrándose en el placer. Pero no era eso lo que ella quería, llevaba tanto tiempo sin sentir algo dentro que mis dedos no le dieron lo que ella buscaba.

– Espera un momento, dijo inclinándose hacia la mesilla.

Encima de ella estaba abierta la caja donde guardamos los arneses, Claudia cogió el mas grande de los tres que había y después me lo dió.

– Toma, ¡méteme esto mientras me comes!, estoy a punto de correrme, dijo quitándose el tanguita y ahora sí abriéndose de piernas sin tela que la dificultara hacerlo.

Volvió a apoyar la espalda en el respaldo de la cama, yo cogí la polla de plástico con la mano y lo puse a la entrada de su coño.

– ¡¡Vamos métemela!!, ¡necesito que me penetres con algo!

Empujé los 18 cms de juguete hasta que estuvieron dentro del cuerpo de mi mujer que gimió como si la estuvieran pegando el mejor polvo de su vida. Luego empecé un mete saca a la vez que lamía su pequeño e hinchado botoncito del placer. No tardó un minuto en correrse aplastándome la cara contra su coño mientras yo no dejaba de follármela con la polla del arnés.

Luego me ví allí sumiso, a cuatro patas, con el culo todavía abierto, la cara empapada y sujetando uno de los juguetes que yo había comprado a Claudia para que me follara. Eché la vista 8 años atrás, desde la noche de la boda de Pablo y Marina y me puse a recordar que es lo que había ido pasando con mi mujer hasta llegar a aquella situación…

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