ECONOMISTA

Como siempre mi mujer era la maestra de ceremonias, estábamos toda la familia en casa de sus padres y Claudia junto al árbol de Navidad nos iba llamando para recibir los regalos de reyes. Por supuesto empezó por los peques, nuestras hijas Paula de 5 y Blanca de 3 años y sus sobrinos y luego poco a poco fue repartiendo los regalos a todos los demás. Allí de pies junto al árbol Claudia llevaba unos vaqueros blancos que le hacían un culazo tremendo y en la parte de arriba se había puesto una camisa azul era como de seda por lo que se amoldaba perfectamente a sus voluminosos pechos.

Desde luego que mi mujercita estaba muy buena, puedo asegurar que nunca había estado tan tremenda como ahora con 37 años, se había pintado los labios del color rojo intenso y su media melena rubia, ahora recién cortada poco por encima de los hombros, la llevaba totalmente lisa, lo que le daba un aire todavía mas de pija. Iba impecable, los zapatos con taconazo alto no hacían mas que resaltar sus fibradas piernas y su duro culo. Desde que nació Blanca mi mujer había comenzado a tomarse el deporte muy en serio, llevaba mas de 2 años trabajando su cuerpo a base de gimnasio (con entrenador personal), salir a correr, jugar al padel, mas todo tipo de ejercicios para aumentar y tonificar su trasero.

Aquel día intenté recordar cuando fue la última vez que hicimos el amor, ya habían pasado mas de 4 años desde la última vez que me la había follado. Por circunstancias de pareja nuestras relaciones sexuales fueron derivando hacia unas prácticas en las que los dos estábamos a gusto y poco a poco seguimos así hasta que lo aceptamos como normal. Y desde luego que el coito con penetración no estaba dentro de lo que hacíamos, no es que no me gustara follarme a Claudia, pero ahora hacíamos otras cosas y de esa manera también nos valía para tener una vida sexual satisfactoria.

Una vez repartidos los regalos nos estuvimos haciendo unas fotos familiares y por supuesto Gonzalo mi cuñado y jefe no desaprovechó la oportunidad de agarrar por la cintura a mi mujer, con la mano lo mas bajo posible (cerca de su culo) mientras yo les hacía una foto juntos pegados al árbol de navidad.

– Hazme una así con mi cuñada favorita, dijo el cabrón sabiendo que me molestaba que se pusiera así con Claudia.

Cuando ya había pasado el día, estábamos mi mujer y yo por la noche a solas en nuestra habitación, me encontraba sentado en la cama mirando las fotos que había hecho durante el día y justo llegué al par de fotos en la que Gonzalo agarraba por la cintura a Claudia e incluso se ponía detrás de ella rodeándola con los brazos, arrimando lo mas posible el paquete al cuerpo de mi mujer.

– Me pone de los nervios que el plasta de Gonzalo siempre esté encima tuyo.
– ¿Y que quieres que haga si se ha puesto pesadito que se quería hacer una foto conmigo?
– Es que no le soporto y menos cuando te toca…
– Ya sé que te cae muy mal, pero tampoco quiero pegarle así un corte delante de todos, al fin y al cabo es el marido de mi hermana.
– Pues que se vaya con tu hermana, pero que te deje ya tranquila.
– Vale, no quiero hablar mas de este tema, tan poco ha sido para tanto, solo ha sido una foto, punto y final de la discusión.
– No te enfades Claudia, eh…anda ven un momento, ahora que se han dormido las niñas, me gustaría darte un regalo que tengo.

Le entregué una cajita mas o menos del tamaño de una caja de zapatos a mi mujer envuelta en papel de regalo. Claudia ilusionada comenzó a romper el papel.

– No tenías que haber comprado nada, ya me has regalado muchas cosas cariño.

Cuando terminó de abrir el paquete, puso cara de resignación al ver el regalo, luego abrió la caja y sacó lo que había dentro. Era un arnés último modelo del que colgaba una enorme polla realística de 20×4,5 cms.

– ¿Otra mas?, pero si ya tenemos 3, dijo Claudia.
– Si, pero vi ésta en internet y me gustó, ¿podíamos probarla esta noche no?, hace tiempo que no me lo haces.
– Cada vez las compras mas grandes, dijo sopesando el tamaño de la polla, – ésta creo que te va a doler, pero de verdad que esta noche no me apetece, ¿te parece si lo dejamos para el fin de semana que viene?
– Joder Claudia tenía muchas ganas, me apetece correrme, llevamos días sin hacer nada…
– ¿Estás excitado?
– Si, mucho, ya son muchos días sin descargar…
– Te prometo que para el fin de semana que viene jugamos con ella, ¿vale?
– Está bien, como quieras…

Claudia comenzó a desvestirse mientras yo guardaba el arnés en una caja que tenemos con nuestros otros juguetitos. Antes de ponerse le pijama se quedó en ropa interior, era blanca, sin nada, ni dibujo ni encaje ni nada parecido, las braguitas eran muy pequeñas y apenas le cubrían el coño, se asomaban por arriba unos pequeños pelos rubios de su pubis recortado, el sujetador era de estos que realzaban sus ya buenos pechos todavía un poco mas. Mi mujer estaba estupenda en ropa interior, le dije que se acercara un momento y ella se puso de pies delante de mi que permanecía sentado en la cama, pasé mi mano hacia delante y toqué su duro y prieto culo.

– Estás tremenda Claudia, vaya culo, está como una piedra, yo creo que no estabas tan buena ni cuando íbamos a la universidad.
– ¿Te gusta?, dijo sentándose en mis rodillas como una niña pequeña.
– Pues claro, como no me va a gustar, estás buenísima.
– Tu también te mantienes todavía muy bien.
– No me mientas Claudia, sabes que estos años he bajado mucho, no tengo muchas ganas de hacer deporte…
– Cuando quieras te vienes un día al gimnasio y bajamos esto, te está empezando a salir un poco de tripita, jajaja…
– Me gustaría metértela…

Mi mujer me miró con cara de sorpresa, como si no entendiera lo que acababa de decir.

– ¿Como has dicho?, me dijo
– Que me gustaría metértela…
– ¿Ahora?, ya te he dicho que hoy…
– No tiene que ser ahora, solo digo que me gustaría volver a metértela, hace mucho tiempo que no te follo…
– Yo pensé que lo que te gustaba era lo contrario, que yo te lo hiciera a ti, dijo pasándome el dedo indice por el paquete.
– Bueno si, eso también me gusta, pero alguna vez me gustaría volver a follarte, una cosa no quita la otra…
– Me parece bien, solo que yo creí que ahora estábamos bien así, tampoco quería presionarte ni que te volviera a pasar…lo que ya sabes…
– Aquello fue por la presión de dejarte embarazada y todo eso, ya han pasado años.
– No quiero que lo vuelvas a pasar mal.
– Mira ahora, solo con tenerte así sentada ya la tengo dura.

Claudia me agarró el paquete por encima del slip y palpó el estado de mi polla.

– Ya veo que estás excitado si…

Desabroché su sujetador y se lo quité dejándolo caer al suelo, ella estaba desnuda de cintura para arriba mientras seguía sentada en mis rodillas. Acaricié las tetas con una mano alternando el sobeteo sobre ambas cada vez mas fuerte, Claudia no me había soltado la polla, es más, ahora me masturbaba agarrándome el pene por encima del slip.

– ¿Que haces David?, dijo mi mujer empezando a gimotear.
– Tienes unas tetas tremendas, me vuelven loco, dije agachándome para meterme un pezón en la boca.

Claudia se dejó comer los pechos un rato, estaba excitada y me había liberado el miembro para pajearme directamente, tenía los ojos cerrados y me acariciaba el pelo para apretarme contra sus tetazas, los gemidos de mi mujer cada vez eran mas altos y el ritmo al que me pajeaba también se iba incrementando.

Me puse de pies frente a mi mujer y nos dimos un morreo salvaje, agarrándome a sus duros glúteos levanté su pequeño cuerpo y después la dejé caer sobre la cama boca arriba, me metí entre sus piernas y poco a poco la fui sacando las braguitas. En unos segundos tenía a Claudia desnuda en la cama y abierta de piernas deseando que me la follase. Pero se lo iba a hacer de rogar un poco más, le abrí el coño tirando de sus muslos y le pegué varios lametazos en su rosada vagina.

– ¡Que bueno!, dijo Claudia sujetándome por el pelo.
– ¿Quieres que te folle ya?, dije poniéndome de rodillas entre sus piernas.
– Si, ¡¡hazlo ya!!

Pero todo fue mental.

En cuanto fui acercando mi polla a su entrepierna comenzó a deshincharse a pasos agigantados, perdiendo la erección, “no, por favor, no, ahora no joder”, pensé para mis adentro mientras sujetaba mi flácido miembro entre los dedos. Claudia deseosa y con el coñito brillante por la humedad de su excitación me dijo.

– ¡Vamos métemela!

Intenté hacerlo sin éxito, me quedé bloqueado por completo, ya sabía que mi polla no me iba a responder, pero aun así lo seguí intentando para desespero de Claudia.

– ¡Venga!, ¿que haces?, ¿me la vas a meter?, ven déjame a mi, dijo bajando la mano para ser ella la que guiara el pene a su entrada.
– No, ¡para!, dije demasiado tarde para que ella no se diera cuenta de lo que pasaba.

Pero Claudia ya tenía mi pingajo entre las manos y se debió sentir ridícula ofreciéndome su cuerpazo, mientras sujetaba aquel trozo de carne inerte. Vaya humillación.

– ¡Te he dicho que pares!, ¡no me toques!, siempre tiene que ser lo que tu digas, dije enfadado echándome a un lado de la cama, – mejor lo dejamos.
– Encima te enfadas tu, manda narices, la última vez, ¿me has oído?, ¡¡esta es la última vez!!, dijo Claudia poniéndose la ropa interior y después del pijama a toda prisa.

Media hora mas tarde ya dormía tranquilamente y yo seguía dándole vueltas a lo que había pasado. Al final tuve que levantarme y me bajé al salón con el portátil, estuve trasteando por varias páginas eróticas, releyendo el relato de “Mi nuevo vecino de 55 años” y cuando ya estaba lo suficientemente excitado me conecté a un chat. Estaba conectado mi confidente virtual, Toni24.

– Que tal va todo deibiz?
, me escribió.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s