ECONOMISTA

Llegamos Claudia y yo a casa de mis suegros para comer y al entrar allí estaba toda su familia al completo junto con los niños correteando por la casa. Ya me había preparado una encerrona mi mujercita, lo que menos me apetecía era una comida familiar. El primero que vino a saludarnos fue mi suegro Manuel y al momento apareció mi cuñado Gonzalo que como siempre se lanzó a dar dos besos y un abrazo a mi mujer.

– Vaya con mi cuñadita, cada vez estás mas guapa, dijo agarrándola por la cintura.

Si, odiaba a aquel tipo, Gonzalo, no solo era mi cuñado, por desgracia también era mi jefe, lo mismo que mi suegro, sin embargo tengo que decir que Manuel era una buenísima persona, todo lo contrario que el fanfarrón de mi cuñado. En el salón estaba en el sofá sentada con cara de amargada, como siempre, su mujer Carlota, hermana mayor de Claudia, tenía 44 años y la misma mala hostia que mi mujer y mi suegra, la madre de ambas, aunque era igual de guapa que mi mujer, a pesar de no haber tenido hijos se estaba echando a perder y cada vez lucía un culo mas gordo, eso sí tenía unas enormes tetas que habían sido objeto de mis pajas en muchas ocasiones.

A su lado sentada estaba Marina, llevaba en brazos su hija pequeña de 11 meses, era mi concuñada y mi musa pajilllera número uno desde que la conocí, es la mujer de Pablo, el hermano mediano de Claudia, otra gran persona, lo mismo que su mujer con la que tenía cuatro hijos a cual mas guapo y adorable. Hacían la pareja perfecta, mi cuñado de 42 años y ella de 39, una chica tremendamente atractiva, una morena de 1,70 guapa y con un pelazo espectacular que le llegaba casi hasta el culo, podría haber sido presentadora de televisión por su belleza, educación y saber estar, era periodista pero abandonó la carrera para cuidar a sus hijos, tenía un cuerpo casi perfecto a pesar de los 4 partos, buenas piernas, mejor culo y unas tetas talla 90 en su justo punto. Era mi único consuelo para estas reuniones familiares, reconociendo que mi mujer también era muy atractiva había algo en Marina que desataba todos mis morbos, sin duda alguna era la única mujer con la que pondría los cuernos a Claudia. Muchas veces me preguntaba como tenía que ser en la cama aquella diosa.

Luego apareció mi suegra Pilar, dando órdenes y que nos sentáramos a la mesa, otra bruja como Claudia y Carlota. No la soporté desde el primer momento que la conocí y en nada tenía que ver con su marido Manuel, un hombre hecho a si mismo y un gran trabajador. Todos ellos era los “Álvarez”.

Sí, los Álvarez, una familia muy conocida en nuestra ciudad, formaban un pequeño grupo empresarial y tenían varios negocios. El primero de todos fue la fábrica de dulces y pasteles de sus abuelos en su pueblo natal, al morir estos Manuel junto con dos hermanos se quedaron con la fábrica, luego había comprado una fábrica de zapatos muy cerca de ésta y poco a poco Manuel se había ido haciendo con todo tipo de negocios, varias fábricas mas, gasolineras, comercios, flota de camiones, inversiones inmobiliarias, (pisos y plazas de garaje). En su pueblo de origen casi todos los negocios eran suyos y las fábricas también y luego en la ciudad también tenía varios negocios y casi todos funcionaban muy bien.

En cuanto Carlota y Pablo cumplieron los 18 años, tenían claro que iban a estudiar en la facultad de empresariales para poder formarse y continuar con el negocio familiar, sin embargo Claudia que era la pequeña siempre fue un poco por libre y era la mas rebelde, su mayor ilusión era ser profesora de inglés, aunque Pilar no quiso no le faltó el apoyo de Manuel para que estudiara lo que quisiera. Fue un poco la protegida, era su hija pequeña, para todos la consentida. Y yo era el ínutil de su marido.

Pero claro, Carlota y Pablo enseguida ascendieron en la pirámide empresarial, lo que les llevó a ganar mucho dinero, sin embargo nosotros no éramos mas que una profesora de inglés y yo, un licenciado en filología hispánica que no encontraba trabajo ni a la de tres. Claudia quería llevar el ritmo de vida de sus hermanos y para nosotros era imposible, nos compramos un gran chalet que efectivamente tuvo que pagar en gran parte su padre, que al final también tuvo que darme trabajo en una de sus fábricas.

Y así es como empecé a trabajar en la fábrica de zapatos, era una de las que mas beneficio le dejaba a el grupo empresarial Álvarez y al frente de la fábrica estaba ni mas ni menos que como encargado mi cuñado Gonzalo. Yo no quise trato de favor por ser el marido de Claudia y con 28 años, uno antes de casarnos, empecé a trabajar allí como un operario mas, ésto para mi mujer fue una humillación y le llevó a continuos enfrentamientos con su hermana Carlota que por aquel entonces era la jefa de personal del grupo, para que me buscara un sitio mejor.

En la fábrica de zapatos Gonzalo era el encargado, no tenía mucho don de gentes, para la mayoría de los trabajadores era un déspota y un enchufado y éste les correspondía tratándoles bastante mal, incluso a mi al que al principio me llamaba en público “cuñadito” para dejarme en evidencia delante de todos.

Pablo, el hermano mediano de Claudia, fue aprendiendo el oficio junto con su padre Manuel, al que acompañaba a todos los sitios, sin duda alguna cuando éste faltara iba a ser su sucesor, con el paso de los años ya era su mano derecha y Carlota también había ascendido y ahora era la administradora del grupo empresarial. Manuel era un hombre mayor y poco a poco le iba dejando a su hijo que tuviera mas protagonismo en todas las decisiones empresariales. Yo, claro también había ido ascendiendo en la fábrica y ahora, 9 años después de empezar en la fábrica, era el segundo de Gonzalo, que seguía siendo el que tomaba todas las decisiones.

Aquella no iba a ser una comida normal de familia, cuando nos sentamos todos a la mesa, Manuel nos dio la noticia.

– Familia quería deciros que ya son muchos años, llevo trabajando desde los 12 años y es el momento de dejarlo, Pablo desde hace tiempo se encarga de todo, dijo dándole unas palmaditas en el hombro y yo estoy ya muy mayor y me apetece descansar, sé que voy a dejar esto en muy buenas manos, la semana que viene me voy a jubilar y Pablo va a ocupar mi lugar.

Todos allí le dimos la enhorabuena, fue una gran sorpresa para Claudia y para mi que nos miramos sin esperarnos la noticia, sin embargo tanto Pablo y su mujer como Gonzalo y Carlota no mostraron el menor sobresalto, está claro que estaban enterados de todo lo que iba a pasar, pero lo que mas me molestaba era la medio sonrisa que Gonzalo no podía disimular. Algo iba a sacar de la jubilación de mi suegro. Y es que tengo que reconocerlo, no soportaba a mi cuñado, iba de sobrado y no era mas que un muerto de hambre cuyo único mérito en la vida había sido engatusar a la amargada de Carlota.

———

Conocí a Claudia en la universidad de filosofía y letras, por aquel entonces ya era nuestro último año de carrera. Yo había tenido muchas novias y rollos antes y esas cosas siempre llaman la atención en otras chicas, lo que explica que aun yo siendo físicamente normalito, aunque guapete pues Claudia, el bombón de la universidad, se fijara en mi.

Comenzamos a salir, hace ya mas de 14 años, cuando los dos teníamos 23 años (ahora tenemos 37), me costó casi un año poderme acostar con ella, que aunque había tenido algún medio novio, seguía siendo virgen. Las primeras veces que follamos fueron un desastre, pero poco a poco fuimos mejorando mucho con respecto al sexo.

Tengo que reconocer que a esa edad, aunque Claudia no hacía nada de deporte, estaba muy buena y tenía un señor cuerpazo, pequeñito en tamaño, pero con unas buenas tetas naturales y un pedazo de culo: redondo, suave y duro. Como por aquel entonces no teníamos casa propia cualquier sitio nos venía bien para tener relaciones, lo hacíamos principalmente en su casa, si no estaban sus padres, o en la mía o en un coche viejo que yo tenía. Yo prefería estar en una cama y podernos desnudar tranquilamente para así poder apreciar el cuerpazo de mi novia, si follábamos en el coche aunque era mas morboso no podía disfrutar tanto de sus curvas.

En la cama ya he dicho que al principio no es que las relaciones fueran la hostia, pero a medida que Claudia cogió experiencia fue llevando las riendas de lo que hacíamos. Al follar lo que le gustaba a ella era ponerse encima de mi y cabalgarme hasta que me corría dentro (por supuesto con condón). También practicábamos sexo oral, sobre todo yo a ella, desde el principio siempre le gustó que la comiera el coño, era con lo que conseguía sus mejores orgasmos y así sigue siendo en la actualidad. En cuanto a lo de el sexo oral de ella a mi, no puedo decir que Claudia haya sido una gran mamadora, sus momentos de darme placer se limitaban a unos pocos segundos y darme unos lametazos a la polla, como si fuera un gatito sin apenas metérsela dentro de la boca y si lo hacía era otros pocos segundos. Vamos que de chupar pollas no tenía ni puta idea y además agacharse a comérmela era rebajarse mucho para ella, así que no tardó en dejar de hacerlo.

Lo que si que me hacía y de maravilla eran las pajas, puedo afirmar que Claudia era una maravillosa masturbadora y me hacía unas señores pajas sobre todo durante los primeros años. Al empezar a salir aunque no teníamos sexo pude aguantarme gracias a las pajas de Claudia, que no tardó en complementar las masturbaciones usando la otra mano para meterme un dedito en el culo, eso sí, reconozco que fue a petición mía. Que me incrustara el dedo en el ano mientras me pajeaba hacía que me corriera como un auténtico cerdo. Sin embargo su virginal culito siempre estuvo vetado para mi, nunca me dejó ni tan siquiera acercarme a él, ni con la mano, ni con la boca, ni mucho menos con mi rabo para metérsela.

Nada mas terminar la carrera de magisterio Claudia se estuvo preparando las oposiciones a maestra, mientras que yo iba alternando un trabajo con otro. No puedo decir que mi carrera tuviera muchas salidas y no me veía con ganas ni preparado para sacar una oposición. Empecé de reponedor en unos grandes almacenes, luego de comercial de seguros, en una gasolinera…no paré nunca de trabajar, eso sí, Claudia y su familia eran muy conocidos en la ciudad y para ella era una total deshonra que su novio tuviera ese tipo de trabajos y mas cuando su padre me podía “colocar” en cualquier sitio.

Mi por entonces novia insistía en que aceptara trabajar para los Álvarez, pero yo me resistí todo lo que pude. Claudia no tardó en sacar la oposición como profesora de secundaria en inglés y estuvo unos años trabajando fuera hasta que pudo coger una plaza donde vivíamos. Ya con 28 años (casi 5 de relación) me dijo que quería casarse porque no quería esperar mas a tener hijos, sin embargo la condición que me puso fue que no podía seguir así, que debía tener un trabajo estable, así que yo finalmente acepté a trabajar en el negocio familiar.

Me reuní con su padre Manuel y Carlota, que por aquel entonces era la jefa de personal, Manuel me dijo que donde quería trabajar y yo le pregunté que cuando un desconocido les iba a pedir trabajo que les solía ofrecer.

– Pues les suelo ofrecer en la fábrica de zapatos, allí hay mucho trabajo y siempre hace falta gente, me dijo.
– Yo no quiero ningún trato de favor, así que mañana mismo empiezo en la fábrica como uno más, le contesté a mi suegro.

Carlota no dijo nada en toda la reunión, pero me fijé en su sonrisa cuando acepté trabajar en la fábrica donde su marido era el encargado. Cuando llegué a casa, Claudia ya me estaba esperando con el cuchillo entre los dientes, por supuesto que su padre le había llamado para informarla de nuestra reunión.

– Pero tu eres gilipollas o que te pasa, ¿de verdad piensas que voy a aceptar que mi futuro marido trabaje en la fábrica como uno mas?, y cobrando 1000 putos euros, ¿no ves que voy a ser el hazmerreir de todos?, no haces mas que avergonzarme…

Sin embargo tuvo que tragar, porque yo no iba a ceder en ese aspecto y así comencé en la fábrica en la que mi cuñado Gonzalo llevaba unos años siendo el encargado. Durante casi un año le tuve que aguantar su mirada de superioridad y sus absurdas ordenes, me llamaba “cuñadito” delante de todos y sin duda era lo que peor llevaba del trabajo. Al final tuve que tener una conversación a solas con él y le dije que dejara de llamarme eso delante de todos, por lo menos se dió por enterado y en el trabajo ya no me lo llamó mas, pero para el resto de la fábrica ya tenía un apodo. “Cuñadito”.

Ese año ya se aceleró todo, nos compramos un lujoso chalet, (que gran parte fue pagado por los padres de Claudia), ascendí en el trabajo y comenzamos los preparativos de boda. Sin embargo un año antes que nosotros se casaron Pablo y Marina. El día de la boda fue un gran acontecimiento, se casaba uno de los “Álvarez”, tuvieron mas de 400 invitados y fue una boda donde no faltó detalle. Cuando vi todo eso me entraron unos sudores fríos pensando que el año siguiente era yo el que iba estar en el lugar de Pablo. No me había hecho hasta ese momento la idea de lo que era casarse con una “Álvarez”. (cuando comencé a salir con Claudia ya se había casado su hermana Carlota con el capullo de Gonzalo).

La boda de su hermano con Marina fue como un cuento de hadas, la novia iba tremendamente guapa con un escote palabra de honor. Durante la celebración después de comer, no pude resistirme y sacar a bailar a la novia, ya llevaba unos años pajeándome con Marina, e incluso solo con bailar con ella llegué a excitarme. Claudia también se lo estaba pasando en grande y después de la tensión acumulada de todo el día de la boda se había desmelenado bastante (una de las pocas veces que he visto a mi mujer pasada de copas), la vi bailando en repetidas ocasiones con mi nuevo jefe, Gonzalo que llevaba una borrachera considerable, mientras su mujer Carlota sentada tenía la misma cara de mala leche de siempre viendo desvariar a su marido junto con mi entonces novia.

Si Marina iba guapa que decir de Claudia, iba imponente con un vestido verde de un solo color y muy ajustado a su cuerpo hasta los pies, era tan ceñido que dejaba poco a la imaginación sobre las curvas de mi futura mujer, en la falda tenía una abertura y con mucha frecuencia enseñaba una de sus piernas y además llevaba la espalda casi totalmente al aire. Era un vestido arriesgado, pero que a Claudia le sentaba como un guante.

Desde la barra me quedé mirando como bailaban Claudia y Gonzalo, mi mujer baila muy bien y tengo que reconocer que mi cuñado, para tener casi 50 tacos también era un gran bailarín y manejaba el pequeño cuerpo de mi mujer a su antojo. No sé porque viendo aquella escena mi polla comenzó a ponerse gorda y aunque intenté apartar esos pensamientos de mi cabeza no pude evitar recordar cosas del pasado. Volví a sentir ese cosquilleo insano en el estómago y cuando me quise dar cuenta tenía una erección formidable bajo el pantalón. Aquello no era normal, tan solo estaban bailando y pensé que aquella etapa anterior de mi vida estaba olvidada, pero claro que no lo estaba, tan solo estaba dormida. Me acordé de mi ex novia Cristina, (ella merece un capítulo aparte), me acordé de todo lo que me hizo y como me humilló, me acordaba de ella y yo seguía viendo bailar armoniosamente a Claudia y Gonzalo, totalmente compenetrados, como si llevaran bailando juntos toda la vida y ahora ya mi polla estaba tan dura que incluso me dolía.

Pero lo peor fue cuando terminaron de bailar, Claudia fue a hacerse unas fotos junto con su hermano y otros familiares y Gonzalo viéndome solo en la barra se acercó a mi para pedir también una copa.

– No sabía que mi cuñadita bailaba tan bien, me dijo riéndose, – ¿tu no la sacas a bailar?
– Es que a mi se me da fatal lo de el baile, tengo dos pies izquierdos, dije yo
– Me parece a mi que mi cuñadita es mucha mujer para ti, me soltó el muy cerdo dejándome con la palabra en la boca y marchándose con su mujer.

No supe ni que responder, me pareció la frase totalmente fuera de lugar y debí habérselo contado a mi mujer, sin embargo lo dejé pasar y me fui a los baños a refrescarme un poco. Cuando me puse en el urinario estaba tan empalmado que no me salía ni gota, me acordé de Marina, de mi ex Cristina, de Claudia y sobre todo de mi cuñado, no dejaba de escuchar en mi cabeza “mi cuñadita es mucha mujer para ti” y su risa burlona y con todos esos pensamientos comencé a meneármela muy lentamente. Al final me costó y decidí no correrme, porque viendo tan alegre a Claudia deduje que luego en casa podría tener ganas de sexo y en el estado que yo iba si me corría no se me iba a volver a poner dura.

No veía el momento de regresar a casa, por supuesto que al terminar la boda llegamos con unas ganas locas de follar a nuestro recién estrenado chalet, yo con toda la excitación acumulada durante el día y Claudia con alguna copita de mas subimos corriendo hasta la habitación.

Aquella noche cambió nuestra vida sexual para siempre.

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