ECONOMISTA

 

Salí corriendo del coche y me apresuré a entrar en el centro comercial, ya por las escaleras mecánicas miré de nuevo el móvil y tenía otra llamada perdida de mi mujer, en total eran 4, me imaginé que me iba a caer una buena bronca. Llegué a la planta de los juguetes y empecé a buscarla por todos sitios. En una de las cajas había una buena cola y parecía que se estaba formando algún tipo de follón. “Por favor que no sea ella”, pensé para mi, pero en el fondo sabía que mi mujercita ya estaba haciendo de las suyas, me acerqué y efectivamente discutía acaloradamente con una de las encargadas mientras una chiquilla que posiblemente hubiera sido contratada para la campaña navideña asistía nerviosa a la vez que avergonzada a la escena.

– ¿Pero que pasa aquí?, pregunté yo.
– Vaya, por fin apareciste, llevo esperándote mas de una hora.

Mi mujer estaba junto a la caja totalmente rodeada de regalos que había comprado para nuestras hijas y sobrinos. Parece ser que había discutido con la chica porque no le gustaba como estaba envolviendo los regalos y enseguida se quejó de que quería hablar con la encargada.

– Pues nada, mira que manera de envolver los regalos, no pienso llevarme esto así, dijo mostrándome un paquete en el que yo no apreciaba nada raro.
– Señora, por favor, acompáñeme a otra caja y ya si quiere se lo digo a otra compañera que se encargue de envolver sus regalos.
– Por supuesto, pero no pienso volver a tener que esperar otra cola, venga tú, dijo dirigiéndose a mi, coge esos paquetes y vamos donde nos diga.

Me giré hacia atrás y vi un montón de gente que esperaba impaciente a que nos marcháramos, escuché varios comentarios del tipo “vaya educación que tienen estas pijas”. Mi mujer salió detrás de la encargada y en cuanto se fueron yo me disculpé con la chiquilla que había estado envolviendo nuestros regalos. Ya estaba mas que acostumbrado a estas escenitas de mi mujer, todo tiene que ser como ella diga y en el momento que ella diga, estoy acostumbrada a estas situaciones en tiendas, restaurantes porque la comida no llega a su gusto u hoteles porque dice que la habitación huele a tabaco o tiene el baño sucio o no le gusta la almohada. Ya sabéis a lo que me refiero.

Cuando llegué a la otra caja otra chica había empezado a envolver de nuevo todos los regalos, por supuesto saltándose la cola que había y escuchando las protestas de los clientes que estaban esperando antes.

– ¿Y tu donde estabas metido?, me dijo
– Ya te había mandado un mensaje que después del partido nos habíamos quedado a tomar una cervecita.
– Es que lo tuyo es alucinante, o sea dejamos a las niñas toda la tarde con mis padres para poder ir a comprar los regalos y el señorito se va a jugar al fútbol con sus amigotes y por si fuera poco se queda también de cervecitas con ellos y ya como siempre que la tonta se encargue de comprar todos los regalos.
– Tampoco exageres, me he retrasado 20 minutillos, no haber venido por tu cuenta que te dije que me esperaras en casa.
– Mira, ¡no me hables ahora porque tengo un buen cabreo!.

Una vez terminadas las compras volvimos a casa y nos preparamos para salir a cenar a un restaurante, una noche al mes solíamos dejar a nuestras hijas al cuidado de los abuelos y nos la tomábamos para nosotros solos. Parecía que a mi mujer ya se le había pasado el cabreo. Comenzamos a prepararnos y ella se puso espectacular, con unos vaqueros bien ajustados de color oscuro y un jersey blanco de cuello alto que marcaba sus bonitos pechos. Teníamos una reserva en uno de los mejores restaurantes de la ciudad.

Estuvimos cenando tranquilamente, pasando una velada agradable y cuando ya íbamos a terminar la verdad es que no me apetecía volver a casa tan rápido.

– ¿Oyes, que te parece si salimos a tomar una copita?, dije yo.
– ¿Una copa?, estoy algo cansada, mejor lo dejamos para otro día.
– Venga no seas así, para un día que no tenemos a los niños, venga vamos a la Blue Moon y nos tomamos una tranquilamente.

La Blue Moon es un bar bastante modernito que suele tener una clientela mas o menos de nuestra edad, gente de entre 30- 40 años y donde también suelen ir maduritos con pasta a ver si cazan a alguna treinteañera. Al final convencí a mi mujer y allí que nos fuimos. Desde que habían nacido nuestras hijas muy pocas veces habíamos salido de fiesta y eran pocas las oportunidades que teníamos de estar a solas en un bar así.

Me fui un momento al baño y cuando regresé ya estaban unos chicos hablando con mi mujer. No me sorprendió para nada la escena, mi mujer es muy atractiva y desde siempre le han entrado los tíos en los bares y en las discotecas, al principio cuando empezamos a salir tengo eso me molestaba bastante, pero desde hacía unos años no solo no me molestaba sino que me gustaba verla hablando con otros. Tengo que reconocer que incluso me excitaba, ya sé que suena enfermizo que te excite ver a tu mujer hablando con otros en un bar, pero me pone mucho la idea que otros tíos deseen a mi mujer y la entren en los bares. Por desgracia mi mujer en ese aspecto es bastante arisca y les suele cortar rápido diciéndoles que esta casada. Esa vez no fue la excepción y para cuando llegué a su altura ya se había desecho del treintañero.

– ¿Ya estás ligando?, es que no me puedo ni ir al baño dos minutos, dije yo en bromas.
– Venga anda, déjate de tonterías, vamos a tomar la copa y nos vamos para casa, que estos bares cada vez me gustan menos.

Y así fue, nos tomamos la copa y rápidamente nos marchamos para casa. Como era sábado y no teníamos a las niñas al llegar a casa yo tenía ganas de fiesta. Entramos en la habitación y mi mujer se quitó los botines negros frente al espejo, yo me puse detrás de ella y pasando las manos hacia delante agarré sus pechos a lo que ella empujándome hacia atrás.

– Estate quieto anda.

Al caer en la cama la sujeté por la cintura e hice que cayera sobre mi, luego me puse sobre ella y nos dimos un beso rápido.

– Venga que hoy me apetece, dije yo
– ¿Si?, ¿hoy te apetece?, bueno no sé, no sé…dijo ella moviendo sus caderas lentamente sobre mi.

Se sentó sobre la cama y se quitó su ajustado jersey, yo todavía tumbado en la cama comencé a desnudarme mientras no perdía detalle de su cuerpo. A sus 37 años Claudia seguía estando tan buena como cuando empezamos a salir en la universidad.

– ¿Que te parece si hoy usamos…?, hace mucho que no lo hacemos, dije yo
– Otro día mejor.
– Vale, de acuerdo.

Yo terminé de desnudarme bastante antes que ella, cuando yo lo hice ella todavía forcejeaba para poder sacarse los pantalones vaqueros tan ajustados que llevaba. Claudia se quedó en ropa interior y se puso de pies al lado de la cama.

– Venga, túmbate, me ordenó.

Yo me quedé mirándola y ella se subió a la cama por la parte de los pies. Llevaba puesto el sujetador y unas braguitas a juego, era una lencería negra de encaje bastante bonita, desde luego que tenía muy buen gusto para elegirse la ropa interior. Fue gateando entre mis piernas y fue subiendo por todo mi cuerpo hasta que tuve sus pechos a la altura de la cara. Con mis manos agarré su firme trasero, pero ella no dejó de subir hacia arriba hasta que se sentó en mi cara.

– ¿Estás preparado?, dijo restregando su coño contra mi boca.

No hacía falta decir nada más, ella agarró con sus manos el cabecero de la cama y me dejó como siempre todo el trabajo a mi. Con una mano aparté sus braguitas y ella bajó un poco mas hasta que sintió el calor de mi lengua hundiéndose en su interior.

– Mmmmmmmm, que bueno, dijo Claudia.

Empezó a moverse delante y atrás cabalgando sobre mi rostro, yo apenas podía hacer nada mas que apartar sus braguitas y mover la lengua en círculos. Incluso me costaba respirar a duras penas.

– Asíiii, muy bien, muy bien, dijo mi mujer con los ojos cerrados agarrándose los pechos.

Puse la mano que tenía libre sobre una de sus tetas y ella me la apartó al momento, luego la bajé sobre su culo y también fue retirada casi de inmediato, pero ella cada vez se restregaba mas rápido y fuerte sobre mi cara.

– ¡No me toques, mmmmmmmm….no me toques!, tu solo saca la lengua, solo la lengua, mmmmmmmm…

Claudia iba buscando la posición en la que yo le proporcionara el máximo placer, así hasta que se inclinó hacia delante y directamente me puso el clítoris en la boca. Yo noté su pequeño botoncito que ya estaba muy hinchado y sensible, señal de que no iba a tardar mucho en correrse.

– ¡Vamos, saca mas la lengua y ponla dura!, eso es, déjala así, muy bien, mmmmmmmm…me encanta!

Siguió moviendo sus caderas sobre mi cara y ya solo se movía lo justo para que su clítoris oscilara sobre mi rígida lengua, su respiración se volvió mas agitada y sus gemidos mas altos y profundos hasta que comenzó a correrse sentada sobre mi.

– ¡Me encanta, me encantaaaaaa!!!!, ohhhhhh que bueno, siiiiii, me corrooooo, ¡¡siiii!!!!

Yo me quedé tumbado todavía apartando sus braguitas hasta que ella me quitó la mano para que éstas volvieran a su lugar original. Luego se quitó de encima mío y se tumbó a mi lado.

– Ha estado muy bien cariño. ¿te apetece correrte?, dijo mirando hacia mi pene semi erecto.
– Si, claro.
– Vale, me pongo como te gusta.

Al momento mi mujer se puso a cuatro patas sobre la cama tan solo vestida con sus braguitas y sujetador negro y me mostró su fantástico culo. Yo como estaba boca arriba comencé a pajearme mirando a Claudia en esa postura como se exhibía ante mi, me meneaba la polla a un buen ritmo, pero lejos de excitarme cada vez se me iba poniendo mas blanda. Pasados un par de minutos de masturbación ya prácticamente había perdido toda la erección, justo cuando mi mujer se giró para mirarme por primera vez.

– Venga, ¿terminas ya?, me dijo
– Espera que no me queda mucho.
– Vamos date prisa, dijo mirando mi alicaido pene, – que no tengo toda la noche.

Se levantó un momento y cogió el móvil, luego volvió a ponerse a cuatro patas como si la cosa no fuera con ella y con toda naturalidad se puso a mirar el correo mientras yo me seguía masturbando desde atrás. No sé porqué pero con aquel gesto de total humillación hacia mi hizo que mi polla empezara a recobrar la dureza perdida y se me pusiera a punto.

– Voy a correrme, ¿puedo echártelo encima?.
– Ni se te ocurra, no quiero que me manches este conjuntito y no me apetece tenerme que levantar ahora a limpiarme, dijo mirándome mientras seguía con mi paja.

Ella volvió a fijar la mirada en el móvil y yo meneándomela hasta que empecé a descargar sobre mi estómago, Claudia ni tan siquiera se giró para ver como eyaculaba, cuando volvió a mirar hacia mi ya tenía mi cuerpo bañado en semen. Me levanté a limpiarme a la vez que ella ya se ponía el pijama, cuando entré en la cama nos dimos un beso de buenas noches y apagamos la luz.

– Como mañana tenemos que ir a buscar a las niñas ya nos quedamos a comer donde mis padres, dijo en la oscuridad de la habitación.

Ni tan siquiera contesté, no hacía falta, si ella había decidido que mañana comíamos en casa de sus padres no había mas opciones, comíamos en casa de sus padres.

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