TINTAZUL21

 

La fina tela se pega a su cuerpo desnudo cual vestido entallado, mientras el sol le calienta el rostro sonrojando sus mejillas y la brisa acaricia su pelo suelto. Ella se envuelve gozosa entre las cortinas como capullo de mariposa para luego desenredarse sonriendo y mirando hacia donde estoy.

Sus ojos se posan fijos en los míos al tiempo que lleva su mano izquierda hacia sus labios, que chocan con el pulgar, provocando que se abran suavemente. Su mano derecha abandona la tela que aún sostenía y se posa ligeramente entre sus piernas, ocultando por un momento a la culpable del buen rato que habíamos pasado hace unas horas atrás.

Su alegría asemeja a la de los niños cuando reciben su presente en navidad, aunque claramente su motivo es distinto. Le he robado la inocencia a un pajarillo cantor y la he apresurado su paso hacia la madurez, he desenterrado toda la pasión dormida de un corazón que lo ha tomado de maravilla.

Dieciocho años son los que trae a cuestas y unas ganas de comerse el mundo que son envidiables para cualquiera, incluso para mí que regularmente ando con el ánimo encendido y el optimismo a millón. Supongo que se debe a que ambos somos jóvenes y aún la vida no nos ha colocado suficientes dificultades al frente.

Debería agradecer que mis padres abandonaron la casa y se ha quedado a mi cuidado, de otra forma no habría conseguido traer al inferno a este angelito que se acaba de corromper, al mismo que justo ayer me insistía en que debíamos ser novios antes que le pudiera ponerle las manos encima.

Como pueden ver, muchas veces está lo que se dice para aparentar cordura y alineación con los valores sociales y lo que realmente se quiere, impulsado por el ego egoísta, por la curiosidad ansiosa y el morbo de lo prohibido. En general yo siempre prefiero inclinarme por lo segundo, que si coloca tu moral en el borde del abismo, ensalza el alma hacia los confines de la felicidad…

Ahora me doy cuenta de lo hermosa que se ve su piel, casi traslúcida con la acción del sol. De noche no puedes apreciar esos delicados detalles que la luz ofrece: las pecas graciosas en todo su cuerpo, el pequeño cambio de color que sufren sus ojos miel y esa pequeña mancha color café en su cintura que la acompleja sin razón tantas veces.

Su mirada me ha sacado nuevamente de mis cavilaciones y me ha dirigido a centrarme en su existencia tan sublime y armoniosa, casi sin defectos terrenales y con el poder de dominar el alma de cualquier ser humano capaz de cruzarse en su camino, no solo por su belleza, sino por las palabras que ha sabido tejer desde el principio en su garganta..

Ella no ha dejado de mirarme, ahí pegada a la ventana, así que me levanto y me dirijo hacia donde está la diosa que hace un momento contemplaba, la tomo de la cintura y, a riesgo de que nos vean los vecinos, la beso allí mismo cubriendo con las cortinas nuestra desnudez, iniciando de nuevo la llama de la pasión.

Un comentario sobre “Tras las cortinas

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s