ESRUZA

Hay noches intranquilas, originadas por algún acontecimiento. Noches feroces y

aniquilantes, llenas de fantasmas, de demonios, pero también de ángeles hipotéticos.

La de anoche fue una de esas, que no quiero tener nunca más, en sus partes dolientes.

Hay heridas punzantes que te hielan el alma y que nunca pensaste que quien te amó

 y a quien amaste te pudiera causar.

En las horas en que el sueño venía, intermitentemente, me veía rodeada de seres

extraños, malvados, que murmuraban a mi oído palabras que no entendía, pero que

me hacían daño, que me herían, y desperté asustada. Sola me encontraba en la soledad

de la noche; una noche sin estrellas ni luna, sólo soledad. Y así transcurrió mi sueño

intermitente, despertando y durmiendo y volviendo a soñar lo mismo.

Mis heridas estaban a flor de piel cuando despertaba, noche llena de amarguras y

recuerdos que ya debía borrar, pero en el último sueño, ése más profundo porque

ya viene la mañana, soñé a un ángel luminoso, esplendoroso, que murmuraba a mi

oído palabras que tampoco entendía, pero imaginaba y el sonido de su voz dejaba

en mi alma atormentada, paz y tranquilidad. Las palabras que adiviné fueron: No te

preocupes, estoy contigo y te amo, aunque no esté en materia.

Era una figura luminosa, pero difusa que irradiaba paz y tranquilidad y me recordaba

a alguien, alguien que, sin embargo, mucho daño me había causado.

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