ESRUZA

 

Ni siquiera debería escribir este relato, por vergüenza, pero pues, ya está. Siempre he sido muy confiada y me gusta ayudar porque, en el correr de mi vida, he encontrado personas que me han ayudado en diferentes aspectos, así que, ¿por qué no ayudar yo si puedo hacerlo?, sólo que en este caso me pasé de “ayudadora” y me convertí en una completa estúpida, aunque me apene decirlo.

Era un día en el que acudí a una cita en el Seguro Social, con el gastroenterólogo, por una hernia hiatal que desarrolló una bacteria llamada “elicobacter pílori” y, como consecuencia, Esófago de Barret; no sé, realmente, los términos médicos, nunca me han interesado, pero en el laboratorio me dijeron que era urgente acudir con los exámenes a mi cita y lo que pasó tal vez se debió al estado de ánimo en que me encontraba por saber qué era ese diagnóstico.

Al llegar me informaron que el médico había tenido una cirugía y llegaría 3 horas más tarde, obviamente que decidí esperar y, mientras tanto llevar mi auto a verificar, de cualquier forma, no regresaría a la oficina, tampoco tuve la cita con el médico y fue mi hermano, médico, quien me explicó posteriormente.

Me encaminaba hacia donde estaba mi auto cuando fui interceptada por un hombre de, más o menos, 35 años, impecablemente vestido, elegante, que me preguntó por una oficina de abogados, yo le contesté que no sabía, que no vivía por la zona y podía preguntar en la tienda de la esquina, él respondió:

– Ya pregunté y no saben y es urgente que localice dicha oficina.

En eso pasaba una mujer de estatura baja, regordeta y sin arreglar, él la llamó y yo esperé, por curiosidad o, no sé por qué.

 – Señora ¿podría ayudarme a saber dónde está esta oficina de abogados? – (dio el nombre).

Ella le dijo que si sabía, estaba como a dos calles, sabía llegar, pero no sabía el nombre de la calle ni el número, él respondió:

– ¿Me podría guiar?, soy uruguayo y no conozco aquí – (tenía el acento) ella respondió:

– Mire, lo haría con gusto, pero soy una mujer casada, estoy embarazada y mi marido es muy celoso y acostumbra andar por estas calles, tendría yo problemas –

El agregó:

 – Yo creo que la señora (yo) nos podría acompañar y así no tendría usted problema –

Yo tenía tiempo, así que, decidí acompañarlos. El caminó delante y nosotras detrás de él. De repente, ella me dijo:

 – Esos abogados tienen muy mala reputación ¿para qué los necesitará, debo decirle? –

 Yo sugerí que sí. Ella se adelantó y le preguntó para qué necesitaba a los abogados, él contestó:

– Mire, yo sólo vine de visita a la empresa y el fin de semana compré un boleto de tómbola y el Gerente me dijo que estaba premiado con $5,000,000.00 de pesos y que él me lo podía comprar, yo no acepté y él se molestó, yo no sé nada de ésto y un compañero me sugirió ver a los abogados –

Entonces, yo le pedí que me enseñara el famoso boleto: era un billete de lotería, por lo que le dije que no era necesario ver a ningún abogado, él podía cobrarlo. Yo no sé nada de loterías y ella sugirió llamar a la Lotería Nacional para preguntar; tomó el boleto y vio al reverso un teléfono y marcó haciendo que yo hablara: Al tipo que contestó le di el número del boleto y dijo que, efectivamente, estaba premiado con dicha cantidad, pero que era el último día para cobrarlo y estaban sólo hasta la 3:00 P.M. y, al decirle que la persona era un extranjero, indicó que con su pasaporte y/o su visa podía cobrarlo; colgué y expliqué lo que tenía que hacer, a lo cual él respondió que su pasaporte y su visa los tenía el gerente y no podía pedírselos. Ella volvió a marcar y me pasó el teléfono, expliqué el problema y el tipo me dijo que podía cobrarlo teniendo dos avales que lo conocieran y demostraran ser solventes con $300,000.00, sólo con mostrarlos le pagarían el premio. No sé cómo no sospeché desde ese momento. El nos pidió el favor de hacer éso por él. Ella dijo vivir a dos calles y que no tenía efectivo, pero tenía joyas, yo agregué que con gusto le ayudaría, pero no tenía efectivo y vivía bastante lejos para ir por las joyas. Ella fue por las suyas y nos las mostró, yo dije que sentía no poder ayudarlo y entonces ella agregó: – ¿tiene tarjetas de crédito? Dije sí, bueno, puede sacar el dinero y él agregó que en cuanto cobrara su premio nos regresaría, en ese instante, todo y podría yo re-depositar; yo acepté. Fuimos los tres a cada uno de los bancos. Del primero retiré $100,000.00 y de los otros dos $12,000.00. Los tenía en mi bolsa; entonces él dijo:

 – Faltan como $35,000.00, yo traigo algo de dólares. –Ella agregó:

 – Mi hermano vive aquí cerca, se los puedo pedir -. El dijo,

 – Mire, no desconfíe, le doy los dólares y el boleto y vamos con ella por lo que falta –

Uniendo la acción a la palabra, sacó los dólares y el boleto y, sin pedirme permiso, metió su mano en mi bolso con una rapidez asombrosa (siempre lo llevo abierto) y los puso ahí. Caminamos hacia la casa del hermano y estando ya cerca, él sugirió que sería mejor que no lo viera a él para que no desconfiara y yo seguí con ella; antes de llegar a la supuesta casa, me dijo:

– Mejor quédese con él, yo veré que le invento a mi hermano para que me los preste –

Lo hice, regresé y ya no lo encontré, fui a buscarla a ella y ya no la encontré. Esperé media hora, ya preocupada de no encontrarlos. Supuestamente, en la Lotería nos esperaban a las tres de la tarde, así que me dije que, al no encontrarme, ellos podían ir ahí. Llegué a la Lotería, los esperé y nada. En la recepción expliqué y dejé mi teléfono para que me llamaran. Yo estaba realmente preocupada de tener un dinero y un boleto premiado que no eran míos. Me dirigí a mi domicilio y al llegar expliqué lo que había pasado. Mi hermana me dijo sorprendida:

– Pero ¿Qué hiciste?, dame el paquete, no es posible que hayas hecho eso. –

Lo abrió y eran ¡muchos recortes de periódico! Me timaron con más de $100,000.00. Puse mi denuncia y no pasó nada, no investigaron nada.

Esta historia es de risa loca, histérica. ¿Cómo pude ser tan confiada y estúpida? Me agarraron en mi “cuarto de hora” y, me quedé con una deuda de $112,000.00 y sin ver al médico.

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