MOISÉS ESTÉVEZ

Le asignarían protección. Esa era la idea de Erik, idea con la que su
compañera no podía estar más de acuerdo.
En cuanto llegaron a jefatura, fue Minna la que le pidió al comisario que
le pusieran a la chica un agente las veinticuatro horas. Tras oír la
argumentación de la inspectora y a tenor de los últimos acontecimientos, el jefe
de la policía de Fjälbacka no dudó ni un instante en concederle dicha
protección, convencido también de que Erika se había convertido en pieza
clave de la investigación, corriendo bastante riesgo su integridad física, por lo
que lo más razonable y conveniente ahora sería tratar su día a día de manera
excepcional.
No era descabellado pensar que el asesino querría casi con total
seguridad enmendar su posible error al dejarla con vida, pensaba el jefe Storm.
– Había dejado un cabo suelto… –

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