TINTAZUL21

 

Hace un tiempo que moría de sed. Mis labios se agrietaban cada vez que la cálida brisa les rozaba por el costado desprendiendo un poco de su piel, que se asemeja más a una corteza de árbol viejo carente de cuidados, sin brillo. De la vitalidad del ayer no les quedaba nada porque se les había negado la función para que fueron creados, me refiero a besarte.

En mi corazón reinaba la resequedad que, poco a poco, iba abriendo llagas donde antes la tierra era fértil y majestuosa. Mis lágrimas derramadas ya no servían para regarla, erosionaban el suelo muerto y se evaporaban sin dejar huella, sin asegurarme al menos la posibilidad de una lluvia cercana.

Mi percepción del mundo se había distorsionado después de tu partida: mi alrededor se volvió escenario de una novela romántica donde el paisaje siempre se pintaba de gris, los pájaros se escondían en sus nidos y enmudecían sus cantos. la naturaleza perecía entre el sofocante humo de ciudad.

Y en medio de este desierto, sin buscarlo, te encontré en el autobús. Estabas parada frente a mí con tu sonrisa carmín y tus ojos vibrantes, te fijaste en mí y te acercaste, no sé si por curiosidad o pena, para preguntar cómo sigue mi corazón. Nos pusimos al corriente con nuestras nuevas vidas, ambos seguimos solos y se nos ve aún un halo de tristeza en las pupilas…

Te convencí de ir por una cerveza, que se multiplicó por cinco, mientras crecían mis ganas de abrazarte y fundirme en tu piel. Reías a carcajadas recordando los momentos del ayer, me tomaste de la mano tiernamente y se te escapó un te extraño, casi como un susurro que intentaste ahogar con un trago, pero para tu desgracia alcancé a escuchar.

Te sostuve la mirada y apreté tu mano fuerte, enlazando mis dedos en los tuyos, me incliné hacia ti y dejé que la gravedad hiciera lo suyo. Tus labios encajaron perfecto en los míos, justo como la primera vez, con la diferencia de que eran viejos conocidos, ya no habían trucos que esconder.

En un abrir y cerrar de ojos estábamos en mi casa, enredados en las sábanas como tantos meses atrás. Tu respiración y tus gemidos se convirtieron en la única orquesta que me interesaba escuchar, la perfecta sinfonía que ascendía sus tonos conforme pasaba el tiempo en el reloj. Me bebí hasta la última gota de deseo de tu piel y tú me arrojaste toda el agua de tu fuente, rebozando de gozo mi alma vacía de ti.

Tardé en darme cuenta que fuiste mi oasis en medio del desierto, dos pesos de agua en tiempos de sequía.  Llegaste para iluminar la noche, para reavivar el fuego de esta pasión que nunca se extinguió del todo y apagarlo de manera repentina, porque después de todo siempre es un error acostarse con un ex.

https://palabrasdetodoynada.wordpress.com

 

 

2 comentarios sobre “Oasis

  1. Pingback: Blog de escritura

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s