GAMBITO DANÉS

Día 5

A la mañana siguiente Carolina no salió de su habitación hasta pasadas las once. Había desayunado incuso en ella, unas galletas cogidas de la despensa la noche anterior. Se puso unos vaqueros y un top blanco y finalmente reunió las fuerzas suficientes para enfrentarse a aquel cyber-secuestrador. Cuando llegó al terrorífico salón se encontró a su hijo en calzoncillos, con la cara desencajada y totalmente abatido.

—¡¿Hijo?! ¡¿Qué te pasa?!

Bruno temblaba y casi lloriqueaba, negando continuamente con la cabeza. La madre se sentó junto a él en el sofá y puso la cabeza del muchacho sobre su regazo. Le acariciaba el pelo mientras insistía con voz dulce:

—Cuéntame mi amor, ¿qué pasa? ¿Qué ha dicho?

—Es un monstruo mamá, ¡un monstruo!

—Vamos cariño, explícamelo. Sea lo que sea lo arreglaremos, te lo prometo.

Bruno restregaba su cara contra los formados muslos de su progenitora sin querer hablar.

—Vamos hijo…vamos.

—Lo ha cerrado todo. ¡Todo! No tenemos acceso ni a la poca comida que nos quedaba en la nevera. Dice que nos matará si no…

—¿Si no qué? Dime mi amor…dime…

El hijo empezó a subir la cabeza restregando el rostro por todo el cuerpo de su madre lentamente. Pasó por los pechos apretándola hasta llegar a la cara de Carolina y dijo:

—Dice que para que nos libere me tienes que dar un orgasmo.

Sin darle tiempo a responder empezó a besarla, mordisqueándole los labios e intentando meterle la lengua mientras se abalanzaba sobre ella. Carolina estaba completamente en shock mientras que, en cuestión de segundos, Bruno ya estaba encima haciéndola casi caerse del sofá. Seguía besándola y mientras le tocaba los pechos con las manos presionaba su falo contra su sexo, separados solo por la ropa.

—Lo siento mamá, es un monstruo, un monstruo.

Entre gimoteos seguía metiéndole mano a su propia madre ante su absoluta pasividad. Disfrutaba de su cuerpo a placer mientras seguían las lamentaciones:

—¡Es un cabrón de mierda! No podré mamá…no podré.

Pero lo que decía y lo que hacía era diametralmente opuesto. No solo manoseaba a su madre sino que ya tenía una notable erección escondida detrás del bóxer que restregaba sin pudor contra la entrepierna de la madre. No fue hasta que Bruno consiguió sacarle el top y dejar su impresionante busto cubierto solo por el fino sujetador que Carolina no volvió en sí:

—Hijo, para, ¡para! ¡¿Qué haces!?

Sin salir de encima de la madre el hijo se detuvo, mirándola con la cara más apenada que fue capaz de poner.

—Mamá, está loco. ¡Completamente loco! Ha dicho que o hacíamos lo que decía o que no solo nos tendrá en ayunas, sino que entrará mientras durmamos y clavará nuestros cuerpos en el techo con chinchetas. ¡Es un auténtico enfermo!

La doctora reflexionaba sobre aquella abominable afirmación cuando Bruno reemprendió lo que estaba haciendo, manoseándola de nuevo mientras le besaba el cuello. Colocó su mano entre los muslos de Carolina y la acarició diciendo:

—No podré, seguro que no podré. ¡Es algo horrible! ¡Es una barbaridad!

Sin ver ninguna salida, finalmente ella le abrazó con fuerza y se dejó hacer de nuevo, susurrándole:

—Tranquilo hijo, tranquilo mi amor, concéntrate.

Carolina consiguió abstraerse lo suficiente, miraba el techo mientras que con sus dedos acariciaba el cabello de su hijo que seguía disfrutando de su cuerpo. Bruno consiguió quitarle los vaqueros con un poco de su ayuda y, a continuación, agarró la goma de sus braguitas con idéntica intención. Pero la madre le detuvo.

—No, no, espera hijo, espera.

—Mamá por favor, nos matará.

—Espera cariño, espera —dijo mientras ahora era ella quién le ayudaba a quitarse los calzoncillos— Ha dicho solo que tienes que tener un orgasmo. Vamos mi vida, concéntrate. No pienses en que soy tu madre, no pienses en nada.

Le agarró el miembro y comenzó a sacudírselo sin piedad, tan nerviosa que incluso le hacía daño.

—Vamos mi amor, vamos. Imagínate que soy alguna de tus amigas.

Siguió pajeándole y con la mano libre le atrajo las suyas a sus pechos, invitándole a que siguiera manoseándola.

—Imagínate que soy una actriz que te gusta, una modelo o lo que sea —le decía mientras le masturbaba con fuerza.

Pero Bruno no le siguió el juego. Intentó dejar la mente en blanco y le tocaba ahora con desgana. Se concentró hasta tal punto que consiguió que su falo disminuyera de tamaño en la mano de su madre, a pesar de sus esmeros.

—Vamos cariño vamos, soy una puta, ¡una guarra cualquiera!

Pero el hijo demostró tener una gran fortaleza mental. Lo que más le ponía en aquel momento era su madre y sin embargo pensó en hombres, en fruta, en gordas, en cualquier cosa que le rebajara la libido. Sabía que era una ocasión única en la vida y no estaba dispuesto a desperdiciarla.

—Lo siento mamá, lo siento —mintió mientras su pene estaba casi flácido.

Carolina hizo un parón para quitarse el sujetador, animó de nuevo al chico a que siguiera jugando con sus pechos e hizo un último y fallido intento de excitarle con la mano. Empezó a bajar el ritmo de la paja agotada, hecho que Bruno interpretó como una rendición. Volvió a agarrar las bragas de su madre y esta vez sí consiguió quitárselas mientras le decía:

—Lo siento mami, lo he intentado. ¡Lo he intentado todo!

Con solo el roce del glande con el vello púbico de ella su manubrio volvió a ponerse tieso como una bayoneta, colocó la puntita en la entrada de su vagina y de un fuerte empujón la penetró.

—¡Ohh!, ¡ohh!, ¡¡ohhh!! Lo diento mamá, ¡lo siento!

Ella sintió un intenso dolor al principio pero enseguida se relajó, desapareciendo este casi por completo. En una nueva embestida su hijo se la introdujo hasta el fondo para, en seguida, empezar a mover las caderas.

—Mmm, mmm, mmm, ¡ohh!, ¡¡ohhh!!

Ahora le agarraba el culo de acero con las dos manos para sacudirle con más y más fuerza, más y más rápido. Las arremetidas eran brutales y placenteras y podía notar sus testículos rebotando contra su piel.

—¡¡Mmm!!, ¡mmm!, ¡¡mmm!!, ¡¡ohh!!, ¡¡¡ohhhhhh!!!

Bruno se la folló con ganas hasta que se dio cuenta de que estaba a punto de eyacular. Decidió ir bajando el ritmo y sacándola del interior de su progenitora le dijo:

—Mamá, ponte a cuatro patas. Hazlo por favor. Soy incapaz de conseguirlo viéndote la cara.

Aquellos días sin duda el muchacho se había matriculado con honores en el club de los mentirosos. Su madre obedeció sin rechistar, poniéndose en esa posición sobre el sofá. Cuando Bruno vio el impresionante culo de su madre en pompa justo delante de él notó como su miembro adquiría vida propia. Excitadísimo, la agarró por la cintura y volvió a penetrarla desde detrás. Por un momento incluso fantaseó con hacerlo analmente, pero decidió no tentar la suerte.

—¡Ohh!, ¡ohh!, ¡¡ohhh!! Lo diento mamá, ¡lo siento! ¡¡De verdad que lo siento!!

Las embestidas fueron tan fuertes que casi cayeron del sofá en varias ocasiones. Él se la metía hasta el fondo a cada arremetida, disfrutando de aquel divino conducto que atrapaba con fuerza y cierta estrechez toda su carne. Carolina se agarraba con fuerza al respaldo del sofá para mantener el equilibrio.

—¡¡Ohh!!, ¡¡ohh!!, mmm, ¡¡mmm!! ¡¡ohh!!, ¡¡¡oh!!!, ¡¡¡oh!!!…….¡¡¡¡ohhhh síiiiiii!!!!

Finalmente eyaculó en su interior, llenándola de su semen y alcanzando el orgasmo más salvaje de su vida. Ambos se dejaron caer, agotados. Ninguno de los dos había abierto aún la boca cuando pudieron ver las persianas de toda la casa abriéndose. El secuestro había terminado con distintas sensaciones para los dos.

—¿Mamá?

—Dime…

—Lo siento mucho.

Un comentario sobre “Fuera de cobertura (5)

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