ECONOMISTA

 

Al día siguiente en la facultad estaba sentado en uno de los pasillos junto con mi amigo Jaime, estábamos en el descanso de entre clase y clase justó en el momento en el que pasó mi hermana con dos compañeras mas. Había salido un día ya bien caluroso y eso se notaba sobre todo en el vestir de las chicas, empezaban a ir ligeritas de ropa y claro mi hermana no iba a ser manos. Pasó delante de nosotros con una falda de estas de talle alto, por debajo del ombligo y la llegaba hasta medio muslo muy ceñida a su cuerpo, era blanca con grandes cuadros negros, en la parte de arriba llevaba una camiseta negra de manga larga no muy ajustada, pero que insinuaba muy bien sus pechos y unos zapatos de tacón bastante elegantes. Jaime se quedó como siempre embobado viendo pasar a mi hermana.

 

– ¡Es una puta diosa!, ya sé que es tu hermana y que soy muy pesado, ¡pero es que no se puede estar mas buena!, ¡pagaría por verla desnuda!

 

A mi me hizo gracia el comentario de Jaime y le seguí un poco el juego.

 

– ¿Cuanto pagarías?, dije yo

– ¿Por verla desnuda?, pues no sé, lo que me pidiera…

– ¿Cuanto pagarías por ver sus tetas por ejemplo?, una foto de mi hermana en topless

– Joder, calla, calla que es pensarlo, buffffffff, pagaría 500 euros por una foto de ella así.

 

Yo sabía que Jaime hablaba en serio, era un chico que no tenía problemas de dinero y estaba seguro que estaba dispuesto a desembolsar una cantidad así por ver los pechos de Paula. Al momento se me me vinieron a la cabeza la imagen de Paula con mis corridas encima y sobre todo la de dos noches antes con la camiseta sobre sus tetazas mostrándomelas sin ningún pudor. ¿cuanto pagaría Jaime por esa foto?.

 

Paula pasó a nuestro lado y nos dijo un seco hola con gesto bastante serio, luego pasó de largo.

 

– Joder tío, parece que tu hermana está enfadada contigo, a saber que coño le habrás hecho…

 

 

Ese día llegué a casa sobre las 14,20 unos minutos antes de que lo hiciera Paula, puse la mesa y dejé la comida preparada para solo tener que calentarla para cuando ella llegara. En cuanto entró por la puerta le dije que entrara en la cocina que tenía que hablar con ella.

 

– ¿Que quieres?, me dijo

– Es que como ayer no nos vimos, no sé me gustaría hablar de lo que pasó el sábado por la noche…ya sabes en la habitación de los padres.

– ¿Y de que quieres hablar?, mira pasó lo que pasó, yo creo que ya hemos llegado bastante lejos y es mejor parar ahora y dejarlo estar, vamos a olvidarnos de todo y prefiero no volver a hablar nunca de esto…

 

Yo avancé unos metros y me puse detrás de ella.

 

– Yo es que no quiero parar, Paula me vuelves loco, es solo verte andar por la facultad y ya me excitas, lo que pasó el sábado fue la hostia, no me digas que no te gustó, ¡no te habías corrido así en tu vida!, y luego te escuché como follabas con tu novio, eso también me puso mucho, no sentí celos de él, mas bien sentí envidia de que él pueda follarte y yo no.

– Eso no va a pasar entre tu y yo. ¡jamás!, sácatelo de la cabeza, él es mi novio, dijo girándose.

– Si, pero follaste con él de lo cachonda que estabas después de que me corriera encima de ti, no me lo niegues, ¿pensabas en mi mientras follabas con él?

– No, pensaba en él.

– ¿Sabes?, me gusta que a pesar de todo lo que ha pasado entre nosotros te sigues resistiendo, sigues negándote de que estas cosas que hacemos te ponen tanto como a mi.

– Mira David, me voy a cambiar y vamos a comer y no quiero hablar de esto ni durante la comida ni nunca mas.

 

Cuando fue a salir de la cocina agarré a Paula por el brazo y me pegué a su cuerpo poniéndome detrás de ella con un fuerte abrazo.

 

– Me vuelves loco, ni te lo imaginas, no sé que me pasa contigo, ¡joder Paula no te vayas!, dije pegando la polla contra su culo.

– ¡Estate quieto David!

 

Comencé a dar besitos por su cuello y no tardé en agarrar sus dos tetazas sobre la camiseta, a Paula pareció que le flojeaban las piernas y se inclinó hacia delante para apoyarse en la mesa de la cocina, yo seguía detrás de ella manoseando su cuerpo y sin dejar que se me escapara.

 

– ¿Pero que haces David?, ¡para!, dijo ella.

– Mmmmmmmmmm, ¡¡joder que tetas!!, estaría todo el día tocándotelas…

 

Con el forcejeo de las caderas lo único que conseguía Paula es que mi miembro no dejara de frotarse contra su culo lo que hacía que se me pusiera mas dura si cabe. Y ella ya estaba notando mi polla en sus nalgas y se empezó a poner cachonda. En apenas 20 segundos de ese pequeño roce hizo que los dos nos encendiéramos casi de inmediato, mi hermana ya estaba jadeando.

 

Con esfuerzo levanté la falda que llevaba tan ajustada contra su cuerpo y aparecieron ante mi unas braguitas negras muy finas de estas tipo brasileño. Solté uno de sus pechos para acariciar por primera vez su culo por encima de la tela, no tenía nada que ver con el culito pequeño y redondo de Sofía, el de mi hermana era un poco mas grande, pero igual de duro y suave que el de mi novia. Luego me saqué la polla y se la puse entre los dos glúteos, agarré a Paula por las caderas y me froté contra ella como si me la estuviera follando desde atrás, así estuve unos segundos hasta que dí la vuelta a mi hermana para que quedara en frente de mi.

 

Su cara ya estaba sonrojada y respiraba aceleradamente, me miraba algo asustada por lo que pudiera pasar, sabiendo que todo esto ya era ajeno a su voluntad, en cuanto su hermano le ponía una mano encima se le desataban todos los infiernos de la lujuria y se abandonaba al placer. Me sacudí la polla ante ella para hacer que bajara la vista y me la viera.

 

– Vamos tócamela, ¡sé que te mueres por hacerlo!.

– No, dijo Paula jadeando

– ¿Seguro que no quieres?, ¿has visto lo dura que está?, dije comenzando a meneármela delante de ella.

 

Me detuve un momento y me acerqué a Paula para quitar su camiseta negra, ella no puso ningún impedimento, mi hermana se quedó en la cocina con tan solo el sujetador puesto y la falda arremangada en su cintura.

 

– Así mucho mejor, ¡vamos ahora quítate el sujetador!, dije reanudando mi actividad masturbatoria.

 

Esta vez Paula si que me hizo caso y ella misma se desabrochó el sujetador para después dejarlo sobre la mesa. Ahora si lució orgullosa sus dos maravillosos tetones delante de su hermanito, me pareció terriblemente fácil como había conseguido que ella lo hiciera, dos minutos antes me estaba diciendo que no quería volver a hablar de todo esto y ahora ya la tenía mostrándome sus fantásticos pechos, me lancé como un salvaje contra ellos para apretarlos con las manos, lo hacía con fuerza, quería que incluso sintiera un poco de dolor, pero con eso solo conseguía poner todavía mas cachonda a Paula que cerró los ojos y echando la cabeza hacia atrás comenzó a gemir. Luego pellizqué sus pezones, incluso le solté un par de cachetazos a sus tetas, la cara de mi hermanita era un poema, era como si estuviera ya a punto de correrse. Estuve jugando con sus tetas un buen rato y desde luego que eran muy agradecidas, nunca había visto unos pezones tan tiesos como se le pusieron a mi hermana aquel mediodía, por lo menos le debían medir 3 centímetros. Con un último manotazo hice que sus tetas se bambolearan de nuevo. Se notaba que le iba la marcha, Paula me miraba suplicante y jadeando con los ojos entreabiertos, en ese instante supe lo que deseaba.

 

– Tienes las tetas muy sensibles, ¡¡me encanta!!. ¿quieres que siga jugando con ellas?.

 

Paula afirmó con la cabeza tímidamente sin decir nada, como si la diera vergüenza.

 

– ¡Dímelo!, quiero oír como me lo pides…

– Sigue por favor, sigue tocándome, dijo casi en un gemido.

– ¿Te gusta esto?, dije azotando fuerte uno de sus pechos

– Mmmmmmmmmmmmm….

– No te oigo, ¿te gusta?, solté otra cachetada en el otro lado.

– Mmmmmmmmmmmmm…mmmmmmmmm

– ¿Quieres mas?, plassss….

– Ahhhhhhhhhhh…

– ¿Asiii?, PLASSSSSS….

– Aiiiiiiiiii….mmmmmmmmmmmmmmm….

– ¿Te gusta esto?, PLASSSSSSSSSSS.

– Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh….

 

Sus tetazas empezaban a estar enrojecidas por los azotes que estaban recibiendo, a cada palmetada sus pechos bailaban libres. Yo creo que si seguía golpeando sus pechos iba a conseguir que se corriera.

 

– ¿Nunca te habían hecho esto, verdad?

– Nooo, dijo Paula, para ya por favor, me duelen un poco.

– Esta bien, pero todavía no he terminado con ellas, quiero comértelas, ahora me apetece mucho chupar estos pezones tan duros, dije retorciéndoles con mis dedos.

 

Y sin mas me lancé a devorar aquellas dos ubres enrojecidas, me encantaba sentir sus tiesos pezones en la lengua, chupé con fuerza como si quisiera tragármelas, a la vez con las manos se las apretaba y las ponía juntas para pasar con facilidad de un pezón a otro. No dejaba de sorprenderme lo enormes y pesadas que tenía las tetas Paula y bastante duras para tener ese considerable tamaño. Paula comenzó a gemir mas alto, me apretó la cabeza contra su cuerpo y me di cuenta de que estaba a punto de correrse. ¡¡con tan solo mamar sus tetas!!. Cogí aire unos segundos y cuando tuve la boca libre antes de reanudar mi tarea le dije a Paula.

 

– ¡¡Agárrame la polla!!, venga cógemela.

 

Y guié su mano hasta ella. Esta vez si, sus dedos se cerraron sobre mi tronco y sintiendo como devoraban sus tetas y a punto de correrse ¡¡mi hermana por fin comenzó a pajearme!!. Aquella sensación de mi hermana masturbándome fue maravillosa, pero yo quería mas, ya no podía conformarme solo con eso. Sin dejar de chupar sus pechos bajé la mano hasta su coño y en un rápido movimiento aparté las braguitas a un lado.

 

Ya todo se había descontrolado, no había vuelta atrás.

 

Metí un dedo en su coño, Paula estaba tan mojada que entró con muchísima facilidad, al momento tuve que meter un segundo dedo, en cuanto sintió mis dedos jugando ahí abajo comenzó a correrse, apretando mas fuerte la cabeza contra ella obligándome a que siguiera chupando sus pezones mi hermana se corrió de pies. Un largo y brutal orgasmo en los que no dejaba de mover su cuerpo a todos lados y que comenzó con un chillido que retumbó en toda la cocina.

 

Cuando terminó Paula se quedó jadeante con la mirada perdida en un punto, trataba de recuperar la respiración y su mano seguía moviéndose sobre mi polla lentamente. Saqué los dedos de su coño y arrastré con ellos una cantidad ingente de flujos que fueron a parar al suelo de la cocina. Estaba tan mojada que parecía un grifo.

 

– ¡Joder que me has hecho!, dijo mi hermana.

– ¿Te ha gustado?, dije sin saber como interpretar aquella frase.

 

Ella dejó de mirar al infinito y de repente me miró a los ojos, parece que incluso cayó en la cuenta de que seguía con mi dura polla en la mano.

 

– ¿Quieres terminar?, me dijo Paula

– Si, quiero volver a correrme encima de ti, me gustaría que hiciéramos lo del otro día…

 

Y agarrándola por las nalgas subí a mi hermana sobre la mesa de la cocina, se abrió de piernas y se dió cuenta de que tenía las braguitas apartadas hacia un lado, me estaba mostrando el coño, ella misma se recolocó al ropa interior tapando sus intimidades y se quedó expectante a lo que quisiera hacer su hermanito.

 

– Venga ¡menéamela un poco!, ¡¡quiero que me hagas una buena paja!!

 

Paula obediente comenzó a masturbarme, era una paja a su justo ritmo, ni rápida ni lenta, me sujetaba con fuerza la polla, pero la meneaba con mucha suavidad, ella misma miraba como lo hacía sin perder detalle de mi miembro y a mi me encantaba mirar como se le bamboleaban los pechos con el movimiento de su brazo. Por cierto sus tetas presentaban muchas rojeces debido a los cachetes que habían recibido y que tanto parecían haber excitado a mi hermana, yo también era la primera vez que había azotado unos pechos, pero sin ninguna duda nos había encantando a los dos.

 

– ¡Que bien lo haces hermanita!, dije comenzando a manosear de nuevo sus tetazas mientras ella me seguía masturbando.- si sigues así no voy a tardar ya mucho en correrme.

 

Me apreté contra su cuerpo, pegando mi polla a su calientes e hinchados labios vaginales, se notaba la humedad de su coño incluso a través de la tela de la braguita, ahora Paula ya no podía masturbarme, pero no dejó de estar en contacto con mi pene, lo atrapó entre su mano y el coño y yo comencé a moverme delante y atrás. Otra vez Paula comenzó a gemir al contacto con mi cuerpo.

 

– ¡Espera un momento!, dije yo.

 

Bajé las manos y en un rápido movimiento aparté sus braguitas a un lado de nuevo, quería sentir directamente la humedad de su rajita contra mi, ¡¡aquello fue la hostia!!, su coño abrazó mi polla y no tardó en estar mojada gracias a mi hermanita. El contacto directo nos superó a los dos, un par de veces incluso noté como estuve a las puertas de entrar en ella y Paula también lo notó, incluso me dí cuenta de que lo estaba deseando, pero no me lo iba a pedir. Los dos movíamos las caderas ansiosos buscando que la casualidad hiciera que mi polla entrara dentro de ella.

 

Supe que había llegado el momento. Me iba a follar a mi hermana Paula.

 

Metí las manos entre su arrugada falda y tiré de las braguitas hacia abajo.

 

– No, eso no, dijo ella.

– Es para que no nos moleste la tela, así mucho mejor, dije volviendo a pegar mi polla contra ella.

 

Paula me recibió con las piernas abiertas y su depilado coño brillando por los jugos que soltaba, yo no dejaba de tocar sus tetas y su culo mientras nos seguíamos frotando mutuamente. Los gemidos de los dos cada vez eran mas altos y ya estábamos muy cachondos, decidí que había llegado el momento. Me agarré la polla y guiándola un poco hacia abajo entró en contacto con la entrada de su vagina, ella aumentó los gemidos mas si cabe y yo golpeé varias veces con mi miembro sobre ella, haciendo que lo deseara mas tadavía. Cuando ya no pudimos mas volví a ponerla en su entrada y con un golpe de caderas penetré a Paula.

 

– ¡¡¡¿Que haces?!!!

– Shhhhhh, calla…

 

Me retiré un poco y se la volví a meter, luego otra vez y luego otra mas, todo muy despacio. Ahora sí. Me estaba follando a Paula.

 

– David, ¿que estamos haciendo?, dijo ella con gemidos entrecortados.

– Estamos follando hermanita, ¡¡estamos follando!!.

 

Luego aumenté la velocidad y comencé a metérsela y a embestirla a buen ritmo. Paula me agarró por el cuello y se pegó contra mi pecho dejándose follar por la incestuosa polla de su hermano pequeño. La sensación de estar dentro de Paula fue acojonante, supe que con ninguna otra chica iba a experimentar ese placer y ella también lo sabía, con ningún otro iba a disfrutar nada parecido.

 

El morbo del incesto.

 

Acaricié su larga melena y apartándola un poco lamí una de sus orejas, luego su mejilla y por último su cuello, levanté la cabeza de Paula y nos miramos. Nos miramos a los ojos mientras follábamos como dos salvajes sin importarnos lo que estábamos haciendo. Me lancé contra su boca y ahora si ella me correspondió cruzando ya la última linea de lo prohibido que nos quedaba por cruzar. Nos fundimos en un sucio y guarro beso mezclando nuestras lenguas mientras no dejábamos de follar.

 

Ya todo valía.

 

– ¡¡Dime que te folle!!, dije yo, queríéndoselo oír decir a Paula, quería que me lo pidiera, ella me dio también ese gusto.

– ¡¡Fóllame, no pares!!, ¡¡vamos fóllame!!

 

Aquello estaba a punto de terminar, pero los dos sabíamos que no pasaba nada. Tan solo iba a ser la primera vez y se iba a volver a repetir muchas veces.

 

– ¡Voy a correrme Paula, voy a correrme!

 

Ella puso las manos sobre mi culo, era como si no quisiera que aquello se terminara nunca y no se la sacara de dentro, pero yo ya estaba a punto de descargar.

 

– ¡¡No pares, sigue por dios!!, ¡¡sigue, sigue!!, dijo ella.

 

Yo no pude mas y lanzándome de nuevo contra la boca de mi hermana nos fundimos en un nuevo beso justo en el momento en que comenzaba a correrme dentro de Paula, no quise avisarla ni cambiar de postura, tal y como me estaba me parecía todo perfecto para dejarme ir dentro de ella. Su coño acogió gustoso mi corrida y cuando terminamos nos seguimos morreando ansiosos. No queríamos terminar todavía.

 

Y vaya si no lo hicimos, aquel día terminamos comiendo casi a las 21.00 de la noche, durante la tarde follamos tres veces mas, así fue como empecé mi relación incestuosa con Paula, de la noche a la mañana nos convertimos en pareja, pero los dos sabíamos que era algo sucio, impúdico, repudiado por la sociedad y que siempre lo tendríamos que llevar con mucho cuidado para que nadie se enterara, ¿puede durar mucho una pareja así?.

 

¿Como iba a afectar eso a nuestra vida cotidiana?…

Un comentario sobre “Compartiendo piso con mi hermana universitaria (17)

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