ECONOMISTA

 

Terminaron las vacaciones de semana santa y Paula y yo regresamos al piso solos y reanudamos las clases en la universidad. Durante toda la semana en casa no hicimos mención a lo que iba a pasar el sábado, tan solo manteníamos una convivencia normal, como si nada pasara, pero había una especie de tensión sexual que se notaba en el ambiente, yo iba excitadísimo todo el tiempo y mi hermana por supuesto que se daba cuenta de como le mostraba mis erecciones sin cortarme un pelo.

 

El jueves por la tarde vino Sofía a estudiar a casa y estaba tan pendiente del encuentro con mi hermana el sábado que ni había caído en la cuenta de que con ella llevaba casi dos semanas sin haber hecho nada. Estuvimos estudiando un par de horas en mi habitación, con Paula en el cuarto de al lado, cuando en un descanso de estudiar Sofía se me puso mimosa y comenzó a darme besitos por el cuello.

 

– Para, para, ¿que haces?, está aquí Paula en la habitación de al lado

– ¿Y desde cuando te importa eso?, dijo Sofía sobándome el paquete por encima del pantalón de chándal.

– No podemos hacer nada, es que se lo prometí a Paula que cuando ella estuviera estudiando no íbamos a hacer nada…

– Me tienes muy abandonada, dijo Sofía dándome besitos por el cuello y la oreja y sin dejar de tocarme la polla.

– Nooooo, Sofía para, de verdad, mmmmmm, el finde quedamos y nos ponemos al día.

– ¿Y me vas a tener cachonda hasta el finde?, dijo Sofía quitándose la camiseta y quedándose tan solo en sujetador.

– Joder Sofía no me hagas esto…

 

Aquello era un suplicio para mi, intentaba poner todo tipo de excusas, pero mi novia estaba con muchas ganas de sexo. Si no hubiera quedado con Paula el sábado ya me la estaría follando, pero después de haber estado aguantando tanto tiempo sin correrme no quería estropearlo en un momento, lo que pasa es que yo también estaba cachondísimo.

 

– Espera Sofía, ¿te gustaría depilarme?

– ¿Ahora?

– Si, me gustaría que me lo hicieras…

– Me gustaría hacer mas otras cosas, pero si es lo que te apetece lo haré, dijo mi novia.

 

Salí por la casa y cogí una cuchilla, espuma de afeitar, una toalla y un recipiente de plástico con agua. Quería lucir un pubis bien rasuradito cuando me viera Paula, uno no le enseña la polla a su hermana todos los días, así incluso parecería mas grande, quería que a mi hermana le gustara lo que viera, eso me iba dar oportunidades de tener mas encuentros con ella, aunque estaba convencido de que si había accedido a dejarme hacer una paja delante de ella ese tipo de cosas iban a pasar mas veces. El caso es que regresé a la habitación y me tumbé en la cama. Sofía me sacó la polla con mucho cuidado y comenzó a echarme espuma por el pubis y los genitales. Hubiera preferido que se pusiera la camiseta, pero se quedó haciéndome el trabajo en sujetador.

 

Me encantaba la sensación de la cuchilla depilándome, Sofía me agarraba la polla con delicadeza para irla apartando a los lados mientras rasuraba, el solo contacto de la mano en mi miembro me tenía en una tensión total. Incluso mi novia se dio cuenta.

 

– Nunca te había visto así, parece que te va a explotar de un momento a otro, dijo pasando un dedo por una de las marcadas venas del tronco.

 

Luego incluso me depiló los huevos y no contenta con eso incluso se divirtió unos segundos jugueteando con uno de sus dedos en mi ano.

 

– Ha quedado muy bien, ya estás depiladito para mi, me dijo Sofía agarrándome la polla – y ahora hay que poner remedio a esto, no puedo permitir que estés tan tenso.

– No Sofía, para, no quiero que nos escuche mi hermana.

– ¿No quieres correrte?, dijo meneándomela un par de veces. – no creo que tenga que trabajar mucho, tranquilo que no vamos a hacer ruido.

– Nooooo, para, dije bruscamente apartando su mano. – venga vístete vamos a seguir estudiando.

 

Me levanté de la cama y me senté en la mesa de estudio de nuevo, dejé a mi novia en la cama que no sabía muy bien lo que pasaba. Algo enfadada se puso la camiseta y me dijo que se iba a casa. Antes de que saliera de la habitación me puse delante de ella y nos abrazamos.

 

– Lo siento Sofía, no te enfades, de verdad que el domingo quedamos y nos ponemos al día.

– Yo solo quería pasar un rato contigo, no sé que ha pasado, nunca me habías dicho que no, dijo mi princesita con una lagrima en la mejilla.

– No llores, mira el domingo te vienes a casa, me da igual si nos deja solos Paula o no, si no se va nos va a tener que escuchar follando como animales, ¿te parece bien?…

– Vale…

 

 

Y por fin llegó el sábado, me levanté con una erección de campeonato. Ya esa mañana me di cuenta del error que había cometido aguantando tantos días sin correrme, incluso estuve tentado de hacerme una buena paja, pero por otro lado pensé que no podía desperdiciar tantos libros de leche que le había estado guardando para Paula. Durante la mañana ni tan siquiera nos vimos por el piso, se quedó estudiando en su habitación. Luego comimos juntos, pero no hablamos nada, pensé que mi hermana se había echado para atrás. Mientras estaba fregando los platos de la comida se lo recordé por si acaso.

 

– Oye Paula, esta noche, ya sabes…

– ¡Hombre!, ya estabas tardando en sacar el tema, si tranquilo, esta noche haces lo que tengas que hacer y a ver si ya me dejas así tranquila.

– ¿Vas a salir con tus amigas?

– Si y con Fernando, ¿porque lo preguntas?

– No sé, para quedar a una hora luego en casa, por ejemplo, ¿que te parece si quedamos a las 4 de la mañana?

– Vale, me parece buena hora…

 

No volví a ver a mi hermana hasta esa hora. Por la tarde noche me fui al cine con Sofía, que otra vez volvió a sorprenderse de que en el cine no le hiciera nada como era costumbre y luego quedamos con los colegas. Me tomé durante la madrugada varias copas, tampoco quería ir borracho al encuentro con Paula, pero quería estar con el puntito así podría aguantar mas tiempo durante la paja con ella. Parecía que no avanzaba el reloj, se me hizo eterna la noche y tengo que reconocerlo cada vez estaba mas entre nervioso y excitado. Después de acompañar a Sofía a casa me volví al piso.

 

Cuando entré eran las 3:50, Paula todavía no había llegado y me senté a esperarla en la cocina, la cabrona llegó un poco tarde, pero llegó, serían las 4:15 cuando escuché la puerta de casa. El corazón se me puso a latir a toda velocidad.

 

En cuanto vi la ropa que llevaba puesta ya se me puso dura. Me había hecho caso en la petición del sábado pasado, aquellos vaqueros tan ajustados, la camisa de cuadros y los zapatos de tacón, entró en la cocina con sus tacones retumbando en el silencio de la madrugada. Se apoyó en la encimera y se me quedó mirando, ninguno de los dos decíamos nada, pero ella tenía un brillo especial, sin duda también se había tomado alguna copita, pero no parecía que fuera borracha.

 

– Hola

– Hola

– Pues ya estoy aquí…

– Joder Paula, estás increíble…no puedo aguantarme mas, ¿te parece bien si lo hago aquí mismo ahora?, dije comenzando a desabrocharme el pantalón.

– Espera un momento, dijo Paula, antes quiero decirte algo y además no sé también me gustaría poner unos limites, bueno unas normas o algo así…

– ¿Unas normas?, no entiendo que quieres decir…

– Si, verás, bueno lo que vamos a hacer, bueno lo que tu vas a hacer, no sé como he permito esto o que lleguemos hasta aquí, pero el caso es que lo hemos hecho, yo tengo casi mas culpa que tu, no sé si te he dado pie o que, yo creo que no, pero parte de culpa tengo porque te he dejado que te masturbes con mis fotos y no te he dicho nada, incluso me he dejado hacer alguna de esas fotos por ti y luego ya sabía para lo que las ibas a usar, he permitido que te masturbaras en mi cuarto, dos veces, tendría que haber hablado con los padres desde el inicio, haber cortado esto de raíz, pero como no lo he hecho pues nos ha llevado hasta aquí, voy a dejar que te toques delante de mi, que me mires mientras lo haces, eso sí quiero ponerte unos limites, o unas normas como lo quieras llamar, sobre todo no quiero que me toques ¿me has entendido?, por nada del mundo puedes tocarme, eso sí que ya no lo voy a permitir, y lo que te masturbes delante de mi será solo una vez, solo esta noche, luego nos olvidaremos de todo, si vuelves a sacar el tema hablaré con los padres, ¿queda claro?

– De acuerdo Paula, una cosa, no puedo tocarte, pero ¿puedo correrme encima de ti?

– Nooooo, ¿pero tu has escuchado todo lo que te he dicho? Y vas y me saltas con eso, no puedes hacerlo, ni tocarme ni acabar encima de mi, pero sobre todo si me tocas se terminó todo…

– Está bien Paula, lo he entendido, ¿podemos empezar ya?

– Cuando quieras.

 

Me puse de pies allí en la cocina a un metro de Paula y con mucha lentitud me fui quitando el pantalón, luego comencé a desabrocharme la camisa hasta que me quedé solo con el slip.

 

– ¿Vas a desnudarte?, preguntó mi hermana

– Si, ¿eso no incumple ninguna norma, no?.

 

Sin esperar su respuesta me bajé el slip y de repente apareció mi polla dura delante de ella. Me la sujeté como para mostrársela a Paula, pero parecía que a ella le daba vergüenza mirar.

 

– Mira Paula, ¿que te parece?,dije yo

 

Ella echó una rápida ojeada y creo que incluso se llegó a poner roja de la vergüenza, llevaba su larga melena hacia delante y su pelo caía por uno de los hombros casi ocultando uno de sus pechos, me quedé mirando como se la marcaba el coño en aquellos vaqueros tan ajustados y sin mas comencé a meneármela lentamente. Es muy difícil explicar la sensación de masturbarte delante de tu hermana, pero os aseguro que no había sentido nada parecido. Tenía el corazón a tope de pulsaciones y aunque me había bebido un par de copas sabía que no iba a poder aguantar mucho tiempo. Llevaba mas de 13 días sin haberme corrido y mi hermana se me ofrecía guapa y radiante para que me pajeara mirándola.

 

– ¿Te gusta mi polla?, dije siguiendo con mi lenta masturbación, – mírame, quiero que me la mires.

 

Paula volvió a mirar hacia abajo y esta vez si que aguantó mas tiempo mirando directamente como me tocaba, ella seguía de pies delante de mi con sus manos apoyadas en la encimera, su cara ya no estaba roja de la vergüenza, era mas bien como que estuviera algo sofocada, yo creo que se estaba poniendo cachonda y la prueba mas evidente eran sus pezones, se le marcaban a lo bestia a través de la camisa.

 

– Estás depilado, dijo mi hermana

– Si, me lo hizo Sofía el otro día en mi habitación, no se imaginaría que era para esto…¿queda bien verdad?, dije agarrándome con solo dos dedos para que Paula pudiera apreciar bien el trabajo que me había hecho mi novia.

 

Yo seguí luego con mi pausada masturbación, estaba de pies en frente de mi hermana que ya no se cortaba en mirar directamente como me tocaba para ella.

 

– ¿Puedes apartarte el pelo?, dije yo.

 

Paula ni tan siquiera contestó, ladeo su cabeza y con una mano y un gesto que me pareció increíblemente erótico se echó su melena hacia la espalda, ahora era como que me ofrecía mejor su cuerpo para ser visto.

 

– ¿Puedo preguntarte una cosa?, dije yo

– Dime.

– ¿Tienes los pezones duros, verdad?

 

Hizo el gesto como de intentar cubrirse con un brazo, pero aquello me pareció algo ridículo, o sea te estás mostrando para que se masturbe tu hermano y de repente te entra un ataque de pudor y te cubres el cuerpo.

 

– No te tapes, ya sé que se te ponen duros, me he fijado otras veces y te ocurre cuando estás excitada, me he dado cuenta…seguro que ahora lo estás.

– Venga termina ya, dijo Paula.

– Si solo llevo dos minutos, aunque si te digo la verdad no creo que pueda aguantar mucho mas, me he estado reservando para este momento y estoy que no puedo tocarme mucho mas rápido, de todas formas podrías ayudarme…

– ¿Ayudarte?, ni lo sueñes, no pienso tocarte, ni tu vas a tocarme a mi…

– No, tranquila, no era eso, ¿me enseñarías el sujetador?

– David no voy a desnudarme delante de ti.

– Eso no es desnudarse, es solo bueno mostrarme un poco mas de tu cuerpo, es como si te viera en biquini, en biquini te he visto muchas veces en la piscina…

 

Otra vez le hice dudar a Paula, yo creo que en el fondo se moría de ganas por enseñar el cuerpo a su hermanito pequeño que se la estaba meneando delante de ella.

 

– Si lo haces no creo que pueda aguantar mucho mas…te lo juro.

 

Aquello pareció convencer un poco más a Paula y con lentitud se empezó a desabrochar los botones de la camisa, yo tuve que dejar de masturbarme porque sino me habría corrido, ya apenas me la podía sujetar con la mano y de vez en cuando me la pegaba un par de sacudidas, tenía la polla dura e hinchada y de un momento a otro parecía que iba a reventar. Me parecieron unos segundos maravillosos mientras Paula se iba desabrochando uno a uno los botones, así hasta que llegó al último, luego se quedó parada como esperando mas peticiones por mi parte.

 

– Apártate la camisa, échatela hacia los lados.

 

Ella ya no cuestionaba nada de lo que decía, aquel pibón me ofrecía su cuerpazo cada vez mas desinhibida y seguramente cada vez mas cachonda. Se echó la camisa hacia los lados y me mostró sus enormes pechos presionados en un sujetador de encaje. No parecía un sujetador para uso cotidiano, era mas bien tipo lencería, con puntitos negros, medio transparente y con un lacito rosa en cada copa, apenas podían soportar el enorme peso de las tetazas de Paula, me pregunté si se habría puesto ese sujetador con intención de enseñármelo, ya digo que no creo que lo llevara normalmente para salir a la calle.

 

– ¡¡Vaya tetas!!, dios mio esto es la hostia, ¡¡son perfectas!!

 

Pero lo mejor era como se transparentaban sus areolas, también eran de gran tamaño y ahora si que se notaba con total claridad sus duros pezones que parecía que iban a rasgar la delicada tela. Me temblaron las piernas y no tuve mas remedio que coger una silla para sentarme. La escena tendría que ser la hostia, yo allí sentado delante de mi hermana con la polla en la mano y ella mostrándome su cuerpo con la camisa abierta.

 

Así tan cerca incluso parecía que las tetas de Paula eran mas grandes todavía, lo que me llamaba la atención era que a pesar del tamaño se mantenían bastante firmes. No cabe duda de que eran unas tetas jodidamente perfectas. Fui bajando la vista hasta su ombligo y luego me fijé en como se le insinuaban los labios vaginales en los vaqueros que llevaba super ajustados.

 

– Joder, ¡se te marca todo el coño, que pasada!, me gustaría ver como llevas la ropa interior ahí abajo, por favor Paula solo un poquito..

– ¿No decías que ya terminabas?

– Venga Paula, ya que lo mismo te da, solo un poquito.

 

Mi hermana se soltó la camisa y se desabrochó el pantalón pero sin bajárselo, se soltó tres botones y me dejó ver la parte superior de su ropa interior, las braguitas eran iguales que el sujetador, medio transparentes con un lazito rosa en medio, ¡se había puesto un conjuntito para la ocasión!, luego volvió a apartarse la camisa para mostrarme de nuevo sus pechos.

 

– Mmmmmm…son muy bonitas, ¿son braguitas o tanga?

– Son braguitas…

– Me encanta, tienes clase hasta para eso, seguro que te quedan muy bien, así transparentes, se te notará que lo llevas bien depiladito…no puedo mas, oye Paula ¿puedo tocarte?

– Te dije que no, así que venga termina.

– Pues tócate tu, por favor, tócate un poco para mi

– No pienso hacer eso.

– Por favor, aunque sea un pecho, por dios, solo un momentito, acariciate un pecho y me corro.

 

Entonces Paula volvió a sorprenderme de nuevo y con una mirada que empezaba a delatar su lujuria se agarró una teta, se apretó el pecho dos o tres veces, se lo levantó y luego lo dejo caer a plomo. No tuve que hacer mas, de repente me dio una especie de sacudida en mis huevos y supe lo que venía, ya no había vuelta atrás.

 

– Me voy a correr, joder Paula, ¡¡me voy a correr!!…

 

Me puse de pies y me acerqué a un escaso medio metro de mi hermana, me sacudí la polla con fuerza tres o cuatro veces mas y agarrándomela en un ángulo de 45 grados apunté al cuerpo de Paula, yo acababa de avisar de que lo iba a soltar todo, sin embargo ella siguió allí con la camisa abierta como ofreciéndome su cuerpo para que me corriera encima. Y efectivamente así fue.

 

Un primer disparo salió con violencia en impactó en su cuello y en medio de las tetas, Paula giró la cara como un acto reflejo para que no le diera, pero no movió nada mas, luego seguí corriéndome, otro disparo en su teta derecha, otro en su canalillo, otro en su teta izquierda, por su tripa y ombligo, menuda forma de echar leche, los últimos disparos con menos fuerza fueron a parar a sus braguitas y a su coño, cuando terminé había bañado por completo a Paula con mi corrida, excepto su cara, la imagen era de película porno.

 

Sus tetazas habían recibido 5 o 6 lefazos y estaban bastante cubiertas de semen, se escurría hacia abajo por la tela del sujetador de lencería que estaban muy mojados, de su tripa también caía leche hacia su ombligo y braguitas que también estaban húmedas de mi corrida.

 

– ¡¡Ha sido la hostia, joder que bueno!!, ¡¡dios me he corrido encima de ti!!

– ¡¡Como me has puesto!!, ¡te dije que no podías tocarme ni terminar encima de mi!

– Lo siento Paula, como estabas así con la camisa abierta y no te quitaste, te avisé de que me iba a corr…

 

Pero Paula se fue de la cocina sin decir nada mas. Se iba sujetando la camisa abierta y me quedé mirando como movía su culo y escuchando el ruido de sus tacones en la madrugada recorriendo el pasillo hasta que llegó a su habitación. Ya la había cagado otra vez, había incumplido una de las normas que mi hermana me había pedido de que me corriera encima y ella parecía que se había enfadado, pero en ese momento me pareció que ella lo estaba deseando tanto o mas que yo. Me puse a recoger un poco los restos que estaban por el suelo de la cocina y cuando limpié todo me marché a mi habitación.

 

Mientras limpiaba me di cuenta en el detalle de que Paula no se había ido al baño a limpiarse la corrida que bañaba su cuerpo y en cuanto entré a la habitación pude escucharla. No eran gemidos ahogados como otras veces, esta vez no, ¡¡sin ninguna duda se estaba masturbando!!, eran gemidos furiosos y placenteros, mi hermana se había abandonado al placer y la lujuria, ¿se estaría pajeando con mi leche encima de ella?, muy posiblemente si, al momento se me volvió a poner dura y salí hasta la puerta de su habitación.

 

Tuve serias dudas de si entrar o no en su cuarto, Paula estaba totalmente desatada y cachonda y era la oportunidad que tanto tiempo llevaba esperando, pero la imagen que no se me iba de la cabeza era a mi hermana masturbándose con mi corrida por todo su cuerpo, ¿se estaría restregando mi semen por sus tetas?, ¿habría probado mi sabor?, ¿se habría empapado la mano de semen para luego restregarse el coño con ella?, ¿estaría a cuatro patas, tumbada boca arriba, de pies con el pantalón a medio bajar?.

 

Al final no quise entrar, me conformé con volver a mi habitación y a pajearme de nuevo escuchando los jadeos de Paula, ella también parecía que llevaba tiempo sin tocarse porque nunca le había escuchado gemir así, no cabía duda de que me corriera encima de ella le había puesto fuera de si. No tardamos mucho en corrernos casi simultáneamente, dudo que mi hermana hubiera tenido un orgasmo en su vida parecido al que tuvo aquella noche, a altas horas de la madrugada la debieron de escuchar todos los vecinos.

 

Cansado me metí en la cama pensando en como tenía que ser el siguiente paso a dar en mi relación con mi hermana Paula, ya lo tenía muy cerca y ella desde luego que también lo estaba disfrutando tanto como yo aunque lo negara y constantemente se hiciera la enfadada. Pero aunque le prometí a Paula que si me dejaba masturbarme delante de ella iba a finalizar con todo esto, desde luego que no iba a ser si. De hecho era tan solo el comienzo.

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