MOISÉS ESTÉVEZ

Localizaron a los padres de W. García, no estaba casado ni tenía hijos,
por lo que esa tarde completarían la jornada comunicándole a sus familiares la
mala noticia, y de paso, con mucho tacto, hurgar un poco en la vida de aquel,
la tercera víctima hasta ahora.
Comentaba entre lágrimas la madre que García trabajaba en un
Wallgreens situado en Queens, que era buena persona y que todo el mundo en
el trabajo lo tenía en buena estima.
Resultaba extraño a bote pronto, que lo que conectaba profesionalmente
a las dos primeras víctimas, la seguridad privada, no lo hiciera con esta. García
presentaba un perfil económico y profesional más modesto, con una vida social
de andar por casa y costumbres muy corrientes.
La visita a sus padres no aportó mucho más. Estos vivían humildemente
con la pensión del marido del matrimonio octogenario. Mantenían, hasta ese
momento, una relación con su único hijo bastante unida, al que veían casi a
diario y del que se enorgullecían por su siempre actitud bondadosa. La noticia
de su muerte, como no podía ser de otra forma, cayó como una jarro de agua
fría, y en este caso, el hecho de haber sido asesinado, sumaba un
desconcierto infinito en lo más profundo de los sentimientos parentales.
La situación por tanto, no era muy proclive para hacer muchas preguntas,
por lo que Mark y Jones optaron por despedirse, reiterando su más sentido
pésame, y emplazándolos otro día para charlar un poco más tranquilos.
Querían saber algo más, si García tenía enemigos o alguien que quisiera
hacerle daño, alguien a lo mejor fuera del trabajo. Quizás el Sr. García tuviera
alguna actividad a parte de su ocupación laboral que siguiera la línea de
investigación que hasta ese momento estaba marcada por las víctimas
anteriores.
– Es posible que lo que hiciera lo llevara en secreto, sin contárselo a sus
padres. A lo mejor los técnicos encuentran algo en el portátil que había en su
apartamento. – Comentó Jones de camino al coche.
– Es posible, es más, si te digo, no me cabe la menor duda. Apostaría lo
que fuera a que sus movimientos bancarios o el listado de sus llamadas nos
dicen algo. Por cierto seguramente ya los tendremos en comisaría.

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