ECONOMISTA

Lo peor es que antes de llegar la semana santa, estábamos cenando un día en casa y mi hermana apareció con un nuevo pijama, era como una camiseta de manga larga y pantalón, pero era mas bien fino ya no tan de invierno. El caso es que el sujetador le marcaba las tetas de manera descomunal, sin embargo cuando terminábamos de cenar nos solíamos tumbar en el sofá a ver la tele. Ya os he comentado que mi sofá esta en paralelo a la tele y el de mi hermana está perpendicular, pero está un poco mas adelantada que yo por lo que la puedo mirar y ella no me ve a mi. El caso es que cuando nos tumbamos en el sofá era evidente que mi hermana se había quitado el sujetador. Sus tetones se movían descontrolados dentro de la fina camiseta del pijama y se ponía de lado era casi peor ver como oscilaba hacia abajo el peso de sus pechos.

 

Enseguida me vino la duda de si lo hacía para provocarme, no hacia mucho había hablado con ella de este tema, pero ella me lo había negado y sin embargo ahí estaba otra vez con los pechos sueltos. Pero si quisiera provocarme podría haberse quitado el sujetador mientas cenábamos en la cocina y solo lo hacía cuando se tumbaba en el sofá, podría interpretarse que ese rato que es el que tenía para desconectar para ver la tele querría estar todo lo a gusto y relajada posible.

 

No quise hacer mención a ello, pero me fue imposible no empezar a sobarme la polla por encima del pijama mientras la miraba tumbada en el sofá. Es mas se me llegó a ocurrir que si a ella le gustaba ir “suelta”, yo también iba a hacer lo mismo. Después de cenar me quitaba el calzón y me tumbaba en el sofá en plan comando. De tanto acariciarme la polla se me ponía dura mientras miraba a Paula, luego ella al rato se levantaba y se iba a la cama, no sé cuanto tiempo tardó en darse cuenta, pero lo hizo. Cuando pasaba por mi lado yo lucía una empalmada brutal bajo el pantalón que además no me cortaba ni un pelo en disimular.

 

Y ese juego se fue haciendo normal, era evidente que ella sabía que me ponía la polla dura mientras estábamos viendo la tele tumbados en el sofá, pero ninguna de los dos hacíamos ningún comentario al respecto. La rutina era siempre la misma, después de la cena y recoger, los dos nos tumbábamos en el sofá previo paso por la habitación para quitarnos la ropa interior, luego yo me sobaba la polla por encima del pijama mientras miraba las curvas del cuerpo de mi hermana, ella no me veía hacerlo, pero se lo podía imaginar y no se paraba quieta ni un momento moviendo de un lado a otro sus tetazas. Un día hasta me engaché la polla con el pijama, así hacia arriba en plan tienda de campaña, ¡era la hostia!, Paula cuando se levantó del sofá para irse a su habitación se le fue la vista sin querer a mi entrepierna, a mi casi hasta se me escapa la risa de lo morbosa de la situación. Pero ese día en vez de irse a la cama se sentó en el sofá y mirando hacia mi me dijo.

 

– Bueno me voy a ir a la cama.

 

Yo seguí viendo la tele como si nada, como si fuera lo mas normal del mundo estar con esa erección que era claramente provocativa. Estaba claro que ella me estaba mirando la polla, pero yo seguía disimulando.

 

– Oye David quería decirte que…

– Si, dime Paula, dije mirando hacia ella por primera vez.

– No, da igual…venga buenas noches.

 

Mi hermana de repente se quedó supercortada y abandonó el salón bajando la cabeza y saliendo un poco avergonzada, desde luego que ella no se esperaba que yo empezara a tener esa actitud tan descarada con ella, además antes de salir me quedé mirando como andaba y se le bamboleaban las tetazas bajo su camiseta.

 

– Por cierto Paula, te queda genial ese pijama, es super chulo…la dije antes de que saliera por la puerta del salón y ella aprovechó para echarme una última ojeada hacia mi, a la pobrecita se la tenía que ir la vista a la fuerza al paquete que yo marcaba.

 

 

Y así seguimos hasta tres semanas antes de la semana santa, donde teníamos un compromiso familiar ineludible. Un colega de mi padre nos había invitado a toda la familia a pasar un fin de semana a su nueva casa. Yo no sabía que aquel fin de semana me iba a cambiar la vida para siempre.

 

El amigo de mi padre era también arquitecto, Gonzalo tenía 52 años y se conocían desde la facultad, la única diferencia es que a él le habían salido varios trabajos en Abu Dabi y Dubai entre otros sitios y había ganado una cantidad indecente de dinero. Se había construido una enorme casa modular, que parecía una mansión de Hollywood, 12 habitaciones, cristaleras enormes, piscina exterior, piscina interior climatizada y jacuzzi, gimnasio, sala de cine, un enorme garaje…y si la casa era impresionante que decir de su mujer Carmen, una sevillana de 45 años, bien podría ser por su belleza una presentadora de televisión, ademas era dermatóloga, era toda una mujer de bandera, casi 1,75 con unos ojos azules algo separados que le hacían una cara peculiar, muy guapa y morbosa, melena rubia y por si fuera poco tenía un señor cuerpazo a su edad, con unas tetas bien puestas y un culo que parecía duro y firme como una chica de 20 años.

 

No sé que le daría mas envidia a mi padre , al que tampoco le había ido nada mal, con respecto a Gonzalo, si la casa que se había construido o su preciosa mujer 7 años mas joven que él. Ese día descubrí que para ser un triunfador en la vida no es necesario ganar todo el dinero del mundo, solo basta con tener al lado un bellezón como Carmen, que mujer, que clase, que curvas, uffffff, era morbo en movimiento esa señora. Ni me imagino lo que tenía que ser poder follarse a semejante hembra o una mamada de esa milf mirándote directamente a los ojos, solo de pensarlo se me puso dura.

 

Después de enseñarnos toda la casa y asignarnos una habitación para cada uno en una de las alas de invitados de la casa, estábamos todos en el jardín cuando escuchamos un ruido de moto.

 

– Creo que ha llegado “tu novia”, dijo Gonzalo dándome una palmadita en la espalda y poniéndose de pies.

 

En ese momento no entendí la broma y menos cuando todos rieron incluida mi hermana Paula, fue mi madre la que me explicó la gracia según nos dirigíamos hacia el porche.

 

– Cuando erais pequeños siempre estabais juntos y tu la cogías de la mano y decías que era tu novia, estabas todo el rato diciendo que te querías casar con Valeria…

 

Como habréis adivinado, efectivamente Valeria era la hija de Gonzalo y Carmen, me vinieron a la memoria las fotos que teníamos por casa y que ya no recordaba. En ella estaban dos chiquillos de 4 y 2 años jugueteando en el parque y en casa de mis padres, éramos ella y yo, también recordaba otra foto en el que estábamos los tres, mi hermana con 10 años, yo con 7 y Valeria con 5, juntos en un banco, luego ya por los continuos viajes de Gonzalo perdimos el contacto con ellos y hasta ese día.

 

Valeria se bajó de la moto y aquello fue como un anuncio de la tele cuando lo ponen a cámara lenta, se quitó el casco y onduló su larguísima melena rubia. A sus 17 años era un pibón espectacular, mediría sobre 1,72, unos ojos como los de su madre, azules y algo separados, junto con una boca grande y dientes perfectos le daban una belleza muy singular, era como si no pudieras dejar de mirar esa cara. Pero el cuerpo no se le quedaba atrás, los pechos parecían normales, pero tenía un culo casi perfecto y lo que mas llamaba la atención eran sus largas piernas, perfectamente esculpidas, ni delgadas ni estrechas, unas kilométricas piernas de top model, llevaba unos vaqueros blancos con dos rotos, uno en cada rodilla y deportivas negras, arriba una camiseta y cazadora de cuero negro.

 

La niña de las fotos se había convertido en una jodida diosa de 17 años. Me enamoré al instante.

 

Por si fuera poco además era lista, no iba a seguir los pasos de su padre, sino los de su madre, al año siguiente iba a empezar a estudiar la carrera de medicina, nos saludó con el acento sevillano y nos dio dos besos a cada uno. Nos hizo unas pequeñas preguntas de cortesía sobre el viaje y la casa, que que nos parecía, cosas de esas y luego se fue a su habitación. La primera impresión que tuve de ella fue inmejorable, hasta mi hermana se dio cuenta de como miraba a Valeria.

 

– Cuando te acuerdes cierra la boca si es que puedes, dijo Paula.

 

Después comimos todos juntos, yo seguía mirando a Valeria, sus gestos, como comía, como miraba, sus brazos llenos de pulseras, como se reía. Gonzalo y Carmen nos dijeron que por la noche nos invitaban a cenar y que por la tarde podíamos usar la parte de la casa que quisiéramos, la piscina o el jacuzzi, cine…

 

– Oye, después de cenar me llevo a Paula y David a tomar una copilla por Sevilla, dijo Valeria, he quedado con mis amigos.

– No te molestes, dijo Paula

– Que no es molestia, ya verás como lo pasamos de bien.

 

Cuando terminamos de comer pregunté a Paula que porqué no quería salir a tomar algo después de cenar.

 

– No sé, no me apetece mucho salir luego con unos críos de 17 años, que serán unos pijos como ésta, pero seguro que tu si que quieres ir, no has dejado de mirarla todo el rato ¿te gusta, verdad?, se te nota mucho.

– ¿Y a quien no le gustaría esa tía?, ¡es muy guapa!

– La veo un poco cría para ti, dijo Paula

– Uyy, parece que estás un poco celosa, claro ahora lo entiendo ¿sabes lo que te pasa?, que estás acostumbrada a ser la mas guapa en todos los sitios, que la gente esté pendiente de ti y con Valeria sabes que se van a fijar en ella.

– Anda deja de decir bobadas hermanito, tranquilo que saldré con vosotros a tomar esa copa, además alguien te tiene que vigilar…no sea que hagas una tontería…

– Ya me gustaría hacer una tontería con Valeria.

– Sois todos iguales, no podéis pensar con otra cosa…en fin…que me voy a dormir una siesta y luego puede que baje a nadar un rato, ¿te apetece?

– Me parece bien Paula, a las 18.00 nos vemos en la piscina.

 

Dejé a mi hermana y me fui a la habitación intentando hacer un análisis de todo lo que había pasado. Era inevitable que me empezara a poner cachondo, me ponían mucho tanto Valeria como su madre, vaya dos zorras, que buenas estaban y en un rato iba a compartir piscina privada con Paula, la sola idea de pasar la tarde con ella en bañador me ponía nervioso. Pero me inquietaba el comportamiento de mi hermana con Valeria, a mi no me había parecido mala chica, se había comportado con nosotros muy correctamente y no entendía la animadversión de Paula hacia ella, era como si tuviera celos de que yo le prestara mas atención a aquella chiquilla que a ella. Me pareció una baza muy interesante para poder jugar con mi hermana en un futuro.

 

Al levantarme de la siesta me puse el bañador y me bajé a la piscina interior, no era muy grande, de unos 10 metros o así de larga, justo al lado tenía también un jacuzzi con burbujas de buenas dimensiones. Cuando llegué no había llegado Paula así que me metí al agua y me estuve haciendo unos largos. Al poquito llegó mi hermana, iba con un pantalón de chándal gris y sudadera con capucha, comenzó a desvestirse y se quedó en biquini. Era negro de estos que se anudan por los lados la braguita y por la espalda el sujetador.

 

De camino a las escaleras no pude evitar fijarme en su tremendo cuerpo lleno de curvas, desde luego que lo que mas destacaban eran sus tetazas, no es que el biquini le quedara pequeño, posiblemente fuera su talla, pero sus inmensos pechos sobresalían por todos lados, era una pasada ver como se movían de camino al agua, joder aquellas tetas me volvían loco y Paula lo sabía. Tampoco estaba nada mal de culo, se notaban sus horas de spinning, era un culo bien puesto en su sitio y a sus 22 años seguía sin rastro de celulitis, incluso la braguita se le metía un poquito entre las nalgas, pero en ese aspecto tengo que reconocer que me gustaba mas el culito redondo y perfecto de mi novia Sofía, aunque ya digo que el de Paula tampoco estaba nada mal.

 

Estuvo nadando un rato y luego nos metimos en el jacuzzi uno frente al otro, la imagen de Paula con su larga melena empapada y el agua que justo le llegaba a la altura de los pechos era muy morbosa, nos mirábamos de vez en cuando sin decirnos nada. En ese momento se me pasó por la cabeza frotarme la polla por encima del bañador, pero no quería que Paula se diera cuenta y desistí de la idea, eso si ya con estar metido con mi hermana en el mismo jacuzzi de agua caliente hizo que sin querer se me fuera poniendo dura. Al cabo de unos minutos tenía el rabo rígido como una barra de acero.

 

Menudo día llevaba, se me iba acumulando poco a poco la excitación y ya a esas alturas de la tarde iba con unas ganas de descargar tremendas.

 

– Que tranquilidad, dijo Paula cerrando los ojos, yo quiero tener uno de estos en casa.

– La verdad es que se está de maravilla aquí, ¡oyes que te duermes!, dije salpicando la cara de Paula con el agua del jacuzzi.

– No me salpiques, dijo Paula echándome agua ahora ella a mi.

 

Y a lo tonto comenzamos a jugar los dos con el agua, echándola el uno al otro a la cara, me desplacé hasta la mitad del jacuzzi y Paula también se acerco hasta que empezamos a forcejear agarrándonos del cuello como cuando éramos niños y tirándonos el agua por el rostro, aunque parecía un juego inocente no desaproveché para agarrar a mi hermana por las cintura y como el que no quiere la cosa intentar rozar sus tetas con la mano. Paula enseguida puso fin al juego mientras nos reíamos los dos, habían sido unos segundos maravillosos en los que había conseguido frotar mi erecta polla contra sus muslos y su cuerpo varias veces.

 

– Bueno voy a nadar otros 10 minutos y ya me voy a la ducha, dijo Paula.

 

Yo en ese momento dudé que hacer, si salía a la vez que ella del jacuzzi iba a lucir una empalmada de campeonato, pero tampoco me importaba mucho, las últimas semanas en casa no había tenido ningún pudor en mostrar mis erecciones a Paula y eso me daba un morbo terrible, era un tipo de exhibicionismo incestuoso que me ponía cachondísimo porque aunque era evidente que lo hacía para provocar a mi hermana ella tampoco podía acusarme de que estuviera haciendo nada malo o que la estuviera acosando o molestando o algo por el estilo. Total que tras dudar unos breves segundos me puse de pies y salí del jacuzzi.

 

– Yo me voy a duchar ya, dije.

 

Os podéis imaginar como se me marcaba la erección a través del bañador mojado, con mucha parsimonia me metí bajo la ducha que estaba pegada a la piscina sin dejar de mirar a Paula en un claro desafío hacia ella. Ella se sentó en un borde de la piscina y se empezó a escurrir el pelo mirando de vez en cuando hacia donde estaba yo, cuando terminé la ducha cogí la toalla y me empecé a secar el pelo tapándome la cabeza y poniéndome de perfil a la altura de Paula en otro claro gesto de provocación y exhibicionismo escandaloso, los dos estábamos en un tenso silencio sin hablarnos nada, o ante la situación mas bien sin saber que decir. Si hubiera entrado alguien en ese momento me hubiera tenido que tapar mis partes con la toalla, pero estando a solas con Paula no quise hacerlo, tenía que mostrarla en que estado de calentura me ponía.

 

Caminé hacia la puerta, ahora era mi polla la que bailaba a cada paso bajo mis bermudas, me seguía secando el pelo como si tal cosa y al pasar al lado de Paula golpeé su hombro en un intento de gesto cómplice hacia mi hermana que seguía en una especie de estado de aturdimiento.

 

Cuando llegué a la habitación todavía me duraba el calentón, me estuve meneando la polla un rato y a punto estuve de salpicar de leche el lujoso cuarto de invitados, pero todavía no lo quería hacer. Me esperaba una noche larga, entre la cena con mis padres y la familia de Gonzalo y luego salir a tomar alguna copa con Valeria.

 

Llegamos al restaurante para cenar y casualmente mi hermana se sentó al lado de Valeria justo enfrente de mi y aunque las dos iban espectaculares puedo decir que es de las pocas veces que una chica ha eclipsado la belleza de mi hermana. Paula llevaba un vaquero azul desgastado muy pegado a su cuerpo junto con un polo azul clarito, iba bien, pero claro Valeria su lado llevaba unos pantalones de cuero también muy ajustados y una camisa blanca metida por dentro, por lo que iba marcando culito a lo bestia, solo faltaban unos botines con algo de tacón con los que todavía ganaba mas altura. Estaba tremenda aquella niña.

 

Si comparaba a las dos desde luego que eran dos estilos distintos, mi hermana ya con 22 años se notaba que estaba como mas hecha por así decirlo, Valeria era mas cría, mas alta, con un cuerpo de modelo y mi hermana con su 1,65, curvas mucho mas marcadas. Eso si, las dos tenían el pelo súper largo y muy bien cuidado, Paula morena y Valeria rubia y de cara mi hermana era guapísima, una rostro casi perfecto, sin embargo Valeria tenía otro tipo de belleza, un rastro mas exótico, ojos muy separados, labios grandes, no era una cara corriente pero era atractiva, pero no podía dejar de mirarla.

 

Terminamos de cenar y Valeria nos llevó junto a sus amigos a los que no fue presentando, una pandilla de chiquillos de entre 17 y 18 años a los que mi hermana calificó después como una panda de hijos de papá, me sorprendió que me dijera eso Paula, porque seguramente es lo que pensarían en la facultad de nosotros la mayoría de alumnos.

 

Nos sentamos en una terracita a tomar algo y empecé a darme cuenta como que Valeria cuchicheaba con un par de amigas y me miraban y luego se reían. Luego al entrar al bar directamente se vino a hablar conmigo, no recuerdo de que intrascendente cosa hablamos, pero notaba a aquella zorrita de 17 años como se me pegaba al hablar y empezó a tontear descaradamente. Yo de vez en cuando miraba a mi hermana que estaba mas bien sola y me miraba como diciéndome que a vez si nos íbamos de una vez para casa, pero yo me lo estaba pasando de puta madre y mas teniendo a Valeria a mi lado. Casi con el solo contacto de su cuerpo hizo que mi polla se hinchara bajo los pantalones.

 

Ya no era la perfecta hijita educada tal y como se mostraba delante de sus padres, ahora estaba mucho mas desinhibida y se notaba que era la líder dentro de su grupito de amigos. No había duda de que toda su vida había estado acostumbrada a que se hiciera lo que ella pedía.

 

Yo no era tonto y la seguía el juego, si ella se pegaba a mi yo también lo hacia, incluso la sujeté varias veces de la cintura para decirla algo cosa al oído, cuando ella dijo de ir a otro sitio todos asintieron sin dudar y ella me agarró de la mano y salio delante de mi como si fuera mi novia, bien agarraditos.

 

Dijeron de ir a otro bar y por el camino quise hablar un poco con mi hermana Paula a la que tenía abandonada.

 

– Oye David, tomamos la última y yo me voy ya para casa, tu si quieres quédate.

– No Paula, como te vas a ir tu sola en el taxi, venga disfruta un poco que no salimos por Sevilla todos los días.

– No pinto nada con estos chiquillos, es que no sé ni de que hablar con ellos y tu estás todo el rato con Valeria, ya veo que te lo estás pasando bien.

– Otra vez te me pones celosilla hermanita, dije en bromas agarrándola por la cintura, bueno si te vas a poner así ahora me quedo contigo.

– Haz lo que quieras, pero acuérdate que tienes una novia, por cierto…

– ¿Y eso que tiene que ver?, que yo sepa no he hecho nada con Valeria

– Todavía…pero como sigáis así

– No creo que pase nada, dije yo

– Mira esa chica está acostumbrada a tener lo que quiere y que todos la bailen el agua, si quiere tema contigo, que parece que si, creo que tu vas a caer.

– Bueno eso ya es cosa mía, ya soy mayorcito…

– Tu mismo, dijo Paula visiblemente molesta quitando mis manos de su cintura.

 

Y es que además no le faltaba razón a mi hermana, en cuanto entramos al siguiente bar Valeria no tardó en arrinconarme contra la barra y yo entre las copas, la música, el calentón que llevaba todo el día y lo cachondo que me ponía esa zorra marcando su culazo de 17 añitos en los pantalones de cuero entré en su juego.

 

Cuando me quise dar cuenta nos estábamos morreando contra una pared apartados del resto del grupo, pero Valeria me frenaba, nos dábamos un muerdo y ella me paraba y hablábamos un poquito y luego nos reíamos y así, luego otro muerdo, los dos abrazaditos, pegados nuestros cuerpos, nos íbamos besando de vez en cuando, yo bajé un par de veces la mano para tantear su culo, pero ella enseguida me la recogía y se la subía hasta la espalda.

 

Así estuvimos un buen rato hasta que dijeron de ir a otro bar, al salir mi hermana Paula me dijo que se iba para casa y yo a pesar de lo cachondo que iba y que quería seguir con Valeria enrollándome no quería que se cogiera el taxi sola y al final le dije que yo también me iba.

 

– No me parece bien lo que le estás haciendo a Sofía, me dijo Paula

– Solo han sido unos besos, tampoco creo que sea para tanto…

– No lo será para ti, te recuerdo que yo no sigo con mi novio porque se dio “solo unos besos”, como dices tu…

 

Rápidamente nos interrumpió la conversación Valeria.

 

– Oye que si os vais para casa yo me voy con vosotros.

 

Así que nos volvimos los tres en el taxi, íbamos detrás y yo sentado en el medio entre aquellas dos pedazo de mujeres, no tardó Valeria en levantar la pierna y poner su muslo sobre el mío, menuda tortura de viaje a casa, me agarró de la mano y nos fuimos acariciando los dedos mientras movía juguetona el pie de la pierna que tenía sobre mi, lo balanceaba delante y atrás en actitud infantil, pero no pasó desapercibido para Paula que ella había puesto su pierna sobre la mía.

 

Está de mas decirlo, pero esta claro que estuve empalmado el trayecto hasta la casa de sus padres.

 

Tengo que reconocer que iba un poquito nervioso ante la posibilidad de follarme a Valeria, con el añadido de hacerlo en casa de sus padres, con ellos en alguna habitación cerca y estando mis progenitores y mi hermana también en la vivienda. Al entrar en la casa mi hermana dijo que se iba a dormir y Valeria me cogió de la mano y me llevó a una pequeña sala que estaba a la entrada. Me acarició suavemente la nuca y luego me dio un beso en la boca.

 

– ¿Te subes a mi cuarto?, dijo ella con voz melosa pegándose a mi.

 

Yo por supuesto que quería hacerlo, ¿quien en su sano juicio no querría follarse a esa jodida diosa?, pero algo en mi me decía que no debía, que aquello no estaba bien, argumenté tímidamente una excusa que ni me creía yo mismo.

 

– Tengo novia Valeria, esto no está bien…

– Shhhhhh, dijo ella poniendo su dedo sobre mi boca para luego poner sus labios contra los míos en un morreo salvaje y desesperado,- ¿de verdad no te apetece subir?.

 

Me cogió de las manos y las puso sobre su culo, eso que había estado anhelando toda la noche allí lo tenía, estábamos de pies, medio a oscuras y empecé a sobar su culito a dos manos con ganas por encima del pantalón. Ella se había pegado a mi y tenía las manos sobre mis hombros acariciándome el cuello y las orejas, dejándose hacer, gimiendo muy bajito. Ya me tenía a su merced.

 

– No Valeria, para para para…no puedo seguir con esto, dije separándome y dejándome caer en una silla que estaba a nuestro lado.

 

Ella abrió las piernas y se me sentó encima y se frotó contra mi polla en un movimiento pélvico muy suave como si estuviéramos follando. Que se me pusiera encima con esos pantalones de cuero negros me calentó un poquito mas si cabe, aunque tengo que reconocer que ya estaba al limite. No estuvo mucho tiempo porque con unos segundos mas me hubiera corrido en los pantalones. Se puso de pies con una sonrisa que parecía dibujada por el mismísimo diablo, se dio la vuelta mostrándome de nuevo su perfecto culo y me dijo.

 

– Te espero en mi habitación, no tardes…

 

Me quedé sentado intentando recuperar la respiración, durante un par de minutos no me quise ni mover ni pensar en nada, yo creo que mas que nada porque sentía que incluso con cualquier pensamiento con Valeria podría hacer que me corriera sin tan siquiera tocármela. Entonces caí en la cuenta en el estado de excitación en el que me encontraba, así era imposible tener una mínima relación aquella zorra de 17 años. En cuanto entrara por la puerta de su habitación y ella me pusiera la mano encima me iba a correr irremediablemente.

 

No podía terminar así el día, de esa manera no, llevaba un calentón tremendo acumulado y tenía que correrme antes de acostarme, pero no quería hacerlo en manos de esa niñata, no quería que ella jugara conmigo y se saliera con la suya. Entonces decidí jugármela, en el estado de excitación en el que me encontraba y con un par de copas encima me ayudaron a subir las escaleras en dirección a mi habitación, pero no fui a mi cuarto, iba a la puerta de al lado.

 

Me puse delante de la habitación de mi hermana Paula.

 

Con el corazón latiendo a toda velocidad toqué en la puerta muy tímidamente para que no nos oyeran mis padres que estaban a 5 metros, Paula se asomó extrañada y al ver que era yo me dijo que que quería.

 

– ¿Puedo pasar?, dije yo…

 

Ni tan siquiera me contestó, tan solo dejó la puerta abierta en una clara invitación y ella se metió en el cuarto de baño de su habitación. Llevaba puesto el pijama blanco que tanto me ponía, aquel que se ponía en casa, ya he dicho que la parte de arriba es como una camiseta normal, pero de manga larga, en cuanto vi como se dirigía hacia el baño me di cuenta de que no llevaba sujetador.

 

Sus tetazas se bambolearon salvajamente bajo la tela. Y mi polla palpitó de nuevo.

 

Se puso delante del espejo y cogió un disco de estos de algodón para desmaquillarse la cara, yo tembloroso entré al baño y me situé detrás de ella, podíamos mirarnos a la cara a través del cristal.

 

– No he hecho nada con Valeria…

– No me interesa David, como me has dicho antes es cosa tuya, “ya eres mayorcito”, dijo Paula desmaquillándose los ojos.

– Vale, solo quería que lo supieras, te pido disculpas si antes he estado borde contigo, no quería hablarte así, sé que me lo decías para que no metiera la pata…

– Acepto las disculpas, no quería decirte lo que tienes que hacer, es solo que…bueno con Sofía estás muy bien y no quería que lo estropearas todo por un calentón…

– No si ya lo sé, al final no sé ni como me he resistido, pero vamos que me he quedado con el calentón, jajaja.

– Bueno, eso ya es cosa tuya…

– ¿Sabes que me ha dicho Valeria que si subía a su habitación?

– No pierde el tiempo la chica…dijo Paula.

– ¿Y sabes porque no he subido?

– Pues hombre, me imagino que por respeto o fidelidad o llámalo como quieras hacia tu novia…

– Puede ser, pero…yo creo que ha sido por otra razón, mira ahora cuando nos hemos quedado solos abajo casi la cago, se me ha puesto encima y la he tenido que decir que se parara que no iba a hacer nada con ella, aunque ha insistido que me esperaba en su habitación, me ha puesto que bueno…ya te imaginarás…tengo que reconocerte que nunca había visto una chica tan guapa y que me pusiera tantísimo como Valeria, ya te digo yo que casi todos los tíos que tuvieran la oportunidad que he tenido yo ahora mismo se estarían.foll…bueno ya sabes, estarían en la habitación con Valeria.

– Vale, ya me ha quedado claro, que te gusta mucho y que te pone…pues haber subido, no sé que haces aquí contándome todo esto…

– Pues claro que lo sabes Paula…

– Pues no, no lo sé, no sé donde quieres ir a parar…

– Si que sabes donde quiero ir a parar, dije yo, – podría estar con el mayor pibón que he visto jamás, pero estoy aquí contigo Paula, mira hay cosas que no se pueden explicar o mas bien diría que no se pueden controlar, puedo asegurarte que pocas tías hay que estén mas buenas que Valeria, pero contigo…contigo no sé que me pasa, por ejemplo antes en la piscina, es solo verte en bañador y prefiero esa sensación a cualquier otra cosa, ese morbo de..ya sabes lo que me ha pasado en el jacuzzi contigo, que se me pusiera así…eso sé que no lo voy a experimentar con ninguna otra…

– No quiero seguir escuchándote David, vete a tu habitación por favor…

– Mira Paula, puedes seguir haciendo como que no pasa nada entre nosotros, pero si que pasa y lo sabes…

– Entre nosotros no pasa nada, ni ha pasado ni pasará, ¿cuantas veces tengo que decírtelo?, dijo mi hermana dándose la vuelta para quedarse frente a mi.

– Claro que pasa, ¿o me quieres decir que antes no te has dado cuenta de como me has puesto en el jacuzzi?

– Como te pongas tu no es mi problema David y ahora sal, no te lo voy a decir mas veces, dijo Paula volviéndose a girar y dándome la espalda para seguir con su tarea frente al espejo

– Muy bien, tu sigue haciendo como que no pasa nada, pero te estoy diciendo que prefiero estar ahora aquí contigo que follando con Valeria, ¿para ti eso es normal?

– Pues claro que no, soy tu hermana, tendrías que estar pensando en otras chicas ¿que culpa tengo yo de te que falle algo en la cabeza?.

– Yo estoy perfectamente, pero no puedo quitarme de la cabeza tu cuerpo, tu cuerpo en biquini, esta tarde me has vuelto loco, ya lo has visto y ahora…buffff ahora te veo con ese pijama, que no llevas nada debajo…como se te mueven las tetas…

 

Me quedé en completo silencio. Lo siguiente que se escuchó en el baño fueron los tres botones de mi pantalón desabrochándose. Mi hermana también lo escuchó y de repente se quedó parada, apoyó las manos sobre el lavabo y dejó su vista fija en el espejo como si estuviera pensando que decir. Enseguida salió del trance.

 

– Estate quieto David, no hagas nada…

– Tu no tienes que hacer nada Paula, te lo pido por favor, llevo todo el día aguantándome, pero ya no puedo mas, tu si quieres sigue como si no estuviera aquí.

 

Sin embargo Paula seguía como paralizada con las dos manos sobre el lavabo y yo a medio metro escaso detrás de ella. Me había desabrochado los pantalones y sin bajármelos nada tan solo los abrí lo justo para que asomara mi paquete en un calzoncillo de color negro. Me agarré la polla por encima del calzón y apreté muy despacio comenzando a sobarme delante de mi hermana, de nuevo había conseguido lograr pajearme junto a Paula.

 

Sabía que aquello no iba a durar demasiado, la tensión acumulada durante todo el día iba a hacer que explotara de un momento a otro, mi hermana y yo estábamos en silencio, lo único que se escuchaba era el roce de mi mano contra mi abultado paquete.

 

– ¿Puedo sacármela?, dije en un gemido bajito a escasos centímetros de su oído.

– Ni se te ocurra, eso si que no David, ni se te ocurra hacer eso…

 

Pero yo apunto de correrme y con casi mi nariz pegada a el pelo de mi hermana aspirando su olor ya no era dueño de mis actos. Me fijé de nuevo en como los pezones de Paula se habían puesto duros en tan solo unos segundos, no cabía duda de que ella también estaba muy cachonda con la situación y no podía disimular el bultito bajo la tela de su pijama, entonces lo hice, liberé mi polla del encierro y la cogí con mi mano. Estaba muy dura y desprendía un calor que me encendían los dedos, se me marcaban las venas del tronco como si estuviera a punto de explotar.

 

Me pegué un poco mas a mi hermana hasta casi ponerme detrás de su culo, me puse tan cerca mientras me la meneaba que sin querer rocé con mi capullo contra uno de sus glúteos a la vez que seguía oliendo su pelo. La cara de mi hermana se había sonrojado y ella seguía quieta esperando posiblemente a que terminara todo aquello, pero yo estaba fuera de mi y quería mas, no quería quedarme con la duda de hasta donde podría haberme quedado, quería llegar a lo máximo que me permitiera Paula.

 

A punto de correrme pasé mi mano libre por delante del cuerpo de mi hermana y agarré uno de sus inmensos pechos por encima del pijama, fue una sensación acojonante, yo creo que sobre la palma de la mano las tetas de mi hermana eran todavía mas grandes y pesadas de lo que me las había imaginado, incluso llegué a rozar uno de sus tiesos pezones, pero al tocarla ella pareció despertar del trance en el que se encontraba, se apartó rápidamente cogiéndome la mano y echándose a un lado, abrió la boca en señal de sorpresa al encontrarme con el miembro al descubierto y me miró horrorizada la polla como si hubiera visto al mismísimo diablo.

 

– ¡¡¡¿Pero que coño haces?!!!

 

Justo en ese momento quedé frente al espejo del lavabo y comencé a eyacular soltando la tensión acumulada durante todo el día.

 

– ¡¡Me corro Paula!!, ¡¡mírame!!,¡¡mira como me corro, mira como me corro!!

 

No exagero si digo que los disparos de semen salieron hacia delante por lo menos a dos metros de distancia estrellándose violentamente contra el espejo del baño en una apoteósica corrida, varias ráfagas de leche decoraron el cristal en varias direcciones mientras miraba a mi hermana reflejada en el espejo, se encontraba a mi lado y la veía de perfil como se la marcaba la silueta de uno de sus pechos y se tapaba la boca sin perder detalle de mi maravillosa corrida. Yo me dejé caer sobre el lavabo como si me hubiera quedado sin fuerzas y Paula salió del baño en ese momento.

 

Con toda la tranquilidad del mundo limpié todo el estropicio y luego salí de la habitación de mi hermana sabiendo que lo que acababa de pasar iba a volver a repetirse. Me despedí de ella, aunque no me hizo caso, se quedó sentada en la cama sin decir nada y mirando el móvil como si yo no estuviera.

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