LOIS SANS
Martina y Valeria
Estoy despierta, pero no puedo abrir los ojos, es como si tuviera los párpados
enganchados con pegamento. No consigo moverme, los brazos y las piernas me pesan
toneladas. Mi cabeza está a punto de estallar, un martilleo constante me está taladrando
la nuca.
Con esfuerzo, muevo los dedos buscando la suavidad de las sábanas, sin embargo, noto
frío y dureza. Asustada y con mucha voluntad abro los ojos, buscando un entorno
familiar, pero me doy cuenta que estoy estirada en el suelo de unos lavabos públicos.
Miro al frente, en un rincón, veo a una niña llorando junto a una señora mayor que hablapor el móvil.
A mi lado hay una chica con una herida en la tripa, parece que sangra. También hay un
cuchillo manchado.
Aterrada, intento levantarme. Estoy mareada y tengo ganas de vomitar. Cuando logro
ponerme de pie, me miro al espejo intentando recordar quién soy y qué hago aquí.
Claro, soy Martina, tengo dieciséis años, voy al Instituto Amistad, tengo un hermano de
veinte años que estudia Derecho y mis padres se separaron cuando yo era una mocosa
de cuatro años. La chica herida es Valeria, mi mejor amiga, pero… No sé qué ha
pasado, no recuerdo, estoy segura de que yo no he sido.
Me toco la nuca, tengo una herida que sangra un poco, me duele mucho. La lavo con
agua.
Se oyen sirenas, cada vez más cerca, no puedo esperar. Miro a Valeria, me miro al
espejo y salgo corriendo.
Mientras subo por las escaleras mecánicas, veo entrar, por la puerta principal, varios
policías que abren paso a los camilleros, se dirigen a toda prisa hacia los lavabos.
Cuando llego al piso de arriba, entro en una tienda de ropa abarrotada de adolescentes
que buscan el conjunto perfecto; cojo una camiseta de una estantería y me dirijo a los
probadores.
Hay cola, pero aprovecho que unas chicas se están peleando para colarme. Me escurro
hasta una de esas cortinas con un gran espejo. Meto la mano en el bolsillo del pantalón
y respiro aliviada cuando encuentro mi móvil.
Sentada en el suelo decido llamar a mi padre, él es detective privado, sabrá que hacer.
El problema es que hace más de un año que no hablo con él.

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