MOISÉS ESTÉVEZ

Esa mañana partieron juntos hacia comisaría. Decidieron coger el metro,
no sin antes deleitarse unos minutos con un cappuccino en el Starbucks de la
esquina.
La jornada de descanso, un descanso relativo ya que la mini mudanza
los mantuvo bastante entretenidos, les hizo llegar a sus respectivos puestos de
trabajo con aires renovados.
– Buenos días compañera, como va eso.
– Va, simplemente.- Contestó Jones.
– ¿Qué ocurre? Te noto algo desanimada. ¿Has dormido bien?
– No es eso. Es este caso, que no se por qué, pero está haciendo que
me sienta algo impotente. Además, ayer me dejaste sola y no estoy
acostumbrada.
Mark notó el sarcasmo en el tono de su compañera. – Bueno, no te
preocupes, verás como hoy avanzamos en algo. Iremos a ver al Capitán, le
cuentas las novedades o lo que sacaras en claro ayer y nos vamos a la calle,
tengo un par de ideas que si te parece bien creo que pueden resultar.
– Ok, perfecto. Pues ve arrancando el coche porque con el jefe acabo en
un segundo.
– Vale, te espero abajo.

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