NÁUFRAGOENLA LUNA

 

Estoy en la cola del supermercado, justo detrás de una señora mayor de unos 176 años (siendo generoso a su favor) estaba metiendo sus cosas en el carro o intentándolo, porque si a esa edad ya es un merito respirar, imaginaros tener que usar las manos al mismo tiempo. Es más fácil tirarte de un trampolín y realizar un triple mortal inverso con dos tirabuzones sin entrenar, que llenar un carro a esa edad.

Le ofrecí mi ayuda pero la denegó diciendo que ella podía sola (y nos dieron las diez y las once, que diría Sabina).  Era verano y yo llevaba chanclas, mientras esperaba a que el cajero me atendiera, una avispa no dejaba de molestar, esta se puso cerca de mi pie y en un acto reflejo (ninja) le lancé una patada (claro vestigio de cuando fui tres años a karate en el colegio, aun tengo agujetas), la avispa no se enteró, la que sí que se enteró fue esta buena señora cuando la chancla la golpeó en el omoplato izquierdo (penalty y expulsión). Después de algo así las pocas acciones “lógicas” que quedan son: Tirarte al suelo y simular un ataque epiléptico, poner caras raras y decir que una voz interior te ha obligado a hacerlo, “tírale la chancla a Tukankamón, tírale la chancla ¡ahora!” o la más lógica (si me llega a dar tiempo), lanzar rápido la otra chancla debajo de la caja al grito de: ¡¿Quien carajo le ha tirado a esta buena señora una chancla?! ¡Hay que estar enfermo! ¡hijos de puta! pero no me dio tiempo, así que tuve que intentar explicar (si esto es posible) lo ocurrido sin quedar como un gilipollas y que no pareciera que suelo salir por ahí buscando señoras del Imserso para darles chanclazos en las espaldas.

También he de decir a mi favor, que esta señora reaccionó de una forma exagerada, yo entiendo que nadie espera recibir una “chancla proyectil” cuando compra en el supermercado del barrio, pero esta mujer actuó como si alguien le hubiera disparado con un bazuca a quemarropa. Al final, todo quedo en esta anécdota, le ayudé a llenar el carro y la acompañé a su casa mientras le pedía disculpas y rezaba para que no tuviera un hijo, nieto, bisnieto o tataranieto boxeador (porque con su edad podía tener familia en todos los campos). En realidad no he vuelto ir a ese supermercado (orden de alejamiento por vergüenza) ahora tengo que coger el coche para ir al otro más “cercano” y desde entonces sólo me pongo calzado con cordones que no puede ser lanzado a no ser que quiera.

Recuerdo que una vez en el colegio me metí a separar en una pelea de dos niños más grandes que yo (el honor del Karate me lo exigía, mi madre fue la que me apuntó, yo en verdad quería apuntarme a bádminton) antes de colocarme en posición de karateca, ya le habían metido dos guantazos al más débil y uno a mi, uno con la mano abierta que sonó en el patio como si alguien estuviera tocando un cajón flamenco, acto seguido se me puso el moflete como a Quico el del chavo del ocho, un signo inequívoco de que era alérgico a los guantazos (debía de mantenerme lejos de ellos en el futuro) Por aquel entonces yo era cinturón amarillo blanco, con este nivel era una diana para recibir hostias.

Este hecho me dejó una cosa clara. Me tenía que apuntar a un arte marcial que se hiciera desde la distancia, uno que usara palos, estudiar telequinesis, comprarme una capa de invisibilidad o apuntarme a atletismo (si hubiera corrido desde el momento en que se inicio esa pelea nunca me hubiera alcanzado una hostia). Ya se lo dije a mi madre: BÁD MIN TON

Sin venir a cuento me he acordado de aquella vez que estando en un mercado medieval me llamó la atención un puesto que vendía especias (soy una especie de Pointer, lo olfateo todo) y me puse a oler todas y cada una de las especias que había en botes pequeños, canela, romero, tomillo, cúrcuma, etc (soy una puta maquina en eso de detectar olores y sabores, no se me escapa ni uno o eso creía yo).

El último, un bote un poco más grande que los demás se me resistía, esa especia la conocía, era un poco inolora, pero la tenía en la punta de la lengua, ya por desesperación le pregunté al tendero.

  • ¿Esta qué especia es?
  • Ese es el bote de los palillos para probar las aceitunas, te lo iba a decir hace rato, pero como te he visto muy interesado oliéndolo no te he dicho nada, he pensado que tenías una deficiencia o querías comprarlo.
  • ¿me lo envuelve de regalo? Me llevo dos.

Había una mujer a mi lado que no pudo contener la risa y empezó a llorar mientras se abrazaba a la chica que venía conmigo como diciéndole: No entiendo qué haces con este gilipollas, puedes aspirar a algo mejor, no es difícil.

Con esta misma chica fui una vez a un pueblo perdido del pirineo catalán y al entrar en un bar me dice el camarero:

  • ¿Bocata de atún con mayonesa y cerveza?
  • No gracias, no me gusta el atún y tengo que conducir.
  • A ti no te pregunto (gilipollas eso no lo dijo pero lo pensó seguro), se lo digo a mi hijo. Detrás mio había entrado un chaval que yo no vi.

La chica empezó a reírse en ese momento y paró tres días después cuando se le durmieron los músculos de la cara. (hija de…)

http://naufragolaluna.blogspot.com.es/

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