JESSI PINK

Estábamos todos sentados en el piso, formando un círculo. Éramos cinco almas dispuestas a abandonar los sueños; cada una con sus problemas, llevando a cuestas, culpas, desganas y diferentes motivos que hacían de este juego, una experiencia perturbadora y enriquecedora. Solo nos acompañaba un tenue bombillo que emitía una luz amarilla. Estábamos en ropa interior, había cigarrillos tirados por toda la habitación y no sé cuántas botellas de vodka alrededor. Las reglas eran muy simples, por cada giro había una bala dispuesta a perforar nuestras cienes. Era como jugar a la botellita, pero con un revólver, el cual determinaba nuestro futuro. La suerte estaba echada, los nervios estaban a flor de piel. Ansiedad era lo que se respiraba en esa madrugada y había un único deseo en común: No salir libre de ésta…

El primer giro llegó, y la pistola giraba estrepitosamente, nos apuntaba con ganas, nuestras miradas estaban volcadas hacía el arma; pupilas dilatadas, manos sudorosas, corazones latían a mil por hora. En un micro-segundo, el silencio se apoderó del lugar y el juez del juego anunciaba al primer candidato a morir. Rogelio cogió el arma, sin pensarlo mucho, apuntó el cañón a su cien, contó hasta tres: 1,2,3 ¡Bang! cayó indefenso, mientras su sangre nos bañaba en la cara… definitivamente tuvo mucha suerte, al primer intento, muerte segura. Volvía a rodar la pistola, y esta vez sentíamos que teníamos miles de espectadores pendientes de la función, pero mirábamos alrededor y no había nadie, la paranoia nos estaba consumiendo vivos. Era el turno de Leticia, ella estaba decidida pero aun así no podía dejar de llorar… no había vuelta atrás, solo una persona podía joderse sobrevivir al juego.  Sujetó el revólver con fuerza, sus lágrimas nunca detuvieron y de un momento a otro, se confundieron con su sangre. Otra maldita suertuda caía en la victoria.

El círculo cada vez se hacía más pequeño, no quedaba otro camino que continuar jugando, no había escapatoria ni mucho menos remordimiento alguno que pudiera detenernos… La pistola giraba y giraba, en cada giro nuestra mente reproducía lujuriosamente flashblacks de los disparos ya fecundados. Proseguía Nicolás, ansioso, alistó el revólver, su respiración estaba entrecortada y sus últimas palabras fueron: Yace aquí, la primera y única vez que gano algo. Acto seguido, sus sesos fueron estampillados contra la pared. El momento culminante de la madrugada había llegado, restaban dos pecaminosas almas, Mauricio y yo. No podíamos sostenernos la mirada porque nuestras mentes estaban aturdidas de todo lo que había acontecido, aun así, había que terminar lo que ya habíamos comenzado. El revólver empezó a girar, y esta vez cada giro fue una eternidad, por un momento pensé que era mi turno, pero no, Mauricio cogió el arma, dijo que estaba listo para irse de este mundo de mierda … ¡Bang! terminé salpicada por la sangre del último jugador y podía creer que ni siquiera el juego de la muerte acabaría con mi mala buena suerte.

 

 

Blog: https://laesferaquenogiramas.wordpress.com

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