CAROL SOLÍS

 

Llegan momentos de desnudar el alma.

Momentos reflexivos en donde no queda nada,

solo un cuerpo vacío, una inmensa soledad que quema,

que contrae la más grande verdad y la deja en nada.

 

Llegan momentos en que ya nada es perfecto,

y el absurdo recuerdo hace presa de tu ser y lo deja en silencio.

Llegan momentos donde ya no sé qué pensar,

si lo que me ocurre es verdad o si todo es un vano deseo.

 

Aunque hay algo muy adentro que me grita:

“es tu gran verdad y lo comprobarás a su tiempo”

Entonces queda, tan solo un respiro sin aliento,

un momento vacío, un eterno momento.

 

 

 

 

 

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