MOISÉS ESTÉVEZ

No salió muy tarde del trabajo, aunque la noche hacía rato que se había
adueñado de Fjallbacka, por lo que decidió tomar algo antes de llegar a casa.
Le apetecía una copa, sola, tranquila, y a ser posible con buena música de
fondo.
– Hola, perdona que interrumpa tus pensamientos, pero soy nuevo por
aquí y no conozco a nadie. He observado que estás sola y si no te importa me
gustaría invitarte. Disculpa mi atrevimiento , pero creo que el aburrimiento a
superado mi vergüenza.
– ¿No será que has bebido más de la cuenta para superarla?
– En absoluto. Todavía estoy con la primera y ya va para una hora. ¿Un
mal día en el trabajo?
– Perdona por ser tan grosera. No debía de haberte contestado así. No
es mi intención ofenderte.
– No te preocupes. ¿Hace entonces la invitación?
– De acuerdo. No suelo dejarme invitar por desconocidos, pero bueno,
hoy haré una excepción. Aunque por otro lado no te aseguro que tu
aburrimiento no vaya ‘in crescendo’, y si, he tenido un día horrible. –
Paul esbozó una sonrisa a la vez que le hacía señas al camarero para
que se acercara.
– Dígame.
– ¿Me pone un Whisky con hielo, por favor? Y lo que la señorita esté
bebiendo.
– Otra cerveza Adam.
– Enseguida. –
– Erika, mi nombre es Erika.
– Encantado Erika. Mi nombre es Paul.

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