NÁUFRAGOENLALUNA

 

Mi jefa es un poco mayor, yo no sé que edad tiene, pero estoy seguro de que cuando nació no existía la rueda y que el primer coche que tuvo, iba a vapor. Tiene tantas arrugas que cuando voy con ella por la calle las personas me preguntan si el Shar pei muerde. Para los que no lo sepan un Shar pei es el perro chino ese que tiene mucho pellejo, es como un perro chico con el pellejo de un perro grande o un perro chico con el pellejo de cuatro perros chicos.

Hace algún tiempo vi un documental en el que se decía que la esponja del antártida vivía más de 1.500 años, mi jefa es una esponja disfrazada de Shar pei.

Es la representación gráfica del refrán “Para lo que me queda en el convento, me cago dentro”.

Vive encima de su bar, a las 12 del medio día baja en bata, descalza, con los pelos alborotados, un cigarro en la boca y la cara como si se hubiera peleado con un payaso (llena de pintura, colorete y rimer por todos lados) y me pide un coñac, porque según ella “lleva un día de mierda” (se levanta a las 11:45) después sube a “arreglarse” y baja exactamente igual, pero con unas botas altas que parece Porthos el mosquetero. El mundo está a sus pies. Le pregunta a Nero (el “cocinero”) las cosas que hacen falta en la cocina, este saca una libreta y empieza a decirle cientos de cosas, ella saca un post-it, apunta las tres ultimas y se va de compras, a las tres horas vuelve con una bolsa de Victoria´s secret, una botella de brandy y una lechuga diciendo que el supermercado estaba en huelga.

Lleva tanto tiempo aprovechándose de los más jóvenes (el resto del planeta) que ha perfeccionado la técnica llevándola a un nivel superior, nivel filosofía de vida

“Si lo puedes hacer tú, para qué lo voy a hacer yo”.

Hace algunos meses la acompañé a comprar un par “cositas” y media hora después parecía la escena de Pretty woman, ella andando delante con su bolso y sus botas altas y yo detrás con doscientas bolsas y paquetes dirección a una ferretería a comprar papel pintado porque quería empapelar el salón de su casa. Evidentemente ese “quiero” cambiar el papel del salón de mi casa significa: Soy demasiado mayor y tengo artritis, tu eres joven y no te cuesta nada hacerlo. Si no sabes cómo hacerlo busca en youtube, si queda mal es tu problema, no el mio. Al rato el pegamento de arroz te llega hasta a las orejas, uno de los parpados se te ha pegado y ella desde el sofá con una taza de “té” (sabor ron) te va dirigiendo “esa esquina no me gusta como ha quedado”… deberíamos (véase ese plural) quitarla y volverla a poner.

“Aprovechando que estas aquí”  (otra frase estrella dentro de su repertorio).

Podríamos tirar la basura que tengo en el maletero del coche que pesa mucho para una anciana como yo. Si hubieras cargado la bolsa un poco menos no “tendríamos” este problema ¿verdad?, pero claro, si la cargas sabiendo que no eres tú la persona que la vas a levantar a la altura del pecho para meterla en el cubo de basura, pues se llenas hasta que parezca globo aeroestático. Me lleva a la zona donde se encuentran los cubos de basura (que no esta cerca de su casa) detiene el coche a no menos de un kilómetro y me dice que no puede entrar más porque hay cristales y se puede pinchar el coche, ¡Cojonudo! y… ¿a qué hora pasa el autobús que me lleva a los cubos?

  • Espera, espera, no te vayas aún, para que vayas un poco más cómodo, coge esta otra bolsa de botellas vacías que tengo aquí (en el maletero de su coche cabe basura infinita) así vas más equilibrado y no te haces daño en la espalda (que detalle, cómo mira por los demás, es todo amor incondicional)

Cuando iba por la mitad de la travesía con mis dos bolsones de basura y la vena del cuello mas hinchada que los bordes de una zodiac, grita algo, me vuelvo y veo que está haciendo señas con unos cartones como diciendo: vuelve, que se me ha olvidado darte unos cartones para el reciclado. Va a volver tu p…madre!

Cuando llega el día de cobrar empieza el espectáculo:

  • El Lunes faltaste dos horas al restaurante, te las descuento
  • Ya, pero es que no vine al restaurante porque “estábamos” cambiando el papel pintado de TU salón.
  • Pero no quedó bien, así que no te las pago o te las pago menos.

Los que trabajamos aquí “ganamos tanto dinero” que más que trabajadores, nos consideramos integrantes voluntarios de una mini ONG.

El otro día se trajo un ligue al bar, un jovenzuelo de unos 80 años de edad y le estuvo contando que ella tenía un coche muy viejo y que tenía artritis en las manos (el viejo truco de la artritis), lumbalgia, bla, bla, bla (anzuelo echado) seguro que este pobre acaba cambiándole el escape, la correa de la distribución y pasándole la itv al coche.

A veces llega por la noche después de un duro día de aprovecharse de la humanidad (con lo que desgasta eso) y se sienta en la barra, pide un vaso de whisky y mirando al infinito habla de su juventud, allá por el paleolítico, de cómo mandaba a alguien a que le pintara un bisonte en el salón de su cueva, poniéndole como excusa que ella lo haría, pero le duelen las cervicales al mirar para arriba y tiene principio de artritis. Habla de como ha tenido a todos los hombres más guapos a sus pies y como los ha dejado escapar, de todo el dinero que ha ganado y ha malgastado en cosas innecesarias (supongo que hablará entre otras cosas de las botas de los mosqueteros)… ya cuando empieza a dar un poco de pena, un halo de melancolía recorre la barra y se te ponen los ojos vidriosos… colocas los brazos en modo “abrazo de cariño reconstituyente” te acercas a ella y te dice: ¿Tu sabes arreglar una lavadora?

De vez en cuando tiene momentos de lucidez filosófica:

“Querido mio, la vida es una mierda y nadie ha conseguido nunca nada diciendo la verdad”.

Yo no puedo darle más la razón, recuerdo que una vez hace muchos años fui a una entrevista de trabajo para trabajar en una zapatería, el encargado repitió la palabra “sinceridad” cien veces (quizás eran algunas menos, pero había eco en la habitación) ante todo hay que ser sinceros, eso es lo que más valoro en una persona, la sinceridad, te voy a contratar 4 horas pero te voy a tener trabajando 10 o más, te lo digo porque quiero que haya sinceridad entre nosotros (con la seguridad social, no tanta).

En mi semana de prueba vino una señora mayor con unos juanetes del tamaño de dos sandías enormes:

  • Perdona hijo, este fin de semana voy a una boda y me gustaría comprar unos zapatos que me taparan los juanetes.
  • Espere que le saco unas botas de agua

El dueño se puso de color turquesa, se ve que le gustaba otro tipo de “sinceridad” (una sinceridad hecha a su medida) Menos mal que no llegué a sacarle las botas de agua (mi jefe no me dejó) porque la siguiente opción era decirle que se comprara un saco de dormir para meter las piernas y que un sobrino suyo la llevara a la boda en una silla de ruedas. No llegué a terminar la semana de pruebas, también puede ser porque me preguntó:

  • ¿Cómo sabrías que unos zapatos son de piel autentica?
  • ¿Mirándolo en la etiqueta? con esa respuesta las orejas se le taponaron, ya con las siguiente cerró los ojos y se hizo el muerto: ¿oliéndolo? ¿masticándolo?  ¿acercándole un mechero?.

Hace meses mi jefa estuvo en el bar tomando medidas con el metro del Ikea, no sé que quiere hacer pero no hace mucho vi a Nero viendo vídeos en youtube de cómo hacer una cortina.

En verdad a este tipo de personas se les pilla “cariño”(cosa rara porque posee todos los vicios de los pecados “capitales”, comarcales, estatales y mundiales) siempre anda maquinando cómo estafar a alguien utilizando su edad como escudo, el otro día me llamó a las 6:45 de la mañana con la voz de ultratumba/Joaquin Sabina para decirme que no se encontraba bien, que si podía llevarle un paquete de tabaco y un café irlandés (¿qué fue del necesito una sopita y un gelocatil?) seguro que el tabaco lo mastica y lo escupe ¿de dónde ha salido esta mujer?

Seguidores no le faltan, todos ellos proveedores que quieren cobrar. Lleva algún tiempo que la puedes ver salir de su casa por la puerta de atrás (que da al jardín), con una gabardina (que le habrá robado a algún indigente), gafas oscuras y una gorra, agachándose hasta llegar al coche, se ve espera una visita importante o que se ha convertido en el detective Colombo. A media tarde nos llama por teléfono desde los arbustos o el coche para preguntarnos si puede subir sin problemas, supongo que espera encontrarse una jauría de proveedores con antorchas.

El día que la Parca llame a su puerta, esta le abrirá, le echará el humo de un cigarro a la cara, le sacará el dedo corazón y la pondrá a cortar el césped con la guadaña.

http://naufragolaluna.blogspot.com.es/

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