NAUFRAGOENLALUNA

Mi tío Berto tenía un bar, todos los domingos íbamos a verlo como buenos sobrinos, quizás un poco obligados por nuestros padres, porque ilusión, lo que se dice ilusión no se nos veía en las caras. Quizás esas pocas gana de verlo venían de su particular modo de demostrar cariño. Te metía un pellizco en el cachete y no soltaba hasta verte llorar, uno salía de bar con la duda razonable de si este tío tenía problemas mentales o era así de cabrón. Una vez levantó a mi hermano pequeño del suelo, sólo de un cachete y yo que iba detrás de mi hermano intenté irme, pero mi madre me detuvo al gritó de:

  • ¡Niño! ¿Dónde vas?¿no vas a saludar a tu tío Berto? (lo va a saludar Rita la cantaora!).
  • Claro mamá, ya si eso le mando un whatsaap (en aquella época no existían los móviles, cómo lo hubieran agradecido nuestros cachetes),

No había excusa, dijeses lo que le dijeses a tu madre, había que saludar al tio Berto (cacheteman) y listo.

Al rato, nos juntábamos todos los primos en una esquina del bar con las manos tapándonos los cachetes e incluso algunos con hielo para bajar el hinchazón, mientras veíamos como nuestros padres bebían y se reían de nuestro dolor (malditos bastardos, buena película).

A veces venían algunos primos a mi casa y sabías si en los últimos días habían estado en el bar de mi tío, solo mirándoles los cachetes.

Recuerdo que una vez hablando con mi madre le pregunté si sabía por qué mi tío era tan…”buena gente” con sus demostraciones afectuosas, y me contó una historia medio creíble.

Mi tío Berto tuvo un accidente cuando era joven en una fábrica donde trabajaba (antes de ser cacheteman), este estuvo a punto de perder una mano (que mala suerte tuvimos) pero después de años de rehabilitación, estrujando pelotas de gomas y haciendo todo tipo de ejercicios recuperó toda la movilidad e incluso más fuerza que la que tenía antes. Con tanta pelota y tanto ejercicio de dedos llegó a tener la misma fuerza que un cangrejo cocotero en sus pinzas. Mi tío Berto…el doctor Zoidberg (Futurama) en persona.

Supongo que mi madre me decía esto a modo de disculpa como queriendo decir: “Es que tú tío no se da cuenta de lo fuerte que pellizca porque no es consciente de la fuerza que tiene”. Es como si alguien te dice: Este es el bar de mi tío Manolo, fue boxeador en su juventud , intenta evitar las esquinas porque si te ve en una, te suelta una manta de hostias que te salta todos los dientes, después te castigará el hígado, “lo hace sin maldad”, “sin querer”…es que al ser boxeador no es consciente la de hostias que puede soltar y por eso las sueltas (tócate los huevo). Por esta sencilla regla supongo que si mi tío hubiera sufrido el accidente en una pierna en vez de la mano nos recibiría partiéndonos tibia y peroné.

Personalmente y siempre desde el cariño que le tengo, lo que pienso de mi tío, es que era un gran hijo de puta y un sádico que aprovechaba su fuerza en la mano derecha para trincarte el moflete y no soltarlo hasta que se mojaba los dedos con tus lágrimas, sólo por gusto. Seguro que mientras apretaba sus manopinzas pensaba: En tus cachetes veo yo dos bolas anti-estrés y no puedo evitarlo, estrujar, estrujar, estrujar.

No recuerdo cuando dejó de hacerlo, quizás se nos crearon dos callos duros en los cachetes que nos hizo inmunes a sus pinzas o simplemente nos hicimos grandes y empezamos a defendernos (esto último es lo menos probable, nadie en su sano juicio pelearía con una persona con una manopinza fuerte)

Luego empezó a darnos la mano y a partirnos todos los dedos, yo intente hacerme pasar por zurdo un par de veces, pero nada, al final acaba dándome la mano “buena” y apretando hasta que todos los huesos de la mano eran uno solo. En un acto desesperado y después de pensarlo mucho empecé a saludarlo abrazándolo como si fuera mi tío preferido, (¿sabes que te quiero verdad?) pero esto tampoco valía de nada, porque te abrazaba y después te daba la mano “Game over” sigue buscando.

Hace muchos años que no lo veo (años de tranquilidad para los huesos de mis mano derecha), pero espero algún día encontrármelo por la calle y si veo que está muy mermado por la edad y solo entonces, le daré un par de collejas laterales, zas! zas! desde el cariño y le trincaré un pellizco en el cachete que no se lo soltaré hasta que le vea las muelas del juicio, lo abrazaré para arrancaré media oreja (haciéndole un Mike Tyson en toda regla). Antes de irme le daré un leve toque en la espalda, uno leve, pero suficientemente fuerte para que se la salte la dentadura postiza, pero todo esto con la suficiente rapidez como para no dejar que saque la mano Zoidberg, que ya se sabe: “Quien tuvo retuvo”, “donde hubo llamas aun quedan rescoldos” y demás refranes que quieren decir que como te acerques mucho…

Sin venir a cuento, recuerdo otro tío mío (este con una fuerza normal en las dos manos, sin accidentes que lo convirtieran en un arma letal) que se compró uno de los primeros móviles que salieron al mercado, era como una tostadora de pan, grande con avaricia, al principio pensé que mi tío era muy importante, porque nadie tenía un móvil en aquellos años, pensé que era cirujano, piloto o algo así, luego me enteré que era frutero y se me cayeron las orejas al suelo. No me podía imaginar una llamada de urgencia desde la frutería: Paco tienes que venir rápido a la frutería, hay que calar un melón. Hay que reconocer, que era un innovador, ahora no lo vemos porque es lo normal eso de tener un movil, pero mi tío fue el primer frutero con movil de la historia de la humanidad tal y como la conocemos el “Nostradamus frutero” vio el futuro con claridad pero en su época no le valió para nada o incluso menos que para nada, porque verlo por ahí cargado de una tostadora era triste de morirse.

Esto de la tecnología me trae recuerdos de cuando tuve un “Bepper” también llamados, Buscas o Recibemensajes. Si mi tío era frutero y tenía un teléfono ¿por qué no iba a tener yo un Buscas? Esperaba recibir mensajes super importantes, pero con 17 años lo que recibía eran mensajes de tus amigos pidiéndote que compraras hielo y coca cola o miles de mensajes de tu madre preguntándote dónde estabas, súbete el pan cuando vuelvas, llégate a casa de tu tía que te va a dar una “cosa” (normalmente eran bolsas, no sé por qué esa manía de llamarlas cosas) o ya está la comida puesta en la mesa. Se lo regalé a un amigo y hasta me quería pagar por él (pobrecito), era malo para la salud estar localizable y fijaros hoy.

 

http://naufragolaluna.blogspot.com.es

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