MOISÉS ESTÉVEZ

El rostro de Jones reflejaba escepticismo a la vez que desolación, y es
que a cada paso que daban se encontraban con un cadáver.
– Se podría decir que estamos ante un asesino en serie, ¡joder! ¡O qué
coño está pasando! – Farfulló en alto para que su compañero respondiera
cualquier cosa a la vez que se desahogaba.
– No lo creo, – le dijo Mark para su estupor – más bien, como diría aquel,
todo está conectado, o al menos eso me dice mi instinto. Claro está
evidentemente que tendremos que hilar fino y encontrar pruebas sólidas,
porque con presentimientos y conjeturas no podemos presentarnos delante del
Capitán, ya sabes como se las gasta. –
El cuerpo de W. García yacía sin vida en el salón, a los pies de un sillón
sobre el que presumiblemente estaba sentado viendo la televisión, de ahí los
destellos que vieron los inspectores al llegar. Destellos que iluminaban aquel
denso hedor originado por la incipiente descomposición del cadáver, y que
confirmaba el mal augurio que interiorizaron en un principio.
Presentaba un certero tiro entre las cejas y no había signos de lucha, no
parecía un robo, al igual que los dos homicidios anteriores, lo que constataba la
idea de Mark. Las posibles entradas, ventanas y puerta, no habían sido
forzadas y seguro que tampoco encontrarían ningún rastro del asesino, pensó.
Una vez precintado el lugar y con la científica trabajando sobre el terreno,
Jones y Mark encaminaron sus pasos a comisaría dispuestos a devanarse los
sesos para intentar encontrar algo que relacionase el triple homicidio. Mark
apostaba porque así fuera.
Estaba convencido de que alguien se estaba vengando por algo, no
sabría decir el qué. Nada mostraba que fueran crímenes pasionales, por lo que
también estaba seguro de que se trataría de algo personalísimo, y el sello era
muy profesional.
Con ese convencimiento, la pareja de inspectores empezaron a cruzar
los datos que hasta ese momento tenían. El informe de balística confirmaba
que el arma utilizada con Forrester y Jacobs era la misma, la cual no había
aparecido, por lo que supusieron que el asesino la usó también con García, a
falta de comprobarlo en el laboratorio.
Indagando en la agenda de este, extraída de su iPhone y volcada en su
PC, Mark se fijó en una cita que le parecía haber visto en algún sitio. Sin cerrar
la aplicación, extrajo de su cajón la agenda de la Sra. Jacobs y empezó a pasar
páginas, lo que despertó la curiosidad de Jones que observó como a su
compañero se le ponían los ojos como platos.

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