NEUS SINTES

3_ Kora

Kora fue quien mordió aquél día a Tanya…Un vampiro de tez blanca y ojos azules brillaban en la oscuridad al ver la sangre fluir en las venas jóvenes de Enya. Kora era fuerte, de manos grandes y rasgos duros, caracterizado por sus ojos azul platino y sus años como vampiro le habían proporcionado ser más sabio. Empleara sus conocimientos para el bien o para el mal, eso era decisión suya y de todo ser inmortal.

Durante estos años Tanya había aprendido a ser fuerte, a su manera. Kora y Tanya tuvieron también su historia. Una historia llena de amor como de ira. El fue quien le enseñó a sobrevivir durante sus primeros días, cuando la necesidad de sangre iba en aumento en Tanya.

El fue quien le proporcionaba su sustento, quien le enseño a aprender los principios básicos de una neófita a vampira, hasta que se hicieron compañeros, amantes y se aliaron por un tiempo. Pero Tanya tenía su orgullo y quiso ser independiente. Era  una neófita transformada en vampiresa pero todavía quedaban heridas en el pasado de una vida humana que no se habían cerrado. Quería venganza y recuperar a su hija.

-Déjala…Es mi hija! – le contestó mirando a Kora con intensidad

-Has conseguido uno de tus propósitos, entonces, por lo que veo. Tienes a a tu hija…pero sigue siendo una humana, ¿Que vas a hacer?

  • Sé lo que piensas, Kora y no…

-Shisst, calma, calma Tanya. Enya está contigo y eso es lo que importa. Ya veremos lo que sucede; tú eres la que manda.

Enya se quedó mirándolos, sin saber qué hacer o decir. Se aferró a las faldas de su madre y mirándola a los ojos quiso saber quien era

-Enya no tengas miedo, Kora es un viejo amigo que me ayudó – dijo Tanya mirando entre una mezcla de frialdad y de ternura a Kora. Enya, no temas, es un amigo.

Enya se tranquilizó y Kora se ofreció ir en busca de comida para Enya. No podía hacer más para Tanya, ya que aunque ella no lo supiera, él la seguía amando. Quería decírselo pero debía encontrar el momento adecuado.

La noche llegó y con ella la lluvia. Todos entraron en la cabaña. Tanya arropó a Enya quien cayó en un profundo sueño, sin importarle la lluvia ni los demás ruidos de la naturaleza. Después de darle un beso a su hija, salió al exterior donde la lluvía caía todavía pero a ella no le importaba. Mientras arriba, en la copa de un árbol cercano se encontraba Kora, meditando, pensando.

Éste se dio cuenta que Tanya lo observaba y de un salto bajo sin hacer ningún ruido a su lado. Le ganaba en altura; era obvio y por breves instantes se miraron largamente en silencio.

  • Ha pasado mucho tiempo, Tanya. Muchas son las veces en que he pensado en ti desde que nos separamos…en si  estabas bien, en qué había sido de ti.
  • Kora, yo…

-Déjame hablar, por favor. Escúchame aunque sólo sea esta vez, Tanya. Sé lo que ha pasado entre nosotros y que me reprochas el haberte convertido sin yo quererlo…Tú lo sabes. Pero vivimos una experiencia entre nosotros que no puedo olvidar. Es verdad que iba a por tu marido pero ya sabes que se interpuso, no hace falta que te lo recuerde. Tú mejor que nadie sabes lo que pasó.

Pero ahora no hay vuelta atrás. Los dos somos vampiros. Hemos estado juntos, hemos viajado y experimentado cosas el uno y el otro, hasta que decidiste seguir tú sola adelante. El tiempo ha pasado desde la última vez que vi tus ojos y hoy por primera vez en mucho tiempo tu mirada no ha cambiado. Es la misma. Eres la misma Tanya que conocí, que conozco.

-Que quieres, Kora – preguntó ansiosa Tanya

-Nada. Sólo decirte, que te sigo amando; le contestó mirándola fijamente

-Kora…susurró

  • Sí, si ya lo sé. Sé que vas a decirme que quieres estar sola. Que no me necesitas. Y que ya no me quieres. Pero yo necesitaba decírtelo. No podía guardarme los sentimientos. Debías saberlo, eso es todo – y se dispuso a irse a la copa del árbol…

-Espera!- contestó Tanya, persiguiendo a Kora.

Ambos se posaron en el gran árbol que les cubría de la lluvía que caía constanemente. Sobraron las palabras para darse cuenta de que se necesitan el uno al otro.

-Kora, te necesito a mi lado. Te quiero.

4_ La transformación

El camino era largo, pero debían abandonar el sitio donde se encontraban para no dejar huellas ni olor a humano, como era el caso de Enya. Podían venir mas vampiros y no era eso lo que iban buscando.

En un momento dado, Enya se quedó parada en el camino. Ambos se giraron sorprendidos por la actitud que demostraban sus facciones. Estaba quieta, apenas respiraba y de sus labios salieron las palabras: mamá se acerca alguien, un vampiro.

-¿Como lo puede saber?, pregunto Kora

-Mamá es un vampiro de mi edad de unos 10 años…pelo castaño y ojos verdosos. Se encuentra cerca. Lo detecto. Mi telepatía me lo dice. Me crees, ¿Verdad?

-Telepatía!, -dijo asombrado Kora.

  • Sí, Enya tiene Telepatía, pero no creía que la tuviera tan desarrollada. Muchas de las cosas que adivinaba no eran mas que simples cosas. No de esta manera. No de esta forma…Enya, cariño, ¿donde has desarrollado tan rápido este dón?

-No lo sé mamá. Tan solo lo presiento. Lo sé. también me puedo equivocar. Tú lo sabes.

-Un momento – advirtió Kora…Pelo castaño y ojos verdosos…y tocándose el mentón quedó pensativo.

-Acaso lo conoces, Kora!, exclamo, Tanya

-Puede…No. No puede ser Tino. Cuando te marchaste, transcurrieron unos meses cuando en una pelea callejera vi a unos chicos que se metian con un chaval y fui en su defensa…una cosa llevo a la otra y lo convertí en mi pupilo. Convertí a ese chico en vampiro y le enseñé lo que te enseñé a ti, Tanya. Recorrimos como compañeros muchos lugares y un día nos atacaron y desde entonces perdí su rastro. Tuvimos que separarnos para salvar nuestras vidas vampíricas.

-Mirad!, señaló Enya. Es él. ¿Tino es es chico?

A lo lejos un vampiro alto y delgado con las facciones que había descrito Enya se acercaba y llamaba a Kora como quien ha perdido a alguien importante. Kora fue acercándose y en un fugaz y rápido movimiento se encontraban los dos abrazados como buenos amigos. Tino había encontrado a su maestro y Kora a su pupilo.

-Cuánto tiempo ha pasado desde entonces!, me alegro tanto de verte y de verte bien – le dijo Kora dedicándole una sonrisa

-Maestro, he recorrido muchos lugares pero nunca volví a verle…Que alegría!.

Después hicieron todos su presentaciones y Tino se fijo en Enya quien no paraba de mirarle. Un sexto sentido se apoderó de Tanya. Su hija ya no era tan niña…a sus casi 7 años sabía lo que decía y constantemente estaba hablando con Tino, quien siempre se lo pasaban juntos y riendo de sus cosas. Esperaba que no se enamorará. El era un vampiro y ella una humana. Tanya no quería que su hija tuviera que convertirse en vampira, no queria verla sufrir, que perdiera su mortalidad y tuviera que alimentarse de sangre.

Anduvieron juntos en grupo los cuatro durante varios meses. Una tarde nublada se posaron sobre un terreno llano donde pastaban bastantes ovejas, un buen alimento. Pero lo que no sabían era que ese territorio ya estaba ocupado por otros vampiros. Cada vez la tarde se nublaba más y creían que empezaría a llover, pues era época de lluvias, aunque a ellos no les afectaba a excepción de Enya que siendo humana podría sufrir constipados propios de los humanos.

Enya se desplazo del grupo para ir a ver a las ovejas cuando percibió un silencio maás profundo que la noche y una brisa le recorrió el cuello y un escalofría se apoderó de su cuerpo…Al darse la vuelta se encontro con tres vampiros. Grito el nombre de Kora y el de su madre y el de Tino. Pero uno de los vampiros se dio mas prisa y sujetándole del brazo le provocó una herida, pero Kora pudo ser mas rápido y le retuvo para que no fuera mordida.

-Mamá!, chilló.

Tanya llegó a su lado y al ver a Enya el tatuaje de su luna empezó a brillar con intensidad. Una furia se apodero de su cuerpo y le dijo a Kora antes de que hiciera nada, que ella mataría al otro vampiro.

Tino sabía porqué…Enya estaba perdiendo mucha sangre. Podría morir en cualquier momento. Tenían que hacer algo. Pero qué!. Cuando Tanya liquidó al vampiro qu haabía hecho daño a su hija, se dio cuenta de la situación de su hija. Ambos se miraron y no importaba hablar. Los ojos lo decian todo. Sino la convertía alguien de los tres, Enya podía morir de pérdida de sangre.

-¿Quién?, preguntó Kora a Enya

-Yo no puedo verla morir, pero tampoco quiero ser yo la que la convierta….he visto el deseo en sus ojos y el comportamiento con Tino…Tino, podrías hacerme el favor de ser tú quien la convierta, con la condición de que la cuides y sea su compañero. Por favor.

-Mamá, tengo miedo. y mirando a los ojos a Tino le dijo que se quedara con ella.

-No lo tengas. Vas a vivir. Tino te convertirá en lo que somos nosotros. Vas a ser como yo.

Tino posó sus labios en su cuello y a raíz de ese momento Enya se fue convirtiendo de neófita a vampira…Ahora los cuatro eran vampiros. No iban a separarse jamás. Formaban una piña. Una familia. Solo les faltaba hacer una última cosa más para que la venganza de Tanya se cumpliera definitivamente.

El Pueblo de San Marí desapareció sobre la faz de la Tierra.

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