NEUS SINTES

 

1- Introducción

Tanya es una neófita. Sus sueños y esperanzas se tuvieron que convertir en luchas sangrientas con y contra los de su actual especie neófita. Y ahora que ha podido reunir suficientes fuerzas para valerse por sí misma y aceptar el ser una vampiresa, irá en busca de venganza contra quien le arrebató su mortalidad.

Atrevida, misteriosa y peligrosa, así es como se la describe. Vaga por la noche con su lacia melena oscura y ondulada. Su tez blanca, por no decir casi albina resalta sobre sus ojos color miel. Nadie se ha atrevido aún a acercarse a ella, la temen. Tiene andares parsimoniosos, en ocasiones, parece que sus pies no tocan el suelo, y es el viento quién la arrastra. Suele ir siempre sola, de hecho nadie la ha visto con compañía. La primera vez que la ves, crees ver un espejismo, pero la ves a ella. Muchos creen que no es mortal, pero ignoran acerca de que pueda existir la inmortalidad.

Piensan y se imaginan muchas cosas de ella, aunque por otro lado quisieran saber realmente quien es y de donde viene y porqué vaga a solas por la noche, y el porque aún de día todavía nadie la ha visto… Pero no se atreven.
Temen a esos ojos color miel tan profundos que parecen que te estén leyendo el pensamiento.
Temen sus movimientos, sigilosos por un lado y fantasmagóricos por el otro.
Temen ser heridos por sus afiladas uñas pintadas de negro.
La temen porque no saben quien es.

Suele andar sobre todo por la playa, donde el viento le enreda su gran melena oscura, ofreciéndole así un aspecto aún más misterioso y peligroso. Algunos juran haberle visto tatuada una luna en la espalda, y al día siguiente después de haberle visto el tatuaje de la luna, haberse levantado y por unas horas haberse quedado sin poder ver nada; con la vista nublada hasta quedarse ciego.

2_ La llegada

De todas las especulaciones que se dicen en el pueblo, hay algunos que afirman que ha venido a buscar algo, o a vengar a alguien. Las mujeres temen a salir solas aunque sea para ir a comprar y otras tienen miedo de que alguna noche se lleven a sus hijos…
Pero, de todos esos temores que tiene el pueblo, aún así, ella no les ha hecho nada, todavía. Es su presencia, las incógnitas de saber y no tener idea alguna de quién esta vagando por su pueblo, por su playa y si alguna noche intentará entrar en sus hogares. Luego esta una minoría, que creen que así como ha venido, así se irá.

¿Acabará alguien intentando hablar con ella? o ¿Ella irá a por alguien?

  • He venido aquí a vengarme, dijo Tanya, aullando al mar y con los brazos extendidos, provocó una tormenta.

En pleno mes de agosto, la tormenta hizo desaparecer todo lo que quedaba de verano. Era de noche, pero aún quedaba mucho por hacer, pero por el momento el sol no volvería a brillar al menos en el pueblo de Sant Marí. La venganza empezaba ahora y toda la gente del pueblo sabría quién es Tanya. Ahora sí podían temerla.
– Empieza la lucha…se dijo para sí Tanya.
– Gente de Sant Marí, temblad!

La mayoría de la gente salió para ver lo que sucedía, o bien para recoger la ropa que aún se sujetaba de los tendederos. El resto, asustados, permanecieron encerrados en sus casas, cerrando con doble llave las puertas.
Los hombres más fuertes y valientes decidieron enfrentarse a Tanya para defender a sus familias y a su pueblo.
– ¿Qué quieres?, preguntó una voz. La voz de un hombre alto y fuerte. El primer hombre que se atrevió a hablarle.
– Venganza, contesto Tanya.
– ¿Porqué y a quién de nosotros quieres vengar?

Su mirada recorrió a todas aquellas gentes que la miraban aterradas. Los ojos de Tanya se posaron en las de una niña de unos 5  años de edad. Era morena y de piel pálida, que con sus ojos azules no dejaban de mirarla.
– ¿Cómo te llamas?, le preguntó Tanya a la niña
– ¡No le hagas daño!, se apresuró a decir su padre, un hombre alto, de rasgos exultantes.
– No te he preguntado…Jonatan. ¿Quiero saber tu nombre, niña?
– Me llamo Enya. ¿Conoces a mi papá?
– Si que lo conozco…y él me recuerda. Estoy segura, verdad, Jonatan.
– No metas a mi hija en todo, Tanya.
– Vaya!, me recuerdas, me alegro. Tenemos mucho de que hablar. Es a ti a quien he venido a buscar…aunque tú ya has metido a tu hija…o mejor dicho a nuestra hija en este lío. Ella es parte de ti y yo he venido a vengarme de ti, Jonatan. Así son las cosas.

Todo el mundo quedó paralizado, sin saber qué hacer o cómo actuar. La lluvia empezó a amainar, y apareció el viento, cuando Tanya extendió su capa negra y en apenas uno segundos alcanzó a coger a Enya. Un sordo grito salió de la boca de la niña.

  • Papaaaaaaaaaaaaaá, ayúdameeeeeeee.

Y así como vino Tanya, se fue, con la hija de Jonatan. Ahora tenía en su poder lo que más amaba al hombre que juraba venganza; tenía a su hija. Tenía a Enya.

  • Tengo miedo…¿Quien eres?, tartamudeaba Enya.
  • No tengas miedo, no mi niña. Aunque no me creerías quien soy de verdad.

Tanya posó su mirada profunda hacia Enya y cogiéndole de las manos le dijo muy suavemente, con una voz casi melodial y mirando a Enya sin poder apartar su mirada de ella, por fin pudo decir con mucha suavidad a la niña…

  • Soy tu mamá, Enya.
  • Qué? pero pero si mi mamá está en el cielo. Papá dijo que tú, que mi mamá murió hace un año. Pero yo era muy pequeña para poder entenderlo.

Enya, mama soy yo y no me has reconocido porque he cambiado. Ya no soy de piel morena, ahora mi cara mis manos, toda mi piel es blanca, tengo rasgos que no son los mismos que años atrás…mamá no ha muerto. Está a tu lado. Mírame Enya, dime que me recuerdas aunque sea por mi voz. Te he llevado conmigo para salvarte de – hizo una pausa, para salvarte de alguien que me hizo mucho daño en el pasado pero ahora no puedo explicártelo, eres demasiado pequeña para entenderlo.

Lo que que más preocupas y me ha preocupado todo este tiempo que no he podido estar a tu lado eres tú. La flor de mi vida de mi existir. El porqué he cambiado y el porqué no estoy en el pueblo y el que pueda volar son cosas que poco a poco te voy a ir explicando, todo a su tiempo, no hay prisa, ahora estás conmigo y es lo más importante y lo fundamental para mí es que de alguna manera me vayas recordando.

  • Te quiero mamá y quiero estar contigo….aunque tengo miedo, sollozó la niña.

Viajaron juntas madre e hija a una velocidad que el ojo humano es incapaz de seguir…Tanya tenia sujeta en sus brazos a Enya quien se dejaba abrazar por quien era su madre.

De pronto aterrizaron en una tierra húmeda, cerca de un profundo bosque cuyas hojas aún goteaban agua de haber llovido en abundancia. Caminaron lentamente Tanya sin apenas rozar el suelo e incapaz de poder hacer crujir ningún pedazo de rama de cuyo árbol hubiera podido caerse…Tanya era una neófita muy silenciosa, de instintos gatunos pero salvajes, poseía una mirada especial que tanto podía aparentar ternura y sensibilidad, como una mirada llena de furia y venganza…

– Hacía donde vamos, madre, intervino Enya con cautela
– Nos adentraremos en este bosque. Tranquila Enya, aquí estaremos seguras…de momento.
– A que te refieres cuando dices “seguras”. No habrá monstruos ni fieras salvajes, verdad?
– No las hay, pero si las hubiera yo te protegeré de ellas. Pero ven Enya, corre una casita!,exclamó Tanya
– Mira Enya, escúchame con mucha atención. Sé que todo esto es nuevo para ti. Pero debes estar segura conmigo, por esto nos quedaremos aquí. No para siempre pero sí para algún tiempo…
– ¿Hasta cuando?, mamá…
– Hasta que crea que ningún peligro nos aceché…
– Te refieres a otro…a otro vampiro, temió decir Enya.
– Sí, mi niña. Pero para ello nunca te voy a dejar sola. Estoy aquí para protegerte. Cuando tengamos que huir te lo haré saber. Tranquila.

Y mirándole a los ojos, la niña se tranquilizó hasta caer rendida de sueño en su regazo.

Una lágrima de sangre resbaló por el rostro frío y distante de Tanya…una lágrima que contenía gritos de dolor, la de una rabia contenido dentro de su ser o de su alma, si es que aún tenía alma. Unos sentimientos olvidados, quemados estaban creciendo dentro de ella. Pero esta vez crecían con más intensidad que nunca.

Enya despertó después de un largo sueño en el que se encontraba junto a su madre aún pensativa y con la mirada ausente, mirando al frente. Una nube de pensamientos y decisiones estaban atropellándose en su mente. Enya lo sabía a pesar de su temprana edad sabía que algo que ella no entendía estaba traspasando la mente de su madre. De muy niña había heredado un don que nunca se desarrollo; Enya era telepática. Podía llegar a intuir lo que pasaría o no. Algunas veces acertaba u otras no. Tampoco se le había permitido al ser tan pequeña poder ejercitarlo, pero viendo a su madre, podía sospechar que algo le rondaba por su mente…

  • Sucede algo malo, mamá – le preguntó Enya.
  • Nada de que tengas que preocuparte, cariño – le tranquilizó Tanya.

Se acercaba la noche y Tanya y sobre todo Enya debían alimentarse. Tanya sabía que debería ir a por comida lo antes posible. Enya debería estar hambrienta después de todo lo ocurrido. Además, Tanya tenía sed. Sed de sangre. Debería salir a cazar pero no podía dejar sola a Enya. Podía correr peligro de ser encontrada por algún que otro vampiro hambriento.

  • Mamá, ¿Cómo sucedió?  – preguntó Enya algo confusa
  • ¿Ocurrió el qué, mi niña? – sospechando a lo que se refería su hija cuando le preguntaba el qué.
  • Que, quién te hizó esto…me refiero a porqué eres vampiresa – soltó a bocajarro Enya

Tanya miró perpleja a su hija, pero sabía que tarde o temprano su hija le haría mil y una preguntas y esas preguntas se las tendría que ir diciendo poco a poco. Al final todo se sabría. Ahora bien, tendría que necesitar de mucha paciencia para poder decirle a su hija de apenas casi 4 años de edad como sucedió.

Enya, mamá te contará cómo me convertí en vampiresa, no querría hacerlo pero me veo obligada a contarte parte de la verdad de qué ocurrió hace casi dos años en el pueblo de San Marí. El pueblo donde vivíamos y donde siempre había sido mi pueblo natal. Antes de que tú nacieras se habían oído rumores de que los vampiros existían, de que eran seres peligrosos y de que habían atacado a ciertas aldeas y pueblos de regiones lejanas, pero eso a nosotros no nos afectaba, ya que tampoco creíamos en ello ni en ellos. De esta forma no creímos en los rumores que nos vinieron de voces de gente lejana, cuyas formas de vida también eran distintas a nosotros.

El pueblo de Sant Marí siempre había sido y sigue siendo un pueblo de marineros. Nuestras vidas eran sencillas y tranquilas. Los hombres son los que se dedicaban al trabajo duro del mar y nosotras las mujeres; yo era una de ellas al cuidado de la casa y de los niños. Sant Marí no creía en vampiros ni seres fuera de lo normal…Creía en su forma de vida que era sencilla y práctica, muy distinta a la de muchos países o lugares que he visitado que tienen otras costumbres y formas de vida diferentes a las nuestras.

Pero los rumores fueron ciertos y ese día llegó en que los vampiros visitaron nuestra aldea. La aldea amaneció con un gran vendaval, una tormenta había irrumpido sin más, sin previo aviso al pueblo. Una tormenta de vampiros que tenían sed de sangre. Venían a por nosotros, así como hicieron en las demás civilizaciones. Yo, como todos los del pueblo intentaron huir. Entonces el líder del grupo nos vio a nosotros tres. Éramos para el su primera presa. Mi instinto de madre, fue protegerte, y te oculté en la casa.

Entonces Kora – no me preguntes todavía porqué se su nombre – vio a tu padre y me vio a mí. Presa del pánico intenté huir como los demás y me fui a dirigir a la casa cuando – perdóname hija mía, estoy nerviosa – entonces…tu padre se puso detrás de mí para evitar ser mordido y Kora por error me mordió a mí en lugar de tu padre.

Esa es la verdadera historia de lo que me sucedió, mi vida. Más adelante te narraré mas de lo que me sucedió y de lo que viví y de como tuve que sobrevivir, pero ahora hablando de sobrevivir es lo que hemos de hacer tú y yo, para ello deberíamos conseguir comida.

  • Te quiero, mama – dijo Enya aferrándose a sus brazos.
  • Y yo a ti, Enya – apretándola contra su pecho – Y yo a ti, – repitió- entre susurros.

La noche empezó a acercarse y Enya ya estaba casi completamente dormida, cuando un ruido la despertó. Un aullido procedente del bosque fue la causa de su somnolencia y de su miedo. A cuatro patas se fue a acercarse a donde estaba su madre, la cual dormía en una cama negra en forma de caja, muy rara para ella.

  • Mamá, Mamá – llamó Enya asustada.
  • No te asustes cariño, solo son lobos, no te harán daño… – estas conmigo, recuerda – mamá está a tu lado para defenderte de lo que sea.

De repente Tanya tuvo un espasmo muy fuerte, sus ojos se volvieron más negros y su luna tatuada brillaba en la oscuridad. Había llegado la hora de alimentarse, sino se alimentaba cuánto antes, no tendría fuerzas necesarias para cuidar y cuidarse de su hija y podría ser peor…Pensó en los lobos que había oído en las colinas, allí a lo lejos durante la noche y como vio a Enya de nuevo dormida fue cuando se apresuro a irse para poder comer, debía hacerlo antes de que se despertará Enya.

Como un rayo se adentro en la oscuridad de la noche para adentrarse en el denso y oscuro bosque donde vislumbro con sus ojos pardos a dos lobos que la miraban con ferocidad y a la vez hambrientos…Tanya había entrado en terreno prohibido, en el territorio de los lobos, pero ella no tenía miedo de nada ni de nadie…ya había tenido mucho que aprender a la fuerza para ahora hacer marcha atrás. De un salto sus uñas negras se adentraron en la piel del lobo y unos afilados colmillos reaparecieron para morder la sangre del lobo hasta dejarlo yaciendo en el suelo.

Lo que no sabía era que otros ojos la estaban observando de lejos…

Ya volvía a tener suficiente vitalidad para volver a la cabaña donde se encontraba Enya…no podía dejarla por mas tiempo sola. La noche era oscura y terrible a la vez. Debía volver. Pero antes se introdujo en el pequeño pueblo que había y de allí cogió algunos alimentos para Enya. Tendría hambre cuando despertará.

Cuando regresaba percibió una sensación de peligro pero no sabía detectar cual era, lo único que sabía que no podía estar mas fuera de la cabaña, debía volver antes de que pasará algo, debía estar preparada.

Al llegar se encontró a Enya que no estaba sola…

Kora había regresado.

  • Kora…fueron sus primeras palabras que surgieron de sus labios rojos, aún teñidos de sangre.

Un comentario sobre “La venganza de una neófita

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