ESRUZA

Una noche se encontraba con mucha desazón y no deseaba leer, ni escribir, ni siquiera escuchar música, en suma, no tenía ganas de nada e intentó hacer una introspección, al menos lo intentó y no le gustó cómo se vio y, no se refería a su apariencia física, pensó que eso no le tocaba a ella juzgarlo, de hecho, nunca le había gustado cómo era físicamente, tenía un físico común y corriente, ni fea ni bonita, tal vez con algo de personalidad.  Era hacia adentro, analizar su vida, los acontecimientos que la habían marcado.

Se había vuelto iracunda, depresiva, intolerante y, con esto, sólo había conseguido hundirse más y más, se había alejado de sus amistades, de la gente en general, una solitaria. Y se dijo que tenía que recomenzar, volver a ser como era, quererse más.

 Había sido una persona seria, pero amable; le gustaba tratar con la gente, leer, escuchar música, socializar, aunque fuera un poco. Pensó que, tal vez, unas palabras amables, comprensivas, de quien le importaba ayudarían mucho, pero era demasiado esperar y, ya había esperado mucho. Era tiempo de darle vuelta a la hoja. Ya no había expectativas, ya no existían y, dolía, dolía mucho, tenía que aceptarlo. Era tiempo de recomenzar. ¿Podría? Se preguntó. Veremos, se dijo.

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