JUDIT GÓMEZ ANJOS

Siente tanta lástima por ella que no puede actuar como su cabeza y su corazón le dictan. Hace tiempo que cree que su relación está muerta, pues es de las personas que piensan que no se puede querer a alguien a quien no se ve. Ni mucho menos creer en ella.
Ha intentado tantas veces acabar con aquello y viendo cómo ella se resistía que se ha cansado de hacerlo.
Primero trató de ignorarla (y lo consiguió), luego le habló de lo que siente realmente (y fue ella quien entonces le ignoró), y ahora que sabe que está enferma se siente en la obligación de, al menos, preocuparse y atenderla. No porque le nazca del corazón hacerlo, sino porque en el fondo sabe con certeza que el culpable de su estado es él. Aunque tiene más que comprobado que su novia está loca, no deja de preguntarse si las cosas serían así de no haberse conocido.
A pesar de todo no ha cambiado su actitud ni sus pensamientos con respecto a ella. Cuando le llama cada noche, muestra preocupación, pero nada más lejos del aprecio que se siente por alguien a quien has amado verdaderamente, y siempre con la esperanza de que ella lo note así, tal cual es. Sin palabras amables. Con el mismo discurso auto-tranquilizante en cada llamada. Hasta que ella se recupere y él pueda entonces
liberarse de la culpa que le oprime.
Pesa tanto sobre sus hombros que ha dejado de quedar con otras chicas, aunque sigue hablando con ellas.
La diferencia es que ahora, cuando se ponen pesadas, las manda literalmente a tomar por culo. No quiere volver a tener que preocuparse por alguien. Tiene muy tomada la decisión de dejar a Violeta en cuanto salga de la clínica donde está ingresada, y no volver a saber nada de ella por mucho que le llore y suplique.
Entonces volverá a quedar con varias chicas, follárselas a su antojo y prometerles volver a verse cada día. Es así como le gustaría vivir y algo a lo que se ha acostumbrado solo por imaginarlo cada vez que queda con ellas y, cuando está a punto de pasar algo, ponerles una excusa. Lo hace porque piensa demasiado, porque ninguna le atrae como lo hace su novia, ni siquiera son la mitad de guapas que ella, ni tienen la dulzura que reflejan sus ojos o lo infantil de su voz. Son cosas que echará de menos pero que está dispuesto a olvidar, porque odia el drama en el que viven inmersos cada vez que ella se entristece o le pide explicaciones por su comportamiento. Por una parte entiende que se ponga así, pero le agobia tanto que solo consigue alimentar sus enfados. También es verdad que piensa que tiene suerte de que ella siempre trate de arreglar las cosas
yendo detrás de él, pues si no lo haría, esa relación no hubiese durado más de un mes. Pero ver cómo se arrastra e insiste tanto le ha creado una imagen de desequilibrada mental a la que no aguanta ni medio minuto más.
Entre todos estos pensamientos se queda dormido después de llamarla y escuchar las lágrimas que ella trata de esconder tras la ilusión que él le provoca dándole ánimos para su recuperación. Esa noche él ha dado un paso adelante en su plan diciéndole que no hablarían más hasta que ella salga de esa situación. Se lo ha tomado mal, pero ya contaba con eso, y es una manera de prepararla para lo que vendrá después.
+Hola cari. Ya estoy en casa, me han dado el alta. Supongo que ahora podremos hablar. Esperaré tu llamada.
Te quiero mucho.
Si alguien le hubiese jurado hace dos días que Violeta se recuperaría tan pronto se hubiese reído en su cara.
Estaba tan seguro de que el tiempo pasaría y eso le beneficiaría a la hora de dejarla… Le resulta raro su temprana alta de la clínica, aunque desconoce el tratamiento que sigue una persona anoréxica, pero sospecha que quizá nunca hubo ninguna enfermedad y ella se lo inventó para llamar su atención. Es algo que pensó desde el principio y que fue descartando cuando recibía llamadas de un número fijo y ella no usaba su móvil. Con lo loca que estaba, no le hubiese extrañado que fuese una mentira, pero precisamente
por eso también cree que al negarle el contacto hasta que se recuperase, esa loca hubiese sacado las fuerzas de cualquier parte o hubiese llorado tanto a los médicos o a sus padres para que la llevasen a casa que lo habría conseguido.
De cualquier manera el plan seguiría adelante. Y esa noche lo llevaría a cabo. Además, falta poco para Navidad, y ya lo dice el refrán… Año nuevo, vida nueva.

https://cuarentaytresmanerasdeenamorarse.wordpress.com

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