ALBERTO ROMERO

Las Secuelas del Coma

El Doctor Smith explicaba en inglés la técnica de despertar con ultrasonidos
que había utilizado a unos alumnos de Medicina en prácticas. Ella los observaba
arremolinados alrededor de la cama, mirándola con caras de extrañeza y fascinación.
Ana trataba de entender lo que decía el Doctor, pero su cerebro no procesaba
el inglés, y le sonaba igual que si le hubieran hablado en chino o en japonés.
Se encontraba débil y seguía bastante aturdida desde el día anterior. El Doctor
Smith dijo que tenía amnesia selectiva postraumática, que tenían que hacerle muchas
pruebas para valorar si su estado de coma había dejado secuelas. La amnesia
dijo que no era grave, y que mejoraría, pero le resultaba muy frustrante acordarse
de la cara de Antonio, pero no de su familia o del día del accidente.
Antonio estaba a los pies de la cama sonriéndole todo el rato, feliz, y Ana no
paraba de preguntarle cosas sobre su vida, porque apenas se acordaba de nadie.
Le preguntó en que trabajaba, donde vivían y todo lo que iba recordando. Y éste
le iba explicando con suma delicadeza todo lo que ella quería saber.
Se sintió algo cansada y se durmió un rato mientras Antonio hablaba con los
médicos y les daba las gracias por todo lo que habían hecho por ellos. La Doctora
Garmendia se emocionaba por la alegría de haber conseguido que Ana despertara.

Por la tarde aparecieron Adela y Miguel a visitar a Ana en el hospital. Antes de
entrar Antonio les explicó todo lo que había hecho el médico estadounidense
para despertarla y quedaron maravillados. También Antonio les advirtió de la amnesia
que sufría y que ahora comprobarían si se acordaba de ellos o no.
Adela se alegró mucho por Antonio y se lo llevó un momento aparte para hablar
con él.
—Antonio, estoy feliz de que Ana vuelva a la vida, pero la que se nos viene a todos
encima es enorme —confesó Adela preocupada.
—Sí, no paro de darle vueltas —dijo Antonio, que también estaba preocupado—.
La amnesia es casi una bendición en estos momentos.
Adela torció el gesto al oír aquellas palabras, pero enseguida se dio cuenta de
por qué lo decía.
—No se acuerda de su madre, ni del accidente, ni tampoco sabe aún que está
embarazada. No se como se lo voy a decir todo, han pasado demasiadas cosas —
confesó Antonio.
—Hablaré con Marta esta noche y entre todos decidiremos como le explicamos
las cosas. ¿Te parece? —contestó Adela.
Ambos se fundieron en un abrazo y entraron en la habitación de Ana.
Miguel y Adela avanzaron emocionados en la habitación pero se pararon en la
puerta temerosos de la reacción de Ana.
Ana les miró fijamente y después miró a Antonio con una sonrisa.
—Miguel y Adela, ¡mis suegros! —dijo Ana con dos lágrimas en los ojos.
Todos aplaudieron vitoreando a Ana.
Los tres se fundieron en un abrazo lleno de sonrisas y esperanza.
—¡Qué alegría verte despierta! —dijo Miguel sacando un pañuelo de tela del
bolsillo para sonarse los mocos.
Adela la miraba y le acariciaba la cara, como no terminándose de creer que su
nuera estuviese despierta al fin.
—Ha sido muy duro tenerte estos meses aquí metida, pensábamos que te ibas
a morir —confesó Adela emocionada y aliviada al mismo tiempo.
—¿Y Marta? —preguntó Ana de repente.
Adela y Antonio se miraron sorprendidos.

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