JUDITH GÓMEZ ANJOS

Lleva todo el día esperando que su novio le llame, tal como prometió ayer. Está cansada de justificarlo autoconvenciéndose de que estará muy ocupado. Así pasan los días ultimamente, a pesar de que ella está supuestamente enferma. No le quedó más remedio que mentirle para poder recuperarle. Se pregunta cada día si ahora las muestras de cariño solo serán fruto de la lástima. Pero ella tiene la facilidad, el don o la maldición, de creerse sus propias mentiras. Así que el papel en el que está metida le hunde más en su desesperación. Incluso ha dejado de comer, pues para fingir anorexia hay que vivirlo en la propia piel; aunque tampoco es que le haya costado mucho trabajo, siempre se olvida de comer por atender asuntos más importantes. Y cuando come, la culpabilidad que viene después por engañar a su novio, le obliga a vomitar casi sin esfuerzo. Así al menos siente que no es del todo una mentira.
Es tan paranoica que no puede permitirse pensar en nada negativo. Si León no contesta sus llamadas, sus motivos tendrá, pero sabe que jamás la engañaría ni la cambiaría por otra. Y cuando piensa que si fuese al revés y el estuviese enfermo ella daría la misma vida por cuidarle y no separarse de él, se derrumba al conocer que él no haría lo mismo por ella, así lo está demostrando. Poco a poco va abriendo los ojos a la cruda realidad, alimentando su coraje y desarrollando una dignidad y orgullo propio que siente que llega tarde a su vida.
Pasea sola por las calles de Barcelona, escuchando las conversaciones de la gente que le rodea, imaginando cómo serán sus vidas y siempre juzgándolas más fáciles que la suya. Es un alma inquieta sin compañía para volar, y eso le aprisiona más en sus pensamientos.
Vuelve a llamar a su novio por undécima vez en dos horas. Nada. Llega un mensaje de Sara a su móvil:
“¿Salimos a cenar y tomar algo por ahí? ”

Recuerda la última vez que salieron juntas y Fabio vuelve a su mente. Ahora ni siquiera se dirigen la palabra. Analiza la situación: León piensa que está ingresada en una clínica, no la llamará esa noche, ni siquiera ha contestado a sus llamadas, es un buen día para salir.
Así lo decide sin saber que esa noche, su novio le devolverá las llamadas. Todas ellas.
Esa madrugada del sábado…
-Te he llamado mil veces. Espero que estés durmiendo…
+Hola cariño. Estaba dormida, lo siento. Ahora vienen a darme la pastilla de las 6 de la mañana.
-Bien. ¿Cuándo te dan el alta?
+Seguro que antes de navidad.
-Cuando te den el alta hablamos. +Claro, si me la dan pronto iré a verte.
-No, no vengas aquí eh, tengo muchas cosas que hacer y yo no puedo cuidarte.
+No tienes que cuidarme, estoy bien. ¿No tienes ganas de verme?
-Sí, pero no es eso…tú júrame que no vas a venir, porque yo no voy a estar en casa.
+Pues ya buscaré casa, mientras pueda verte un rato…
-¡Que no vengas joder! Como vengas la vamos a tener muy grande, avisada quedas.
+No te entiendo… No te enfades por favor.
-Tarde.
+Perdóname…
-Cuando salgas de la clínica hablamos.
+¿No me vas a hablar mientras este aquí?
-No.
Entonces Violeta supo que tenía que adelantar el proceso de recuperación de aquella enfermedad. Salir pronto de aquella mentira e ir a verle. No había llegado a jurarle que no iría, y aunque sabía que se enfadaría, tenía que verle. Mirarle a los ojos para comprender que esa historia todavía tenía muchos capítulos. Para bien o para mal.

https://cuarentaytresmanerasdeenamorarse.wordpress.com

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s