JOANA LLÀCER

Nada como saber que tienes que escribir, aunque no sepas qué. Intuitivamente, como un ave al emigrar; magnética, llevo a mis dedos hasta algo que me haga sentir el frío acero imantado de las letras. Un frío que cura, que crea.

Un frío que no te dice qué decir pero que te recuerda que tu misión es decir algo, algo que alguien necesita escuchar. Un frío que te hace ver que sigues siendo una niña asustada, que teme saber qué decir por si le duele. Las mejores obras se han escrito con el corazón en la mano.

Si sujetas el corazón con tu mano, es más fácil escribir qué sucede dentro de él, pero cada segundo que pasa fuera de tu pecho es doloroso. No es fácil, es de valientes.

Exploramos cada rincón de nosotros mismos en busca de algo de contar, en busca de las mejores palabras para contarlo. Hay rincones muy oscuros en nosotros, rincones que aterran pero que inspiran.

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