NEUS SINTES

Elegida

Al principio no sabía qué decir ni cómo expresar mis sentimientos hacía alguien, hacía un ser que yo desconocía completamente y que le consideraba un ser infernal, pero tenía mis preguntas y aunque el miedo me estaba matando por dentro, necesitaba saber. Saber dónde estaba y quién era él. Y qué era lo que quería de mí.

Me encontraba atada de pies y manos en la cama de una habitación; la suya. Aturdida y con la mente en blanco y con los nervios a flor de piel me preguntaba que hacía allí y porqué yo me hallaba allí sin poder huir, atrapada y con deseos de beber…Tenía la garganta reseca,  necesitaba, necesitaba beber algo.

De repente, oí el crujir de la puerta, ésta se estaba abriendo y tras de de sí estaba él…Percibí como el destello de sus ojos oscuros me miraban y seguidamente cerró la puerta como si de un soplo de aire se tratara, sin apenas tocarla. Poco a poco se fue caminando hacía mí con pasos suaves y silenciosos sobre la alfombra roja.

A medida que se iba acercando un temor me invadió, no sabría decir con certeza lo que iba a suceder, pero algo en mi interior me decía que no tenia escapatoria…

Extendió sus enormes alas y acercándose a la cama se sentó junto a mí, empezó a acariciarme el cabello con suavidad, sus ojos penetraron aún más mi mirada como si quisiera devorarme y acercándose a mi oído me susurro: eres Mi Elegida. Iba a protestar a querer saber que significaba lo que me había dicho pero con su dedo me silenció los labios. Cerré los ojos en un intento vano de discutir y sintiendo su yema de sus dedos acariciándome el rostro. Mis labios seguían teniendo sed, un escalofrío recorrió mi cuerpo. Pero ¿que me estaba sucediendo?. Empezó a besarme en los labios, percibiendo la sed que tenía. Sus movimientos eran ágiles y mientras me acariciaba, sus labio fueron bajando y rozando mi cuello, mis latidos de mi corazón latieron con intensidad. Abrí los ojos y nuestras miradas se cruzaron y sin decir ninguna palabra el siguió saboreando mi cuerpo y mi alma, haciéndola suya.

Seguía atada de manos y pies. De sus labios aparecieron unos colmillos brillantes que de un sólo mordisco rompieron mi sujetador, hecho añicos. Mi senos se encontraban al descubierto ante un ser que yo desconocía, que estaba apoderándose de mí pero que yo en vez de estar asustada me encontraba bajo su hechizo…dejándome hacer por aquella criatura que no era humana y no sabía que sería de mí. Comenzó a lamerme los pezones, erguidos ya. Mi sed iba en aumento y vi como de se mordía la muñeca desprendiendo un hilo de sangre que me dio a sorber…empecé a lamerle sin protestar, mi sed era tal que fui sorbiendo obediente. Tras esta pausa, continuó saboreando mi cuerpo hasta llegar a la zona íntima de toda mujer. Solté otro gemido, esta vez más profundo. Me desato los pies dejándome solo las muñecas atadas a la cama. Sus dientes afilados desgarraron lo que cubría mi pubis.  Hechizada como me encontraba, dejé hacerme siendo sumisa a los deseos carnales y a su voluntad. Empezó a lamerme y un nuevo y más intenso escalofrío recorrió mi cuerpo humedecido de placer. Por mí misma entreabrí la piernas y deje que entrará en mí lamiendo mis labios íntimos, condicionándome más y más. Finalmente perdí la noción del tiempo y del espacio y de mi misma.. sentía todos sus movimientos el cómo me penetraba una y otra vez, su miembro erecto y profundo dentro de mí…

Dejé de ser Emily para convertirme en Su Elegida. En su amante, en su compañera, en su placer eterno. Aprender a vivir en su clan y obedecer las reglas que las mujeres debíamos obedecer.

Mi transformación empezó a surgir efecto al despertarme…Me desperté alterada recordando a trozos lo ocurrido ayer. Recuerdo su mirada y el cómo me hizo suya y me robó mi alma…pero ahora vuelvo a estar sola bajo esta penumbra oscura pero noto ciertos cambio en mí. Mi piel morena se ha vuelto más pálida, pero me siento bien. Incluso aunque esté en sombras veo claramente como si tuviera la vista de un gato. Percibo un olor poco común pero a la vez agradable…miro hacia la mesita y veo un vaso, enseguida me entran ganas de beber aquel líquido rojo parecido a la ¿sangre?. Sí, es sangre. Mis labios se vuelven a resecar y necesito beber, necesito de la sangre para despertarme del todo. En mi boca han aparecido unos pequeños pero afilados colmillos…¿en qué me he transformado?. Me pongo nerviosa ante tantos cambios. Bebo el líquido rojo para calmarme y da resultado.

Oigo un ruido cercano, no estoy sola…alguien va entrar por la puerta y puedo percibir quién es. Es él!.

  • Toc, Toc!
  • Buenos días mi dulce Emily, contesta una voz familiar a la de anoche. ¿cómo te encuentras?
  • Bien, dije titubeando…¿quien eres?
  • Tú ángel Oscuro. Por y para siempre, Emily
  • .¿en qué me has convertido?, dímelo!
  • Eres mi Elegida. Desde tu nacimiento fuiste predeterminada a ser mía. Todo ser Oscuro como es en nuestro clan, elegimos a una mujer humana para que sea nuestra compañera y amante y tú deberás aprender ciertas reglas, que aún desconoces…
  • No te entiendo.
  • Lo entenderás cuando te lo explique. No tienes alternativa, amor mío.
  • Ayer noche te robé tu alma, así como tú me la entregaste…Eres mía. Mi Emily, y así como pronunció las palabras la besó apasionadamente.
  • No lo entiendo, suplicó Emily.
  • Lo entenderás, deberás hacerlo. Y ahora escucha.

Te conozco desde pequeña, te he visto crecer y convertirte en la mujer que eres hoy. Aunque también te he visto caer.  Ni siquiera lo imaginas pero tenemos más cosas en común de lo que se piensa.

Emily apenas eras una chiquilla la primera vez que te vine a ver. Tu padre te llevaba de la mano. Vi tu carita cuando levantaste la mirada para ver lo que tu padre señalaba en las alturas; entonces descubrí como el asombro llenaba tus ojos al descubrirme (con una rapidez asombrosa para una niña tan pequeña). Soltaste la mano de tu padre y viniste hacia mi jardín. No logre saltar la baranda a tiempo y tu padre te sostuvo de nuevo. Aquella tu cita conmigo. (aunque eso apenas lo recuerdas, ya que a mí no pudiste verme, pero sí notaste mi presencia.)

A veces jugabas con tu pelota cerca de mí y la tirabas hacia mi jardín, colándote a recogerla sólo como excusa para poder tocar la columna sobre la que yo estaba, y tú sin darte cuenta. Otras veces, te sentabas muy formal al lado de tu padre, dando de comer a las palomas mientras mantenías largas conversaciones mentales conmigo. (el que creías tú amigo imaginario). Que yo no te contestara no te desanimaba y seguías contándome tus pequeños secretos. Lentamente ibas creciendo: tus gustos y tus actitudes cambiaban. Ya no saltabas al jardín, te limitaba a permanecer sentada en un banco leyendo o estudiando. Pero seguías hablando conmigo, contándome tus secretos que, por supuesto también iban creciendo…
Más tarde actuabas de forma extraña. Rondabas por el parque todo el día, como si buscases algo. Cuando te sentabas a mi lado parecias nerviosa y desasosegada.

Al medio día se te parabas junto a mí, pero enseguida desaparecías metiéndote entre unos arbustos cercanos. He visto alguna vez a los niños jugando al escondite en ese lugar. Debido a que percibías mi presencia te ocultabas del mundo. Ahora te siento aquí acurrucada.

La noche caía. Podía sentirte Emily, despierta y alerta bajo los arbustos. Sentirte  como te tensabas cuando escuchabas hablar a los guardias: su corazón te aceleraba y tu respiración se detenía durante un par de segundos.

Durante todos esos años sabía que me pertenecías y que de alguna forma debías permanecer a mi lado.

Perpleja por lo que mis oídos habían oído, quedé horrorizada pensando en mi vida en la tierra…yo, que creía que mi amigo imaginario era fruto de mi fantasía, no era así. Sino, que era él. Me había perseguido durante toda mi vida para que, para ahora convertirme en su Elegida o como quería llamarme…su amante, su compañera. Me había robado el alma y yo me había dejado. No había vuelta atrás. Ni la habría jamás…¿qué clase de normas debería cumplir siendo la amante y compañera de un Angel Oscuro?

  • Sé lo que ronda tu cabeza, Emily. Pero fue tu Destino el que hizo que llegaras a mí. El que te unieras.
  • No!
  • Escúchame bien, Emily. Debes prestarme atención a las normas del clan. Sino, de lo contrario no tendrás otro mundo. Ni en la tierra ni en el infierno. Allí afuera hay otras mujeres como tu que se han visto obligadas a aceptar su Destino. El mismo que el tuyo. A algunas les ha costado un tiempo adaptarse, pero es normal. Tú deberás hacer lo mismo por tu bien y el mio.
  • Está bien, ¿Quiero saber cuales son las normas?, dijo convencida Emily.

Con sus ojos oscuros la sostuvo de la barbilla la hizo sentarse en la cama y mirandola profundamente a la vez que la besaba le dijo:

No aborrezcas al amo; es decir a mí.
No intentes atajos inútiles; escapar es inútil.
No pienses demasiado.
No busques una salida.

Nunca serás dueña de tu libertad.
Y para que conste, escrito ha de permanecer como un mandamiento nuevo:
“Nadie establece normas, salvo nosotros; Ángeles Oscuros”.

Con los ojos abiertos y perpleja ante tales normas, Emily no podía creérselo….

Una injusta norma, sí, probablemente sea eso; sólo una injusta norma para los que quedamos fuera de la Tierra y somos destinadas a vosotros.
Ahora la vida juega conmigo, se divierte dejándome perpleja;

Dejó cerrar mis ojos para sobresaltarme después con gritos de angustia. Tantas veces me abofetea la vida que, sumisa, aprendo a poner la otra mejilla.

Mientras que ahora sólo quiero esconderme, no saber,no aceptar, no tragar…
Otras,en cambio,quisiera gritar,denunciar,ordenar,escapar…

Pero sólo soy una desterrada hija que nació sin paraíso; condenada a la limitación de morir cuando me lo ordenen,un ángel caído sin promesas eternas.
Nada puedo hacer;no se puede regresar.

¿Cual sera el siguiente paso?

Ni un solo instante a dejado de hablar de los recuerdos que comparte conmigo y de las ganas que tenía de poder pasar una noche a mi lado. Me deslumbra al quedarse desnuda completamente.
Saca del bulto unas medias negras y unas bragas de encaje rojo. Se las pone con cuidado mientras sigue hablando sin parar. Coge un carmesí vestido de noche. Lo sacude un poco para estirar las arrugas y se viste. Por último, se calza unos zapatos de charol carmín con tacón de aguja. Dobla las ropas que se había quitado y las guarda en el bulto negro que ahora identifico con una mochila, saca de ella una bolsa térmica que contiene una botella. Es cava según me informa ella misma. Pone la mochila debajo del banco y descorcha el botellón y lo levanta hacia la oscura noche. Escucho su voz dulce susurrando de nuevo: está brindando por mí y por nuestras primeras noches juntos y bebe un largo trago. Después se levanta, tambaleándose un poco por los tacones, y da una vuelta completa sobre sí misma enseñándome su vestido y preguntándome si me gusta y que se lo ha puesto para mí. Esta noche la he visto más hermosa que nunca. Vestida así está bellísima, pero aún lo estaba más en su inesperada desnudez.

Vuelve a sentarse y sigue bebiendo de la botella a sorbos. Por fin me está contando todo lo que le preocupaba desde hacía meses y que no había sido capaz de decirme. Se quedó sin trabajo, perdió su casa, la abandonaron sus amigos… Llevaba un par de meses viviendo en la calle. Por eso la veía más tiempo durante el día. Por eso aquella noche había decidido por fin dormir a mi lado. Emily va inclina su cabeza hacia atrás y pronuncia la frase que desata el todo: ¡Ojala pudieras bajar aquí!
Segundos más tarde, me encuentro sentado a su lado, en el banco de piedra. Temo asustarla, por eso llevo mi mano muy despacio hasta su cintura. Ella se estremece un poco pero no es miedo lo que percibo en su mente: el frío que siente cuando la toco es el culpable. Aunque cada vez parezco más humano y menos estatua, aún no he perdido del todo el frío del bronce del que estoy hecho. Ha hecho que me sienta más vivo que nunca. Por un lado deseo que se vuelva y me mire, pero por otro me da miedo lo que pueda encontrar en sus ojos cuando se crucen con los míos. Finalmente me armo de valor y susurro su nombre:
Emily…

Mi ángel caído – susurra ella sin volverse.

Por favor, Emiliy, mírame – acaricio su pelo mientras hablo, aunque sé que no necesita que la tranquilice. Vuelvo a ser de carne y hueso, mi mente sigue conectada a la suya.

¿Estás aquí de verdad? ¿No eres un sueño ni una alucinación? – no se atreve a volverse por miedo a que yo desaparezca.

Compruébalo tú misma. En serio, estoy aquí. Me has llamado y he venido. Me has despertado y te pertenezco durante toda esta noche.

Bueno, eso es un cambio porque he sido yo la que siempre te he pertenecido a ti.

¿Por eso tienes miedo de mirarme?

¿Miedo de ti? ¿Cómo se puede temer a aquello que se ama?
Emily se vuelve hacia mi. Sus ojos se quedan atrapados en los míos. Sus labios se encuentran apenas a unos milímetros de los míos. El deseo me resulta insoportable y cruzo la línea: borro la distancia que nos separa y beso sus labios. Ella corresponde con un deseo aún mayor que el mío. La abrazo con fuerza, se refugia contra mi pecho, cruzando sus piernas sobre las mías como si eso pudiera acercarnos aún más. Somos incapaces de separar nuestros labios, así que seguimos besándonos durante unos minutos. Cuando por fin logro separar mi boca de la suya lo hago sólo para que mis besos bajen por su cuello. Recorro despacio sus hombros y su escote. Me detengo en el nacimiento de sus pechos sólo porque allí noto más fuerte el latido de su corazón. Ella se acerca a mi oído y susurra dos palabras que avivan el fuego de mi interior: “Hazme tuya”. La beso de nuevo, con más fuerza que antes. Ya no tengo miedo de herirla, ya no queda en mí nada de la estatua que era. Paso uno de mis brazos por debajo de sus rodillas y aseguro el otro tras de su espalda. Ella se agarra a mi cuello, enredando sus dedos en mis cabellos. Me levanto con Emily entre mis brazos y me dirijo al jardín más cercano. Con mucho cuidado la deposito en la hierba y me tiendo a su lado.

Los besos de Emily se hacen cada vez más urgentes así que bajo mis manos hasta sus piernas y subo acariciando su piel por debajo del vestido. La despojo de sus ropas despacio a pesar de que el deseo de ver de nuevo su desnudez me consume por dentro. Sólo me doy cuenta de que yo ya estoy desnudo cuando siento el calor de la piel de Emily contra mi vientre y sus uñas clavándose en mi espalda. Por primera vez en muchos siglos siento el dolor recorriendo mi cuerpo: el dolor de sentir mi piel rasgada y el sufrimiento de separar mis labios de los de Emily. Pero no puedo mantenerme lejos de su cuerpo durante mucho tiempo. Vuelvo a recorrerlo con los labios y con las manos. Tomo posesión de cada centímetro de su piel tal y como ella me ha pedido. Siento sus gemidos en cada poro de mi piel acrecentando aún más mi deseo. Llego a sus piernas y hundo mi cabeza entre ellas. Emily suspira en el momento en que mi lengua encuentra su sexo y empiezo a lamerlo despacio. La siento estremecerse entre mis manos. Por enésima vez esa noche no puedo esperar para unirme a ella, pero esta vez no me resisto. Vuelvo a buscar su boca con la mía mientras dejo que sus piernas se abracen a mi cintura. La penetro con fuerza y ella jadea con sus labios contra los míos. Eva ayuda con sus piernas a que cada vez me hunda más en su interior.

Siento como se agita un poco debajo de mi cuerpo y un segundo después me encuentro con la espalda pegada al suelo y con Emily cabalgando sobre mí. Ahora es ella la que marca el ritmo. Lo mantiene tan lento que creo que me voy a volver loco. Cambia a cada instante sus caricias, pero siempre un poco más rápido. Por un momento la veo resplandecer y sé que el mundo no existe ya para ella. Puedo sentir en su mente como el placer recorre su cuerpo. Eso desata mi propio placer y siento de primera mano lo que un segundo antes sentía a través de Emily. Nuestras manos se encuentran en ese mundo paralelo donde no hay nada más que nosotros dos y nuestros sentimientos.

Y ahora ¿qué va a pasar? ¿Volverás a tu columna? – pregunta Emily susurrando en mi oído.
Debo hacerlo. ¿Te gustaría quedarte conmigo?
¿Puedo?

Sólo si lo deseas realmente Emily me mira a los ojos… sé su respuesta.
Emily se despierta sobresaltada…aquel sueño era real. Lo había soñado cuando aún estaba en su casa… No era un sueño, era mi Destino.
Aturdida se fue a mirar en el espejo y se hecho un poco de agua en la cara.

Mi Destino…susurro para sus adentros. Tenía razón.

Tras haberme transformado tenía la necesidad de más sed de sangre…pero a la vez me sentía impotente ante la necesidad de escapar. Me tenia prisionera en la habitación, a oscuras, aunque eso no me era inconveniente, ya que podía ver perfectamente ante los cambios producidos en mí.

De pronto el ruido de la puerta se abrió lentamente…Era él. Vestido con un atuendo negro y en las manos llevaba una prenda de color blanca de mujer.

  • Pronto serán las doce de la noche y quiero que te pongas esta prenda, mi Emily – me dijo susurrando. Hoy es el día en que te convertirás por fin en lo que siempre he soñado. Te presentaré a los demás ángeles y a sus mujeres. Formaras parte de nuestro mundo, formaras parte de mí. Pero para ello debes primero pasar por el Ritual
  • ¿De qué me hablas?, ¿De que tipo de ritual?. Estoy confundida. Dime que quieres que sea para ti, o mejor dicho en el lugar donde me encuentro y al cual parece que no tengo salida – dije gimiendo
  • No hagas tantas preguntas. Pronto la Luna  llena se pondrá y tú verás con tus propios ojos a lo que me refiero. Ponte el vestido y píntate los labios   de color carmesí.  – le dijo extendiéndole un barra de labios.

Emily se vistió delante de él, quien a medida que se desvestía la miraba frunciendo los labios, como si la devorase con los ojos.  Al ponerse el vestido, Emily comprobó que era blanco y transparente, se le marcaban sus curvas y sus pechos resaltaban a la vista, ya que no llevaba ropa interior. Se sentía algo incómoda, era como se encontrara desnuda, tan solo le cubría una prenda que la transparentaba toda.

  • ¿A donde me llevas? – pregunto Emily con cierto temor.
  • Ahora lo veras. Sígueme y no me hagas más preguntas. Obedece y toda saldrá bien.

Siguieron caminando por un largo y siniestro camino en el que se podía percibir al fondo de éste una melodía…

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