LUCES Y SOMBRAS

 

Ayer fue un día duro

Triste…

De esos que guardas para toda la vida

 

Me contrataron

Por necesidad

Por miedo

Y vergüenza

Para hacer lo que mejor sé

Cerrar cosas

Echar a la gente

De donde sea…

 

En este caso

Fue el cierre de una empresa

El despido de los trabajadores

Y la clausura de las puertas

 

Despedir a toda la plantilla

Una desgracia no agraciada

Una recompensa sin precio

No hay dinero para pagar semejante afrenta

Solo la necesidad

La urgencia

Por ver mi cartera medio llena

Y no la mesa medio vacía

 

Medité el encargo

Sabía que lo necesitaba

Que me era necesario

No de buen gusto

Bastante amargo

Agrio!!

Pero nada complicado

Solo serían caras

Sin nombre

Sin apellidos

Solo rostros…

 

Aún así

No me veía con ganas

Me entristecía demasiado

Me apenaba…

Pero lo sabía

Me urgía

Era necesario

 

O lo hacía yo

O lo haría otro

Más necesitado

 

No se me daba mal ese trabajo

No me costaba demasiado

Deshacerme de la gente

De los que estaban a mi lado

 

Nunca tuve amigos

Ni familia

Ni vecinos

Vivía solo en el bosque

Apartado

Como un ermitaño…

 

Mirar a la gente

A la cara

Enfrentarse a sus ojos

A sus miradas

Unas húmedas

Otras salvajes

Y de sopetón

Darles la patada

 

Alguien lo tenía que hacer…

 

50 empleados

50 almas

50 corazones

50 patadas…

 

Uno a uno fueron pasando

Solo caras…

 

Desconocidas

Sin importarme

Sin importancia

 

Una misma sensación

Se me iba creando

Por cada uno que pasaba

Era como si algo

De aquella situación

Me sobrepasara…

 

Cada persona que pasaba

Era como si un trozo de mi coraza se me ablandara

Como si me hablaran

Atravesándome con sus lloros

Con sus quejas

Con sus insultos

Con aquellas palabras deformadas

 

Mi cuerpo perdía robustez

Filtraba…

Dejaba al aire mis sentimientos

Mis remordimientos

Llegaban a mi corazón

Se dirigían directamente a mi alma

 

Lloros…

Penas…

Cabreos….

Insultos…

De todo

Y nada bello

 

Por fin llegó el número 50

El último…

 

Me alegré por mi

No por él

Ya no podía más

De tanta tensión

Ansiedad

De aguantar

Esas miradas

Esos desprecios

Ese odio

Tanta rabia acumulada…

 

El 50 se sentó.

Mientras revisaba sus papeles, sentía el odio de su mirada reposada sobre mi cogote, incrustándose en mi cabeza.

Notaba una sensación de pánico, como si fuera a saltar de un momento a otro de la mesa que nos separaba.

Alce la mirada, enfrentándome directamente con la suya, necesitaba sentir que manejaba la situación, que le tenía donde le quería, que no podría conmigo, que estaba hasta los huevos de tanto odio, tanta rabia.

 

Un sudor frio recorrió mi alma

Me froté los ojos

Una y otra vez

Hasta poder ver con total nitidez

Lo que miraba…

 

Enfrente una cara

Demasiado familiar para ser verdad

Demasiado arrogante para ser él

Ni podía

Ni quería apartar mi mirada

 

Mi propio hijo el que enfrente estaba!!

No conseguía articular palabra alguna

No me salía nada de nada

Ni un susurro ni un balbuceo

Callado

Con la boca abierta

Mudo!!

 

Ni daba crédito a lo que pasaba

Mientras, él sin reconocerme, seguía con su mirada asesina en mi mirada fijada.

No sabría decir por qué, pero noté que su mirada era la peor de las 50, una mirada asesina, llena de ira, odio y rabia.

Nada de pena

Nada de dolor

Ni sollozos

Ni lágrimas

Arrogancia!!

Callada…

 

No pude más con semejante papeleta, con aquella mirada. Salí en dirección al aseo de caballeros como alma que lleva el diablo.

Necesitaba mojarme la cara, coger aire, respirar, sentir que sentía, que no soñaba…

 

Y sin saber cómo

Sin sentir nada

Caí al suelo rompiéndome las gafas. Con tan mala suerte que los cristales se me clavaron en los ojos y no acertaba a ver nada.

Borroso, todo borroso, apenas conseguía a enfocar malamente la vista.

Ahora sabía lo que los ciegos sentían cada mañana, su frustración, su rabia…

 

Conseguí medio girarme

En semejante postura

Miré a mi agresor

Aquel que sin mediar palabra, me había clavado un cuchillo de cocina por la espalda.

De pie, con esos ojo llenos de odio y rencor, y una sonrisa malvada.

 

Allí estaba!!

Él… Mi hijo!!

 

Comenzaba a reírse a carcajadas, como un poseso, como un demente, seguido por toda la manada. Por los 49 restantes, por todos aquellos que les había dado la patada.

 

Que Dios me perdone lo que hice hacer a mi hijo aquella mañana…

 

Cerré los ojos y recé

 

Cuando la muerte acompaña

Ya seas creyente

Ateo o nada…

Siempre esperas que algo

O alguien

Te salve de eso que no conocemos

De eso que dicen que se ve una luz blanca…

 

De eso que nadie conoce

Pero de lo que muy bien no se habla

 

Así me quedé

Ahí estaba…

 

Sin sentir nada

Vacío por dentro

Y solo al lado de la taza

 

Sudoroso

Nervioso

Ansioso estaba…

 

Noté que alguien me agitaba…

Abrí los ojos poco a poco

Esperando la última estocada

 

  • Papá, levanta que se hace tarde, que empieza el colegio

Y no quiero que la profe me regañe…

–    Voy, conseguí balbucear, en esas circunstancias…

–    Corre!! Que luego me castigan si llego tarde, y tú me regañas.

 

Tal salto pegué para salir de la cama

Que casi rompo la puerta del baño

Casi me mato cuando pisé la toalla

 

  • Vamos!!

 

Que ya había tenido yo mi propio castigo…

Con esa pesadilla insana!!

 

No quería saber nada de más castigos

Ni que mi hijo pudiera reprocharme nada!!!

 

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