ANA LESMAN

Sabes, yo solo quería un café…

Un café para recordar los momentos en que no estabas. Un café para contarnos cosas tuyas, mías…

¡Solo uno! Para hablarte de aquel sobre abandonado en un buzón solitario. De remitente desconocido y destinatario el desencuentro de dos.

Un café para explicarte la carta inventada con apuntes en blanco en un cuaderno olvidado. Un café para… Para que tú me contaras cómo fue aquella dulce y amarga despedida.

Más hoy… bebo café en soledad. Y vuelvo a recordar. Temiste que te gustara -el café-. Y adivino que tu miedo fue percibir su olor.

Y sabes… no es bueno prenderse de un aroma que suscite insomnio. Marea las entrañas como bálsamo penetrante de aflicción. 

Así que desearé otro… Lo tomaré sorbo a sorbo. Lentamente. Tú algún día llegarás. Lo sé. Desvelado. Y yo…

Yo despertaré los mil fragmentos de Alma, deshechos con fragancias de dolor. Y no, no rogaré que comprendas por qué yo… esperé un café.

Ese que nunca llegó.

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