ESRUZA

Oscar era socio con otro compañero de un despacho de contadores de reciente creación, querían, obviamente, volar por si mismos en su carrera profesional.

El era alto, de tez blanca, pelo negro y ojos color miel, de familia acomodada. Su comportamiento era serio, casi taciturno.

Ingresó a colaborar con ellos una jovencita que apenas empezaba la carrera. Era rubia, delgada, sencilla, de familia media baja, de mirada triste, pero “con una sonrisa que lo iluminaba todo” al decir de otro de los socios. Atractiva, decían sus compañeros, a pesar de su corta edad: 17 años. Llegó con todas las ilusiones del mundo a un lugar donde adquiriría experiencia mientras estudiaba.

Ella se enamoró de él y era feliz con solo verlo todos los días. El la guiaba, visitaban clientes, hacían y preparaban los trabajos juntos, bajo la supervisión de él. El horario era corto pues le habían concedido la prerrogativa para que pudiera estudiar.

Así pasaron dos años. Su amor por Oscar lo guardaba como terrible secreto, progresaba en conocimientos y era feliz con sólo estar cerca de él.

Un buen día ella encontró un recado en su escritorio donde él le decía que su sastre acudiría para tomarle medidas y hacerle un traje sastre bonito. Enrojeció de coraje, se sintió ofendida. ¿Por qué hacía eso? Cuando él llegó a la oficina, a pesar de ser tímida, lo enfrentó diciéndole que ella no aceptaba ése tipo de obsequios, que vestía de acuerdo a sus posibilidades y punto. Entonces él se disculpó y le dijo que estaba enamorado de ella. ¡Su sueño hecho realidad! después de dos años, su corazón brincaba de gusto, sintió las mariposas en su estómago.

Empezaron una relación y pasaron varios meses cuando él le pidió matrimonio, no supo qué contestar; su familia era extremadamente conservadora, ni siquiera lo conocían. ¡Esto no podía estar pasando! Cómo se lo diría sus padres. Había sido educada muy estrictamente. Le dirían que no, que era muy joven, él tenía 26 años. Su padre jamás lo permitiría, le tenía, además de cariño y respeto: pavor. Ella era la niña de sus ojos.

Por cobardía, le dijo que no. De ahí en adelante fueron siempre discusiones hasta que la relación se terminó, todo se acabó. Renunció a su trabajo con dolor, no podía seguir teniéndolo tan cerca, así que siguió su carrera laboral en otra parte, progresó y siguió adelante con el corazón roto.

Pasó el tiempo, no lo olvidó. Y de pronto, una llamada telefónica aplastante le dijo -Oscar se suicidó hace un mes- No lo pudo creer, ¿Era una broma de mal gusto? No.

Ella veía su rostro en cada hombre que se cruzaba con ella en la calle hasta que un día decidió ir al cementerio y confirmó la triste realidad en una fría loza de su tumba

2 comentarios sobre “Oscar y la chica de los ojos tristes

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